Revista de Letras

Cuentistas (VII): Fernando Clemot

22 marzo 2011 Entrevistas

«Un gran cuento ha de ser la revelación para el lector
de una realidad propia, un descubrimiento».

Fernando Clemot (Barcelona, 1970) comenzó a darse a conocer para el lector a raíz de su libro de relatos Estancos del Chiado, primero gracias a una labor de trinchera a cargo de la pequeña editorial Paralelo Sur y poco después, con un salto cuantitativo, por la concesión del Premio Setenil, en cuyo palmarés figuran nombres como Alberto Méndez, Cristina Fernández Cubas, Sergi Pàmies y Óscar Esquivias. Clemot había obtenido por sus relatos galardones como el premio Kutxa Ciudad de San Sebastián y había quedado finalista del Hucha de Oro o La Felguera, entre otros muchos. En 2009 publicó en el sello Barataria su novela El golfo de los Poetas, finalista a su vez de los premios Ateneo de Sevilla y Logroño de Novela.

Colaborador asiduo en varias revistas literarias, el también filólogo, editor y profesor Fernando Clemot es una rara avis en el cuento español, pues recoge e interpreta la mejor tradición del relato europeo y permanece ligado a una estirpe de narradores más mediterránea que anglosajona. En su literatura, Clemot investiga en los procesos de la memoria y nos recuerda que debemos atesorar cada momento presente, pues está condenado a ser único. Desde Barcelona responde, honesto y sin  artificios, a las preguntas que poco a poco van dibujando en este ciclo una suerte de mapa del cuento español contemporáneo.

¿Por qué el cuento, Fernando? ¿Qué te llevó a combinar en tu actividad como escritor la novela con el relato breve?

Llegué primero al cuento que a la novela. Fue de una forma casual, en un concurso de mi antiguo trabajo, y un poco tardía, ya que no escribí ningún cuento antes de los veinticuatro años. En cuanto a compaginar novela con cuento no me crea ningún tipo de cambio en la forma de trabajar. El vehículo de la narrativa, como el de la poesía, el ensayo o cualquier género literario, es la palabra. Esa es la herramienta. La única diferencia es la aplicación de las técnicas propias de cada género en el momento de creación, utilizar el ritmo de cada género y los recursos del mismo. Un lector de cuento no va a aceptar un mal principio de cuento ni tolerará barrigas en el desarrollo de la narración mientras que el lector de novela es más paciente, permite que desarrolles con mayor tranquilidad las tramas y derivadas de la acción principal.

Paradigma de lo que Juan Carlos Márquez llamó “Generación plica”, te has abierto camino por tu trabajo y sin padrinos. ¿Qué han significado en tu trayectoria los premios a tus textos, como el Kutxa Ciudad de San Sebastián o, en especial, la concesión del Premio Setenil a un libro como Estancos del Chiado, escrito y publicado desde el margen del mundo editorial?

La verdad es que ha sido así. No he tenido ninguna vinculación familiar, social o personal con el mundo literario o editorial hasta hace poco. No me siento mejor ni más orgulloso por ello, todo lo contrario, hubiera agradecido tener algún vínculo que allanara el camino.

Los escritores de la generación Plica, que tan bien definió Juan Carlos, nos fogueamos durante los años de formación en el mundillo de los concursos literarios. Supongo que en un primer momento de afirmación como escritor es útil esta vía; consideras que es un método “democrático” de poder entrar en el mundo editorial y afortunadamente hay un espacio no manchado de premios “cocinados” en la narrativa breve. También apartarse de los concursos literarios es una decisión que se ha de tomar en un momento u otro. Presentar cuentos de una forma sistemática a concursos hace que acabes repitiendo esquemas narrativos y temas que sabes que pueden gustar a los jurados. Acabas escribiendo relatos “concurseros” y puedes acabar convirtiendo lo que escribes en un mantra autocomplaciente.

