Revista de Letras

El Retrato de un hombre invisible de Paul Auster

16 abril 2009 Reportajes

paul_auster_in_new_york_city_2008La relación entre la fotografía y la literatura, dos campos que en un principio podrían parecer muy distintos, viene de lejos. De hecho, desde la aparición de la fotografía se han ido interaccionando, desde la desconfianza previa de los escritores al posterior enriquecimiento mutuo hasta llegar, incluso, a experiencias de un producto híbrido como puede ser la fotonovela.

Las dos naturalezas son bien diferentes. Hay que pensar que la fotografía es el producto de un seguido de experimentaciones químicas que han pasado por nombres propios como Wengwood, Niepce, Daguerre, Talbot o Maxwell, entre muchos otros1.

Este carácter técnico ha creado su esencia ontológica llegándose a definir como “arte exacto y ciencia artística” y es que en su nacimiento, con antecedentes en la “cámara oscura”, confluyeron la técnica, la ciencia y el arte.

Mientras, la literatura se ha considerado, casi siempre, como un fenómeno artístico y/o intelectual. Por eso mismo, la historia de la relación entre ambas experiencias estéticas es un continuo de rechazos y convergencias, de aproximaciones y alejamientos. Pero no hay que olvidar que las dos son, por encima de todo, vehículos de ideas y mensajes. Son medios de comunicación, en realidad. Lenguajes. Y, por este motivo, tanto la fotografía como la literatura han de poner especial atención a su forma. Y es que no dejan de ser tejidos artificiales capaces de construir realidades distintas, a veces con significados polisémicos,  y que dependen de su “tecnología”.

Lo que nos interesa aquí es cómo ese inicio mecánico de la fotografía ha afectado a su relación con la literatura y cómo se ha visto, precisamente en este carácter supuestamente “objetivo” que puede tener una cámara, la posibilidad de “documentar”2.  De qué manera se ha abordado la realidad como totalidad – o cómo se ha intentado hacerlo – desde la fotografía y cuál es el resultado en Retrato de un hombre invisible3 de Paul Auster y cómo ello ha supuesto una nueva forma de narratividad, sujeta a lo fragmentario, y con constante relación con la idea de muerte. Todo ello, fortaleciendo el mensaje de la vida como absurdo, y hablándonos de la imposibilidad de cruzar ciertas barreras que impone el solipsismo.

porta_austerLa fotografía y la presencia de la muerte

La fotografía tiene una relación constante con la muerte. Si pensamos cómo se recuerda al muerto con imágenes que intentan guardar los momentos más “vivos” del desaparecido, veremos hasta qué punto se ha utilizado la idea, prestada de la pintura, del “instante preñado” en que se quiere parar el tiempo, más allá de la vida misma.

En Barthes esta idea se convertirá, incluso, en un homenaje a la madre muerta4. Y en Auster5 parece más una búsqueda del padre que no se ha llegado a conocer del todo en la vida. Un padre que, de alguna manera, ha sido invisible pero también ciego. Que no se ha preocupado de los afectos y que, después de muerto, aparece como construcción a partir de diferentes fotografías.

Para Auster,  cuando “un hombre muere sin causa aparente… nos acerca tanto a la frontera invisible entre la vida y la muerte que no sabemos de qué lado estamos”. Y es que es justamente a través de las fotografías que busca en la casa del padre cómo reconstruye todo el pasado, incluso el que va más allá de sí mismo, para “documentar” el paso por la vida de su progenitor. Sin ellas, el olvido hacía peligrar el recuerdo de alguien que no se molestó demasiado en demostrar que estaba vivo: “El descubrimiento de esas fotografías fue importante para mí porque parecía reafirmar la presencia física de mi padre en el mundo”. Es una forma, sin duda, de volver a verle vivo.

El padre ha intentado evadirse, sin aceptar la realidad del todo. Y el hijo, que ha buscado el cariño del padre durante toda su adolescencia, encuentra a otro hombre cuando descubre las fotografías de soltero de éste. Esto le ayuda a narrar una vida, un relato, que de otra forma no conocía. El hecho que descubra, a través de una de las fotografías, la historia trágica de su familia, hace que se aferre aún más a ese pasado para “resucitar” a un padre que llevaba muerto muchos años: “Había perdido a mi padre, pero al mismo tiempo lo había encontrado”.

