Revista de Letras

Contra la crisis, lectura

Una voraginosa espiral de crisis serpentea por nuestra sociedad.

Crisis económica (el mercado inmobiliario se ha desmoronado, la falta de empleo se ha disparado, el turismo ha disminuido, las cajas se fusionan, la economía doméstica tambalea…).

Imagen: Squidoo.com

Crisis de valores como el esfuerzo, la constancia, la cooperación, la empatía, el altruismo, la sensibilidad (el fracaso escolar sigue sumando adeptos, el bullying se resiste a desaparecer, el acoso laboral -mobbing- va en aumento, inmigrantes que sobreviven en condiciones inhumanas…).

Crisis emocional (los casos de trastorno del déficit de atención e hiperactividad -TDH- entre niños en edad escolar no retroceden, el número de adultos con ansiedad y estrés es una realidad, la depresión se postula como una de las enfermedades más destacadas del siglo XXI…).

Crisis medioambiental (el cambio climático se ha alterado negativamente, la deforestación va avanzando, los incendios arrasan hectáreas y más hectáreas, los ecosistemas han sido gravemente dañados…).

Crisis delictiva (la violencia de género continúa siendo noticia, menores que violan a otros menores, terroristas que atentan contra el derecho a la vida…).

Crisis política (falta de liderazgo en los gobernantes, delitos urbanísticos, corrupción económica, mala planificación, revueltas en los países árabes…).

Y por si el cóctel no fuese suficientemente explosivo, añadámosle la crisis lectora, que si bien puede parecer más inofensiva que las anteriores, ataca directamente a las células del cerebro. Si tenemos en cuenta que el cerebro es responsable de la cognición, las emociones, la memoria y el aprendizaje, el diagnóstico es evidente: ignorancia.

Sócrates, filósofo griego precursor de  Platón y Aristóteles, ya lo dijo hace muchos siglos: “Sólo hay un bien: el conocimiento. Sólo hay un mal: la ignorancia”.  El antídoto está en gran parte en el acto de leer, de leer bien. Pero lamentablemente andamos escasos en este arte. Algunos estudios evidencian que la comprensión lectora  es un punto débil en las aulas españolas, y que un porcentaje notable de nuestros alumnos tiene dificultades en descifrar un relato o un pasaje sin perderse. Así, por ejemplo, las conclusiones del informe Pisa vienen siendo, año tras año, una maldición, ya que sus resultados revelan que las habilidades lectoras de entender, usar y analizar textos no son demasiado satisfactorias; y los resultados de España siguen situándose muy por debajo de Finlandia, Corea del Sur y ahora Shangai.

Foto: Nala.ie

Sabiendo que todos estos jóvenes son los que moverán los hilos de nuestra sociedad, los que otorgarán un futuro más o menos digno a nuestra sociedad, ¿acaso, pues, no debemos preocuparnos? Tanta lectura superficial supone una “crisis intelectual y moral” que genera, sin lugar a dudas, actuaciones incomprensibles entre los ciudadanos de un país. Como apunta el profesor Daniel Cassany “ante el mundo multicultural, globalizado, dinámico y conflictivo en el que vivimos, la única respuesta educativa posible es la necesidad de formar a una ciudadanía autónoma y democrática que tenga habilidades críticas de lectura, escritura y pensamiento”.

Por su parte, la UNESCO en uno de sus informes sobre la educación en el mundo, ha puesto de manifiesto que “los libros y el acto de leer constituyen los pilares de la educación y la difusión del conocimiento, la democratización de la cultura y la superación individual y colectiva de los seres humanos. Los libros y la lectura son y seguirán siendo con fundamentada razón, instrumentos indispensables para conservar y transmitir el tesoro cultural de la humanidad, pues al contribuir de tantas maneras al desarrollo, se convierten en agentes activos del progreso. Saber leer y escribir constituye una capacidad necesaria en sí misma, y es la base de otras aptitudes vitales”, y actitudes vitales, podríamos añadir.

