Revista de Letras

Contra la transparencia

6 septiembre 2018 CCCB, Portada

Exposición ‘La luz negra’ | Foto: CCCB, Martí E. Berenguer

Toda sociedad alimenta sus mitos. Esa teoría tan extendida de que la filosofía nace con el paso del mito al logos es tan reduccionista como imprecisa. Es cierto que la lógica y la razón juegan un papel imprescindible en nuestras formas de pensamiento desde la Antigua Grecia, y parece indiscutible que la ciencia moderna se ha beneficiado (y, por lo tanto, todos nosotros) de ecuaciones basadas en la observación, la medición, la formulación, y el análisis. Sin embargo, la epistemología no puede quedar restringida a un empirismo tan primitivo como cualquier otra creencia.

Uno de los mitos contemporáneos que han tenido más éxito es el de la transparencia. Los ciudadanos, hastiados hasta límites insoportables, han visto en la transparencia una forma de lucha contra la corrupción política de ciertas élites. Un mundo de opacidades ha sido combatido por un mundo que prometía saberlo todo (como si eso fuera posible) de manera directa e inequívoca. El problema es que la transparencia, como valor supremo que intenta fundar un dogma, se ha ido colando en todas las capas de la piel social y confundiéndose con la literalidad. Hemos querido darle a todo un significado exacto y cerrado cuando el mundo solo puede explicarse (siempre de una manera tentativa) desde la metáfora y la figuración.

Por eso es tan sugerente la exposición La luz negra, comisariada por Enrique Juncosa, y que puede visitarse en  el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona hasta finales de octubre. La muestra recorre la influencia del esoterismo y las sociedades secretas en la creación artística, con una selección de obras que reúne a nombres como Antoni Tàpies o Agnes Martin, y que también se detiene en las huellas que el ocultismo ha dejado en prácticas como el cómic o el cine. El título de la muestra adopta un concepto del sufismo, la rama esotérica del islam que, mediante diferentes grados de intensidad espiritual, busca un estadio superior de consciencia representado, de manera simbólica, por esa luz negra que congrega la visión interior y la experiencia mística.

No deja de ser curioso que hayamos olvidado tantas veces que uno de los padres de la filosofía griega, Aristóteles, solo nos ha legado sus obras esotéricas, las notas que tomaba para un uso interno, mientras que sus textos exotéricos, los destinados al gran público, hayan desaparecido. Por lo tanto, ese mantra tan repetido que presupone el conocimiento con el paso del mito al logos, no puede darse sin una capacidad lectora que sepa traducir los claroscuros de lo que, en efecto, eran unos apuntes de una intimidad después desvelada.

Lo que nos parece más claro y evidente de nuestra cultura un día nació del esbozo y la duda.

‘Algol’, de Joan Ponç | MACBA

En la muestra podemos encontrar prácticas tan dispares como la alquimia o la psicodelia, pero en todos los casos hay un un interés por ir más allá del plano ordinario. La exposición es una buena excusa para volver a mirar con atención los múltiples jeroglíficos que encontramos en las pinturas de los miembros de Dau al Set, y en especial en medio de esa naturaleza diabólica y dionisíaca que transita las pinturas de Joan Ponç.

Podemos adentrarnos en la antroposofía de Rudolf Steiner (uno de los grandes nombres de la propuesta, que convoca en un mismo espacio ciencia y espiritualidad), mientras la influencia de Asia la vemos reflejada en Henri Michaux. El recorrido insiste en el misticismo que impregna toda la obra de Mark Rothko y los expresionistas abstractos, y nos presenta un personaje tan extraño como atractivo como lo es René Daumal, fundador de la comunidad iniciática de los Hermanos simplistas. También es interesante el trabajo de Jordan Belson a partir de la cábala. Teniendo lugar la exposición en Barcelona, no podía faltar el trabajo de Zush (el artista Alberto Porta, actualmente conocido como Evru), quien ejemplifica como pocos esa voluntad de construir un universo paralelo al regular, con leyes, himnos, pasaporte y alfabeto propios.

La música también ocupa un lugar destacado en la propuesta del CCCB, con temas de Pink Floyd y David Bowie y, en especial, el tema de Jorge Ben Os Alquimistas Estão Chegando, de su disco A Tábua de Esmeralda. Sun Ra, por su parte, nos recuerda que, a través del jazz, pueden convivir la precisión matemática y los pliegues del azar.

Esa luz negra, la que intenta habitar el enigma, la hallamos en el Libro Rojo de Carl Gustav Jung, que puede verse expuesto, y que permaneció inédito hasta 2009, casi cincuenta años después de la muerte del psicólogo suizo. Las ilustraciones y los textos que lo componen son una mezcla tan insólita que pueden recordarnos tanto a los grabados de William Blake como a los libros de horas medievales.

En un mundo, el nuestro, que tiende a la uniformidad positivista, al relato único y de una sola dirección, parecería que estos creadores reclamaban una huida de eso a lo que hemos llamado realidad. Es todo lo contrario. Actualizan, hoy más que nunca, un combate abierto entre palabra e imagen, una disputa por el significado que se resiste a ser colonizado por el régimen de la transparencia y la literalidad.

Tal vez, como canta Jorge Ben, ya están llegando los alquimistas. Son pacientes, asiduos y perseverantes. Oh, oh, oh.


Etiquetas: CCCB, Joan Ponç, Jorge Ben, Jung, La luz negra, Tàpies, Zush

Sobre el autor

Albert Lladó

Albert Lladó (Barcelona, 1980) escribe en La Vanguardia y es editor de Revista de Letras. Es autor de la obra de teatro 'La mancha' (Arola, 2015), estrenada en el TNC. Su último libro publicado es 'Los singulares individuos' (La Isla de Siltolá, 2016)

¡Comparte este artículo!

Envía tu comentario