Revista de Letras

Entrevista a Susana Fortes

14 octubre 2009 Entrevistas

Susana FortesSusana Fortes está en un momento dulce. De reconocida solvencia como novelista, autora de narraciones en las que predominan los personajes fuertes y aventureros, que le sirven, en ocasiones, para recrear pasajes históricos repletos de vida y leyenda (Las cenizas de la Bounty, Quattrocento o El amante albanés son algunas de sus obras más célebres), en mayo recogía el Premio Fernando Lara por su novela Esperando a Robert Capa (Planeta), en la que recupera a dos mitos del reporterismo gráfico: Ernest Andrei Friedmann y su compañera y protagonista del relato, Gerta Pohorylle, más conocida como Gerda Taro. Ambos crearon el personaje de Robert Capa y escribieron una de las páginas más importantes de la historia de la fotografía, retratando una guerra (la civil española) y sus consecuencias en la población.

Por si fueran pocas las satisfacciones que le están propocionando su libro, el director y productor Michael Mann acaba de comprar los derechos para su adaptación cinematográfica.

gerdataro1Confiesas que siempre te interesó Robert Capa, aunque ha sido una imagen (la de Gerda Taro durmiendo, descubierta entre las más de tres mil fotos halladas en México recientemente) la que te impulsó a escribir este libro. ¿Te sientes cercana, aún siendo escritora, al famoso dicho “Una imagen vale más que mil palabras”?

No siempre. Pero hay algunas imágenes que tienen un enorme poder de sugestión, como esta fotografía de Gerda Taro dormida con el pijama de Robert Capa; es una foto casera, la clase de foto que le hace un hombre enamorado a su chica cuando está dormida. Ese es el punto. Cuando la vi, me di cuenta que detrás de ese encuadre había una novela.

Esperando a Robert Capa es, ante todo, una gran historia de amor, la de una leyenda que, por desgracia, se vió interrumpida siendo Gerda muy joven. Sin embargo, no es una historia tan conocida como otras que han tenido más difusión. Les haces justicia con una obra que no es un simple relato biográfico. ¿Te has sentido guiada por ellos para narrar su historia?

Sí, es una historia de amor  muy intensa y al mismo tiempo muy competitiva entre dos fotógrafos de guerra que se están jugando el tipo cada día. Hay en ella demasiados ingredientes peligrosos: la pasión, el riesgo, los celos, la rivalidad profesional… Ella no era la clase de mujer  dispuesta a ceder un palmo de su territorio. Ni en el amor ni en la guerra. Eso es lo que le da a su relación una dimensión diferente, moderna y trágica al mismo tiempo. Y respecto a hacer justicia, bueno, quizá suena demasiado solemne. Las novelas también sirven para eso, para rendir homenajes, para saber quién eres y dónde estás. Pero no pretendo dar lecciones a nadie, ni convertir a los protagonistas de mis novelas en referente moral de nada. Cuento las historias que quiero contar e intento hacerlo lo mejor que sé. Eso es todo.

Gerda y RobertAunque Taro fue discípula y mánager de Capa, llegó a mantener su identidad. Hay un pasaje en el libro en el que hablas de “mujer-eco; mujer-reflejo; mujer-espejo”. ¿Gerda siempre tuvo clara esa independencia, o crees que la influencia de Capa llegó a mermar su creatividad?

Él le ayudó mucho, le enseñó todo lo que sabía sobre fotografía. Ella era una alemana flaca, orgullosa, disciplinada, de apenas metro cincuenta, y más lista que el hambre. De hecho fue  ella quien tuvo la idea de crear el personaje de Robert Capa. Al principio no hubo ningún problema, pero poco a poco, conforme fue creciendo como fotógrafa, empezó a necesitar su propio espacio y es entonces cuando empezó a establecerse entre ellos un duelo de rivales. Todo eso queriéndose mucho y en medio de una guerra.

Esperando a Robert CapaLa protagonista guarda ciertos paralelismos contigo. Me atrevería a decir, por los descriptivos encuentros pasionales, que incluso expones cierta atracción hacia Robert Capa más allá del personaje.