Foto: Barnes & Noble.com

Pero no se trata únicamente de leer, sino de “saber leer”. Hay que ser capaz de leer pausadamente y entender, interpretar y reflexionar, buscar información y procesarla, releer y relacionar conceptos. Sólo así conseguiremos ser más autónomos, aumentar nuestro bagaje cultural, crecer con criterio, vivir más intensamente, afrontar la vida con más sentido común, desarrollar nuestra autoestima, considerar opiniones distintas a la propia, modelar nuestro juicio crítico y ético, expresar mejor nuestro pensamiento, enriquecer nuestro vocabulario, combatir el aburrimiento, mejorar la expresión oral y escrita, descubrir mundos mágicos y misteriosos, domesticar la concentración, potenciar el esfuerzo, relajar la mente, interpretar el mundo, agilizar la memoria, agudizar la inteligencia, construir conocimiento… En definitiva, “saber leer” potenciará en nosotros aptitudes vitales como la seguridad, el autocontrol, la comunicación, la adopción de decisiones, el optimismo, la esperanza; y nos alimentará de actitudes vitales positivas que contribuirán a recuperar el esfuerzo, la implicación, la solidaridad, la generosidad, la asertividad. Nos conducirá a la libertad, a la cultura, al razonamiento y a la humanización, y por tanto a la anticrisis de tantas y tantas cosas.

Dentro del mundo de las finanzas se nos propone que invirtamos en bolsa, en acciones, en valores de renta fija o variable… como vía para rentabilizar los ahorros. ¿Por qué no invertimos en lectura para rentabilizar nuestra mente, nuestro espíritu y nuestra educación? La primera inversión conlleva un riesgo y la asumimos, la segunda sólo genera ganancias y la eludimos. ¿En qué estaremos pensando? No renunciemos, por mucha invasión de internet y de videojuegos,  al fascinante mundo de los libros, y es que según Umberto Eco “el libro pertenece a uno de esos milagros de la tecnología eterna, de la cual forman parte la rueda, el cuchillo, la cuchara, el martillo, la olla, la bicicleta…” y también el ordenador, evidentemente. Todo, con buen criterio y “bien leído”, puede convivir.

Imagen: thehappyself.com

Muchos expertos en economía apuntan, quizás con una dosis de optimismo exagerada, que a mediados del año 2012 nos recuperaremos de la crisis económica, pero ¿cuándo nos recuperaremos de todas las demás? ¿Cuándo nos recuperaremos de la crisis lectora? Empecemos ahora y aquí, y hagámosolo desplegando un abanico de hábitos que envenenen de letras a los que nos rodean: leer una manaña fría o una tarde lluviosa, regalar un buen libro, perderse entra las esbeltas estanterías de cualquier librería, suscribirse a una revista, dormirse con la batalla de algún héroe… “La lectura es un placer que se contagia y no se impone”. ¡Cuánta razón tenía el pedagogo italiano Francesco Tonucci con esta afirmación!

Emprendamos la locura quijotesca de devorar páginas y páginas sin perder de vista la razón, sumerjámonos en la lectura reflexiva de novelas, ensayos, textos expositivos, artículos, contratos, textos digitales, imágenes, publicidad, periódicos, cómics, literatura juvenil, literatura clásica…

Dejémonos hipnotizar por un sinfín de bellos versos:

Fuiste una primavera sana,

radiante de pureza y armonía,

en la vaga penumbra cotidiana,

de aquel lento paisaje de agonía

J. R. Jiménez

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir por ejemplo: “la noche está estrellada,

y tiritan, azules, los astros, a lo lejos”.

El viento de la noche gira en el cielo y canta

P. Neruda

Todo pasa y todo queda,

pero lo nuestro es pasar,

pasar haciendo caminos,

caminos sobre la mar

A. Machado

Los invisibles átomos del aire

en derredor palpitan y se inflaman

el cielo se deshace en rayos de oro

la tierra se estremece alborozada.

Oigo flotando en olas de armonía

rumor de besos y batir de alas,

mis párpados se cierran… ¿Qué sucede?

¿Dime?… ¡Silencio!… ¿Es el amor que pasa?”

G. A. Bécquer

Deleitémonos con la vibrantes aventuras de los más intrépidos personajes novelescos (Robinson Crusoe, de Daniel Defoe; Kip Parvati, de Miguel Larrea; Renat, de Josep Vallverdú; Max, de Carlos Ruiz Zafón; Don Rodrigo de Vivar; Phileas Fogg, de Jules Verne; Tirant lo Blanc, de Joanot Martorell; Ulises, de Homero; Bastián Baltasar, de Michael Ende…).

Inhalemos el aroma mágico de exquisitos fragmentos narrativos (Nada, de Carmen Laforet; Leyendas, de G. A.Bécquer; La piel de tambor, de Arturo Pérez-Reverte; Los pilares de la tierra, de Ken Follett; La aventura del tocador de señoras, de Eduardo Mendoza…).

