Revista de Letras

De best-sellers eróticos, por Rebeca García Nieto

De vez en cuando irrumpen en la escena literaria libros escritos por mujeres que aseguran hablar de sexo como nunca antes se ha hecho.

En 2001, Catherine Millet nos ilustraba sobre el sexo en grupo en La vida sexual de Catherine M.; en 2004, Toni Bentley animaba a sus lectoras a entregarse al sexo anal en The surrender: An erotic memoir, llegando a afirmar en una entrevista que había encontrado a Dios gracias a esa experiencia sin par… También dijo que, aunque todos, críticos y lectores, lo habían pasado por alto, The surrender era, en realidad, una “historia de amor increíble”: “Creo que la gente no quiere pensar que puede haber una historia de amor donde la mujer sea tan sumisa”. Ahora, a raíz del éxito de Cincuenta sombras de Grey, este debate ha vuelto a la palestra.

Belén Gopegui decía a propósito de la archiconocida trilogía que “el discurso que ha envuelto el libro es mucho peor que el libro, pues le atribuye el tema del presunto deseo de sumisión de las mujeres. ¿Por qué? Porque en él se practican algunas modalidades de BDSM, como si ese discurso no supiera reconocer lo que es un rol, un juego, prácticas que no son expresión de identidad sino búsqueda de nuevas formas de placer”. En esa línea, Isabelle Laffont, directora de JC Lattes, la editorial que ha publicado a E. L. James en Francia, explica que la novela se ha convertido en un fenómeno de masas porque “no es perversa y no hay víctimas”. Estaríamos, entonces, ante un folletín romántico con tintes sadomasoquistas, no ante una apología de la sumisión femenina.

Al margen de su nula calidad literaria, los críticos franceses pensaron que el porno para maris de la trilogía, o porn de ménagère, como dicen ellos, no interesaría a los lectores del país que vio nacer al Marqués de Sade o a Anaïs Nin. Se equivocaron. Pese a la mala acogida por parte de la crítica, Cinquante Nuances de Grey también se ha convertido en un best-seller en Francia. A primera vista, poco tiene que ver la trilogía con el best-seller erótico galo por excelencia: Historia de O. De hecho, se podría decir que son opuestas: la trilogía es un compendio de clichés eróticos travestido de historia de amor; Historia de O es una historia de amor disfrazada de pornografía. Sin embargo, consideraciones literarias aparte (Susan Sontag resaltó el valor literario de Historia de O pero dudo mucho que pudiera decir lo mismo de las Sombras de Grey), en mi opinión, ambas novelas guardan también algunas similitudes: las dos pueden leerse como cuentos de hadas para adultos; las dos tratan no del masoquismo o la sumisión femenina, sino del amor.

Recordemos que Historia de O narra los abusos consentidos por parte de una joven a manos de su amante, René, y un hombre mucho mayor que ella, Sir Stephen, entre muchos otros. Cuando se publicó en 1954, la novela causó una enorme conmoción y todo el mundo hablaba de ella; no obstante, la tirada inicial tardó mucho en agotarse. Como pensaban que la novela había sido prohibida, los libreros la vendían bajo cuerda. Todo el mundo hablaba de ella en privado, pero la prensa actuaba como si nunca se hubiera publicado. ¿Qué hizo que con el tiempo Histora de O se convirtiera en superventas? Obtuvo el Prix des Deux Magots, fue llevada al cine, fue llevada a los tribunales… Pero, quizá, su mejor publicidad fueron las constantes especulaciones acerca de la verdadera identidad de Pauline Réage, seudónimo bajo el que se publicó la novela. Por alguna razón, a los lectores parecía interesarles más la máscara bajo la que se ocultaba el autor que la máscara con forma de búho tras la que desaparece O en la novela. El tema dio tanto juego a la camarilla literaria parisina que hasta el mismísimo Albert Camus, poco sospechoso de ser amigo de cotilleos, se pronunció sobre la autoría: no podía ser una mujer. La mayoría de la gente daba por supuesto que una mujer no podía tener fantasías liberadoras tan degradantes. ¿A qué mujer en sus cabales le gustaría encarnar a la Justine de Sade?, se preguntaban. El enigma se resolvería cuarenta años después de la publicación de la novela. En 1994, una tímida anciana, Dominique Aury, antigua editora de Gallimard, admitió públicamente ser la autora de la famosa novela. Como no podía ser de otra manera, su nombre era en realidad otra máscara que cubría su verdadera identidad: Anne Desclos.

