Revista de Letras

Escola d’Escriptura: Catorce años formando a apasionados por la palabra escrita

21 Septiembre 2012 Entrevistas

La Escola d’Escriptura de l’Ateneu Barcelonès se ha convertido, tras catorce años de intenso trabajo, en el gran referente internacional, después de la Universidad de Nueva York, en lo que a formación de escritura creativa se refiere. Con un programa actual de 90 cursos y un campus virtual innovador, muchos profesionales tienen en su punto de mira la metodología y los resultados que, año tras año, dan testimonio de su éxito. Cada vez son más los alumnos que deciden probar suerte en la difícil tarea de publicar su obra y, para alegría de muchos, lo consiguen.

Jordi Muñoz y Pau Pérez, directores de la Escola d’Escriptura (foto: José A. Muñoz)

En pleno centro de Barcelona, en la calle Canuda, al lado de Las Ramblas, se encuentra el Palau Savassona, sede del célebre Ateneu Barcelonès que acoge en sus instalaciones la Escola d’Escriptura. Allí se ofrecen las clases presenciales y se gestiona el campus virtual. En sus jardines me he citado con Jordi Muñoz y Pau Pérez, directores de la escuela desde hace siete años.

Venía hacia aquí y me he parado en un kiosco de prensa al ver, por casualidad, El placer de escribir, un curso de escritura creativa en fascículos.

Pau Pérez: ¡Los contenidos son nuestros!

No lo sabía, no lo indica en el exterior.

Pau: Pues sí, todo el material didáctico lo ha elaborado un grupo de profesores de la escuela. Incluso las videocorrecciones las llevan a cabo profesores de nuestro claustro. A quienes les interese este curso por fascículos, consideramos que nuestra participación en los materiales didácticos es un referente que garantiza la calidad del contenido.

Bueno es saberlo… ¡Catorce años, ya! Si tuviérais que hacer balance…

Pau: No podría ser más positivo.

Y evidente.

Pau: El proceso lo explicamos en dos fases. La primera se desarrolló durante los primeros siete cursos, que fueron de pequeño formato, de mucha calidad pero sin la salida pública que tenemos ahora. Hace siete años, cuando el claustro nos pidió a Jordi y a mí que asumiéramos la dirección de la escuela, se decidió que el trabajo que se estaba haciendo, que era importante pero quedaba limitado a unos 300 alumnos anuales, se tenía que explicar a toda la red de entidades e instituciones culturales de la ciudad y difundirlo para que llegara a la gente que está interesada en la escritura y en la lectura. Así que abrimos las puertas y todo ese esfuerzo dio sus frutos, pasando a tener actualmente unos 1.500 alumnos anuales. El éxito de la escuela se puede medir bajo este criterio numérico, pero también hay otros no menos importantes: uno de ellos es que el discurso que había dentro del ámbito cultural, no sólo del país, sino de toda Europa mediterránea, respecto a eso de que no se puede enseñar a escribir, ya está obsoleto. Nosotros venimos de la formación en países anglosajones, donde ya es una tradición centenaria en las universidades de Estados Unidos, Canadá, Australia… En Gran Bretaña hay 80 universidades que tienen departamento de escritura creativa, independiente de los de Filología o Ciencias de la Comunicación. Queríamos adoptar esa manera de mirar la escritura como un oficio y no como algo, digamos, “esotérico”. Este es, quizás, el logro más importante al que hemos llegado: instalar la idea de que escribir es una disciplina artística que requiere de una formación de conocimientos y técnicas, al igual que la danza o la música.

