Revista de Letras

Filmoteca Literaria (IV): “The 39 Steps” (Alfred Hitchcock, 1935)

4 junio 2012 Crónicas

The 39 Steps
(Alfred Hichcock, 1935)
Adaptación de la novela homónima
de John Buchan
Guión de Charles Bennett e Ian Hay
Música de Charles Williams, Hubert Bath
y Jack Beaver
Fotografía de Bernard Knowles
Intérpretes: Robert Donat, Madeleine Carroll, Lucie Mannheim, Godfrey Tearle, Peggy Ashcroft
y John Laurie

A Thomas Arthur Nelson
(Lothian and Border House)

Mi querido Tommy: Tú y yo compartimos desde hace tiempo la afición a ese tipo de cuento elemental que los americanos llaman la «novela de diez centavos» y que nosotros conocemos como «novela de aventuras»: el relato en el que los incidentes desafían a las probabilidades y rozan los límites de lo imposible. El invierno pasado, durante una enfermedad, agoté mis reservas de ese medio de distracción, y tuve que escribir uno para mí mismo. Este pequeño volumen es el resultado, y he querido incluir tu nombre en recuerdo de nuestra amistad, durante una época en la que la ficción más absurda es mucho menos improbable que la realidad.

J. B.

(Carta introductoria de John Buchan a su editor. – De la versión de Ed. Planeta, 1985. No consta traductor).

La novela

Primavera de 1914. Richard Hannay, el protagonista y narrador, escocés expatriado, agente secreto del ejército, regresa de una larga estancia en Rodesia, en el sur de África, a su nuevo hogar, un piso en Londres. Abatido por el aburrimiento, piensa en viajar a Ciudad del Cabo para reencontrarse con la aventura. Una noche descubre a su vecino, Franklin P. Scudder, vigilándole agazapado. El hombre le pide auxilio. Escondido en la casa de Hannay, le confiesa haber fingido su propia muerte al sentirse perseguido y le hace saber que conoce un complot anarquista para desestabilizar Europa, comenzando con un plan para asesinar al primer ministro griego, Karolides, durante su próxima visita a Londres. Con él lleva siempre un cuaderno con información encriptada del que nunca se desprende. Cuatro días más tarde, al regresar a casa,  Hannay encuentra a Scudder muerto con un cuchillo en el corazón.

Temiendo que los asesinos vayan a por él, el escocés recupera el cuaderno de notas encriptado de Scudder y decide huir para intentar salvar a Karolides.  Para ello deberá ser capaz de mantenerse con vida durante tres semanas, despistando a sus perseguidores: la policía, que le considera autor de la muerte de Scudder, y un grupo de matones enviado por los anarquistas con la intención de matarle. Su viaje le llevará a recorrer Escocia para esconderse, ayudándose de su astucia para disfrazarse y de varios personajes que se cruzan en su camino. Cuando logra, al fin, descifrar las notas de Scudder, descubre que detrás del plan de asesinato del ministro griego se esconde otro complot mucho más peligroso relacionado con un personaje denominado “La Piedra Negra” y los “39 escalones”.

John Buchan, escribió Los 39 escalones (1915) durante su convalecencia tras padecer una úlcera duodenal, enfermedad que arrastró con él durante toda su vida. Originalmente se publicó por entregas en el Blackwood’s Magazine, entre agosto y septiembre de 1915, y ya como libro un mes más tarde. Fue su primera novela “chocante”, que definió como una aventura en la que los acontecimientos de la historia eran poco realistas y los lectores difícilmente pueden creer. Este libro marcó un punto de inflexión en la carrera literaria de Buchan y presentó a su famoso héroe aventurero, Richard Hannay. En su autobiografía, Memory Hold-the-Door (1940), Buchan sugiere que el personaje se basa, en parte, en Edmund Ironside, un espía escocés en activo durante la Segunda Guerra Anglo-Bóer.

William Buchan, su hijo, escribió más tarde que el título surgió cuando su hermana contaba los peldaños de las escaleras de la casa de reposo donde Buchan estaba ingresado. “Había una escalera de madera que conducía a la playa. Mi hermana, que tenía unos seis años, y que acababa de aprender a contar correctamente, la bajó y anunció alegremente: ‘Hay 39 escalones’. Años más tarde, la casa fue demolida y enviaron a Buchan una sección de la escalera, con una placa de bronce.

Richard Hannay continuó sus aventuras en cuatro libros posteriores. Dos estaban ambientados en la II Guerra Mundial (confrontación que menciona al final de Los 39 escalones, anunciando su comienzo), donde Hannay continuó su trabajo encubierto contra los alemanes y sus aliados, los turcos: Greenmantle (1916) y Mr. Standfast (1919). Las otras dos historias, The Three Hostages (1924) y The Island of Sheep (1936) transcurren durante la posguerra, cuando los enemigos de Hannay eran bandas de delincuentes.

Los 39 escalones ha sido adaptada en diferentes ocasiones al cine, siendo la versión de Alfred Hitchcock la más conocida. También se ha versionado para la radio y el teatro.

John Buchan (foto: D. P.)