¿Cómo ves el supuesto auge del cuento en España? ¿Crees que ese, a veces, raro ecosistema editorial y los medios están de veras por la labor? ¿Qué crees que podría y cabría hacerse (y si debe o no hacerse) para que el relato breve, definitivamente, recibiera atención como lenguaje literario a la altura de cualquier otro?

Creo que es un auge real y esperanzador. El género estuvo relegado al ostracismo durante décadas y parece que en los últimos diez o doce años se ha creado una nueva percepción e interés por él. Parte de la culpa de este renacer lo tienen una serie de editoriales pequeñas y medianas que han apostado de forma definitiva por el cuento. Es aquí donde realmente se está fijando el futuro del cuento, en la apuesta de estas editoriales, muchas veces vocacionales, por autores que estábamos fuera del foco del gran público. En cuanto a las grandes editoriales es muy difícil que apuesten por proyectos de escritores que no tengan un nombre consolidado. Esperemos que finalmente el impulso de las pequeñas obligue a las grandes a realizar apuestas de riesgo pero soy muy escéptico respecto a esto.

En cuanto al lenguaje literario aplicado al cuento no encuentro diferencias respecto a los otros géneros. Quizá debe limitarse la utilización de grandes descripciones o de cargas que eviten un desarrollo eficaz del relato. El relato se basa generalmente en un protagonista único que debemos conocer a través de sus actos, es un personaje en plena acción y lo debe ser desde la primera línea hasta la última. Debemos dibujar al personaje por sus acciones y su pensamiento más que por nuestras descripciones. Quizá esta sea una de las principales diferencias del cuento respecto a los otros géneros.

¿Qué delata para ti a un buen cuento? ¿Cuál sería esa seña de identidad en tus mejores cuentos?

Un cuento, desde mi punto de vista, rondaría la excelencia cuando permite un final con varias lecturas, cuando no se queda únicamente en la descripción precisa de unos hechos o una vivencia. El gran cuento debe penetrar varios niveles en la percepción del lector, permitir a éste adivinar diversos desenlaces o continuaciones de la trama, también el lector debería poder trazar su propio recorrido mental que le lleve a un final propio, abierto e incluso paradójico.

En este sentido un cuento ideal debería revelar sentidos diferentes en cada uno de los lectores, conseguir conectar al lector con una realidad propia, a menudo subconsciente o no aflorada, y hacerla llegar más allá del tiempo de la lectura del mismo. Un gran cuento ha de ser la revelación para el lector de una realidad propia, un descubrimiento.

El espacio y, en cierto modo, el viaje (interior y exterior), tienen relevancia en tus libros. Tu novela en Barataria, El golfo de los Poetas, es un buen ejemplo (Italia). Y con Estancos del Chiado la cuestión se hace evidente (Portugal). ¿Cómo trabajas este aspecto en tu narrativa?

Trato de no enfrentar a los personajes del cuento a contextos que me sean demasiado familiares. Difícilmente situaría una novela o un cuento en Nueva York, Tokio o Acapulco ya que nunca he estado allí y son ámbitos que me resultan desconocidos y en los que no puedo identificar un paisaje o sensación. No me dicen nada personal, nada fuera del cliché.

En esa línea creo en cierto sentido mediterráneo de la narración, algo más rica y sonora que en los clásicos anglosajones, que se traslada también al paisaje. Mis personajes se suelen mover mejor en este medio, en un paisaje que me resulte cercano y amable.

Háblanos de cómo vives el proceso creativo, de cómo te planteas el camino desde la idea inicial al texto definitivo, de cómo surgen tus textos. ¿Qué arranca el motor de la escritura en tu caso? ¿Una frase desencadena el resto? ¿Planificas todo con antelación, corriges a partir de un torrente inicial o cada relato te pide una estrategia distinta (ninguna, incluso)?

Pongo especial atención en los inicios de los cuentos o de los capítulos de la novela. Trato de transmitir verdad, también contundencia. Ese es el momento de crear un clima de complicidad con el lector, de cierta intimidad. El lector ha de seguir la narración como si se la estuviera contando un amigo, se ha de crear en los primeros párrafos ese clima de familiaridad íntima que he señalado.