Jordi Muñoz: Hay dos elementos más que intervienen en esta evolución satisfactoria. Por un lado tenemos los parámetros numéricos, además del número de alumnos, que nos permiten medir el éxito de la Escola d’Escriptura: la oferta de cursos, que también han ido creciendo en las diferentes ramas en que se estructuran, con cursos de escritura, de Literatura y Humanidades, los del oficio de la Edición, los de Narración y Comunicación Oral, el ciclo “Amb veu pròpia”… De 20 cursos hemos pasado a 90, que son los que se incluyen en nuestro programa. Otro parámetro es el número de profesores del claustro, de casi un centenar de personas entre escritores, críticos literarios, editores, catedráticos… También tenemos en cuenta el número de libros que alumnos y ex alumnos han ido publicando en diferentes editoriales y de diferentes géneros. En el curso pasado han sido más de cien. Y no olvidamos el número de escritores, narradores, poetas, dramaturgos o cantautores que cada año participan en el ciclo “Amb veu pròpia” en el que explican sus trayectorias, cómo abordan el hecho de escribir, sus referentes, sus métodos… Todos estos parámetros, juntos, han propiciado que la escuela haya ido evolucionando. El otro elemento importantísimo, además de lo que ha comentado Pau sobre la difusión del trabajo que estábamos desarrollando, era establecer colaboraciones con entidades, revistas, publicaciones, asociaciones culturales, centros cívicos, espacios donde se recita poesía… Considerábamos que no hay ninguna entidad cultural que pueda abordarlo todo, por lo que el trabajo en red era fundamental y, de hecho, revierte en la calidad de la escuela, porque el alumnado comprueba que estamos conectados y que, además de formación, se ofrece una red de relaciones y de contactos de interés.

¿Pensáis que el último escalón que os falta, ahora, es el reconocimiento oficial?

Pau: No diría que es el último, pero sí es uno de nuestros objetivos a medio plazo. El proceso que se ha producido respecto a la escritura creativa, en especial en toda Europa del Norte, nos parece representativo. Italia, Francia y España son los únicos países europeos donde aún no existe ese reconocimiento. Desde nuestra visión de la escritura como oficio creemos que no se tardará mucho. Es una obviedad. Si no estuviéramos en la crisis en la que estamos el proceso hubiera ido más rápido. En nuestro caso, queremos combinar la formación para quienes estén interesados en obtener enseñanza a nivel académico junto a la que podemos ofrecer a personas que quieran realizar cursos de pequeño formato. Pero este no es el último escalón. Es algo más a lo que sumaríamos la mejora de nuestros métodos pedagógicos y, además, la idea de que en un futuro la Escola d’Escriptura pueda ser un centro de creación literaria de vanguardia para fomentar la experimentación de nuevas formas de literatura, independientemente de la titulación universitaria.

Portada del programa de cursos 2012/2013, un poema visual de Joan Brossa

El campus virtual, que funciona desde hace tres años, es otro de los grandes motores de la escuela. Ha permitido dar acceso a vuestra formación a muchos interesados que no podían matricularse en cursos presenciales.

Jordi: El año pasado finalizó el itinerario de tres años que hemos diseñado para narradores (ahora convocamos uno nuevo). En él facilitamos las herramientas, recursos y técnicas básicas, desde la creación de personajes, elaborar escenas, montar los giros argumentales… Todo lo que es el cuerpo teórico básico de las técnicas narrativas y también la parte práctica con ejercicios que los alumnos elaboran cada quincena. La hoja de ruta incluye formación para novela y cuento. La verdad es que ha abierto una puerta para poder difundir el trabajo de la escuela en todo el mundo. Fue una demanda que nos llegó por parte de muchos alumnos y, en estos momentos, una cuarta parte de nuestros estudiantes lo son en formato virtual. Nos planteamos, posiblemente para el próximo año, aumentar la oferta de cursos con algunas de las propuestas que ofrecemos en el ámbito presencial.

Pau: La propuesta troncal del itinerario, que como decía Jordi se desarrolla durante tres años, está dirigida a gente que se quiere dedicar a fondo y dominar en profundidad las herramientas y las técnicas narrativas. El primer año ofrecemos la base teórica con esas herramientas y técnicas; el segundo año se estructura una obra, ya sea una novela o un libro de relatos, o un libro de no-ficción o un poemario; el tercer año se desarrolla esa obra, de tal manera que, una vez se finaliza este itinerario, el alumno ha vivido la experiencia de construir una obra literaria desde el comienzo hasta el final. Cuando alguien nos pregunta por dónde puede empezar a formarse en la escuela, siempre acentuamos el curso anual de narrativa que es en el que, realmente, el alumno adquiere una visión de la escritura radicalmente diferente al que tenía. La ambición de la escuela, de todos modos, es tocar el libro desde cualquier aspecto pero también la escritura, por eso hay cursos de todo tipo, incluso de guión, teatro, cortometraje…, toda disciplina en la que intervenga la escritura. Para personas que no tienen interés por la creación literaria pero que necesitan de la escritura, como profesionales de la enseñanza o del ámbito empresarial que han de escribir con fluidez, en nuestro programa formativo hay cursos específicos. Tenemos gente interesada en desarrollar su trabajo en el sector editorial a la que ofrecemos cursos de corrección tipográfica, corrección estilística, traduccción, de lector profesional, editor… También contamos con formación de Literatura y Humanidades, complementaria a los cursos de escritura pero también para interesados en la lectura. La última rama que hemos abierto es la de Narración y Comunicación Oral que tiene una buena aceptación, debido al éxito de los circuitos de locales con programación de cuentacuentos, y a la cada vez más demandada capacidad de palabra y de exposición oral. Toda esta oferta la iremos pasando al campus virtual paulatinamente. La preparación de cada curso que programamos en formato virtual es muy larga, porque hay un proceso de discusión con el profesorado para la elaboración de contenidos, trabajo colectivo, etc. Eso nos asegura que cuando alguien se apunta a uno de nuestros cursos virtuales encontrará algo diferente, tanto en los materiales como en la didáctica o el software que utilizamos, que también es una novedad respecto al resto de escuelas de escritura. Normalmente todas funcionan mediante listados de correos. Nosotros enviamos una videocorrección, con lo que la experiencia se acerca mucho a la formación presencial. Esto da como resultado una gran fidelización del alumnado, aproximadamente hay entre un 75% – 80% de alumnos que continúan con nosotros.

