Revista de Letras

En tres párrafos: “El mar de la Tranquil.litat”, de David Castillo

7 octubre 2010 Críticas

El mar de la Tranquil.litat. David Castillo
Proa (Barcelona, 2010)

David Castillo (Barcelona, 1961) ha tardado ocho años en escribir una nueva novela desde su galardonada, con el Premi Sant Jordi, No miris enrere. Y lo ha hecho con una obra que reivindica una Barcelona diferente, aquella que quedó olvidada en los barrios de los años setenta. En El mar de la Tranquil·litat se habla del valor de las primeras amistades, de las calles de un Vallcarca y un Carmel que ya no existen, y de la crisis económica. Un empresario que, perseguido por las deudas y la rutina, decide volver a las mismas plazas donde jugaba a fútbol en su adolescencia. Pero el tiempo no perdona a nadie, y los compañeros de banda, y fechorías, también tienen sus propias cicatrices.

En ese ejercicio de autoficción, en el que la memoria construye un edificio nuevo, hay cierto determinismo escondido entrelíneas. Determinismo por haber nacido en un barrio concreto, que se mete en la piel de por vida, y determinismo por las decisiones que se tomaron y que marcan, ya, una ruta demasiado concreta. Àngel, nuestro protagonista, vuelve al bar que huele a carajillo y suena a futbolín viejo. Y se encuentra con una suerte de espejos, que son sus amigos con los que entendió algunos de los valores fundamentales en toda formación vital. Por un lado, el desolador Freddy, al que la vida le pesa demasiado. Por otro, un Èric que escupe envidia y rencor. Y, por último, Dani Casanellas, doppengalger, lector de Nietzsche que nos muestra lo que pudimos ser y jamás seremos. Seguramente, por fronteras impuestas por nosotros mismos.

La editorial Bruguera, ahora en ruinas, sirve de metáfora de un mundo destruido por la moda y la especulación urbanística. Una vez más, en una obra de Castillo, aparece el humo del anarquismo, más como un recurso que como una verdadera alternativa. Pero lo que podría acabar en una novela triste, con exceso de melancolía post romántica, se soluciona con un diálogo que apuesta por la ironía y el sarcasmo. Pero, sobre todo, por el personaje de Blanca, una adorable prostituta que devuelve a Àngel la esperanza, para volver a creer – creer en sentido estricto – que el ser humano es algo que aún no está en vías de extinción. No del todo.

Albert Lladó
www.albertllado.com

Etiquetas: David Castillo, El mar de la Tranquil.litat, Proa

Sobre el autor

Albert Lladó

Albert Lladó (Barcelona, 1980) escribe en La Vanguardia y es editor de Revista de Letras. Es autor de la obra de teatro 'La mancha' (Arola, 2015), estrenada en el TNC. Su último libro publicado es 'Los singulares individuos' (La Isla de Siltolá, 2016)

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2 Comentarios

  1. antoni gabarró 12 octubre 2010 at 15:07

    Gran novel·la, m’ha encantat.

  2. Lluis Vall Delor 29 octubre 2010 at 23:43

    L’heu encertat. Feia temps que no tenia una novel·la catalana tan engrescadora. Millor que No miris enrere, que també em va agradar molt. Gràcies

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