Si se trata de un libro de cuentos con un eje temático muy definido la tarea es más complicada. Se ha de buscar con mucho cuidado una red de pequeños pespuntes que sujeten cada una de las narraciones y la relacione con las demás. Este tipo de libro de cuentos ha de ser un pequeño ecosistema en que cada una de las narraciones alimente y dé pistas sobre las demás.

En cuanto a la forma de trabajar suelo escribir de tirón y luego corrijo bastante. Posiblemente disfruto en el proceso de corrección más que con la propia escritura. Me resulta un trabajo más placentero.

Aparte de las diferencias formales en cada caso, ¿cómo sabes cuándo una idea, una imagen o una frase te llevarán a escribir un cuento y no una novela?

Generalmente cuando la idea no se disipa con facilidad. Suelo apuntar las ideas en una libretilla y luego las paso a un documento. Si al cabo de unas semanas sigue emanando algo de aquel primer apunte es un buen indicio de que la idea tenía fondo y posiblemente será atractiva dentro de un desarrollo narrativo.

Desde el inicio de este ciclo repito una pregunta que, de una manera curiosa, está produciendo dos interesantes grupos de respuestas. Hablo del supuesto salto generacional en el cuento español, una zona de penumbra en la que, salvo excepciones, veteranos y jóvenes no parecen compartir referencias ni se leen demasiado entre sí. ¿Crees que hay en nuestro país un espacio literario en blanco entre las nuevas generaciones y las anteriores?

Creo abiertamente en la necesidad de leer a los clásicos, sean de la novela, el pensamiento o del cuento. En mi caso buena parte de mis referentes, extranjeros y nacionales, no son de mi generación, ni siquiera de mi siglo. Por poner un ejemplo no creo que nadie haya escrito en lengua española con mayor calidad y recursos que Quevedo en Los sueños o Vida de Marco Bruto. Me gusta leer autores no contemporáneos y no creo que una carrera literaria pueda tener una base firme sin la lectura exhaustiva de los clásicos de la narrativa.

En cuanto a lo de la zona de penumbra es verdad, en el cuento tal vez debido también a cierto abandono o a la poca atención que sobre el género hubo durante décadas.

Una de las editoriales españolas especializadas en ese género, Menoscuarto, publicó el pasado año la antología Siglo XXI, para la que Fernando Valls y Gemma Pellicer seleccionaron tu trabajo. En 2011 también participas en otros proyectos colectivos, para editoriales como Escalera y Libros del Silencio. El golfo de los Poetas te llevó a representar a España en el First Novel Festival de Budapest y has intervenido en festivales como I luoghi delle parole, en Italia. A raíz de esta mayor visibilidad, ¿recibes alguna respuesta de tus nuevos lectores o de otros autores, compañeros o no de antologías?

Tener visibilidad, se confiese o no, es una de las grandes preocupaciones de cualquier escritor aunque siempre se ha de evitar que no degenere en una búsqueda compulsiva de notoriedad. En mi caso esta visibilidad llegó con la concesión del premio Setenil al mejor libro de cuentos publicado en España, al que le debo buena parte de lo bueno que vino después. A partir de entonces el libro cobró otra dimensión y pude compartir experiencias y sensaciones con muchos lectores, circunstancia que me ayudó sobremanera. Un libro que no lo lee nadie o no tiene repercusión impide esta conexión, sin duda enriquecedora.

También me hizo especial ilusión representar a España en el First Novel Festival ya que el Ministerio de Cultura premiaba la que consideraba mejor primera novela de un autor español. Competía con autores a los que respeto y admiro con novelas excelentes. El hecho de que la novela se hubiera publicado en una editorial independiente como Barataria también me hizo sentir muy satisfecho ya que en cierta manera reconocía su apuesta y su trabajo.

Hablando de antologías, ¿te resulta complicado escribir por encargo sobre un tema?