La escritura siempre ha sido una de las actividades creativas más habituales a nivel personal. Ahora, con internet, los blogs, las redes sociales y la autopublicación sin apenas coste económico cualquiera puede exponer sus obras al mundo sin pasar por filtros de edición o sin las consideraciones de un profesional que valore la calidad.

Pau: Sobre este asunto diré algo que quizás no es el discurso más compartido, pero esto que dices nadie se lo plantea con la gente que canta. Vamos al karaoke y nadie ve problema en ello, como quien toca la guitarra o pinta un cuadro. ¿Por qué la literatura ha de contemplarse en un ámbito más elitista, incluso “esotérico”, cuando en la pintura o en la música, que me merecen todos los respetos, no le vemos el problema a que la gente pinte o toque un instrumento, sino que nos parece bien? Ese prejuicio surge de una cultura que cree que la escritura es para iniciados. Pues no. La escritura de mucha calidad tiene una exigencia y se han de tener unos conocimientos y unas condiciones exactamente iguales que la pintura, la música o cualquier disciplina artística. Dejemos que la gente escriba y nuestro problema será el criterio que tengamos respecto a lo que es bueno o no, lo que nos gusta o no. ¿Por qué tenemos que cuestionar la libertad de alguien que escribe? No hace daño a nadie. No compartimos la idea de que escribir sea algo que puedan hacer unos pocos elegidos.

Jordi: Desde siempre se ha escrito. Diarios, poesías, ahora blogs. Antes se compartía con poca gente en espacios reducidos, ahora la Red permite más visibilidad. La formación, efectivamente, detecta lo que tiene coherencia, lo que está bien elaborado, el uso de tópicos que no funcionan o mecanismos y estructuras que fallan. En la escuela no aseguramos que los alumnos salgan con un nivel profesional que les convierta en escritores de éxito, pero sí que saldrán leyendo de otra manera y que podrán ver y valorar el nivel de literatura que se les plantea o que quieran disfrutar y crear en cada momento. Todos tenemos nuestro criterio para escoger películas dependiendo de lo que nos apetezca y de nuestro estado de ánimo y no siempre serán del mismo estilo o de la misma calidad. Lo mismo sucede con la literatura. Recuerdo que Emili Teixidor decía que leer no es fácil, requiere un esfuerzo. Y hay distintos niveles. La formación cultural, en cualquier ámbito, permite hacer una valoración de esos criterios y niveles. Desde luego, si quieres hacer una obra literaria a lo Guerra y Paz y te sale algo de género menor, vas mal. Pero si lo que pretendes es escribir un determinado tipo de novela, del género que sea, policiaco, rosa, histórico, y lo consigues, y además es de calidad, no hay nada que discutir, es tu objetivo y lo has logrado.

Pau: Que la gente practique cualquier tarea expresiva no es problema. El discurso que tenemos en la escuela es que hay una diferencia abismal entre redactar y escribir. A redactar -ortografía, sintaxis, puntuación, todo lo relacionado con la “herramienta”- es a lo que nos han enseñado en nuestra vida formativa, en la escuela, el instituto y la universidad. Escribir, y hacerlo literariamente, es otra cosa. Se necesitan unos conocimientos técnicos de creación de historias, puntos de vista, escenificación, plasmación de pensamientos, etc., que no se imparten en la educación reglada.

