Revista de Letras

Accesibilidad de la poesía en el siglo XXI: “El barco ebrio y otros poemas”, de Arthur Rimbaud

El barco ebrio y otros poemas. Arthur Rimbaud
Traducciónde Carmen Morales y Claude Dubois
Ilustraciones de Alicia Martínez
Nórdica (Madrid, 2010)

“¿Qué buenos brazos, qué hermosa hora me devolverán esa región de donde provienen mis sueños y mis menores movimientos?”.

(Arthur Rimbaud, “Las ciudades”, Iluminaciones)

Algo huele a podrido en la literatura,. El hedor nació hace siglos y se extiende como una mancha de aceite desde la falsa veneración a los dioses del Parnaso, tan mencionados pero tan poco leídos, idolatrados en carpetas y perfiles de Facebook, nombres insignes que sufren el síndrome del Che: la imagen über alles, el contenido caricaturizado en lema para vender productos. En la época donde los más pequeños identifican a Homero con el personaje de Los Simpson, otros poetas sufren peor fortuna, relegados a ser un referente en un pedestal tan alto que impide acercarse a su obra, causante de pavor, temor, sudores fríos y un injusto alejamiento que ha desnaturalizado su producción hasta convertirla en un reducto al que acuden los connaisseurs, inmunes al contagio de lo banal porque saben muy bien el terreno que pisan. Por lo tanto, es menester una política editorial que sitúe a T.S. Eliot, Federico García Lorca, Giacomo Leopardi o al mismísimo Arthur Rimbaud en una órbita accesible, y en este sentido la propuesta de Nórdica Libros supone un acierto que plantea varias dudas. ¿Quién está dispuesto a gastarse casi 30 euros en una selección de los mejores poemas del genio de Charleville? Lo dicho, seguramente lo harán los amantes de su lírica por un afán obsesivo propio del coleccionista. Otros posibles compradores serían los iniciados, deseosos de acceder al material mediante un camino  que allanan las ilustraciones de Alicia Martín, quien en un esfuerzo digno de aplauso ha captado la esencia de los versos, contribuyendo a conferir mayor atractivo al volumen. No estamos entrando en contradicción con lo anteriormente dicho. El siglo XXI tiene un problema en su interior: el exceso ha invadido todas las facetas de la existencia. Hace dos decenios era posible que los niños escucharan a su profesora de literatura, seguramente porque el modelo cultural imperante seguía aferrándose a los estertores de lo clásico, con grandes dosis de texto y poca interactividad. El cambio ha sido abrupto. Los niños de hoy en día son audiovisuales, por lo que les costaría mucho lidiar con los supuestos tostones de antaño; quizá la mejor idea para facilitar su comprensión lectora de los clásicos modernos, y no tanto, sea editar libros ilustrados de calidad que den al adolescente herramientas útiles para entender la actualidad del tema a estudiar.

Rimbaud, a los 17 años (Foto: Étienne Carjat, de dominio público)

Arthur Rimbaud -como ocurre con Baudelaire y Mallarmé, los otros dos malditos de las antologías bilingües de la editorial madrileña- reúne los requisitos para apasionar a cualquier adolescente desarraigado. Escribió durante tres años y desapareció de la escena pública porque sus demonios le empujaron al vagar del aventurero. Atrás dejó tres poemarios verdaderamente inusuales que condensan el tránsito hacia el hombre moderno que inauguró Charles Baudelaire al perder el laurel entre el barro urbano. Este nuevo ser no tiene problemas en desafiar a Dios y se ha cansado de la normalidad pregonada por los que mandan, escapando por vericuetos transformadores, alquimia y surrealismo. Capta los aspectos más inusuales de lo palpable y no se corta un pelo en proclamar oráculos que dotan a sus composiciones de un aura mística y un tono enérgico destinado a perdurar, como si sus palabras escondieran misterios irresolubles que sólo podemos intuir porque el ritmo las esconde en un universo que resume lo arcano, crisis como pesadilla y factor positivo que establece un inaudito crecimiento lírico que sabe mantener mezclar la equidistancia entre mente y exterior para crear piezas únicas, de asombrosa modernidad de la que muchos deberían tomar nota, devorar, asumir y reinventar.

