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El fantasma de Marx recorre Europa

Karl Marx | WikiMedia Commons | Dominio público

Puede que los errores que nos han llevado al (fugaz) crecimiento o la euforia desmedida de los mercados hayan sido de índole meramente intelectual. ¿No deberíamos interesarnos menos por la vida privada de nuestros políticos que por su ideología? Tras las (actuales y eternas) disputas sobre quién tiene el poder, ¿hasta dónde estamos dispuestos a escuchar a los filósofos? “Las pasiones más violentas, mezquinas y malignas del ser humano son las Furias del interés privado” (Capital, Prefacio). Imposible defender una reconstrucción más profunda del pensamiento que la que propugnó el economista, sociólogo, periodista e intelectual Karl Marx (Tréveris, 1818-Londres, 1883), de cuyo nacimiento se celebra este año el segundo centenario.

“Presupongo un lector dispuesto a aprender algo nuevo y, por lo tanto, a pensar por sí mismo”, sostiene en el prefacio de su libro El capital (1867; Alianza editorial, Selección de César Rendueles, 2018), manual que dominó la ideología económica durante generaciones. Tras la desaparición del Muro de Berlín (1989), Marx parecía haber caído en el olvido. Hoy que los economistas abandonan cualquier suposición de racionalidad, demasiado preocupados por la inescindibilidad esencial del futuro, vuelve el controvertido pensador para dar sentido a la crisis (no sólo) de valores en que vivimos.

“Han pasado dos siglos desde que Marx nació, pero aún vivimos a su sombra. Ningún hombre en los tiempos modernos ha tenido más influencia. Sin embargo, nadie, tal vez, haya hecho más daño a la humanidad”, sostiene el periodista Daniel Johnson en su artículo Un fantasma recorre Europa (mi traducción, al igual que las restantes), del número de junio de la revista londinense Standpoint, antes de enumerar los “más de cien millones de asesinados en su nombre por Stalin, Mao y otros dictadores que fueron sus discípulos. Miles de millones más han sufrido bajo el comunismo, la ideología que Marx creó y que una vez gobernó a casi la mitad de la humanidad”. Se sabe que el autor de El 18 de brumario de Luis Bonaparte (1852) pasó gran parte de su vida profundamente centrado, incluso obsesionado con la cuestión de cómo actuar frente a la incertidumbre, por lo que tal vez sea el filósofo que más se acerca a la esencia de nuestro pensamiento actual.

Volviendo a nuestra historia más reciente, podría decirse que han sido aquellos cuya avaricia e incompetencia provocaron la crisis, los que han escapado a las peores consecuencias del colapso: “¡Acumular, acumular! ¡Esos son Moisés y sus profetas!” (Capital, I). El Marxismo es, o debería ser, una forma de reconducir las finanzas. Su núcleo de visión radica en el reconocimiento de que existe una incertidumbre que no se puede reducir a probabilidades estadísticas, origen de los pánicos bursátiles y los episodios de exuberancia de los mercados:

“La producción capitalista engendra, con la inexorabilidad de una ley de la Naturaleza, su propia negación. Es la negación de una negativa.” (Capital, I).

Sostiene el periodista británico, sin embargo, que “las generaciones nacidas después de la Guerra Fría deberían ser inoculadas contra la propaganda marxista que todavía impregna nuestra cultura. El aniversario del mes pasado fue digno de conmemoración, aunque solo sea por el bien de las víctimas. Pero no fue una ocasión para celebrar la vida de un individuo cuyos sueños produjeron monstruos, monstruos que viven en la actualidad”. Las diferencias sociopolíticas persisten y se reflejan en los desacuerdos sobre la importancia de un mercado laboral no regulado y el papel del gobierno en la regulación de los fondos públicos. Ante la interminable sucesión de auges y desplomes, ¿sigue la obra de Marx ofreciéndonos una guía para la acción en tiempos como estos en los que “la propiedad existe en forma de acciones, su movimiento y transferencia se vuelven puramente el resultado de apuestas en la bolsa de valores, donde los peces pequeños son tragados por los tiburones y los corderos por los lobos” (Capital, III). ¿Vive el coautor del Manifiesto Comunista (1848) una especie de renacimiento? ¿Son las recetas de su obra parte de la cura del mal que nos aqueja? Puede que la única forma de dar vida a los íconos del pasado sea volver a empaquetarlos para el consumo.

Etiquetas: capitalismo, Guerra Fría, Karl Marx, Manifiesto Comunista, Marxismo, mercados, Muro de Berlín, Stalin

Sobre el autor

José de María Romero

José de María Romero Barea (Córdoba, 1972) es crítico de narrativa, poesía, ensayo y novela gráfica. Ha sido coordinador de las I Jornadas de narrativa Sevilla 2014, que organiza la Asociación Colegial de Escritores de España (A.C.E.), a la cual pertenece. Además, es miembro de la AAEC-Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios y coordinador de las I Jornadas de Crítica Literaria ACE-Andalucía 2014. Pertenece a la Asociación Cooltura, Acción y Poesía y a la Asociación Nueva Grecia, así como al Circuito Literario Andaluz. Colabora con sus reseñas, entrevistas y traducciones en publicaciones de ámbito nacional e internacional, entre otras: los diarios 'Andalucía Información' ('Veredictos', blog del autor), 'Mundiari', 'Luz de Levante', y 'Universo La Maga'; las revistas de divulgación 'Culturamas' y 'Tendencias 21'; las revistas de literatura 'Quaderni Iberoamericani' (Italia), 'Resonancias' (Francia), 'Letralia' (Venezuela), 'Contratiempo' (EE.UU.), 'Nayagua' (Centro Poesía José Hierro), 'Sonograma' (Barcelona), 'El Placer de la lectura' (Madrid), 'Piedra del Molino' (Cádiz) y 'Nueva Grecia' (Sevilla), de cuyo consejo de redacción forma parte.

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