Los tres pilares necesarios para la escritura: dominio de la lengua, técnicas narrativas y bagaje lector.

Pau: Compartimos, y es de sentido común, que para escribir una obra literaria has de dominar la lengua en la que escribes y haber leído. Pero hay otro factor -el que te comentaba hace un momento- que es la base de nuestro programa formativo: las técnicas narrativas, que es lo que no se trabaja en la vida académica reglada. Es lo que se estudia en los departamentos de escritura creativa de las facultades anglosajonas y lo que hemos traído a la Escola d’Escriptura de l’Ateneu.

Mural con las cubiertas de obras publicadas de los alumnos  (Sant Jordi, 2011) Foto: Escola d’Escritura

Uno de los momentos más felices para vosotros es cuando el alumno publica su libro. Posiblemente el mismo con el que ha estado trabajando durante su formación en la escuela.

Jordi: Es una satisfacción. En estos años es lo que explicamos y ponemos en el escaparate, es el resultado final del trabajo. Y le damos reconocimiento en Sant Jordi, con una parada en Las Ramblas en la que exponemos y vendemos los libros de alumnos y profesores publicados durante el año. También incluimos un catálogo de obras junto con el programa de cursos. Mostrar ese resultado nos enorgullece.

Pau: De entrada, lo que nos llena de orgullo es cuando el alumno pone el punto final a la obra, independientemente de que luego se publique o no, que es algo que ya está fuera de nuestro alcance, no hacemos de agentes de nuestros alumnos ni intervenimos en ese proceso. Los libros que acaban publicados pasan los mismos filtros que cualquier otro manuscrito que llega al mercado editorial.

Jordi: Como dato te diré que una cuarta parte de los libros que nuestros alumnos han logrado publicar han sido premiados en certámenes literarios. Aunque no enviamos manuscritos ni intervenimos en esa fase posterior a la formación, sí explicamos el proceso que ha de seguir el autor cuando ha terminado la obra si está interesado en publicarla: buscar una agencia literaria, cómo enviar el manuscrito a la editorial, presentar la obra a un concurso…

Pau: Que hayamos pasado de 10-12 libros al año, a los 100 del pasado curso académico también es un dato que indica la repercusión que está teniendo la escuela en el mercado editorial. Algunos, además de premios, han recibido excelentes críticas e, incluso, han sido éxitos comerciales. Es lo que, en definitiva, da sentido a nuestro trabajo.

José A. Muñoz

Etiquetas: Escola d'Escriptura de l'Ateneu Barcelonès, Jordi Muñoz, Pau Pérez

Sobre el autor

José A. Muñoz

José A. Muñoz (Badalona, 1970), periodista cultural. Licenciado en Ciencias de la Información, ha colaborado en varias emisoras de radio locales, realizando programas de cine y magazines culturales y literarios. Ha sido Jefe de Comunicación de Casa del Llibre y de diversas editoriales.

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1 Comentario

  1. rolando denver 16 Septiembre 2012 at 20:03

    Una notable y vàlida experiencia, el Arte es obsesiòn, trabajo continuo…Andersen no querìa ser zapatero, sino ver brillar en honor a su talento Copenhague y sobre todo, la imaginaciòn de los niños, permanecer en sus corazones…

    La escritura en primera persona
    Rolando Gabrielli
    Una de las preguntas que más a menudo me hacen es qué método se debe seguir para escribir. A veces no sé si reír o llorar, o montarme en un discursito cínico y pasearme en una retórica que supere el registro de la propia pregunta. ¿Cómo, a qué hora, de qué manera, se escribe poesía? ¿Cómo se forma un escritor? ¿Qué o quién es un escritor?, me preguntaría.

    Y ahí surge la sombra nocturna de Kafka, el cosmopolitismo cortazariano, los muertos vivos de Rulfo, la pasión de la materia nerudiana, la ingeniería de Pound, siempre el deslumbrante clarividente Rimbaud, el temblor del cielo huidobriano, la retórica babélica de Joyce, los espejos del laberinto borgiano, el teatro del dolor moral de Artaud, la barroca estación habanera de Lezama Lima, el canto amoroso del viejo Walt, el eterno viaje a la imaginación de Bradbury, la carne real de Vallejo y los pasos invisibles de Pessoa.

