Revista de Letras

Antonio Tello: “La búsqueda del conocimiento compromete al lenguaje”

Antonio Tello (Villa Dolores, Argentina, 1945) ha publicado en la editorial Candaya El mal de Q., un libro que reúne los cuentos escritos entre 1968 y 2009. Una obra imprescindible de la literatura argentina del exilio. Tello aborda la palabra como mecanismo fundador del orden y del sentido, origen secreto del hombre. La exploración lingüística, la convivencia con las consecuencias del exilio, las conexiones entre tiempos y épocas distintas, la creación de ese tiempo cósmico en sus líneas -del que hace referencia Víctor Escudero en un prólogo encomiable- son algunos de los elementos que conforman los relatos.

El mal de Q. está dividido en tres partes temporales. La primera, conformada por los cuentos que se dan entre 1968 y 1970, con el título El despertar de la palabra; la segunda con aquellos que se escriben entre 1971 y 1975, con título El desierto y la leyenda; y, finalmente, La memoria en el exilio compila los producidos entre 1980 y 2009. Antes de comenzar con una lectura crítica de esos periodos, ¿qué sacude la vida de Antonio Tello durante estos años? ¿Cuándo se produce el exilio? ¿Más allá de una lectura narrativa hay una lectura política, vital o de exilio en esas fechas?

Echando la vista atrás comprendo que he vivido siempre sobre un volcán interior cuyas sacudidas a veces han coincidido con los terremotos sociales y políticos. Mi vida, desde muy pequeño, ha estado marcada por una sensación de extrañeza que me hizo incómoda la relación con los demás hasta que me di cuenta de que debía buscarme en ellos.  Debía procurar ser yo y el otro al mismo tiempo, pero para esto era necesario alcanzar lo inalcanzable, es decir, conocer el alma común que nos alienta. Una aspiración que no por exceder nuestros límites se ha de renunciar a ella, pues en ese cometido el poeta se acerca a la comprensión de la justicia en el mundo y del sentido del universo. Este entendimiento, aunque parcial, del Todo es el que le revela la noción de libertad y, en consecuencia, el que le exige un compromiso moral y solidario con el mundo y sus habitantes. Si el poeta es coherente con este modo de pensar y el mal pervierte el medio en el que se vive, el destierro acaece como una consecuencia lógica.

Durante esas etapas sucede el descubrimiento del lenguaje. En un primer momento hay un ánimo experimental más evidente, más visible, digámoslo así, que en los cuentos posteriores, donde la forma se sujeta y las oraciones se vuelven austeras. ¿Estás de acuerdo en ello? ¿El hecho de que una narrativa sea más “económica” supone dejar al margen la experimentación con la palabra?

Toda búsqueda del conocimiento, es decir, de la palabra original, la que nombra el secreto de nuestra razón de ser en el mundo, compromete al lenguaje. En el curso de estas aproximaciones, el poeta se adentra en ese bosque de símbolos, como escribió Baudelaire, y, tras cruzarlo se asoma al silencio. En ese momento se pregunta cómo expresar lo entrevisto sin traicionar la verdad de la visión, cómo narrar su aventura más allá de la realidad evidente sin falsear las imágenes y las voces del abismo. Como respuesta el poeta explora las formas posibles de la palabra y la escritura; experimenta sus variantes y sus límites hasta alcanzar el significante, el nervio en el que laten todos los significados de la voz. Llegado a este punto, el poeta no abandona la experimentación, entendida ésta como la búsqueda de las formas más adecuadas para expresar la realidad en toda su complejidad, pero prescinde de sus recursos más efectistas. Atendiendo a la cabal economía del lenguaje original, cuyos elementos primordiales son el sustantivo y el verbo, el poeta se entrega a la escritura en cualquiera de sus formas – poesía, cuento, novela, ensayo, drama, etc.- para que el poema que acude a su llamada atraviese su alma y alumbre la verdad de lo que ha visto y vivido. En este caso no hay concesiones a nada ni a nadie, no las puede haber, pues de haberlas la escritura entraría en las convenciones de la historia, la política o la ideología y quedaría invalidada para alumbrar la naturaleza de la condición humana.

Precisamente, y quizás también consecuencia de tu búsqueda poética, hay un interés por esa palabra, por lo que puede o no nombrar, por su significado y su utilidad, por su tratamiento. Podemos observarlo en todos tus cuentos, pero especialmente en La catinga. Cuéntanos sobre esa búsqueda. ¿Qué significa La catinga para Antonio Tello?

Toda mi narrativa se sustenta, como dices, en la búsqueda de la expresión poética que, en mi intención última, pretende alcanzar el estadio de la notación musical. Mi voluntad es que lo narrado llegue al corazón del lector por su significante antes que por su significado. La consecución de este propósito desencadena en la escritura consecuencias liberadoras, pues su lectura descubre un amplio campo semántico en el que el lector puede dejar volar su imaginación a partir de sus emociones, sentimientos y experiencias personales. La catinga es una metáfora de ese aprendizaje. El protagonista, hijo del poeta que vivió y narró el éxodo en El día en que el pueblo reventó de angustia, atraviesa el bosque de símbolos baudeleriano, esa zona de silencio, para conocer la palabra, aprenderla a pronunciar, escribir e interpretar; descubrir su poder genésico y así reencontrarse con la vida y todas sus brutales contradicciones.