Foto: Squidoo.com

Contraataquemos los titulares despiadados e inverosímiles: “Preso por agredir sexualmente a un menor”, “Dos jóvenes apuñalados en dos sucesos distintos en Madrid”, “El burgués Félix Millet confiesa que robó 3,3 millones de euros del Palau de la Música Catalana”, “Hallada en la Gran Vía de Barcelona el cuerpo de una mujer en una maleta”, “Una mujer afgana, lapidada por adulterio por su propio marido”, “El Gobierno egipcio cifra en 365 los muertos por revueltas”, “Gadafi amenaza con una masacre a la OTAN y a EEUU si entran en Libia”, “Condenan a pederasta sueco a cuatro años de cárcel en Tailandia”…

Enojémonos con ideas e imágenes sexistas, xenófobas, fascistas o excluyentes: millones de niñas son sometidas en África a la ablación del clítoris, mujeres quemadas por sus parejas en Argentina, desigualdades salariales entre hombres y mujeres, actitudes fascistas o racistas en la calle o en campos de fútbol…

Recapacitemos a partir de datos reales tremendamente dantescos: el número de personas que pasan hambre en el mundo superó en el año 2009, por primera vez en la historia, los mil millones; demasiados jóvenes entre 14 y 18 años recurren al alcohol para disfrutar de la vida o enfrentarse a los problemas, sin medir las consecuencias de lo que están haciendo; el Informe de víctimas mortales por violencia doméstica y violencia de género no cesa de incorporar muertes a sus estadísticas…

Atesoremos un léxico más copioso con la elegancia de espléndidas descripciones:

La puerta y las ventanas seguían conservando sus férreas cerraduras y, aunque la vieja cuadra había sucumbido aquel último invierno, la soledad del caserón y su mutismo impenetrable continuaban rodeándole de un trágico misterio y de un inexplicable y sórdida atracción”. J. Llamazares

Un silencio profundo reina en el llano; comienzan a aparecer a los lados del camino paredones derruidos. En lo hondo, a la derecha, se distingue una ermita ruinosa, negra, entre árboles escuálidos, negros, que salen por encima de largos tapiales caídos”.  Azorín

Y, sobre todo, no nos dejemos infectar por un posible “analfabetismo moderno” de los países desarrollados: el de decodificar sin entender. Seguro que una buena lectura interpretativa de lo que nos rodea podría conseguir paliar muchas de las crisis que nos asedian sin tregua.

Evolucionemos con sentido común, analicemos la información, hagamos de las palabras nuestra arma de convivencia y de resolución de conflictos.

Concedamos a la lectura, a la buena lectura, el lugar que se merece, otorguémosle el distintivo de “Patrimonio de la Humanidad”, de una humanidad más sabia y más humana. Persistamos para que el tesoro cultural que se halle en el futuro esté repleto de sensatez, civismo, conciliación y cooperación. Y no olvidemos jamás las palabras del escritor argentino Jorge Luis Borges: “Uno llega a ser grande por lo que lee”.

Anna M. Guàrdia Garcia
Licenciada en Filología Hispánica

Etiquetas: Anna M. Guàrdia Garcia, Crisis, saber leer

Sobre el autor

Anna M. Guàrdia Garcia

Anna M. Guàrdia Garcia (Lleida, 1968). Licenciada en Filología Hispánica por la UB, profesora de instituto en Lleida y colaboradora en prensa local. Participante en diversos cursos y seminarios sobre lengua y literatura, forma parte de un grupo de trabajo cuyo objetivo es buscar estrategias para mejorar la comprensión lectora de los adolescentes. Está finalizando la Licenciatura de Filología Catalana en la UOC y prepara el Trabajo de Final de Carrera sobre la importancia de la competencia comunicativa en los alumnos de secundaria.

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4 Comentarios

  1. silvie 14 marzo 2011 at 6:28

    La lectura nos ofrece un pensamiento crítico, dejemos que trabaje y sepamos discernir qué debemos leer y creer. No nos invites a olvidarnos de lo que pasa en nuestros países y en el mundo. Debemos ser lectores críticos y activos social y políticamente.

  2. Socorro 15 marzo 2011 at 19:18

    Me parece perfecto todo lo que acabo de leer, pero tambien debemos estar enterados de lo que pasa a nuestro alrededor…haciendo incapié en la lectura como pasatiempo, como buena costumbre, como hábito.

  3. Mariano Estrada 23 marzo 2011 at 13:19

    Me ha gustado, Anna: aporto “La luna”, aunque sólo sea granito de arena. Un abrazo
    http://marianoestradavazquez.blogspot.com/2010/02/la-luna-felicidades-los-enamorados.html

  4. Ramon Ordi 14 abril 2012 at 2:45

    Bon article Anna, la lectura sempre ha estat una bona forma d’exercitar la ment, es un bon remei per tota la gent que està patint aquesta crisis.

    Salutacions.

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