Revista de Letras

“El espejo enterrado”, de Carlos Fuentes

El espejo enterrado. Carlos Fuentes
Alfaguara (México, 2010)

En su ensayo “La comedia mexicana de Carlos Fuentes”, publicado por primera vez en el número 139 de la revista Vuelta, en junio de 1988, y recopilado después en el libro Textos heréticos, de 1992, Enrique Krauze hace una revisión bastante completa y aguda de la obra de Carlos Fuentes. En una primera lectura el texto puede parecer agresivo e injusto, sobre todo si uno es admirador de Fuentes. Así me lo pareció a mí la primera vez que accedí a él, hace unos diez años. Sin embargo, leído a la distancia, con la cabeza más fría, resulta un examen implacable pero ecuánime de los méritos y debilidades de uno de los más versátiles y ambiciosos narradores mexicanos del siglo XX.

En “La comedia mexicana…”, Krauze da en el blanco: la retórica y la afectación son los talones de Aquiles de la obra fuentesiana. Dice el ensayista: “En La región más transparente el pueblo no padece ni trabaja: reflexiona filosóficamente sobre la pobreza en medio de una parranda interminable y trágica”. Agrega más adelante: “En nombre del derecho experimental, Fuentes escribe novelas sin centro: vastos, confusos, disformes y abrumadores happenings literarios, volátiles parodias de otras novelas propias o ajenas, o de sí mismas”. En cuanto a Terra nostra, afirma: [en la novela] abundan las interpolaciones, pastiches y paráfrasis que Edmund Wilson, al criticar el Ulises, encontró desmesuradas, impropias y <artísticamente indefendibles>”.

Una última cita de Krauze sobre Fuentes: “En la necesidad de impregnar cuanto dice de su sentimentalidad y su retórica de poeta lírico ha estado siempre su corazón de escritor y su problema como novelista. Por las palabras, Fuentes es, para bien y para mal, un verdadero escritor, un gran talento sin obra definitiva. La misma, antigua obsesión que lo ha llevado a intentar experimentos riesgosos y lograr páginas de admirable vitalidad, lo ata a un tiempo y una retórica que pasarán muy rápido”.

No estoy de acuerdo con la teoría de Krauze según la cual los defectos como escritor de Fuentes se deben al desarraigo que padeció desde chico por vivir en diversos países y hablar diversas lenguas. Por el contrario, creo que ese “desarraigo” enriquece en vez de empobrecer. Además, no creo que de conocer una realidad presuntamente objetiva dependa el éxito o el fracaso del novelista, sino de qué tan persuasivamente invente un mundo que no tiene por qué reflejar de forma fiel el externo; esta es una cuestión más técnica que vivencial. Fuera de ello, podría suscribir con puntos y comas las afirmaciones del crítico e historiador. Como él, creo que el mejor Fuentes surge cuando se despoja de toda esa palabrería sofística, que suena muy bonita pero no dice nada, y deja de inmiscuirse en los parlamentos y pensamientos de sus personajes: en Aura, por ejemplo, y en sus mejores cuentos. En esas obras, el autor está menos preocupado por deslumbrar al lector con su lenguaje, con sus presuntos hallazgos verbales, sus piruetas técnicas, que por contar una historia de forma convincente, sin excesos, con personajes verosímiles, que no suenan siempre fuentesianos.

La retórica de Fuentes no se limita a su ficción, sino que se extiende a sus ensayos. ¿Quién entiende, por ejemplo, los galimatías de La nueva novela hispanoamericana? (Lástima que no tengo a la mano un ejemplar para citar sus elocuentes enredos). En vez de iluminar, los ensayos de Fuentes suelen oscurecer las materias que aborda. También como ensayista don Carlos es víctima de la desmesura de su propio lenguaje. Sin embargo, hay excepciones. Una de esas excepciones es el libro que ahora me ocupa, a mi juicio uno de los principales libros de la obra de Fuentes: se trata del ensayo histórico El espejo enterrado.

En 1989, patrocinado por el Grupo Prisa (dueño del diario El País y del grupo editorial Santillana), Fuentes empezó a filmar una serie escrita y conducida por él mismo, de nombre El espejo enterrado, en la que revisaba la historia política y cultural de España y América Latina, desde sus inicios hasta nuestros días. El proyecto televisivo empezó a transmitirse en 1992. Ese mismo año salió su versión escrita, en una lujosa edición, con láminas a todo color, publicada por el Fondo de Cultura Económica.