Encontramos en tus cuentos personajes que aparecen en varios relatos, personajes arquetípicos enfrentados a situaciones diversas, situados en un espacio y un tiempo por el escritor como si fuese una especie de condena, de condena invisible. ¿Por qué ese aparecer continuo? ¿Cuánto hay de amenaza y cuánto de extranjero en tus personajes?

Hay, creo, dos formas de aproximarse a la tarea de escribir. Una es desde el yo que escribe para ser reconocido como artífice de mundos imaginarios o reales, y otra es desde el yo que busca en la escritura su camino hacia el conocimiento y su comunión con él. La primera deviene crónica, testimonio o descripción en cuyo marco los personajes están sujetos a la trama y al argumento, a la causalidad racional de los hechos y a la impostura de su suceder cronológico. La segunda trasciende estas leyes porque dentro del marco ficcional crea su propia mecánica. Mi narrativa –novelas y cuentos- presenta personajes en espacios geográficos y temporales que corresponden a un universo ficcional propio en el cual se filtran las experiencias cotidianas. En este universo los personajes viven sus peripecias como las viven los héroes en los mitos, los cuales son trasuntos esenciales del mundo y su realidad. Pero mientras los héroes míticos cumplen con su destino de arquetipos según la sentencia moral de los dioses, mis personajes, los héroes contemporáneos (no anti héroes), afrontan su vida desde la angustia existencial, desde el no saber el sentido último de su ser. Uno no saber que alimenta su sentimiento de desamparo y extranjeridad en el mundo mientras libran su lucha por liberarse de ese oscuro poder que los oprime.

¿Cómo vive un exiliado la creación narrativa? ¿Es la  identidad uno de los ejes principales de tus cuentos? ¿La palabra provoca la identidad? ¿Es capaz de generarla?

La patria del poeta es la palabra, pero su identidad es la síntesis de muchos factores, entre los cuales no son menores los paisajes geográfico y humano de su tierra natal, que influyen en la prosodia que articula la sintaxis y, en cierto modo, el estilo. No en vano el conde de Buffon decía que el «estilo es el hombre». Por ello, cuando el poeta desterrado no asume los cambios que el medio opera en su identidad su escritura suena desafinada y hasta impostada. El sonido de su escritura, cuyo sustrato siempre es oral, es extraño a él y no alcanza a expresar lo que el poeta pretende, porque lo que suena no es su verdadera voz. Es imposible una escritura esencial sin una voz genuina, que es la que identifica al poeta y armoniza su vida con su entorno geográfico y humano.

Háblanos sobre el tiempo de tus cuentos. Como decíamos y siguiendo el prólogo de Víctor Escudero, en los relatos, las conexiones entre tiempos y épocas distintas sitúan la narración en un tiempo que está por encima de la conexión entre la realidad coyuntural de lo narrado, de la historia y de su versión legendaria…

La unidad espacio temporal de mis cuentos y también de mis novelas está dada por la conciencia del mundo y no por el estatuto de la física. El espacio tiempo que habitan los personajes corresponde al universo ficcional regido por las leyes mecánicas del sueño, la memoria, la intuición del porvenir y la imaginación. En este marco, el mediodía es perenne, como digo en algún cuento, los personajes siempre viven en el presente, hasta la evocación es presente que hace mutar la calidad y la naturaleza de las cosas y el carácter de los personajes.

El mal de Q. da título a la compilación de cuentos, ¿por qué esa elección? ¿Qué factores te llevaron a decidir dicho título? ¿El descubrimiento del libro por Q.? ¿De su identidad?

El mal de Q. es un volumen que reúne todos los cuentos que he escrito entre 1968 y 2009. Este es un libro que ya tuvo dos ediciones anteriores con distintos títulos que correspondían al cuento más emblemático de la época de cada publicación. El primero es El día en que el pueblo reventó de angustia, porque trata de un tiempo en que el individuo libra una lucha épica en nombre de la colectividad, la cual, ante la invisible amenaza que se cierne sobre ella, emprende el camino del éxodo. El segundo es El interior de la noche y alude al momento en que el individuo se reconoce en la extranjeridad y se redescubre en las sombras que anidan en su conciencia y que son ecos de su derrota. El de ahora es El mal de Q. porque es el cuento cuyo protagonista es el individuo derrotado, el individuo alienado que ha sucumbido a la opresión y teme soñar, imaginar, ser libre en definitiva. Este es el mal que padece Q. Un pariente lejano de don Quijote y Gregorio Samsa que sublima la aniquilación del individuo como ser social.

Iván Humanes Bespín
http://ivanhumanes.blogspot.com

Etiquetas: Antonio Tello, Candaya, El día en que el pueblo reventó de angustia, El mal de Q., Ivan Humanes, La catinga

Sobre el autor

Iván Humanes

Iván Humanes (Barcelona, 1976). Licenciado en Derecho por la Universidad de Barcelona. En el 2005 publicó el libro "La memoria del laberinto" (Biblioteca CyH), en 2006 el ensayo "Malditos. La biblioteca olvidada" (Grafein Ed.) y en 2007 en la obra "101 coños" (Grafein Ed.). Prepara la publicación de su libro de relatos "Los caníbales" con la editorial Libros del Innombrable y la publicación de la novela "La emboscada" con la editorial coruñesa InÉditor.

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1 Comentario

  1. Mónica Sabbatiello 4 Mayo 2010 at 16:33

    Me remite de alguna forma a mi propia vida. Quiero leerlo ya.

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