Auster no deja de agarrarse a los recuerdos porque sabe que, en el momento de abandonarlos, el padre estará muerto del todo. Por ese motivo, quiere construir, como si de un castillo de naipes se tratara, una totalidad a través de fragmentos que, como veremos, cae por si sola. Y es que sabe que “cuando ponga un pie en el silencio, significará que mi padre ha desaparecido para siempre”.

Un hombre invisible. Absurdo y solipsismo

La intensidad del relato toma fuerza, en nuestra opinión, en dos momentos claves. Por una lado, en el descubrimiento de la manipulación fotográfica en la que el abuelo aparece “cortado”, amputado de la fotografía, como separado del recuerdo y, por lo tanto, de la vida familiar. Y, por otro lado, cuando se explica la anécdota de cómo el padre se equivoca de casa al llegar del trabajo, sin que ello le importe demasiado: “… una cosa es que un hombre vuelva por error a su antigua casa, pero otra muy distinta es que no se note que todo ha cambiado en su interior”.

camusHay un desinterés absoluto. Lo hay en el polvo de la casa, en tener que mudarse y no recoger los bártulos, en no querer que la luz exterior invada un terreno que se ha convertido en refugio, en escapada. Es una vida del absurdo que nos ha recordado mucho a Albert Camus por este sentirse extranjero en una vida por la que se quiere pasar inadvertido: “… esta falta de raíces lo convertía en un perpetuo forastero”. Tal vez es una forma de huir del dolor que le ha provocado experiencias traumáticas, tanto las que podemos conocer por la reconstrucción de las fotografías antiguas como la que nos explica el narrador con la hija enferma. Incluso prefiere la ficción a la realidad “En cuanto se sentía obligado a revelar una parte de sí mismo, salía del escollo soltando una mentira”. Su forma de vida, entre la autoficción y la indiferencia, es pues “una forma de comprar protección”.

Como decíamos, el padre del narrador parece enfrentarse a la vida como lo hace el protagonista de El extranjero6, con la más absoluta apatía y aburrimiento. Siente su existencia, a la vez, como la roca de Sísifo en el que “no hay destino que no se venza con el desprecio”7. Por eso mismo, vemos como el narrador nos asegura, pensando en su padre: “el recuerdo más temprano: su ausencia…. Recuerdos más próximos: un anhelo”8.

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Esta falta de sentido que tiene la existencia del padre, y la falta de totalidad que no si siquiera se consigue armar a partir del álbum familiar, no es otra cosa que la incapacidad de romper la barrera del solipsismo. Por ese mismo motivo, Auster decide terminar la obra con la mirada del narrador hacía su hijo, Daniel. Y es que sabe que los límites que él mismo ha experimentado, aunque se lleguen a padecer de otra forma distinta, existirán en el futuro con su hijo. Sólo se puede conocer desde el fragmento porque no hay totalidad ni lazos capaces de romper una separación entre los individuos que forman parte de nuestra esencia de humanos, de mortales. He aquí la experiencia del absurdo que se intensifica a lo largo del relato a través de la metáfora de la invisibilidad del padre durante su vida y cómo sólo es capaz de hacerse presente, una vez ya muerto, a través del retrato fotográfico.

1. LÓPEZ SUÁREZ, Mercedes. “Fragmentos de una reflexión sobre literatura y fotografía”. Cuadernos de filología italiana, ISSN 1133-9527, Nº. 13, 2006, págs. 97-118
2.  Ver cómo se entiende la fotografía como “documento” en obras surrealistas como Nadja o Amour fou de André Breton.
3.  AUSTER, Paul. La invención de la soledad. Editorial Anagrama. Barcelona, 1996.
4. BARTHES, Roland. La cámara lúcida. Editorial Paidós. Barcelona, 2007
5. AUSTER, Paul. La invención de la soledad. Editorial Anagrama. Barcelona, 1996.
6. CAMUS, Albert. El extranjero. Editorial Planeta. Barcelona, 2007.
7. CAMUS, Albert. El mito de Sísifo. Alianza editorial. Madrid, 2001. Pág. 124.
8. AUSTER, Paul. La invención de la soledad. Editorial Anagrama. Barcelona, 1996. Pág. 33.

NOTA: El retrato de un hombre invisible está incluido en el libro citado: La invención de la soledad, editado por Anagrama.

Albert Lladó

Etiquetas: Albert Lladó, Barthes, Maxwell, Paul Auster, Talbot

Sobre el autor

Albert Lladó

Albert Lladó (Barcelona, 1980) es editor de Revista de Letras y escribe en La Vanguardia. Su último libro publicado es 'La mirada lúcida' (Anagrama, 2019)

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