El autor

John Buchan, (Perth, Escocia, 26 de agosto de 1875 – Montreal, Canadá, 11 de febrero de 1940), era el mayor de cinco hermanos, hijos de un pastor de la Iglesia Libre de Escocia. Estudió Filología Clásica en la Universidad de Glasgow, donde comenzó su afición a la poesía y fue publicado por primera vez obteniendo varios premios. Comenzó su periplo político como secretario privado de Alfred Milner, administrador de las colonias británicas, quien fue alto comisionado para Sudáfrica y gobernador de la Colonia del Cabo. Cuando volvió a Londres se hizo socio de una editorial mientras continuó escribiendo libros. En 1907 se casó con Susan Charlotte Grosvenor, prima del Duque de Westminster, trasladándose a Canadá y formando una familia a la que llegarán cuatro hijos. En 1910, escribe El Preste Juan, su primera novela de aventuras, ambientada en Sudáfrica. En 1911 sufrió por primera vez de úlcera. Buchan llegó a postularse como candidato de los conservadores del Partido Unionista de Escocia para el distrito de los Borders. Durante la Primera Guerra Mundial fue corresponsal para The Times en Francia. En 1915, publica su libro más famoso, 39 Steps. En 1917 vuelve a Gran Bretaña, donde se convierte en Director de información bajo el mando de Lord Beaverbrook.

En 1935 fue nombrado Primer Barón de Tweedsmuir, aceptando el nombramiento como Gobernador General de Canadá. En 1940, tras una conmoción cerebral que le provocó una embolia, falleció en el Instituto Neurológico de Montreal, dejando tras de sí más de cien obras, entre las que se encuentran biografías, novelas históricas y thrillers, género con el que alcanzó gran popularidad.

Madeleine Carroll y Robert Donat en una imagen promocional de "39 Steps"

La película

Poco queda de la novela de Buchan en el guión de Charles Bennett e Ian Hay. Apenas el concepto inicial de “huida” y algunos pequeños pasajes, como el recurso del disfraz de lechero para que Hannay logre salir de su casa tras la muerte de, en esta ocasión, Annabella Smith (trasunta de Scudder, el hombre que es asesinado nada más comenzar el libro). Y, ciertamente, nos encontramos ante uno de esos casos en que la película supera a la obra literaria que, de ser una adaptación fiel, hubiera resultado algo lenta y repetitiva. Para empezar, los guionistas recurren a personajes femeninos que brillan por su ausencia en la novela de Buchan, incluyendo un romance con Pamela, la chica que delata al protagonista, o el encuentro con Margaret, la esposa de un granjero que ofrece cobijo a Hannay y que queda prendada del fugitivo. Tampoco quedó nada de la trama política que origina el embrollo. El complot se simplifica, presentándolo como un robo de secretos militares británicos. Y ni siquiera la idea de “los 39 escalones” se conserva, siendo la de la película (y que no desvelaremos aquí) mucho más original. Por supuesto, el célebre Sr. Memoria surge de la imaginación de los guionistas ya que tampoco aparece en el libro. Para remate, Hannay pasa a ser ciudadano canadiense, algo que no le debió hacer mucha gracia al patriota escocés John Buchan, creador literario del personaje.

A. Hitchcock dirigiendo a los protagonistas en el set de rodaje de "39 Steps" (foto: alfredhitchcockgeek.com)

Llegados a este punto, debemos valorar la película como una adaptación libre y que, además, marcó definitivamente la carrera de su director, Alfred Hitchcock, convirtiéndole en uno de los nombres más importantes de la cultura del siglo XX. En este film dejó todas las claves  que se convertirían en constantes de su cine, conocidas, en su conjunto, como “el toque Hitch”: el héroe que huye y con el que el público se puede sentir identificado; el falso culpable; el miedo a la policía; un humor irresistible e intemporal; secuencias de acción y románticas perfectamente dosificadas a lo largo del metraje; una planificación y montaje a prueba de bombas, recurriendo a rocambolescos juegos de cámara siempre que no alteren la narración; y, claro, su presencia en los primeros minutos de la película (algo que, para muchos, es un juego más, búsquenle). Para aquellos que conozcan su filmografía, no es difícil encontrar en esta cinta momentos que recuerdan a otros de sus films, especialmente en Con la muerte en los talones (1959), para la que tomó prestadas muchas de las ideas vertidas en este clásico, y El hombre que sabía demasiado (1934/1956). Otro de los aciertos es el reparto, encabezado por Robert Donat, perfecto en su papel (imperdonable ver la película en versión doblada), y Madeleine Carroll, actriz cuya química con el protagonista es insuperable, hasta el punto de que, en algunos momentos, no puede aguantar la risa ante las ocurrencias de su compañero.

39 Steps está considerada como una de las mejores películas de la Historia del Cine británico y, a pesar de los años transcurridos, sigue manteniendo toda su frescura.

José A. Muñoz

Etiquetas: 39 Steps, Alfred Hitchcock, Filmoteca Literaria, John Buchan

Sobre el autor

José A. Muñoz

José A. Muñoz (Badalona, 1970), periodista cultural. Licenciado en Ciencias de la Información, ha colaborado en varias emisoras de radio locales, realizando programas de cine y magazines culturales y literarios. Ha sido Jefe de Comunicación de Casa del Llibre y de diversas editoriales.

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