Revista de Letras

Descortesía del suicida

8 abril 2009 Críticas

Descortesía del suicida
Carlos Vitale
Candaya
Prólogo de José María Merino

juan-carlos-vitale1Carlos Vitale nació en 1953 en Buenos Aires, en el seno de una familia italiana. Desde 1981 reside en Barcelona, donde completó sus estudios de Filología hispánica con los de Filología italiana.

Poeta riguroso y exquisito, ha publicado Códigos (1981), Noción de realidad (1987), Confabulaciones (Premio de Poesía Ciudad de Zaragoza, 1992) y Autorretratos / Autoritratti (Premio de Poesía Venafro, prólogo de Gerardo Vacana, traducción de Teresa Albasini Legaz, 2001), todos ellos recogidos en Unidad de lugar 1981–1998 (Candaya 2005).

Es autor, asimismo, de Selección poética / Selected Poems (traducción de Verónica Miranda, 1998), Vistas al mar (2000) y Fuera de casa (2004).

Ha sido incluido en diferentes antologías, la más reciente Por vivir aquí. Antología de poetas catalanes en castellano (1980–2003), edición de Manuel Rico, prólogo de Manuel Vázquez Montalbán, Bartleby Editores, Madrid 2003.

Prestigioso traductor, ha introducido entre los hablantes de lengua castellana numerosos libros de poetas italianos y catalanes: Dino Campana, Pietro Civitareale, Giuseppe Napolitano, Emilio Paolo Taormina, Eugenio Montale, Giuseppe Ungaretti, Nicola Napolitano, Sergio Corazzini, Andrea Zanzotto, Rita Baldassarri, Gerardo Vacana, Umberto Saba, Sandro Penna, Amerigo Iannacone, Andrea Rompianesi, Francesco De Napoli, Antoni Clapés, Jesús Aumatell, Josep–Ramon Bach y Joan Brossa.

Su labor como traductor ha sido reconocida con numerosos premios internacionales, como el “Ultimo Novecento” (1986) por su versión al castellano de Cantos órficos de Dino Campana, del que posteriormente tradujo su obra completa; el Premio de Traducción del Ministerio Italiano de Relaciones Exteriores, 2003, por su traducción de El cáliz amargo de Sergio Corazzini, el Premio “Val di Comino” (2004), por su traducción de Casa y campo y Trieste y una mujer, de Umberto Saba, y en 2006, el pretisgiosísimo Premio de Traducción Ángel Crespo, por la traducció de Las ocasiones de Eugenio Montale.

Pero la incansable contribución de Carlos Vitale a la difusión de la obra de poetas contemporáneos de las dos orillas, no se limita a sus traducciones. Hay que destacar además sus antologías críticas (entre otras, la del argentino Jacobo Fijman en Molino rojo y otros poemas, Plaza y Janés 2000) y su labor editorial al frente de las colecciones de poesía “Don de lenguas” “Viceversa”, “Poemas al paso”, “Mano de obra”, “Ciclos”, “Peccata minuta” o de la publicación digital de poesía italiana actual Porta d’Italia / Puerta de Italia (www.eldigoras.com).

portadadescortesia4Mi aventura personal por Descortesía del Suicida de Carlos Vitale.

Hace unos días, cuando inicié la aventura de navegar por “Descortesía del suicida”, me había hecho la idea de un exitoso reencuentro con la electricidad, porque así es como creo que hay que aproximarse a Carlos Vitale, con los huesos desnudos sobre los charcos de su agudeza pero con los pies calzados para resistir los fenómenos térmicos, luminosos y químicos hasta el final. Puesto que ya conocía un poco su obra, esperaba sumergirme en su mundo de, tal y como lo describe muy acertadamente José Merino, microrelatos, minificción, hiperbreve, ultracorto, textículos e impregnar mis pupilas de ese ingenio contundente, asumiendo por supuesto el riesgo eléctrico que ello supone y con el que siempre consigue tensionar mis fibras, pero es que además, en mi viaje, he descubierto a un Vitale que también se expande con la franqueza del agua y el jabón,  adentrándonos en otro rincón, hasta ahora desconocido para mi, de su caja de sorpresas.