Carlos Fuentes (Foto: Alfaguara)

El libro fue reeditado años después después por la editorial Taurus; a finales de 2010 ha vuelto a aparecer, esta vez bajo el sello Alfaguara. No puedo sino aplaudir la nueva edición de esta obra tan disfrutable como necesaria. En el prólogo, Fuentes consigna sus motivos para escribirla: a 500 años del descubrimiento de América, el narrador se pregunta si hay algo que celebrar. En cuanto a lo económico y lo político, se responde, no mucho: hay inflación, desempleo, deuda externa, ignorancia, pobreza, frágiles democracias y bajos niveles en la calidad de vida. En cuanto a lo cultural, en cambio, sí tenemos motivos para echar palomas al vuelo: Latinoamérica ha dado al mundo artistas de primer nivel en varios campos artísticos. El libro, pues, tiene la intención de buscar “la continuidad cultural que pueda informar y trascender la desunión económica y la fragmentación política del mundo hispánico”. El título obedece al designio de que Latinoamérica mire hacia España, y España mire hacia Latinoamérica, para que ambas descubran su pasado en común y sus múltiples nexos, entre los que sobresale el hecho de hablar una misma lengua.

El espejo enterrado arranca con los grabados de las cuevas de Altamira, en España: testimonio del paso de los primeros españoles, perpetrado hace unos 25 ó 30 mil millones de años. Desde el principio, Fuentes deja claro el carácter mestizo de la madre patria: ningún otro país de Europa excepto Rusia, dice, ha sido poblado por tantas y tan diversas olas migratorias. España es a la vez cristiana, árabe, judía, griega, cartaginesa, romana, visogoda y gitana. Toda esa riqueza de culturas fue transmitida a América durante la conquista.

El autor reflexiona sobre la importancia de dos símbolos muy propios de la cultura española: la virgen y el toro. Revisa después los hechos históricos de mayor relevancia, como la conquista de España por los árabes, la reconquista a manos de los reyes católicos, el descubrimiento de América, la publicación de la primera gramática, los mitos indígenas, la conquista de América, la era imperial, el Siglo de Oro, la Independencia de las colonias americanas y la Revolución mexicana, entre otros sucesos. No se dedica Fuentes solo a consignar sucesos, sino que los interpreta y encuentra continuidad entre ellos. Especialmente notables son sus interpretaciones de algunas de las obras cumbres de la cultura hispánica, como el Quijote de Cervantes y Las meninas de Velázquez. Es muy notoria la pasión de Fuentes por su propia cultura y su emoción al hablar de sus grandes logros artísticos, una emoción que se contagia al lector.

Con una prosa despojada de exhibicionismo y adornos hueros, Fuentes ofrece en este libro una biografía amena y emotiva, muy competente, de Latinoamérica y España. Mucho más valioso que tantas novelas suyas asfixiadas por el tufillo artificioso que despiden, por su lenguaje apolillado, por los sofismas a los que es tan dado, El espejo enterrado es uno de sus mejores relatos extensos. Aunque los protagonistas cambien de capítulo a capítulo, aunque haya en el libro un sinnúmero de historias de las que solo se nos cuentan partes, la suma de ellas nos ofrece una imagen del mundo hispánico sin duda estimulante: conformado por razas diversas, así como por proyectos políticos y expresiones artísticas muy disímiles entre sí, que expresan al contrastarse su propia complejidad y riqueza. El libro, pues, se lee con el mismo interés que una buena novela.

Javier Munguía
http://javiermunguia.blogspot.com

Etiquetas: Alfaguara, Carlos Fuentes, El espejo enterrado

Sobre el autor

Javier Munguía

Javier Munguía (México, 1983) es papá de Marcela y Marisol, y amante de los libros. Ha publicado los libros de cuentos "Gentario" (Unison, 2006), "Mascarada" (ISC, 2007) y "Modales de mi piel" (Jus, 2011). También escribe novela y teatro. Es licenciado en Literaturas Hispánicas por la Universidad de Sonora y tiene estudios de maestría en Literatura Hispanoamericana por esa misma institución. Edita la revista "Letrarte".

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2 Comentarios

  1. Letras de Encuentro 7 febrero 2013 at 20:26

    ¡Hola, compañeros! Compartimos la reseña en el perfil del autor en Letras de Encuentro.

    http://www.letrasdeencuentro.es/detalles.php?resenia=485&titulo=Revista%20de%20letras

  2. José A. Muñoz
    José A. Muñoz 8 febrero 2013 at 8:11

    ¡Gracias!

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