Bastante. Trato de limitar mucho este tipo de trabajos y cuando los tengo que hacer intento que entren en conexión de una forma profunda con mis intereses, con lo que tengo la necesidad de escribir.

Escribir una novela de encargo me resultaría absolutamente insoportable e incluso iría contra el sentido de lo que entiendo que tiene que ser el oficio.

¿Qué cuento crees que podría sorprender y conmover más a un lector que se acerque por primera vez a tu libro Estancos del Chiado? ¿Hay alguno que, a tu juicio, resuma con un efecto más claro tu poética personal en narrativa?

Los dos cuentos con los que me siento más identificado son el que da título al libro, “Estancos del Chiado”, y “El verano del cortapichas”, el que puede leerse esta semana en Revista de Letras. En ambos el protagonista es un trasunto de mí mismo y me baso en experiencias personales filtradas, y en algunos casos infectadas, con historias que intuí o escuché. Creo que en ambos relatos la voz es sincera, directa y puede emparentar al lector con el relato.

No reniego del resto de cuentos del libro, ni mucho menos, pero creo que en estos dos relatos es donde sentí con mayor intensidad esa necesidad de asociar experiencia personal con literatura, de encontrar en lo personal y en la memoria, y no en lo anecdótico ni en tramas externas, una vía para desarrollar una dialéctica propia.

La unidad en un libro de cuentos nace sobre todo de la propia escritura, de la voz del autor, aunque varíe de registro en cada relato. Estancos del Chiado es una compilación de cuentos premiados anteriormente y, por lo tanto, no partió de una idea unitaria previa, aunque luego destila un aroma general, cierta temperatura narrativa. ¿Qué piensas de este asunto? ¿Le pides como lector a un libro de cuentos un hilo conductor o te seduce (aparente o no) la anarquía?

Sí, Estancos del Chiado recoge relatos que van del año 1999 al 2005 y creo que por el camino hubo incluso cambios en mi sensibilidad sobre lo que debe ser un relato y lo que no. En este caso pienso que el único vínculo se puede encontrar en cierto gusto por un lenguaje elaborado o rico. Jordi Gol, el editor de Paralelo Sur, supo encontrar una suerte de coherencia en la aparente anarquía del libro y creo que a él le debo también buena parte del éxito que tuvo después. Convirtió una recopilación de cuentos en un libro de cuentos.

He de decir que me seducen más en los últimos tiempos libros donde haya algún nexo unificador entre los cuentos. Cada relato ha de poder funcionar de forma independiente, ha de tener una lectura exenta, pero a la vez ha de ser parte de un puzzle más grande, ha de crear un correlato con los otros cuentos del libro.

¿Qué te interesa o te llega más de un cuento, la emoción provocada, la idea contenida o la perfección formal? ¿Cuál de ellas te parece más importante en un buen cuento?

De todas las sensaciones que me señalas tal vez las que más valoro son la idea contenida en el texto y la perfección formal. Puedo admirar perfectamente un cuento que no desarrolle una gran historia pero que me traslade a cierto goce intelectual o estético. Algún cuento de Tabucchi en Se está haciendo cada vez más tarde sería buena muestra de ello. Si este factor de goce estético se combina con una idea fuerte, una metáfora global que lleve a la apertura de una puerta hacia una reflexión personal o profunda, estaremos ante un cuento extraordinario.

En cuanto a las emociones desconfío de los relatos que encierran sorpresas o emboscadas, también de las emociones inmediatas. La búsqueda de emociones puede generar relatos tramposos o superfluos. Por poner un símil cinematográfico, buscando la emoción podríamos crear un Cinema Paradiso, de Tornatore. Si buscamos la emoción podemos acabar creando un relato afectado, lleno de trampas y de ñoñería.

Impartes clases en el Laboratorio de Escritura de Barcelona y en la UAB, entre otros centros. Hago de abogado del Diablo y te pregunto, ¿no crees que el verdadero escritor ya entra en el aula como tal? ¿Se le puede enseñar algo de veras nuevo en los talleres, acaso a leer, a corregir, a hacer criba?