    No existe una aspirina mágica que nos convierta en narradores o poetas y nos quite este dolor de cabeza de unir palabras y encontrar un nuevo sentido, construir, contar historias. Se han escrito mil fórmulas y ninguna responde a quien arroja sus dados a la mesa del escritor por primera vez. Reconozco que las preguntas son angustiosas y verdaderas para quienes las formulan porque se encuentran en el laberinto inicial. ¿Por qué sendero he de transitar?, se transforma en un cuestionamiento legítimo.

    Para resolver estas dudas, interrogantes, inicios, se crean talleres de literatura y poesía, algunos ingresan a las universidades para aprender a escribir y hay quienes leen las biografías de escritores famosos que han contado cómo llegaron a serlo sin morir en el intento.

    El esfuerzo de los jóvenes nunca es menor, ni deja de ser sincero. Es transparente como la iluminación de una lámpara en un cuarto absolutamente oscuro.

    A la escritura hay que tomarla como una de las aventuras más formidables del espíritu y sueño humanos. ¿Es tan solo una frase? No la había pensado con anterioridad, es cierto, pero si la desmontamos, ¿quiere decir que toda aventura es deseable? Depende de qué queramos hacer de nosotros mismos. Todo acto literario, querámoslo o no, es un testimonio. ¿Estamos dispuestos a enfrentar el establecimiento de la palabra, a las caducas estructuras e intentar remecerlas, cambiarlas?

    Un escritor debe tener un buen oído y un par de ojos muy ambiciosos, hambrientos diría, devoradores de libros. Hemingway nos hablaba de dos cosas, del detector de mierda que debe tener todo escritor y de la punta del iceberg, es decir, que la mayor parte de un escrito es lo que no se ve. Esencialmente debe vivir, sin vida no hay literatura. Las anécdotas de los embriones de escritores cuando ya superaron esa fase de lecturas, obsesivas, las más divertidas que acompañan la pobreza y soledad, coinciden en que fueron necesarias, vitales, aleccionadoras.

    No hay escritura, mis amigas, amigos, sin un lector detrás de ella. Escritura, digo, trascendente, interesante, nueva, que amerite más de una lectura. Los desafíos actuales para un escritor son mucho mayor que los del pasado. El mundo digital y del espectáculo no da respiro a la sociedad de la banalización.

    Hay quienes sostienen que basta un lápiz y una libreta para escribir, una PC, antes una máquina de escribir. Sí, son instrumentos reales, necesarios, útiles, indispensables. Los surrealistas, un movimiento indispensable para entender la literatura, el arte del siglo XX, empeñaron su futuro al subconsciente y se tomaron los salones y las plazas, el pelo y la fantasía, desplazaron lo nuevo por lo más nuevo. Yo, simplemente, digo Dadá.

    Sin vocación, pasión, obsesión, no hay nada. Me agrada lo que ha dicho Roland Barthes, sobre el placer del texto, que no es pura entretención la escritura, se trata de un tejido. El deseo por la palabra.

    El que se encuentra frente a una hoja en blanco debe saber que son muchos quienes la han superado y más quienes se encuentran realizando ese ejercicio. Es una experiencia única, personal, intransferible. El ocio es creativo cuando cae en manos de un artista verdadero, necesario, indispensable, permite superar la “espontaneidad”, el facilismo, el oxígeno es una necesidad y también una escritura libre de compromisos subalternos.

    Cada escritor tiene su propia manera de aproximarse a lo que quiere decir. Hay muchas reglas y ninguna. Mi recomendación es intentar descubrir cuanto antes qué quiere uno hacer frente al ordenador. ¿Trucos?, existen muchos, atajos, puentes momentáneos, y siempre será mejor escalar con uñas y manos, pasión, sudar, respirar la temida página en blanco, timonear el ordenador, a punto de naufragar, como un oso blanco perdido en los hielos que se resquebrajan bajo sus patas blancas.

    Las lecturas irán hablándole al oído al novato escritor y su propio ejercicio, sin complacencia. Rigor, disciplina, para desarrollar oficio.

