Revista de Letras

“El reino de este mundo”, de Alejo Carpentier

3 marzo 2011 Críticas

 

El reino de este mundo. Alejo Carpentier
Prólogo de Guillermo Samperio
Lectorum (México, 2010)

A finales de 2010, a 61 años de su publicación primigenia, la editorial Lectorum reeditó la novela breve El reino de este mundo (1949), todo un hito en las letras hispanoamericanas. Justamente este libro releía Mario Vargas Llosa, con el fin de enseñarlo a sus alumnos de Princeton, cuando le anunciaron por teléfono que le había sido otorgado el Premio Nobel de Literatura. La anécdota le dio a la obra un nuevo impulso, ya que le granjeó la curiosidad de muchos nuevos lectores. Su autor, Alejo Carpentier, fue, junto a Jorge Luis Borges, Juan Carlos Onetti, Juan Rulfo, Ernesto Sábato y Miguel Ángel Asturias, uno de los precursores de lo que sería llamado el “boom” de la novela hispanoamericana, una promoción de escritores conformada por García Márquez, Cortázar, Fuentes, Donoso y el propio Vargas Llosa que le daría una atención mundial, inédita hasta entonces, a la ficción escrita en los países americanos hispanoparlantes. Tanto la obra de los precursores como la de los novelistas del “boom” asimiló las novedosas técnicas de la novela europea y norteamericana y se impuso como una narrativa de alcances universales, a diferencia de la que le precedió, más limitada y localista.

Aunque durante mucho tiempo se creyó que había nacido en Cuba, Carpentier, de padre francés y madre rusa, nació en Suiza en 1904. La familia fue a vivir a la isla caribeña, donde el escritor crecería, por el interés del padre en la cultura hispánica. Además de autor de novelas y cuentos, Carpentier fue musicólogo y periodista. Durante su juventud viajó a Francia y entró en contacto con los surrealistas, lo que enriquecería su obra de forma significativa. Entre sus libros más importantes están las novelas Los pasos perdidos (1953), El acoso (1958), El siglo de las luces (1962) y El recurso del método (1974), además de El reino de este mundo (1949), y el volumen de relatos Guerra del tiempo (1956).

El reino de este mundo cuenta con un célebre prólogo en el que Carpentier define el concepto que se asume como la principal característica de su obra: lo real maravilloso. El autor lo opone al maravilloso europeo, que adolecería de un tufo artificioso y se valdría de formas manidas, de códigos aprendidos de memoria, para convocar lo extraordinario. Este maravilloso del descreimiento nunca fue, según Carpentier, “sino una artimaña literaria, tan aburrida, al prolongarse, como cierta literatura onírica “arreglada”, ciertos elogios de la locura, de los que estamos muy de vuelta”. Lo real maravilloso, en cambio, presupondría una fe y correspondería a una cosmovisión que da lugar al milagro y al portento en la vida del día a día, por lo cual sería más auténtico.

Ya se encargó Vargas Llosa de demostrar en su artículo “¿Lo real maravilloso o artimañas literarias?”, publicado por primera vez en 1999 y antologado después en el libro de ensayos La verdad de las mentiras, que el concepto precisado por Carpentier resulta tan elaborado y artificioso en las novelas de este como lo maravilloso europeo en sus obras representativas, y que su eficacia no depende de la correspondencia con la cosmovisión de un pueblo, sino de técnicas literarias específicas. Pese a ello, los apuntes de Carpentier son útiles aún para diferenciar lo real maravilloso de la literatura fantástica.

Alejo Carpentier (Imagen de D. P.)

El reino de este mundo tiene como materia prima las luchas independentistas en Haití, que iniciaron a mediados del siglo XVIII y se prolongaron hasta el siglo XIX. En un principio, la batalla se dio entre explotadores blancos y explotados negros; después, fueron los mismos negros quienes alcanzaron el poder, se volvieron explotadores y debieron enfrentar a sus iguales rebeldes. La novela fue escrita con base en una exhaustiva investigación histórica. Sin embargo, nunca refiere fechas y da lugar en su seno no solo a los hechos comprobables, sino a dos perspectivas enfrentadas: una, europea, racionalista; otra, americana, mítica.

El único personaje que abre, atraviesa y cierra todo el libro es el esclavo Ti Noel, activo luchador en las guerras de independencia que, sin embargo, nunca logra ver a su país liberado del todo del yugo de la explotación. Otro personaje importante es Mackandal, un esclavo que existió en la vida real y que en la novela es capaz de adoptar la forma de distintos animales y de realizar conjuros que ponen en aprietos a los blancos. Mackandal, además, es la mecha que enciende la llama de la rebelión.

La estructura de la novela no es compleja, sino lineal del todo. El estilo está más contenido que en otras ficciones de Carpentier, en las que deja volar su barroquismo y su lenguaje rebuscado sin bridas. Lo singular del libro es, quizás, el enfrentamiento de las dos perspectivas ya apuntadas, una racional y otra mítica. (Según el profesor Fortino Corral, la diferencia entre real maravilloso y realismo mágico es que en este último el narrador asume el punto de vista de la comunidad recreada, mientras que en aquel el narrador conserva una distancia estratégica, aun si es mínima, de lo narrado).

