Revista de Letras

Dacre Stoker: “No se debe juzgar un libro por la cubierta”

2 diciembre 2009 Entrevistas

Escribir la secuela de un clásico es algo más que un reto: para muchos, se trata de un sacrilegio. Si, además, el autor es un familiar de quien tuvo la idea original, el castigo puede ser mayor. En el caso de Drácula, el no muerto (Roca Editorial) Dacre Stoker (sobrino bisnieto de Bram Stoker), acompañado por Ian Holt (uno de los mayores especialistas en Drácula) decidieron plantar cara a los escépticos y crear una segunda parte de la obra original. Continuación que, por cierto, ya estaba en la mente de Bram cuando, en sus múltiples notas, dejaba claras sus intenciones de hacer llegar al vampiro a América.

Dracula_El_No_Muerto-2-Stoker y Holt han recuperado esas notas, junto a las del manuscrito original, para idear una novela que transcurre 25 años después del final de la primera. El doctor Seward es un adicto a la morfina, Jonathan, un alcohólico y Mina no pasa por un matrimonio feliz. Por si fuera poco, Van Helsing es uno de los sospechosos en el caso de una serie de prostitutas que han aparecido destripadas en Whitechapel.  Quincey Harker, hijo de Jonathan y Mina, conoce a un extraño actor e intenta convencerle para que interprete al personaje protagonista de la obra teatral Drácula, adaptación de una novela de éxito en la que descubre a su familia y a algunos de sus amigos entre sus páginas. Referencias históricas y personalidades que existieron realmente se dan cita en esta insólita secuela “oficial” de uno de los más famosos relatos de terror.

Dacre Stoker visitó Barcelona y, como mitómano que soy, no podía dejar escapar la oportunidad de conversar con el discípulo de Bram Stoker.

¿Cuándo descubres Drácula como novela y qué impresión tuviste con su primera lectura?

La primera vez que la leí fue en la universidad, cuando tenía 18 años. La motivación en ese momento era leerla para hacer un informe de un autor y por primera vez le presté atención a Bram Stoker. Hasta entonces había estado muy involucrado en lo deportivo -(Dacre fue entrenador del equipo olímpico de pentatlón de Canadá)- y eso requería toda mi atención. Me pareció una novela relativamente complicada pero después de las cien primeras páginas el género epistolar comenzó a gustarme y, sí, me pareció una estupenda historia de miedo.

A muchos lectores les podrá sorprender que esta secuela tenga un estilo diferente, con el uso de un narrador en tercera persona y sin recurrir a diarios o cartas.

Para ser honestos, desde un principio Ian y yo supimos que no estábamos a la altura de la escritura de Bram Stoker, su técnica nos superaba. Por lo tanto, era necesario cambiar el estilo. También pensamos en el lector moderno y en cómo se sentiría más cómodo. No olvidemos que el género epistolar era más utilizado en la época victoriana. Los lectores agradecen la narración tradicional. Y, no nos engañemos, nos interesaba llegar al mayor número posible de personas con una historia atractiva y fácil de leer.

En España hubo ciertas reticencias por parte de la crítica, pero finalmente la mayoría se ha decantado a favor de la secuela, debido al atractivo de los personajes y la fluidez con la que se presentan las tramas argumentales. ¿Has sido testigo de esta buena aceptación, en otros países?

Tres semanas después de vender el manuscrito, había más de 700 referencias en blogs. Dos tercios de esas notas eran escépticas, con típicos comentarios de “otro familiar aprovechándose del apellido” o “¡pero ¿cómo se puede escribir una secuela de Drácula?!”. Como profesor que soy, me molestó mucho, porque una de las cosas que inculco a mis alumnos es que no juzguen un libro por su cubierta. Pero me di cuenta de que es algo típico; el escepticismo, en estos casos, es general. Y no solo a nivel de medios de comunicación. En cualquier caso me siento orgulloso y aliviado por las buenas reseñas que han ido apareciendo, en especial las de críticos que querían odiar la novela pero han reconocido que es una buena historia. Es algo que ha sucedido en todos los países donde se ha publicado.