Otro de los aspectos que deberían propiciar, pero quizá nunca se ha explicado con suficiente convicción, el encuentro de Rimbaud con todos nosotros es su apuesta por lo complejo desde la simplicidad. Algunos podrán alegar que sus propuestas se nutren de un desconcertante hermetismo, pero si leemos su producción sin tantos rodeos podremos comprobar que a veces los cobardes venden lo fácil como complicado para que el mensaje no trascienda. El autor de Le bateau ivre e Illuminations tenía en sus genes un don providencial casi propio de un elegido para difundir la buena nueva y esfumarse tal como había llegado a la superficie, como si sus vocablos fueran un mensaje en una botella que clama ser descubierta, por eso, y muchos más motivos accesibles para quien quiera, vale la pena embarcarse en la nave y sorprenderse con el poder, llamadme iluso, de la literatura para sacudir conciencias y trazar rutas de sueño tapiadas por el conformismo imperante.

“Siendo niño, ciertos cielos afinaron mi óptica: todos los caracteres matizaron mi fisonomía. Los fenómenos se conmovieron. Hoy, la eterna inflexión de los momentos y el infinito de las matemáticas me persiguen por este mundo donde sufro todos los sucesos civiles, respetado por la infancia extraña y por afectos enormes. Sueño con una guerra de derecho o de fuerza, de lógica de lo más imprevista.

Es tan sencillo como una frase musical”.

(Arthur Rimbaud, “La guerra“, Iluminaciones)

Jordi Corominas i Julián
http://corominasijulian.blogspot.com

Etiquetas: Alicia Martínez, Arthur Rimbaud, Carmen Morales, Claude Dubois, El barco ebrio y otros poemas, Nórdica

Sobre el autor

Jordi Corominas i Julián

Jordi Corominas i Julián (Barcelona, 1979) ha publicado dos novelas en catalán ('Una dona que sap jugar amb els peus' y 'Colors', editadas por Abadía Editors), una biografía histórica en italiano ('Macrina la Madre', 2005) y el poemario 'Paseos simultáneos' (Ed. Vitrubio, 2010). En 2009 coeditó la antología 'Matar en Barcelona' (Alpha Decay). En 2011 publicó 'Loopoesía(s)' (Descrito Ediciones) y el cuento 'John Wayne' (Sigueleyendo). Es integrante y fundador del proyecto poético-experimental Loopoesia. Como crítico coedita 'Panfleto calidoscopio', y colabora en varios medios, entre los que destaca RNE. En 2012 ha publicado los poemarios 'El gladiador silenciado' (Versos&Reversos), 'Oceanografías' (Vitruvio) y la novela 'José García' (Barataria). En 2013 salió su poemario 'Los lotófagos' y en 2014 aparecerá su suite 'Al aire libre', versos con los que el proyecto Loopoesía cumplirá un lustro de existencia.

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2 Comentarios

  1. ana 21 diciembre 2010 at 15:40

    OPINO LO MISMO.

    PD.
    QUE TE PARECE LA POESIA DE OSCAR WILDE?
    OLOS ESCANDALOS DE CROWN? DE ALDOUS HUXLEY?
    PORQUE VIAJE AL PARNASO ES LARGO, PESADO Y UTOPICO, PERO LA POESIA ES ESA OLVIDA MISTICA QUE AUN PERVIVE EN LA NARRATIVA ACTUAL, A CAUSA DE LAS ESCASAS MANERA DE MANIFESTAR NUESTROS SENTIMIENTOS, Y DESEOS, CLARO.
    PORQUE BEQUER ES UN CLASICO, PERO ME GUSTAN MAS LOS VIAJES DE PLATERO Y SU INFRA MUNDO.
    PORQUE QUIEN MEJOR QUE SINESTESIA PARA EMPRENDER EN EL MUNDO UNA VIDA DE DESCANSO PERPETUO O DE IVERNACION, ENTRE SUEÑOS?
    Y QUE DICES DE LA ESTRAMBOTICA O EL EL GIRO DE ÍSMICA VANGUARDIA …
    ME GUSTA ZOLA. PORQUE ES REALISTA, Y EMILIA PARDO BAZAN, PORQUE ES INTRANSIGENTE.
    Y CECILIA BOHL DE FAVER, MAS O MENOS, PORQUE FERAN CABALLERO ES LA LUCHA DE UNOS DERECHOS.
    ASI QUE ME QUEDO POR LAS GLOSAS Y LAS LEYENDAS, QUE AQUI HAY MUCHAS CHANZAS VIEJAS DE CANTARS Y TROVADOR’S

  2. Jordi 21 diciembre 2010 at 16:33

    pues Wilde me gusta, pero prefiero su teatro; si nos ponemos anglosajón soy fan de carroll, claro, y mucho de T.S. Eliot,que es de lo más grande que ha parido la tierra,sea baldía o no.

    este post daría casi para una tesis doctoral si nos ponemos a hablar de gustos, así que sólo diré que en España se debería conocer más a Joan Salvat Papasseït, sin importar que escribiera en catalán, era un genio, un grande de la poesía del que todos podemos aprender una barbaridad

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