¿Tú crees? Bueno, puestos a establecer paralelismos,  no sé… Gerda procedía de la Galitzia oriental y yo soy gallega (de la Galicia occidental), su familia era de ascendencia judía y la mía no es precisamente de cristianos viejos. Tenía cierto espíritu de nómada sin patria. Era una lectora compulsiva, en eso también coincidimos,  se sentía atraída por la aventura y  por  personajes rebeldes. Valoraba mucho el coraje. En mi casa, de niños, mi padre nos hacía ver Las cuatro plumas, una película sobre el valor y la lealtad. No quería que fuésemos unos timoratos. De ahí me viene la predilección por los héroes cansados. Supongo que esa empatía me facilitó las cosas a la hora de escribir.

¿Has recurrido mucho al diario de Gerda Taro para recrear al personaje? En el libro aparecen algunas citas, pero parece que no has querido abusar demasiado de ese recurso.

He recurrido a todo lo que he podido: cartas, memorias, biografías, recuerdos escritos de quienes la conocieron, Alberti,  Maria Teresa León, Hemingway, periodistas que cubrieron el conflicto… Todo el mundo sabe quién es Robert Capa, pero ella era la gran desconocida. Una mujer con muchos encuadres, casi tantos como agallas.

Chico_gorra_FAI¿Ha sido importante estudiar el material gráfico que realizó Gerda Taro?. En pasajes como el que transcurre en Barcelona, parte de la narración se sustenta de esas fotografías para seguir sus pasos y recrear lo que sucedía en las calles.

Tratándose de fotógrafos era inevitable. Las imágenes me sirvieron como hilo conductor.

Como expones en el libro, la Guerra Civil española fue la primera contienda mediática y la última romántica. Mitos como los de André y Gerda enriquecen la historia, no sólo por su trabajo testimonial, sino también por su entrega. ¿Consideras que el reporterismo actual ha perdido parte de ese compromiso?

Creo que muchas cosas han cambiado desde entonces, pero afortunadamente quedan magníficos reporteros que  transitan por la delgada línea roja para mostrarnos a los demás cómo amanece el mundo cada día, jugándose la vida.  A veces la pierden: Miguel Gil, Julio Fuentes, Ricardo Ortega, Julio Anguita, José Couso… Si este oficio tiene todavía algún crédito, es gracias a personas como ellos.

gerda taroEn la novela vas dejando pistas e ideas sobre algunos aspectos de la guerra, como el papel que desempeñaron las mujeres (precisamente surge el tema en una cantina, con la discusión entre Capa y un comunista). Es todo un logro que, sin ser una novela histórica (tal y como se entiende el género), aportes una buena dosis de información de manera sutil (sobre este asunto pero también en otros aspectos), tan valiosa como la de un ensayo canónico.

Gracias por el halago. Creo que el lugar del novelista es estar a pie de calle o de cantina, mientras el ensayo en general se mueve en el terreno de las categorías, salvo la escuela inglesa, claro, que cuenta la Historia como la mejor de las novelas. Ahí tienes a Anthony Beevor con La Batalla  de Normandia.

Gerda y André formaron parte de la comunidad artística de la época, integrándose plenamente en esa España partida en dos. Es interesante contemplar con la perspectiva que nos da el tiempo, la trascendencia internacional que tuvo la Guerra Civil y cómo intelectuales de todo el mundo se involucraron en ella, como Hemingway, Orwell, u otros que, desde la distancia, tomaron partido como Huxley o Thomas Mann. Creo que nunca sucedió algo parecido, a esos niveles, en ningún otro conflicto.

Fue la última guerra romántica si es que se puede decir algo así.  Se trataba de elegir entre la libertad o las cadenas. No era una ecuación difícil. Luego las cosas se enfangaron mucho más, desde los desastres de la II Guerra Mundial al horror de los conflictos poscoloniales y de la guerra fría. Pero no hay guerras buenas y malas. Todas las guerras son malditas guerras. Eso Capa lo sabía bien y lo dejó escrito en sus memorias: “Entre el Norte de África y el Rin habían pasado demasiados días D; y en todos y cada uno de ellos hubo que levantarse en mitad de la noche. El final de la oscuridad siempre traía consigo el comienzo de la muerte”.