Creo en la utilidad de los talleres literarios, siempre que el docente tenga el bagaje suficiente, siempre que tenga algo que explicar y compartir.

Estoy convencido de que el talento no se enseña, el que lo posee llega con él y que pueda desarrollar una carrera literaria no dependerá de lo que se pueda enseñar en un taller literario pero posiblemente sí que se lleve a cuestas algunos buenos consejos. Creo que la misión de los talleres ha de ser crear un gusto literario en el alumno, hacer crecer en él la atención al texto, orientarlo y estimularlo. También en muchos casos se pueden solventar tics y errores que de otra manera sería difícil que se solucionaran y quedarían encubiertos por la crítica buenista que le pudieran dar las personas que le rodean.

Desgraciadamente, a los talleres literarios les ha hecho bastante daño cierto intrusismo. Creo que para impartir un taller hay que tener un bagaje literario amplio y no únicamente recitar con soltura un temario bien aprendido.

Escribir cuentos requiere un especial trabajo de precisión y renuncia. Por razones parecidas, leer un buen cuento demanda una predisposición a lo que de tarea tiene la lectura. ¿Crees que el lector de cuentos es, en general, un lector más exigente? ¿Viene de ahí tal vez que el cuento, todavía hoy, parezca asunto de minorías inquietas?

El cuento literario tiene en la concisión y la repetición dos factores que lo diferencian al resto de géneros literarios. El cuento se alimenta en sí mismo, crece a base de repetir lo escrito anteriormente. También la forma de leer un cuento lo delimita: se suele leer de una vez, como la poesía, por lo que está sujeto a algunos recursos propios y únicos del cuento.

No creo que haya un público especializado en cuentos, no creo que exista ese lector fuera de los críticos o los propios escritores de cuentos leyéndonos los unos a los otros para ensalzarnos o sacarnos las tripas.

Esta semana “la pregunta del lector” nos la envía un anónimo, aunque yo mismo tenía reservada una similar para cuando llegara el primer escritor nacido en Barcelona, al hilo de polémicas estériles sobre la lengua y recientes los libros de escritores como Juan Marsé. El anónimo dice (edito): “En Wikipedia hay un enlace a un vídeo tuyo en TV3, hablando en catalán. ¿Vas a escribir siempre en castellano?”

Creo que seguiré con el castellano. Me apena ser tan categórico. Me encantan la lengua y literatura catalanas (aunque no creo que pase ésta por su mejor momento) y me gustaría poder moverme con la suficiente desenvoltura en ella. No creo que tenga el nivel lingüístico para poder escribir en catalán sin sentirme maniatado por un pensamiento que funciona, indefectiblemente, en lengua castellana.

Eres lector que bebe de diversas fuentes. Para atestiguarlo ahí está tu trabajo como antólogo, En la frontera. I megliori racconti della letteratura chicana, con el gran Rolando Hinojosa, entre otros, y publicado en Italia. Además de la italiana, también las literaturas rusa, francesa y portuguesa te han aportado mucho. Y también en parte los norteamericanos, claro, como Carver (Raymond, no ahora Leo, el protagonista de El golfo de los Poetas). ¿Qué huellas e influencias literarias de autores concretos (en especial de relato breve) podríamos rastrear en tus propios cuentos?

El caso de En la frontera fue un trabajo de encargo para una editorial italiana (Gran Vía, de Milán) y me gustó poder colaborar en el conocimiento de una narrativa nueva como la chicana, una literatura en proceso de crecimiento y reconocimiento pero que ofrece ya autores de primer nivel como Hinojosa, Sandra Cisneros, Norma Elia Cantú o Miguel Méndez.

En cuanto a mis referentes he de decir que en general siempre me he fijado más en autores de literaturas próximas como la italiana, portuguesa o francesa que en los anglosajones. Dicho esto destaco algunas influencias, también de autores norteamericanos, como pueden ser Salinger, Capote, Fante o Foster Wallace pero a los que me siento más ligado quizá serían Moravia, Tabucchi, Perec, Bulgákov, Eça, Lispector, Lobo Antunes, Cortázar, Barthes o Bataille. De los españoles me quedaría con Aldecoa, Umbral, Baroja, Vila-Matas, Marías y Cela.

