Revista de Letras

“Buried”: Prejuicios enterrados, por Juan Vico

22 Octubre 2010 Crónicas

Buried bebe de una corta pero intensa tradición cuyo punto culminante en el imaginario colectivo cinéfilo acaso sea Premature Burial, una de las célebres adaptaciones de relatos de Poe realizadas por Roger Corman en los 60. Respecto a los últimos años, cabría citar la secuencia de Kill Bill en que la protagonista logra salir de la tumba tras ser enterrada viva (inspirada en realidad en una remota cinta de Lucio Fulci), así como un capítulo de la serie CSI  Las Vegas (“Grave Danger”) escrito y dirigido por el mismo Tarantino. Nunca hasta ahora, no obstante, se había alguien atrevido a imaginar una historia que ocurriera íntegramente en el interior de un ataúd. Buried hace de esta autoimpuesta limitación su mejor virtud, gracias a un solvente trabajo de guión y a la notable dirección de Rodrigo Cortés. El punto de partida es de un ascetismo radical, y la verdad es que a estas alturas resulta de lo más estimulante echarse a los ojos una película de género fantástico en la que no haya escenas de acción ni efectos especiales. ¿O sí los hay? ¿Debemos considerarla, de hecho, una película de género?

Permítanme que introduzca a bocajarro, a modo de respuesta tajante, una palabra clave, una palabra mágica: ELIPSIS. Hubo un tiempo en que la elipsis era considerada un recurso básico de la puesta en escena cinematográfica, la solución más efectiva y elegante para tratar ciertas situaciones que no debían o no podían ser mostradas en pantalla, ya fuera por criterios puramente expresivos, a causa de condicionantes materiales (técnicos y/o económicos) o por imposición moral o legal (censura). Buried recupera con convicción todo tipo de estrategias relacionadas con la elipsis, y aunque su propuesta no tiene mucho de nostálgica, sí que me parece detectar en ella cierto espíritu combativo, como si, más allá del imperativo espacial dictado por la propia narración, sus responsables se deleitasen aludiendo en todo momento a un “más allá” visual que jamás contemplaremos. Buried es, entonces, una película que transcurre en otro lado, un diálogo constante con un fuera de campo que hace exclusivo acto de presencia a través del sonido. Y en esta reivindicación de lo sonoro como elemento expresivo de primer nivel encontramos otra de las características que la convierten en una rara avis de nuestra cartelera.

Ryan Reynolds en "Buried" (Imagen: WB/Lionsgate)

“Ejercicio de estilo” y “tour de force” son dos expresiones más que manidas en el ámbito de la crítica cinematográfica, pero sin duda vienen muy al caso cuando uno se ocupa de un artefacto como Buried. Sin embargo, y a pesar de sus hallazgos estilísticos y de su pericia narrativa, he de reconocer que me interesa bastante más su estrategia de posicionamiento en el mercado cinematográfico de nuestros días, en relación con su naturaleza híbrida en tanto que producto audiovisual o, más justamente, cultural. Porque Buried no deja de ser una obra de autor disfrazada de película de género. O viceversa. Buried, en definitiva, ha sabido vender a un público amplio una propuesta conceptualmente arriesgada, casi experimental, haciéndola pasar por un estreno con potencial comercial, no limitado al circuito de salas en V.O., rodada además en inglés para favorecer su exportación. En este sentido, Rodrigo Cortés ha logrado lo que antes consiguieron, salvando enormes distancias y cada uno dentro de sus contextos socioeconómicos, cineastas como Hitchcock, los hermanos Coen, Johnnie To o de nuevo Corman y Tarantino. Y estaría bien alegrarse por ello.

Juan Vico
http://improntuario.blogspot.com

Etiquetas: Alfred Hitchcock, Buried, CSI Las Vegas, Edgar Allan Poe, Hermanos Coen, Johnnie To, Kill Bill, Premature Burial, Quentin Tarantino, Rodrigo Cortés, Roger Corman

Sobre el autor

Juan Vico

Juan Vico (Badalona, 1975) es autor de las novelas 'El teatro de la luz' (Gadir, 2013) y 'Hobo' (La Isla de Siltolá, 2012), del libro de relatos 'El Claustro Rojo' (Sloper, 2014) y de los libros de poemas 'La balada de Molly Sinclair' (Origami, 2014), 'Still Life' (UAB, 2011) y 'Víspera de ayer' (Pre-Textos, 2005). Ha obtenido, entre otros, el Premio Café 1916 , el Premio de Novela Corta Fundación Monteleón y el Arcipreste de Hita de Poesía. Actualmente es redactor jefe de 'Quimera. Revista de Literatura'.

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