Revista de Letras

Fernando Savater y “Los invitados de la princesa”: el filósofo entre líneas

Los invitados de la princesaLos invitados de la princesa.
Fernando Savater
Espasa Calpe (Madrid, 2012)

Cómpralo aquí

El Premio Primavera de Novela 2012 nos regaló Los invitados de la princesa, novela de Fernando Savater editada por Espasa Calpe, merecedora de que el jurado la justipreciara como “una gran parodia realizada con mucha inteligencia (…) una gran metáfora del mundo real”.

Con gran ironía, Savater reúne a un grupo de curiosos e insólitos personajes, seleccionados entre destacadas personalidades internacionales de todos los campos del arte y del saber, invitados por la presidenta -a quien nombran como “la princesa”- de la isla, en torno a un Congreso que con el nombre “Festín de la Cultura”, se va a celebrar en la isla Santa Clara, famosa por el arte culinario de sus cocineros a quienes ubica en la “exquisita élite mundial de la gastronomía”. De esta habilidad se hace gala, festejando cada día de la semana una original celebración: Jornada Mundial del Bacalao, Boda del Ajo y la Cebolla, Jubileo del Chuletón de Buey, Exaltación del Cochino Autóctono, Día del Chateaubriand.

Allí deben esperar unos días (siete concretamente) a que se levante el bloqueo aéreo producido por la inesperada erupción del volcán de la isla. El desarrollo de esta anécdota, en la que se imbrican e interrelacionan los asistentes, no es precisamente lo más importante de la novela, estructurada en siete capítulos correspondientes a cada día de la semana, de lunes a domingo más el epílogo. Lo realmente atractivo son los otros siete capítulos que acompañan a cada uno de los anteriores, en los que se narran historias dispares, cada cual más chocante que la anterior. Al modo cervantino, se intercalan originales historias que relatan los congresistas, ajenas a la narración de los eventos relacionados con el congreso, y cuya inmovilización propicia estos relatos. El testigo oyente de todas ellas es Xabi Mendia, periodista, que llega a la isla para cubrir el congreso para la revista “Mundo Vasco”.

Estas variadas historias adquieren la forma de diario (“Como una cabra”) tras el lunes, de una novela negra (“Cerrado por defunción”) tras el martes, de una experiencia educativa relatada en primera persona (“Examen de selectividad”) tras el miércoles. Al final del jueves se incluye una estampa de la vida de un desconocido calvo con los caballos de carreras en un hipódromo (“Purasangre”), y el viernes finaliza con una historia narrada en primera persona por el congresista filósofo quien intenta convencer a un secuestrador árabe, momentos antes de que un avión se esfume inexplicablemente (“Plan de vuelo”). La noche del sábado, tras las copas, el novelista con seudónimo trae a la memoria revelaciones autobiográficas de su despertar de la infancia (“La cacería del ciempiés”), y por fin, en la noche del domingo, Atila, la enorme mujer policía, le narra en la intimidad del lecho al periodista su aventura con un vampiro (“Turno de noche”). Son una colección entretenida de relatos que nos trae a la memoria, inevitablemente, por su estructura, Los cuentos de Canterbury (de Chaucer)  y el Decamerón (de Bocaccio).

A pesar de ser totalmente un texto de ficción, las reflexiones de Savater impregnan todas las historias, espesándolas, con reflexiones sobre la literatura, la filosofía, la ciencia, la muerte, el amor, la vejez, la soledad, la religión, la política, las nuevas tecnologías y cuantos temas sociales y existenciales interesan al ser humano. Haremos un recorrido por algunas de las ideas contenidas en esta novela, no sin antes traer a la memoria las declaraciones a diversos medios de comunicación, de Fernando Savater, en las que puntualiza que no intenta dar lecciones al lector (lecciones filosóficas), sino divertirle y entretenerle (texto de ficción). Clarifica y deslinda la tarea de la literatura y de la filosofía en la entrevista que Julieta Grosso le hace para ZL (Zona Literatura), quien pregunta al escritor acerca de si escribir una novela supone una actitud más relajada que escribir un ensayo, dado que en la novela no necesita fundamentar sus ideas. Savater responde a esta cuestión de este modo:

Fernando Savater (foto: Planetadelibros)

Fernando Savater (foto: Planetadelibros)

“Las ideas, opiniones y exabruptos que profieren los personajes ya corren por cuenta de ellos… y eso ya es todo un alivio. La literatura me permite exponer ideas incluso contrarias a las mías y efectivamente todo esto produce una satisfacción y a la vez una inquietud diferente a la del ensayo. La literatura busca una verdad propia que no es la verdad de los hechos ni un simple documento de la realidad. No se espera de ella que tenga correlato en una verdad en el sentido objetivo del término sino verosímil en el sentido literario. La tarea de la filosofía, en cambio, es desvelar y analizar verdades -sea del conocimiento, la ciencia o la metafísica- o declarar, incluso, que la verdad es inalcanzable. La filosofía tiene un entusiasmo juvenil por alcanzar el sentido de las cosas y del mundo que los años quizá van matizando hasta otorgarles a esas pretensiones un toque de ironía. La ficción pues parece una forma de trasladar  ideas sin necesidad de atenerse a esa exigencia juvenil de la filosofía”.

