Revista de Letras

El mundo de Magguie

trackgirlLa pequeña Magguie Splenders no sabe cómo ha llegado a este mundo. Sus padres se niegan a explicarle nada y ella se ahoga en la idea de que un pájaro de cuatro kilos y medio cargara con su peso desde París hasta su casa. Decora su mirada con las cosas que le rodean, intentando comprender el por qué de los detalles que se le escapan. No comprende este mundo. No sabe por qué lloran los adultos si son más grandes y llegan a darle al interruptor de la luz, no sabe por qué hay árboles de hojas que caducan cuando ella no ve la fecha por ningún sitio, no sabe por qué a los peces no les escuece tener los ojos abiertos dentro del agua -y le da rabia que puedan-, no sabe por qué durante una época del año su madre le dice que no hay de esos melocotones que tanto le gustan -¿A dónde se los llevarán todos?- Y tampoco sabe por qué en su jardín hay dos columpios cuando nunca nadie viene a ocupar el que a ella le sobra. Mientras tanto, Magguie da pasitos pequeñitos para no avergonzar a los caracoles. Y se guarda en el bolsillo las piedras con las que tiene pensado hacer algo -no sabe bien el qué, pero tienen una forma realmente bonita-. Espera paciente sentada en el bordillo a que alguien le diga de ir a jugar, buscar hadas o mojar los dedos de los pies en el agua del río. Ese día no llega, pero Magguie siempre espera un rato todos los días sentada en el bordillo. La pequeña pinta con tizas la acera que está enfrente de su casa, dibuja puertas que espera atravesar algún día -porque sabe que todas las puertas cerradas, llevan a alguna parte.- Hace pompas de jabón que se elevan hacia el cielo, y le gustaría alcanzarlas subida en un globo. La pequeña Magguie deshace caramelos dentro de su boca. Y se imagina un mundo en el que los problemas se deshicieran igual de rápido -y fueran tan dulces.- No entiende muy bien qué quieren decirle con ‘cuando seas mayor’, porque pasan los días y la marca de la pared no indica que ella se agrande. Se abruma al pensar que jamás entenderá nada, y se consuela hablando con la punta de sus zapatos, que reflejan una cara inquietante y soñadora. Puede que Magguie Splenders nunca cruce los charcos de la lluvia dentro de un barco, o tampoco enfrasque una risa ni alcance la Luna. Pero de lo que si está segura, es de que alguien vendrá a animarla una tarde, mientras está sentada en el bordillo.”

Roxanne S. Nightmare
http://myfishbowlofthoughts.blogspot.com

Etiquetas: pequeña Magguie, Roxanne S. Nightmare

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1 Comentario

  1. Juan Benito 17 mayo 2009 at 20:37

    Un relato muy tierno, sincero y con la frescura que nunca deberíamos perder a pesar de ir cumpliendo una década tras otra.

    Si alguna vez pudiera quitarme 50 años de encima… ¡Me gustaría ser como Magguie.

    Enhorabuena Roxanne S. Nightmare

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