    Ezra Pound dice que literatura es el lenguaje cargado de intención. Me gusta. Es potente y verdadero. Hay que leer sus enseñanzas y experiencias con el lenguaje. A veces la historia, la vida de un autor, nos motiva a una reflexión esencial y nos deriva no sólo a conocerlo, sino imitarlo, a seguir sus pasos, pero no debemos usar su misma ropa ni zapatos. Un escritor debe evitar las distracciones, que en la actualidad superan a cualquier siglo. Debe soñar cuando está despierto. Dar cuerda a su propio reloj y estar atento en todo tiempo: pasado, presente y futuro. La escritura como placer, manía, obsesión, hígado, pulmón, corazón, poner todas las vísceras al servicio de la palabra.

    Hay que recurrir a los escritores indispensables, enseñan desde el error y nos obligan a buscar nuestro propio camino para derrotarlos.

    La literatura está llena de parricidas, crímenes contra los propios maestros, y todo queda en la justicia que hace la nueva palabra. No se trata de impunidad consentida por los dioses y las musas, sino de un acto legítimo en defensa propia. Todo legado puede ser disputado, es casi una consigna con la que suelen asomarse a la mesa de la escritura algunos escritores y los más tenaces pueden llegar a ser aquellos que trabajan en silencio. Juan Rulfo no necesitó hablar, por él lo hicieron los muertos y fantasmas de Comala. ¿Quién podría contestarle sin que no le recorriera al cuerpo un escalofrío?

    Todo es válido, menos el plagio.

    Rimbaud cambió la historia de la poesía, pintó las vocales y después abandonó todo por sus sueños africanos. El genial poeta francés abandonó en plena adolescencia física el vicio por la palabra. ¿Había escrito todo, poquito, mucho? Más bien había deshojado la margarita de la poesía. Lo que le había tocado en suerte y vida. El enigmático, citado e influyente Conde de Lautréamont, escribió sus nada cándidos Cantos de Maldoror y puso pies en polvorosa en París de todo escenario visible. Vivía en Montevideo y después en ninguna parte. Vino, escribió y partió. Todo suma en la enseñanza, la lista es siempre más larga y estas golondrinas solitarias de vuelo desconocido, si hacen verano en la poesía o escritura. J. D. Salinger se transformó en un guardián de una escritura ausente, luego de cautivar el auditorium norteamericano con su novela El guardián en el centeno. Todo hace pensar que se refugió en un extraño y demoledor silencio. Dejó una novela ejemplar y una conducta de renunciamiento, no bien estudiada, documentada ni transparente. El mito también escribe.

    La vieja frase de arrepentimiento, borrón y cuenta nueva, esa que dice comencemos de nuevo, volvamos a empezar, es aplicable a cualquier escritor que no ignore las reglas básicas del oficio: encontrar el cuezco de la breva, aunque sepamos que es imposible. Mallarmé, Joyce, Pound, Kafka, Artaud, Parra, Gonzalo Millán, Waldo Rojas, Lihn, Teillier, Vallejo, Neruda, Borges, Whitman, Lezama Lima, Cortázar, Rulfo, los he visto algunos e imaginado, otros, trabajar más allá del silencio de las palabras, donde el eco del caracol solo lo escucha el mar y un lector atento.

    Algunos autores terminan siendo no solo meras referencias de otros autores, sino fuente de inspiración y superación, faros en la oscuridad de todo inicio y camino. Algunos trayectos son interminables, verdaderos laberintos kafkianos y borgianos, insuperables metáforas de este y otros tiempos.

    Nadie sabe más que el poema o la novela o el cuento, que una pintura, un mismo arte se expresa de múltiples y secretas maneras, con voces sorprendentes para cada uno de los lectores o de quienes observan un cuadro.

    La mochila del escritor carga más que palabras, definitivamente, sueños, su historia, el ineludible pasado, la atmósfera de lo que vive y le rodea se va contaminando de meter y sacar lo que sirve o se va a eliminar. Las ideas parásitas, a veces, duermen en la memoria. Está repleta de contradicciones, es casi una mochila viajera que contiene el inconsciente de un autor y la película que por ese momento filma el cuerpo transparente, oscuro de sus propias inacabadas vivencias. No existe la pócima para beber imaginación. Los poetas malditos no jugaban a la bolsa del mercado de la poesía, tenían respaldo más allá de sus palabras. La mochila suda con la biografía y el espanto se espanta con la escritura. Toda tinta es sangre también de una escritura naciente y ardiente.

    No sueñes / el mercado sueña por ti / y multiplica sus ganancias / No duermas / el mercado no duerme / y multiplica sus ganancias / No pienses / el mercado piensa por ti / y multiplica sus ganancias.

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