Revista de Letras

El “cancaneo” según Daniel Davies

7 noviembre 2009 Reportajes

Foto © Tom Pollard

Foto © Tom Pollard

Daniel Davies engaña: Con su aspecto de chico que nunca ha roto un plato, modosito, algo tímido y educado como buen británico, y resulta que su primera obra, La isla de los perros (Anagrama) tiene una fuerte carga sexual, pornográfica, recreando los ambientes de “cancaneo” (o dogging –término inglés, o cruising -variante gay-). O sea, sexo al aire libre -aparcamientos y zonas poco concurridas en el caso de la novela- entre desconocidos. Un libro de aquellos que atrapan desde la primera página. “Vale, porque hay sexo”, pensaréis; sí, pero también porque su protagonista es de aquellos que hipnotizan.

Y antes incluso de hablar con la prensa, avisa: No es una novela autobiográfica, aunque esté escrita en primera persona. E insistiría más tarde, las veces que hicieran falta.

El punto de partida: Daniel Davies se encontraba hace cinco años en San Sebastián dando clases de inglés y se enteró por la web de la BBC que el célebre futbolista del Liverpool Stan Collymore había sido descubierto por dos periodistas practicando sexo furtivo en diferentes ocasiones. Y, después de tres años en el extranjero, al regresar con mis padres, decidí comenzar a escribir el libro. Hice una investigación previa en internet sobre el fenómeno del “dogging”, algo que dice mucho de la verguenza de los ingleses sobre el sexo. Existen tantos estereotipos sobre los ingleses y son tan marcados, a diferencia del resto de los europeos, que resulta sorprendente que se haya convertido en algo más habitual de lo que se cree. Esa investigación (no, no fue “de campo”), le permitió introducirse en webs y foros de contacto, y conocer el mecanismo de los códigos que se utilizan, que son muy particulares. Internet, los SMS y las comunicaciones modernas han hecho que se multipliquen estas actividades, permitiendo el anonimato. El sexo entre desconocidos hace posible, entre otras cosas, la no distinción entre clases sociales.

La isla de los perrosJeremy Shepherd, su protagonista, tiene ciertos paralelismos con el autor, pero no es una novela autobiográfica, que quede claro (de nuevo). Como él, trabajé en una revista de moda y acabé muy desilusionado de ese mundo consumista, del ambiente pijo. Comparto ese rechazo, esa reacción contra el consumo y a favor de la vida más sencilla. También hay cierto distanciamiento con Londres, en mi caso, fruto de los tres años que estuve fuera del país, en España, en la República Checa… Cuando volví, lo hice con ojos nuevos y descubrí cosas diferentes. Por eso el narrador puede resultar algo frío, porque partía de mi propia visión. También es relativamente nuevo el que me aleje de la gran capital, la cultura literaria británica está basada en Londres y mi exploración de Inglaterra es poco usual.

Otro de los aspectos que trascienden en el libro es el motivo por el que se practica el “cancaneo”: Londres tiene el mayor número de cámaras de seguridad. Puedes pasear por la ciudad y estar seguro de que te van a grabar cada segundo. El “dogging” es una renuncia a eso, un deseo de evitar las cámaras, lo que no deja de ser una paradoja, ya que estas actividades se basan en el voyeurismo, en el placer de mirar. También hay una connotación fetichista hacia el coche como objeto sexual, algo muy recurrido en el mundo de la publicidad y que se apreció en la obra “Crash”, de J. G. Ballard. Es la socialización del sexo en un país con un alto grado de puritanismo. Ya se sabe que en Inglaterra no hay religión, es un país secular, por lo que tenemos dos formas de escapismo: el futbol y el sexo (y añado, a título personal, que uno es el público y el otro el privado).

En La isla de los perros Davies no ha tenido reparos en utilizar un lenguaje explícito, lo que  es un reto en inglés, imagino que también en español. Se puede recurrir a dos maneras de escribir sobre sexo: O utilizas un lenguaje frío, clínico, o te pasas a lo vulgar, a lo grosero. El vocabulario inglés se cae en las dos clases, la mayoría de los autores catalogados como “serios” evitan incluir sexo en sus obras. Escribir de manera sensata y, a la vez, sensible es difícil. Tenía curiosidad por leer la traducción de Federico Corriente, porque estuvimos en comunicación por email y surgieron dudas a ese respecto.

La crítica ya le ha comenzado a comparar, entre otros, con los autores de referencia del propio Davies: Houellebecq, Ballard, Easton Ellis, Coetzee, Darrieussecq, Millet… -algunos de ellos aparecen citados en su libro (otra conexión con el autor, quien, por cierto, nunca ha practicado el dogging)-. Aún así, hay reacciones extremas: Algunos se han escandalizado y han tenido miedo de publicar críticas por tratarse de una obra controvertida, otros han ignorado el libro, y también han surgido voces a favor que incluso lo citan como el mejor del año.

En marcha, su segunda novela, en la que no habrá sexo, pero sí muerte, que es el otro gran tema literario. El protagonista (esta vez en tercera persona) es un hombre a quien atacan en el transporte público y sufre un cambio de actitud que le lleva a formar parte de un grupo de vigilantes no autorizados. Será una mezcla de géneros, entre ficción científica y realismo social.

Y, por si quedaban dudas, ¿acaso no le ha picado la curiosidad, después de tanta investigación y tanto escribir sobre el asunto?. Davies lo tiene claro: No. Me ha servido para explorar el fenómeno y la vida provincial. Pero nada más. Sería un problema, porque mi novia es australiana y sus padres son católicos. Saben que he escrito el libro, pero no les ha explicado de qué va. Querían hacer lecturas de pasajes de la novela en la iglesia algún domingo, pero no sería muy apropiado.

No sé, no sé… Me sigo quedando con la duda. ¿Y tú? Si lo practicaras, ¿lo dirías?

José A. Muñoz


Etiquetas: Anagrama, Cancaneo, Daniel Davies, Dogging, Federico Corriente, La isla de los perros, Stan Collymore

Sobre el autor

José A. Muñoz

José A. Muñoz (Badalona, 1970), periodista cultural. Licenciado en Ciencias de la Información, ha colaborado en varias emisoras de radio locales, realizando programas de cine y magazines culturales y literarios. Ha sido Jefe de Comunicación de Casa del Llibre y de diversas editoriales.

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