Revista de Letras

Dante: “Es imposible que el agua sea excéntrica”

Retrato de Dante Alighieri por Sandro Botticelli

Es 20 de enero de 1320. Estamos en Verona. Un debate acalorado sobre la posición de los elementos agua y tierra tiene lugar en la iglesia de Santa Elena, a la que acude el gran poeta Dante Alighieri, autor de la Comedia. Como algunos de los que han caldeado la polémica, a los que contestará el escritor, no han acudido al acto, el “padre del idioma italiano” decide poner por escrito su tesis. Teme que los copistas, o los envidiosos, no sepan trasladar su punto de vista con precisión y exactitud. Será el último libro que escriba (muere un año después, en Rávena), aunque no verá la luz, con el título de Questio de Aqua et Terra, hasta mucho después, cuando en 1508 el fraile agustino Giovanni Benedetto dé a conocer el manuscrito. Hoy, gracias a la edición bilingüe que ofrece la Fundación Aquae, en su colección de clásicos, podemos conversar con alguien capaz, en pleno siglo XIV, de unir temas astrológicos con astronómicos, biológicos y morales. Nos contesta, aunque desde la distancia, con total literalidad.

Querido Dante, es usted muy valiente al afirmar que la tierra es más alta que el agua del mar cuando, casi en la misma época, Tomás de Aquino dice justo lo contrario.
Es imposible que el agua, en cualquier punto de su superficie, sea más alta que la tierra emergida o descubierta.

El suyo es un mundo, como vemos en sus obras literarias, que se organiza en “esferas”. Hoy hablamos, en vez de tierra, agua, aire y fuego, de litosfera, hidrosfera, atmósfera y biosfera. ¿Quizá las cosas no han cambiado tanto?
Siendo el agua un cuerpo homogéneo, es menester, hablando en términos absolutos, que tenga en cada parte una virtud distribuida uniformemente, y por eso no hay razón para que se eleve en un sitio más que en otro. Esa misma razón excluye de la causalidad al aire y al fuego.

Ahora entraremos en su tesis, no se preocupe, pero antes díganos por qué decide poner por escrito su intervención en Verona.
Por la ausencia de algunos que por abundancia de caridad cierran los oídos a los ruegos, y por la demasiada humildad son pobres de espíritu santo. No quieren que se crea que ellos rinden homenaje a los méritos de otros, y prefieren abstenerse de intervenir en las disputas.

Entiendo… Es increíble que use la ironía, ya, en 1320. Pero explíquenos realmente el trasfondo del debate.
La cuestión se planteó sobre el lugar y la figura o forma de los dos elementos, es decir del agua y de la tierra. La cuestión quedó restringida a esto, para investigar mejor la verdad, si el agua en su esfera, es decir, en su natural circunferencia, era en algún punto más alta que la tierra que emerge de las aguas, y que nosotros llamamos la cuarta habitable.

Clásicos Aquae

Creo que los que decían que que el agua sí es más alta que la tierra usaron cinco argumentaciones. ¿Cuáles son?
La primera era esta: Es imposible que dos circunferencias que distan entre sí de forma desigual tengan un mismo centro. La circunferencia del agua y de la tierra tienen distancias desiguales.

Parece lógico. Luego, hablan de la nobleza de los cuerpos…
A un cuerpo noble corresponde el lugar más noble: el agua es un cuerpo más noble que la tierra, luego le corresponde un lugar más noble.

Tampoco, según razonan, se puede contradecir a los sentidos.
La proposición resultaba de la experiencia de los navegantes que en alta mar ven los montes por debajo, y mientras en la nave no los ven, si suben sobre el albero los ven y de aquí concluyen la demostración. Lo que parece que sucede porque la tierra está mucho más baja, en un lugar deprimido respecto al dorso del mar.

¿Y el cuarto argumento que usted se propondrá refutar?
Si la tierra no fuera más baja que el agua, no tendría agua, al menos en la parte que emerge. Luego no habría fuentes, ríos ni lagos.

Y, por último, el argumento lunático…
Parece que el movimiento del agua depende del movimiento de la luna, como se observa en el flujo y el reflujo del mar; como la órbita lunar es excéntrica, parece razonable que el agua en su esfera imite la excentricidad de la órbita lunar y por tanto que sea excéntrica.

Entonces, con todas estas evidencias, ¿por qué sigue pensando que el agua no es más alta que la tierra?
Yo afirmo que si el agua, considerada en su esfericidad, fuera en cualquier punto más alta que la tierra, eso sucedería necesariamente de una de las dos maneras que siguen: o bien porque el agua es excéntrica, o porque siendo concéntrica a la tierra, se eleva en algún punto en una gibosidad que está por encima.

¿No considera que el agua sea excéntrica?
Si el agua fuera excéntrica, tres cosas imposibles derivarían de ello. La primera es que el agua por su naturaleza podría moverse hacia arriba y hacia abajo; la segunda, que el agua no se movería hacia abajo en la misma dirección que la tierra; la tercera que la palabra gravedad se aplicaría equívocamente a ambos elementos. Tales cosas no solo son falsas sino incluso imposibles.

Otro de los conceptos que utiliza repetidamente en su ensayo es la idea de gravedad.
Como la diferencia en la finalidad comporta diferencia en aquellas cosas que a ella están unidas, es manifiesto que hay una razón diferente de gravedad en el agua y en la tierra; y como la diversidad conceptual de un mismo nombre acarrea un equivoco, se deduce que el término gravedad se aplica equívocamente al agua y a la tierra.

Tampoco cree que el agua sea, como dicen algunos de sus contemporáneos, gibosa.
No hay gibosidad en el agua, porque Dios y la naturaleza hacen y buscan siempre lo mejor. Así pues, vemos muy bien cómo es imposible que el agua sea más alta en alguna parte de la circunferencia, es decir, más lejos del centro del mundo que la superficie de la tierra habitable.

Afirma, pues, que el agua es concéntrica e igual.
Es evidente que es concéntrica e igual, es decir que dista igualmente en cada punto de la superficie esférica del centro del mundo.

¿De verdad que lo de la Luna tampoco le convence?
Al que dice que el agua es un cuerpo que imita el orbe de la luna y concluye que tiene que ser excéntrica porque excéntrico es el orbe de la luna, respondo que la razón no comporta necesidad, porque si una cosa imita a otra en un aspecto, no se deriva de ello que tenga que imitarla en todos. Así, vemos que el fuego imita el cielo en su revolución circular y, sin embargo, no lo imita al no moverse en un movimiento rectilíneo.

¿Quiere añadir algo para los lectores de 2017?
Esta es la respuesta a los argumentos; y así queda cerrada la disputa y el breve tratado que nos habíamos propuesto sobre la forma y el lugar de los dos elementos.

Este artículo pertenece a Agua y Cultura, sección patrocinada por la Fundación Aquae | Puedes leer Questio de Aqua et Terra en PDF.

Etiquetas: agua, Agua y Cultura, Dante, Fundación Aquae

Sobre el autor

Albert Lladó

Albert Lladó (Barcelona, 1980) escribe en La Vanguardia y es editor de Revista de Letras. Es autor de la obra de teatro 'La mancha' (Arola, 2015), estrenada en el TNC. Su último libro publicado es 'Los singulares individuos' (La Isla de Siltolá, 2016)

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