En la novela enfrenta también la literatura y la ciencia. Es Virginia Pueris, filóloga, traductora de Virgilio, cuya ponencia en el congreso versaba sobre “Vigencia de las lenguas clásicas en el bachillerato actual”, propuesta obviamente nada popular, quien aclara que la ciencia describe y explica la realidad, pero la literatura expresa lo que supone para el ser humano formar parte de esa realidad. El coloquio se anima en torno al tema, e incluso da pie en ardiente defensa a la siguiente declaración:

Preferir la ciencia a la literatura es como empeñarse en vivir en un sótano con luz eléctrica en lugar de en el gran salón con ventanales abiertos al mar. (p. 104)

Esta intervención a favor de la literatura de ficción, arranca una ovación sincera de un grupo de asistentes, que encabeza el periodista Xabi Mendia, cuyas intervenciones a lo largo de la novela nos van a convencer en su identificación con el filósofo Fernando Savater.

Un género narrativo, que parece no ser del agrado del periodista, queda al descubierto en la entrevista que le hace al novelista Samuel Futurano, escritor de las novelas del Oeste, novelas, según su criterio pasadas de moda porque sus argumentos son repetitivos, y que se construyen a partir de estereotipos con múltiples combinaciones: el ranchero prepotente y sus sicarios, el sheriff que no consigue poner orden en el pueblo, el médico borracho, la viuda o la huérfana, etc. Y Futurano explica cómo abandonó este género para pasarse a escribir novelas sobre la Guerra Civil Española, precisamente por la presencia de estereotipos combinables: republicanos ilustrados y altruistas, fascistas todoterreno, familias agobiadas por las contradicciones entre sus miembros, etc.  La ironía implícita en la observación que delata el gusto del escritor se fundamenta en una justificación: ningún lector conoce en primera persona el escenario descrito, lo que facilita al novelista el uso de ciertas licencias, aunque reconoce que  son más largas las de la Guerra Civil Española, son “auténticas, sagas, novelas rio”, lo que debe ser muy fatigoso para quien las “cocina” -según comenta con cierta ironía.

En ambos casos alimentan su imaginario  de las anécdotas que les han transmitido otros y de las leyendas que se han formado sobre ellas. (p. 144)

Surge también la polémica Ciencia / Filosofía, el mismo día que en la isla se celebra la “Exaltación del cochino autóctono”, hecho que hace exclamar a Xabi, el periodista “¡Vaya ocurrencia!”, porque él estudió filosofía y en el debate la defiende a capa y espada, frente a don Nicolás Nirbano quien comenta, con infantil malignidad, que hay dos clases de filósofos, “los que no saben nada y los que no saben ni eso”, y explica que “la filosofía es tan aburrida como la ciencia, pero menos fiable”. A lo que Xabi Mendia responde corrigiendo sus opiniones con un aserto:

La ciencia conoce y la filosofía piensa (p.183).

Y en otra ocasión vuelve sobre el tema:

La filosofía es la zozobra del alma, porque no sabe de dónde viene ni a dónde va, y no tiene mucho tiempo para hacerse todas las preguntas. (p.278)

Se toma partido, unas páginas más adelante, respecto al concepto de ética, cuando la profesora Combray expone su tesis acerca del carácter éticamente incorrecto de imponer sufrimientos a los animales. Frente a ello la profesora filóloga (y a su lado Xabi Mendia) considera que “la ética estriba precisamente en preferir a nuestros semejantes humanos y distinguirlos entre todos los restantes animales y cosas”. Para apoyar esta afirmación explica que la base de la dignidad humana es la libertad que nos compromete y define, y recurre a una cita de autoridad, la de Séneca e incluso para contradecirlo, la de Shopenhauer.

Respecto a la conducta humana, otro congresista, el doctor Jordi Oriol y Pagès, especialista en psicología evolutiva, derriba la idea de que los humanos tenemos la capacidad de elegir libremente, idea que atribuye a una mentalidad anticuada. Considera que todas las complejidades “aparentemente contradictorias de la conducta humana” son “estrategias de supervivencia y adaptación al medio transmitidas genéticamente”, de manera que el determinismo a que ello nos conduce, no admite ni elogio ni censura. En esta polémica no interviene el comentario del periodista porque reconoce estar impresionado ante su desconocimiento de estas materias científicas.