La perspectiva que parece predominar en El reino de este mundo es la mítica, ya que en la mayoría de sus episodios el narrador consigna los hechos maravillosos perpetrados por Mackandal y Ti Noel, que corresponden a la visión de la comunidad negra, sin cuestionarlos. Sin embargo, en una de las escenas centrales de la obra, ambas perspectivas están representadas de igual forma, pese a que se contraponen. Para escarmiento de los esclavos, las autoridades que representan a los blancos deciden quemar vivo a Mackandal. Cuando se ejecuta la sentencia, el narrador nos cuenta dos versiones del mismo hecho sin tomar partido por ninguna: primero nos dice, sin aspavientos, que al ser arrojado al fuego las ataduras del esclavo cayeron “y el cuerpo del negro se espigó en el aire, volando por sobre las cabezas, antes de hundirse en las ondas negras. Un solo grito lleno la plaza”. Fue tanta la algarabía de los negros al ver salvado a su líder que “muy pocos vieron que Mackandal, agarrado por diez soldados, era metido de cabeza en el fuego, y que una llama crecida por el pelo encendido ahogaba su último grito”.

Esta ecuación imposible -que un hecho sea consecuencia de otro que lo niega, que la alegría ruidosa de los negros por la transformación de Mackandal sea la causa de que no hayan visto cómo ardía el cuerpo del cabecilla- es una prestidigitación genial de Carpentier que solo puede ocurrir en la ficción y que deja asentadas dos visiones de mundo sin necesidad de que el narrador juzgue su veracidad o pertinencia.

Si dejamos de lado estas cuestiones técnicas apenas esbozadas, en las que suelen profundizar los especialistas de Carpentier, de cualquier manera el libro sigue siendo valioso, aun para lectores profanos. Él da cuenta, con tensión, brevedad y haciendo gala de imaginación, de las incansables aunque siempre fracasadas luchas de una comunidad por sacudirse el yugo de la tiranía. El conflicto no solo atañe a Haití, el país recreado, sino que es común a la humanidad entera: siempre ha habido y quizá siempre habrá individuos que, por hambre de riquezas y poder, asfixien la libertad de una comunidad, así como hombres y mujeres que se inconformen ante la situación y den batalla. Una batalla nunca definitiva, siempre provisional.

No soy partidario de que una ficción exponga sus intenciones de forma explícita, sino de que el autor deje la labor en manos del lector, de modo que este deba desentrañar el sentido de lo leído. Sin embargo, es difícil no admirar uno de los párrafos finales de El reino de este mundo, en el que Carpentier resume de forma memorable la esencia que anima su obra. (Para leer el pasaje, clicar en este enlace).

La edición de la novela que Lectorum presenta es pulcra y cómoda. El único reparo que podría hacérsele es la inclusión de una presentación poco cuidada a cargo de Guillermo Samperio. Si bien el texto da algunos datos interesantes, las opiniones vertidas suelen ser pobres y poco fundamentadas. Como ejemplo se puede mencionar la definición que da Samperio de lo real maravilloso: “ambos estilos [se refiere a lo real maravilloso y al realismo mágico] muestran lo extraordinario como común, sobre todo porque no hay sorpresa de los personajes ante lo maravilloso”. Lo extraordinario como común está presente en los cuentos de hadas y en otros textos que pueden inscribirse en la categoría de “maravilloso” según la clasificación todoroviana. En cuanto a la no sorpresa de los personajes, es una característica de obras de literatura fantástica del siglo XX, llamadas por Carlos Alazraki “neofantásticas”, entre las que están novelas de Kafka y cuentos de Cortázar. ¿Cuál sería, pues, la característica exclusiva de lo real maravilloso y el realismo mágico según Samperio? No la consigna.

En otro fragmento, Samperio hace una simplificación inaudita respecto de la obra de García Márquez: todos los hechos sobrenaturales aparecidos en Cien años de soledad estarían cifrados “en el pobre recurso de la exageración”. Para fustigar una vez más a García Márquez, Samperio aduce que en su novela máxima “no hay verosimilitud”, pero no intenta siquiera explicar por qué. Como remate, el autor afirma muy orondo: “Lo que en García Márquez es imaginación, en Carpentier es realidad”. (¿?)

Fuera de este prólogo lamentable, aquejado de erratas además, esta edición le rinde un digno homenaje a una de las grandes novelas breves latinoamericanas y la pone al alcance de nuevos lectores, un hecho sin duda celebrable.

Javier Munguía
http://javiermunguia.blogspot.com

 

Contenidos Extras

A fondo. Entrevista de Joaquín Soler Serrano a Alejo Carpentier (1977)

Etiquetas: Alejo Carpentier, El reino de este mundo, Lectorum

Sobre el autor

Javier Munguía

Javier Munguía (México, 1983) es papá de Marcela y Marisol, y amante de los libros. Ha publicado los libros de cuentos "Gentario" (Unison, 2006), "Mascarada" (ISC, 2007) y "Modales de mi piel" (Jus, 2011). También escribe novela y teatro. Es licenciado en Literaturas Hispánicas por la Universidad de Sonora y tiene estudios de maestría en Literatura Hispanoamericana por esa misma institución. Edita la revista "Letrarte".

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1 Comentario

  1. Anne Thomae 11 septiembre 2013 at 7:12

    Acabo de leer el libro de Carpentier y para llenarme más del contexto de la obra y del autor leo artículos en internet y así fue como me topé con el tuyo. Me gustó mucho. Sin embargo hay una parte donde dice que Carpentir resume la esencia de su obra y hay un enlace, lamentablemente cuando oprimí el enlace me dice que ya no existe. Me quedé con la duda, quisiera saber cuál es el párrafo.

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