Dacre Stoker 1Hay tres avales en la obra que le dan un valor adicional: Su apellido; Ian Holt, gran experto en Drácula, y, por supuesto, las notas de Bram Stoker que les han guiado para “oficializar” la novela. ¿Cómo has trabajado con Ian y las notas de tu bisabuelo para darle forma al texto?

Se contempló desde un principio como un reto el poder reunir todos los elementos por parte de ambos. Por lo que decidimos que cada uno se ocupara de lo suyo: Ian como creativo y yo como organizador. Sin embargo, para poder comenzar, era fundamental encontrar la evidencia  que permitiera escribir la secuela. Así fue como en el Rosenbach Museum de Filadelfia pudimos dar con las 125 páginas de notas manuscritas utilizadas por Bram Stoker y que dejó inconclusas, también una edición de Islandia de 1901 y que es la única en la que Bram incluyó un prefacio en el que manifiesta la influencia que los crímenes de Jack el Destripador tuvieron en su obra y deja una pista clara para una continuación: “Estos crímenes volverán a aparecer”. Por supuesto, tomamos el manuscrito original que tiene dos finales: el publicado y un segundo que fue descartado. Con todo ello deducimos que había una secuela que quería ser escrita pero había que organizar todo el trabajo.

Yo me dediqué a escribir un cronograma de todos los personajes a nivel argumental, los hechos que sucederían en la novela, los personajes que morirían, los que quedarían con vida… Lo que sería el grueso del argumento. Ian y yo íbamos trabajando en base a nuestros conocimentos y preferencias de personajes, sin alejarnos nunca de la estructura inicial que era la novela en sí misma. Yo, por ejemplo, me ocupé del detective Cotford (que Bram descartó para la novela original) y de Jack el Destripador, mientras que Ian se encargó de lograr establecer la mezcla entre las distintas versiones de Drácula con una actualización volviendo sobre el mito original. Tomó esos elementos originales y cuando teníamos episodios en los que podíamos colaborar conjuntamente, nos íbamos enviando los textos y los escribíamos a cuatro manos. Un ejemplo claro de esto sería el pasaje en el que aparece Bram Stoker y mantiene una conversación con Quincey.

La edición nos tomó seis meses. Para poder mantener cada uno nuestro estilo personal, intercambiábamos las áreas de trabajo. De esta manera siempre había una presencia del otro en lo que habíamos escrito, manteniendo la autoría conjunta en cuanto a corrección y edición de texto.

Además de los intercambios de textos para poder editar, hubo algo muy curioso. Yo soy un trabajador de mañana, mientras que Ian trabaja de noche. Por lo general, yo escribía de 7 a 11, se lo enviaba a Ian, trabajaba por la tarde y me lo reenviaba, y así sucesivamente, por lo que entre los dos hacíamos una jornada de doce horas. Teníamos además a un investigador, Alexandre Gilant, que nos solventaba algunas cuestiones históricas de la época, para darle una mayor verosimilitud a la novela.

El proceso de estructuración fue de cinco años. Los primeros los dedicamos a poner los elementos en común y los dos últimos los dedicamos a la escritura. Piensa que en ningún momento dejamos nuestros trabajos habituales, así que no estábamos plenamente dedicados a la creación del libro.

Habéis asumido el riesgo de trabajar con personajes míticos de la novela original. Como creadores ha debido ser emocionante darles vida de nuevo para explicar lo que sucedió con ellos veinticinco años después.

Desde el principio fue divertido, aunque con un arduo trabajo, imaginar como serían los personajes después de haber sufrido individualmente la persecución de Drácula. Lo contemplamos igual que los soldados cuando regresan de la guerra, algo así como el “síndrome post-Drácula”. Por ejemplo, teníamos que imaginar la situación del doctor Seward 25 años después de perder a Lucy, su gran amor, a quien tuvo que matar. Decidimos hacerle adicto a la morfina y con el firme propósito de acabar con el vampirismo. Este síndrome lo utilizamos con el resto de supervivientes de la novela de Bram Stoker, son personajes que no han podido librarse del shock.

Otro riesgo que habéis sabido sortear es el de desarrollar episodios que en la novela original quedaban sugeridos, apenas matizados. ¿No hubo miedo de meter mano al texto clásico?