Se ha dicho que Historia de O es en realidad una carta de amor, y no lo ha dicho alguien cualquiera, sino el destinatario de la misiva, Jean Paulhan, en el prólogo del libro: “Es indudable que Historia de O es la más feroz carta de amor que haya recibido un hombre”. La propia autora reconoció que la había escrito para satisfacer a su amante: “Era joven y no muy guapa, y él comenzaba a fijarse en otras”. También dentro de la novela encontramos fragmentos que sugieren que todo es un juego de amantes, una especie de chiste privado: “¡Qué broma más tonta! Pero tú tampoco entiendes nada, ¿y si no te amase con locura, crees que iba a atreverme a hablar así y traicionar a mis semejantes?”.

El propio Paulhan nos advierte: “Aquí no faltará el necio que hable de masoquismo”. En otro punto del prólogo afirma que, al igual que los cuentos de hadas son las novelas eróticas de los niños, es posible avanzar “por O de un modo curioso, como en un cuento de hadas”. En efecto, en O tenemos mazmorras en lugar de castillos encantados y el príncipe azul, en vez de jurarle (y exigirle) fidelidad y amor eterno a su amada, le dice que en lo sucesivo se propone compartirla con todos los afiliados a la sociedad del castillo… Cabe la posibilidad de que, como señala Susan Sontag, Historia de O no sea más, ni menos, que “una parodia brillante” y que lo que Anne Desclos quisiera decirle a su amante de un modo tan gráfico es: Mira, como puedes ver, me muero de amor por ti.

¿Por qué entonces tendemos a ver sumisión donde Desclos y su amante ven amor? Creo que Paulhan tenía razón, que hablamos con mucha ligereza del amor y que con frecuencia olvidamos que la palabra “amor” y la palabra “libertad” se contradicen: “El amor es depender de unos labios (y de la mueca o la sonrisa que formen), de un hombro (y de su manera de encogerse), de unos ojos (de una mirada suave o fría); en definitiva, de todo un cuerpo ajeno, con el espíritu o el alma que lo habite, de un cuerpo que a cada instante puede hacerse más deslumbrante que el sol o más helado que una llanura nevada”.

Rebeca García Nieto

Etiquetas: Albert Camus, Anaïs Nin, Anne Desclos, Belén Gopegui, Catherine Millet, Cincuenta sombras de Grey, E. L. James, Historia de O, Isabelle Laffont, Jean Paulhan, La vida sexual de Catherine M., Marqués de Sade, Pauline Réage, Susan Sontag, The surrender: An erotic memoir, Toni Bentley

Sobre el autor

Rebeca García Nieto

Rebeca García Nieto es doctora en Psicología y especialista en Psicología Clínica. Desde 2008 vive entre Madrid y Nueva York, donde trabaja en la New York University (NYU). Su primera novela, "Historia de una mirada", fue finalista del 58 Premio Ateneo Ciudad de Valladolid (2011) y será publicada en otoño de 2012 por la Editorial Eutelequia. Con su segunda novela, "Eric, una vida in absentia", quedó finalista en el Premio Azorín de Novela 2012 (Grupo Planeta). Uno de sus ensayos ("Hugo von Hofmannsthal y Stefan George: el remitente y el destinatario") forma parte del libro Galería de Invisibles, que será editado por la Editorial Xorki en 2012.

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5 Comentarios

  1. Natalia 1 febrero 2013 at 11:22

    ¿Habéis leído Play Room? yo ha sido lo último que he leído en plan erótico pero no solo de este tema va el libro, y creo que por eso me gustó mucho. Vamos me sorprendió de forma grata.

  2. Juan 2 febrero 2013 at 9:36

    Muy buen texto, felicidades.
    Juan

  3. Rebeca García Nieto 2 febrero 2013 at 10:23

    Natalia: No, no he leído “Play Room, así que no puedo opinar.

    Muchas gracias, Juan!

  4. LIBERTO A. I. 2 febrero 2013 at 16:40

    Aunque tengo mi criterio sobre el texto “CRIMEN” de Agustín Espinosa. 1934. Me gustaría saber qué piensan sobre éste…

    Imagino que no es fácil pensar en una relación tan “fuera de lo políticamente correcto”, entre ese hombre que se deja humillar hasta tal punto que le permite a su esposa todo tipo de “juegos eróticos-sexuales”… por lo extremadamente “bella” … hasta que decide acabar con éstos de una manera “brutal”… Y , cómo se dirige a l@s lector@s… advirtiéndol@s que “nadie que no supiera de esa belleza casi sobrenatural podría juzgar su determinación final….” [ ¿…? ]* …

  5. Arturo 1 mayo 2013 at 16:50

    Coincido con Natalia, Play Room de Patricia Muñiz ha sido una gran sorpresa. Absolutamente recomendable.

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