En una primera lectura, suelo seleccionar tres o cuatro poemas o textos, aquellos capaces de convertirse en mi “lectura mágica”, me refiero a aquellas lecturas que se cuelan directamente por los poros del instinto, sin dejar espacios vacíos, pero cuando he cerrado la contraportada del libro y he vuelto al principio en busca de las pestañas dobladas por la esquina superior de las páginas, no he podido hacer otra cosa que sonreír; las he doblado todas.

Sencillez en el tramado, suavidad en la textura y una ligereza extraña que en vez de volar golpea anclándonos en el placer del texto:

“una máquina de escribir atravesaba la noche. También

mi pensamiento escribía su página nocturna”

dscf1003No sé, leer a Vitale nos imposibilita de la manera más absoluta ante la impasibilidad. Poemas como “Un reto para la ciencia” que en plena página y sin más paliativos vomita desnuda un solo verso: ¿La desgracia es genética?, nos deja así, desnudos y vulnerables ante el espacio y sus márgenes, con el desmayo en las sienes y un silencio lento, que vuela y sostiene el verso en suspenso, ingrávido pero rotundamente real, creo que hasta el lenguaje artístico de Brossa se hubiera quedado con la respiración de sus vocales alterada.

Yo me atrevería a decir que el reto no es tan sólo para la ciencia, si no para la palabra en sí misma, para alcanzar esa desnudez primigenia que en manos de Vitale la hace quirúrgica, precisa y envolvente al mismo tiempo, y que nos lleva de la mano hacia un mundo muy particular, donde las trincheras están repletas de puertas condenadas que dicen más de lo que apuntan, poemas-definiciones que nos lanzan máximas como dardos cuya única diana es el límite de la cuenca de nuestro pecho (no os perdáis Microeconomía y me entenderéis perfectamente), y un torrente de poemas denuncia, que sencillamente nos delatan, nos suben los colores y nos dejan en cueros, y para muestra un botón:

Las cuentas claras conservan la amistad

Dos escritores se conocen en la presentación de sus respectivos libros. Dado que simpatizan de inmediato y ambos ignoran la obra del otro, acuerdan no leerla para prevenir que un eventual juicio desfavorable enturbie su naciente amistad. Los dos cumplen su promesa y, por ello, su estima se afianza cada vez más hasta el final de sus días.

Un poeta

En la cena posterior a la entrega de premios, un poeta denostaba los premios literarios y vituperaba a todos pospresentes. Era uno de los premiados.

El humor llano a veces, el sarcasmo inteligente y sutil, el toque irónico y abofeteante de los poemas y textos de Vitale, el juego íntegro entre título como tarjeta de visita y texto (como sucede por ejemplo en “Borrador”, en el que la interacción entre título y poema es casi como el guión del monólogo más corto del mundo), y la belleza extraordinaria de las imágenes hacen de este viaje una experiencia infinita que os recomiendo a todos, vivamente.

Marian Raméntol Serratosa
http://marianramentol.blogspot.com
http://www.lanausea.tk

Etiquetas: Candaya, Carlos Vitale, Descortesía del suicida, José María Merino, Marian Raméntol Serratosa

Sobre el autor

¡Comparte este artículo!

1 Comentario

  1. Paul Viejo 8 abril 2009 at 14:49

    Yo salí muy mal parado de la lectura de ‘Descortesía del suicida’, ligeramente decepcionado.
    Pero ha habido algo en tu reseña, Marian, exactamente el momento en que dices “Poemas como “Un reto para la ciencia” que en plena página y…”.
    Quizá de eso se trate, que los prejuicios “genéricos” a veces nos juegan malas pasadas. Quizá sólo que acepté este libro como uno de microrrelatos, cuando en realidad no tenía porqué ser sólo eso.

    La nota me ha hecho volver a él. No es poco. Gracias.
    P.

Envía tu comentario