Hablas de esas fotos que llegan a superar a sus autores y que acaban por reducir su trabajo a una sola imagen. Por supuesto, la foto del miliciano tomada en Córdoba es la más recordada de Capa, aunque muchos le dan más valor a las obtenidas durante el desembarco de Normandía. ¿Cuál sería, de las que conocemos de Gerda Taro, la pieza que destacarías?

Gerda2Hay muchas fotos de la maleta mexicana que todavía no se han mostrado al público, pero entre las conocidas yo destacaría la serie de los refugiados en el frente de Córdoba, hay imágenes estremecedoras: ancianos, mujeres y niños exhaustos con esa mirada perdida que se les pone a los que ya les da igual ir para adelante que para atrás, gente que lo ha perdido todo, una mujer al lomo de un caballo con un saco de harina, una cría agarrada al mandil de su abuela, los ojos de un anciano volviéndose, gente desesperada, pero retratada con una dignidad increíble. Eso es lo que más destacaría: su mirada  profundamente comprensiva y compasiva sobre unos seres humanos en situaciones límite.

Siempre me preocupa la manera en que se crea ficción a través de hechos o personajes reales. En tu novela mezclas realidad con una ficción “posible”, la de esos personajes que se mueven entre las páginas. ¿Hasta qué punto consideras tu trabajo como un riesgo, teniendo en cuenta la delgada separación entre lo real y lo imaginario?

Desde el principio tuve muy claro que no quería escribir un ensayo, sino una novela. No quería que la documentación ahogara la historia de ellos dos. El riesgo cuando trabajas con personajes reales es que muchas veces el lector ya conoce el desenlace y no cuentas con ese as en la manga del novelista que es el factor sorpresa. Por eso tienes que jugar muy bien el resto de las cartas. Estás siempre con un pie en tierra y otro en el aire. Pero es la única manera de andar el camino.

Escribes, en uno de los pasajes más hermosos del libro: “Nos enamoramos siempre de una historia, no de un nombre, ni de un cuerpo, sino de lo que está inscrito en él”. ¿Sería esa la mejor definición de tu trabajo como narradora?

El amor es así para mí. Nunca me he enamorado de un hombre, siempre de una historia. Tal vez por eso me hice novelista.

José A. Muñoz

Etiquetas: Esperando a Robert Capa, Gerda Taro, Planeta, Robert Capa, Susana Fortes

Sobre el autor

José A. Muñoz

José A. Muñoz (Badalona, 1970), periodista cultural. Licenciado en Ciencias de la Información, ha colaborado en varias emisoras de radio locales, realizando programas de cine y magazines culturales y literarios. Ha sido Jefe de Comunicación de Casa del Llibre y de diversas editoriales.

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8 Comentarios

  1. Alejandro Fuset 1 octubre 2009 at 19:52

    Una entrevista fantástica. Genial la última respuesta. Lástima que la autora no se deje ver más por los saraos culturales, en San Jordi, en la feria del libro, no sé, en algún sitio.. ¿Donde demonios se mete esta mujer?

  2. hector mestre 1 octubre 2009 at 20:07

    Me gustaria adquirir este libro. Parece ser muy interesante

  3. Ana Frade 1 octubre 2009 at 22:04

    Vi la exposición del MNAC este verano en Barcelona y he leído la novela de Susana Fortes de una sentada. Espero con impaciencia la película de Michael Mann. Seguro que será un peliculón.

  4. CL 5 octubre 2009 at 20:49

    Me gustaria adquirir este libro. Parece ser muy interesante

  5. Rai Boisa 6 octubre 2009 at 21:26

    Hector, el libro está en todas las librerías y bien visible. Se lee de un tirón y es apasionante. He leído unas declaraciones de Michael Mann diciendo que la película podría estrenarse el próximo otoño coincidiendo con la gran exposición sobre Capa en Nueva York. ¿Alguién sabe quién interpretará a Capa y a Gerda Taro?

  6. Emma Fortes 3 enero 2010 at 0:03

    Hola, me llamo Emma Amalia Fortes. Tengo 11 años y me gustaría saber la manera de contactar con Susana Fortes.
    Gracias.

  7. bene 28 agosto 2010 at 21:41

    magnifico libro y novela… acabo de leerlo y me encantó

  8. misterX 12 marzo 2014 at 11:08

    Un poco bastante pelota. Podría quitar la lengua de su culo y ser un poquito imparcial

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