La prohibición de encender un cigarrillo en la habitación del hotel, inicia un largo debate entre Xabi Mendia y don Nicolás Nirbano, que da pie a ambos a reflexionar acerca del poder que creen tener los mediocres cuando forman parte de una “jauría” que persiga algún placer. Ambos apoyan su teoría en lo que Elias Canetti escribió sobre el nacimiento de estas jaurías en las que se incluyen aquellos que viven “vidas pequeñas” que pretenden compensar “empequeñeciendo las vidas de otros con prohibiciones”, y reconocen que todos en algún momento de nuestra vida hemos pertenecido a alguna de esas jaurías.

Logran que se tomen medidas gubernamentales que dudosamente mejorarán la vida de nadie, pero que indudablemente interferirán en la libertad de muchos. (p. 102)

Tampoco la pluralidad lingüística escapa a la ironía. El jueves, día que celebra el “Jubileo del Chuletón de Buey”, llega el turno de la conferencia del Premio Nobel, quien anuncia en inglés que daría su conferencia en polaco porque “la lengua en que se escribe es la verdadera patria de la que un poeta nunca puede exiliarse” (p. 147). La alegría inicial de algunos, se torna enseguida en decepción porque no entienden ni siquiera a los traductores. Es el momento en que interviene Xabi Mendia, poniendo en tela de juicio la convicción, de la que adolecen algunos, de calificar la diversidad como una riqueza, hecho que se compara burlescamente con la riqueza del colesterol en la sangre. La discusión termina con una contundente afirmación:

Mire, no: las lenguas son para abrirnos a los demás, no para cerrarnos sobre nosotros mismos.  (p.148)

Otro tema que Savater no podía dejar de lado es el de la educación. Cuando en una sesión del congreso, un eclesiástico defiende el derecho inalienable de los padres a transmitirles sus ideas morales y religiosas, sin interferencia del Estado, Virginia Pueris, con la anuencia de Xabi Mendia lanza su pulla irónica: “Yo creo que uno de los diez objetivos de la educación escolar debe ser proteger a los hijos de la influencia de sus padres” (p. 105), idea mantenida abiertamente por Savater en su ensayo titulado El valor de educar (Ariel, 1997), cuando afirma que hemos de educar en defensa propia, y que los hijos no son propiedad de los padres:

Creo que la educación es un artificio contra lo fatal e irremediable, contra el destino de nuestra cuna. (El valor de educar, p.175)

Todo empieza con el acceso a la educación, sobre todo para quien antes no tenía la oportunidad, como es el caso de las mujeres. Así lo expresa convencida Virginia Pueris, a quien resulta incomprensible que una mujer no sea progresista, es decir, que no celebre verse libre de las trabas del pasado, porque “gracias a las competencias educativas, las mujeres podemos disfrutar hoy de una vida propia” (p. 111).

El pensamiento del filósofo Fernando Savater y el del novelista Fernando Savater, difícilmente se pueden deslindar, de manera que alguno de los personajes son eco del mismo, sobre todo, aunque no exclusivamente, el periodista Xabi Mendia, con quien tantos puntos en común podemos identificar.

Concluimos con una interesante idea, sumamente original, que matiza el significado que habitualmente se concede al hábito de leer, puesta en boca del escritor Lince Vharon, seudónimo de Javier Santos Martín:

No hagas caso de quienes dicen que la lectura es una provechosa afición o un respetable modo de entretenerse: leer es una forma de vida, una adicción subyugadora y excluyente. El ansia de leer es una posesión, en el sentido más diabólico y menos propicio al exorcismo que el término. (p.240)

Encarnación García de León
http://garcileon-sinirmaslejos.blogspot.com

 

Etiquetas: Espasa Calpe, Fernando Savater, Los invitados de la princesa

Sobre el autor

Encarnación García de León

Encarnación García de León es doctora en Literatura Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Desarrolla su labor docente como Catedrática de Lengua Castellana y Literatura en la ciudad de Albacete e imparte clases de Literatura actual en la Universidad de Mayores “José Saramago” de la UCLM. Tiene publicados libros como Un espacio propio para la descripción literaria (Octaedro, 2003), La Mancha, un tópico literario (Brosquil ediciones, 2007), Antología de Poemas y Relatos Manchegos (Fundación Asla, 2009). Ha colaborado en obras monográficas colectivas como Los presentes pasados de Antonio Muñoz Molina (Vervuert-Iberoamericana, 2000), Ensayos sobre Rafael Chirbes (Vervuert-Iberoamericana, 2006) y La memoria que no cesa. Perspectivas sobre la Literatura de la Memoria. (Ed. Académica Española, 2013). Tiene además numerosos artículos publicados en Actas de Congresos de la AIH y en revistas como Barcarola, Graó, Revista de Letras, y otras.

¡Comparte este artículo!

Envía tu comentario