Revista de Letras

“El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas”, de Haruki Murakami

2 diciembre 2009 Reseñas

El.fin.del.mundo.y.un.despiadado.país.de.las.maravillasEl fin del mundo y un despiadado país de las maravillas. Haruki Murakami
Traducción de Lourdes Porta Fuentes
Tusquets (Barcelona, 2009)

Haruki Murakami es uno de los novelistas más osados y originales de los últimos tiempos. Y digo “uno” haciendo un gran esfuerzo por contenerme y no gritar “el más”. En los cuentos y las novelas de Murakami con que los lectores de habla española tenemos la fortuna de contar en nuestro idioma, el autor se introduce sin ningún pudor en los pantanosos terrenos de lo inefable, de lo instintivo, de lo perturbador, de lo inquietante, y sale bien librado, dando al traste con las pretensiones de esos positivistas caraduras y trasnochados que, investidos en sus estudios de posgrado, quieren imponernos la idea de que la literatura, como la vida misma, puede ser explicada racional y cabalmente. ¡Patrañas!

Bien dice Vargas Llosa que hay ciertos rincones de las obras literarias logradas donde la crítica nunca podrá llegar, pues las ficciones no sólo son creadas con razón e inteligencia, sino en buena medida con intuición e imaginación. Cualquier lector que se acerque a los libros de Murakami con el mandoble de la razón quedará, sin duda, defraudado. Cualquiera que, como yo mismo cuando empecé a leerlo, pretenda entender a cabalidad y de forma unívoca las historias que el autor japonés narra, muy pronto verá vencidas sus esperanzas.

Afirma Umberto Eco de la obra de Franz Kafka que es “abierta” por excelencia: ninguna de las muchas interpretaciones que de ella se han hecho agotado sus posibilidades; más bien permanece inagotable y abierta en cuanto “ambigua”, ya que se ha sustituido en ella un mundo ordenado de acuerdo a leyes universalmente reconocidas por un mundo  fundado en la ambigüedad, tanto en el sentido negativo de falta de centros de orientación como en el sentido positivo de una continua revisión de los valores y las certezas.

Lo dicho para Kafka vale también para Murakami, alumno aventajado y admirador confeso, por cierto, del autor de La metamorfosis. Desde La caza del carnero salvaje hasta After Dark, Murakami lanza al lector interrogantes que no necesariamente le responderá, pero que a la vez no son inocuas, sino la llave de entrada a mundos extraños y oníricos que en el fondo nos hablan de sentimientos comunes a todos como la soledad, el desamor, el desarraigo, la frustración. Y a la vez podrían hablarnos de muchas otras cosas. Tienen el poder, en todo caso, de inquietarnos, de sugerirnos (nunca imponernos) distintas formas de entenderlas.

El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas, publicada originalmente en 1985, es la más reciente novela traducida al español de Murakami. En ella, su autor se aventura, en cierta medida, en los terrenos de la ficción especulativa, aunque más justo sería decir que introduce elementos de ciencia ficción en un mundo muy Murakami, pletórico de referencias a la cultura occidental, de sucesos extraños, de puertas a dimensiones ignotas del ser.

Se alternan dos planos bien identificados: en primer término, el despiadado país de las maravillas, donde el narrador-protagonista trabaja para una compañía oficial, el Sistema, encargada de resguardar información de suma importancia y amenazada siempre por los Semióticos, piratas que buscan robar los datos a toda costa. En el arranque de la novela, nuestro narrador se entrevista con un científico que antes colaboro con el Sistema y que ahora trabaja por su cuenta en experimentos que involucran seres humanos. A raíz de este encuentro, la vida del protagonista quedará signada por el misterio y la amenaza de fuerzas oscuras y poderosas.

El segundo plano está narrado también en primera persona y narra el ingreso del protagonista en un mundo cerrado por altísimas murallas, resguardado por un celador gigante, donde habita gente sin corazón, hace un frío de los mil demonios y los unicornios mueren. Una tierra en la que el narrador será despojado de su sombra y sus recuerdos, obligado a permanecer en ella. Los dos planos se irán comunicando conforme avance el libro. En ese proceso, se tenderán puentes sutiles entre ambos.

Como en los libros de Kafka, la complejidad de esta novela no reside en innovaciones formales o técnicas arduas, sino en los muchos símbolos equívocos que presenta. El lector, sin duda, debe estar alerta y establecer conexiones. Sin embargo, y como ya he adelantado, no hay una sola meta interpretativa: cada lector llegará a un lugar distinto. De cualquier modo, la anécdota misma es perturbadora y atractiva.

Aunque inmersos en mundos fantásticos y extraños, los personajes de ambos planos padecen la pérdida, la soledad, la falta de amor, el vacío existencial, de modo que no es difícil sentir empatía con ellos. Al mismo tiempo que funciona como una novela de misterio, dotada de un ritmo vertiginoso, sobre todo en el plano del despiadado país de las maravillas, la obra es una reflexión sobre el sentido de la vida que trata de desvelar lo inefable, lo que no se sabe pero se intuye, todo aquello que amenaza el orden establecido, los ámbitos conocidos.

Leer a Murakami es perder las certezas y entrar en un mundo de figuras excéntricas y ambiguas que arrebatan el sosiego: quedan los lectores advertidos.

Javier Munguía
http://javiermunguia.blogspot.com

Etiquetas: El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas, Haruki Murakami, Tusquets

Sobre el autor

Javier Munguía

Javier Munguía (México, 1983) es papá de Marcela y Marisol, y amante de los libros. Ha publicado los libros de cuentos "Gentario" (Unison, 2006), "Mascarada" (ISC, 2007) y "Modales de mi piel" (Jus, 2011). También escribe novela y teatro. Es licenciado en Literaturas Hispánicas por la Universidad de Sonora y tiene estudios de maestría en Literatura Hispanoamericana por esa misma institución. Edita la revista "Letrarte".

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2 Comentarios

  1. Myriam López 19 abril 2012 at 14:21

    Excelente libro, excelente traductora, lástima la encuadernación de ed Tusquets

  2. daniel 4 septiembre 2012 at 14:33

    En su libro de que hablo cuando hablo de correr ,Murakami dice que el no es un talentoso y en este libro lo deja bien patente ,lo mas basico de cualquier novela es que haya un hilo conductor pero aqui no alcanzo a verlo.De todos modos no me gusta criticar a un escritor sin haber leido mas del 50% de su obra , he leido cronica del pajaro que da cuerda al mundo y De que hablo…. y aun no puedo formarme una opinion acerca de su obra pero este libro en particular es malo , su truco de trenzar relatos aqui no funciona , quiza porque los relatos son absolutamente planos.no lo termine de leer , voy a buscar Tokios blues

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