Lo que nos propusimos con la inserción de esos flashbacks era una complementación. Piensa que, originalmente, aparecían narrados recurriendo al género epistolar y no al narrativo, por lo que necesitábamos expandirlos y poder insertar nuestros propios propósitos dentro de estos añadidos. Consideramos que esos pasajes estaban incompletos y merecían ser recuperados. Era fundamental pensar como Bram para poder trabajar en ellos. Sí, sentíamos miedo y respeto, porque era un territorio difícil y los seguidores del personaje lo consideran algo muy serio. La solución fue arriesgarse y hacer que nuestra creación fuera fructífera y estos pasajes ampliaran el sentido de la historia con la que estábamos trabajando.

De las centenares de adaptaciones al cine, me gusta especialmente la dirigida por John Badham, con Frank Langella y Lawrence Olivier, en la que, considero, es la versión más romántica de todas. ¿Al escribir el libro teníais en mente, como modelo, la imagen de alguno de los actores que han interpretado a Drácula?

Cada una de las películas nos ha influenciado. En especial a Ian. Es obsesivo, tiene centenares de films en su videoteca. Cuando era necesario, recurría a las películas para fijarse en los detalles. Y me refiero a todas: desde Nosferatu, de Murnau, hasta la versión de Coppola, en la que Gary Oldman encarna al vampiro más intelectual, pasando por las de Bela Lugosi y Christopher Lee. Vlad Tepes estaba en todas esas encarnaciones, siempre oculto. Por eso también quisimos incluirle en nuestra obra, a modo de referencia y homenaje.

José A. Muñoz

Etiquetas: Alexandre Gilant, Bram Stoker, Dacre Stoker, Drácula, Drácula el no muerto, Ian Holt, Jack el Destripador, Roca Editorial, Vlad Tepes

Sobre el autor

José A. Muñoz

José A. Muñoz (Badalona, 1970), periodista cultural. Licenciado en Ciencias de la Información, ha colaborado en varias emisoras de radio locales, realizando programas de cine y magazines culturales y literarios. Ha sido Jefe de Comunicación de Casa del Llibre y de diversas editoriales.

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6 Comentarios

  1. Natalia 18 marzo 2011 at 18:47

    Soy amante de la lectura de terror ahora mas que nunca, Bram Stoker, se ha vuelto uno de los autores mas importantes para mi lectura…

  2. Christian 22 octubre 2011 at 7:23

    Dracula es mi libro favorito y la version cinematografia de Coppola, la continuacion de Dacre Stocker esta al nivel desde su manera y estilo a la primra. Un muy buen libro

  3. Juan 14 abril 2012 at 21:24

    me gusto la idea de la continuacion. Ya habia leido la novela original. Puesto que hariamos una obra de teatro. (Yo era el conde) pero al comenzar a leer esta “Secuela” comenze a odiar a Drake por ir asesinando 1 por 1 a los personajes creados por su Bisabuelo-tio. Comenze a escribir una “Secuela” por mi cuenta y me di cuenta de que de vez en cuando seria necesario matar por lo menos a 3 personajes de la historia original

  4. Guillermo 16 abril 2012 at 21:18

    Juan… con esa ortografía espero jamás leer nada tuyo.

  5. Teresa 18 enero 2013 at 13:46

    Mitómano: mitomanía.
    (De mito1 y manía).
    1. f. Tendencia morbosa a desfigurar, engrandeciéndola, la realidad de lo que se dice.
    2. f. Tendencia a mitificar o a admirar exageradamente a personas o cosas.
    Tomado de: DICCIONARIO DE LA LENGUA ESPAÑOLA – Vigésima segunda edición

  6. José A. Muñoz
    José A. Muñoz 18 enero 2013 at 14:23

    Término a menudo confundido, con poco acierto, con

    Interés: 4ª acepción. m. Inclinación del ánimo hacia un objeto, una persona, una narración, etc.

    (Del mismo diccionario).

    Me declaro “mitómano” respecto al personaje del vampiro, por supuesto. Cualquier otra interpretación dependerá de quien se la haga.

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