¿Qué autores de relatos (españoles, latinoamericanos o de cualquier otro lado) te parecen más destacables en los últimos años? ¿Qué libros de cuentos más o menos recientes te han dado mayores alegrías como lector?

Podría citar a muchos pero por señalar algunos me quedo con Eloy Tizón, Menéndez Salmón, Óscar Esquivias o Juan Carlos Márquez. También me interesa mucho lo que puedan publicar Eduardo Halfon, Ester García Llovet, Andrés Neuman, Jon Bilbao, Cristina Cerrada o Matías Candeira. Me parecieron muy prometedores también los libros de Miguel Serrano Larraz y Carlos Frühbeck.

En literatura portuguesa contemporánea, aunque no sean cultivadores de narrativa breve, sigo a Peixoto y Valter Hugo Mãe. Este último es un descubrimiento reciente.

¿Qué obsesiones personales crees que has convertido en literatura más a menudo?

Posiblemente la memoria y sus laberintos sean el punto central de lo que he escrito recientemente. El proceso que conecta lo cotidiano con la memoria me parece uno de los grandes temas en los que fijar la atención desde la literatura. Hay un campo muy extenso y apasionante: la recreación de estos recuerdos, lo insondable de los recuerdos no aflorados, los engaños de la memoria, la mención y redescubrimiento de lo oído y lo observado… No quiere decir que siempre escriba sobre ello pero en este momento la plasmación de este mecanismo me tiene muy ocupado.

Por no citar sólo una obsesión, pues creo que tengo muchas, también me preocupa la repetición de las formas de la naturaleza en la tierra, en las obras humanas, en el cuerpo y en cualquier objeto.

¿Tienes algún proyecto literario concreto en este momento?

Tengo una novela y un libro de cuentos que espero que vean la luz en breve. El libro de cuentos se titula Safaris inolvidables y plasmará algo de las inquietudes que he señalado en la pregunta anterior: memoria y repetición de formas.

Sergi Bellver
sergibellver.blogspot.com

Foto © Ateneu Barcelonès y ACEC

El cuento de Fernando Clemot

“El verano del cortapichas” pertenece al libro
Estancos del Chiado (Paralelo Sur, 2008).

Lee “El verano del cortapichas” clicando aquí

Etiquetas: Cuentistas, El golfo de los Poetas, En la frontera, Estancos del Chiado, Fernando Clemot, Premio Setenil, Safaris inolvidables, Siglo XXI

Sobre el autor

Sergi Bellver

Sergi Bellver (Barcelona, 1971) es escritor, editor y crítico literario. Responsable de la edición y el prólogo de «Chéjov comentado» (Nevsky Prospects, 2010) y autor en «La banda de los corazones sucios. Antología del cuento villano» (El Cuervo/Baladí, 2010; ed. de Salvador Luis). Profesor de Escola d'Escriptura de l'Ateneu Barcelonès y Escuela de Escritores de Madrid, donde ha colaborado con la Cadena SER. Publica artículos y reseñas en las revistas Tiempo, BCN Week y Standdart, en el suplemento Cultura/s de La Vanguardia, y en los medios digitales Culturamas, Revista Kafka y La tormenta en un vaso.

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2 Comentarios

  1. Yannis 23 marzo 2011 at 20:30

    Muy buena entrevista…como siempre Fernando es muy diáfano, y sincero??!!!!,, a mí también me obsesiona el tema de la memoria y repetición de formas…

    felicidades Fer!!!
    En cuba tienes un club de fans!!!

  2. Paz 24 marzo 2011 at 17:48

    Después de leer el cuento, corro a buscar el libro. Espero encontrarlo.
    Un cuento que visualmente me ha resultado impactante.

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