Revista de Letras

“Fin”, de David Monteagudo

28 Marzo 2010 Reseñas

Fin. David Monteagudo
Acantilado (Barcelona, 2009)

Esta reseña nace de la decepción más absoluta. Muchos, ante una situación similar, hasta declinarían la opción de publicar lo que fuera sobre un libro que no les ha aportado nada. A mi sí me aportó: tedio, estupor, aburrimiento y alguna que otra carcajada similar a la que provocan las películas de Leslie Nielsen. Una carcajada de la que llegas a avergonzarte porque lo que quisieras realmente es dedicar ese tiempo a cosas más interesantes.

Había leído reseñas, entrevistas y críticas muy favorables sobre Fin, la primera novela que publica David Monteagudo. En todas partes se destacaba el hecho de que este individuo trabaja en una fábrica de cartón (¿y?), que su vocación creativa es tardía y, poco más o menos, que su novela es una maravilla que no hay que perderse. Me dejé convencer. Cuando el libro llegó a mis manos decidí mantenerlo en la reserva, dispuesto a gozar con una obra que me dejaría, seguro, con la boca abierta. Y sí, así me quedé cuando finalmente me adentré en sus páginas. Llevaba pasadas 30 y pensé “Pero, ¿acaso nos hemos vuelto locos?”. Seguí avanzando y no podía dar crédito a lo que estaba leyendo. Las absurdas peripecias de un grupo de antiguos compañeros de peña que se reunen en un refugio para recordar viejos tiempos, marcados por un turbio personaje al que le hicieron pasar por no se sabe qué ni por qué y que experimentan sucesos extraños que les llevan a situaciones límite, tienen menos interés que los diarios de un monje cartujo.

Monteagudo hace gala de una falta de técnica total en la creación de personajes (todos ellos típicos, encontramos más riqueza en los roles utilizados en películas de teenagers); también en la elaboración de diálogos (los de esta novela parecen escritos por los guionistas de las series de José Luis Moreno, lo que quizás nos remita a su “amplia” cultura televisiva) y, por si fuera poco, en la habilidad para mantener un arco narrativo firme y que permita llevar al lector a esa “sorpresa” que, si se está atento a la lectura, es más previsible que el discurso navideño de nuestro monarca.

Que intente ofrecer un fresco de los cuarentones (¿en serio son tan cortitos? Si voy a convertirme en un personaje similar a los del libro, ¡por favor, no quiero cumplir los 40!) en el que se referencie el remordimiento, las “complejas” relaciones de pareja y de amistad en las que el mayor de los conflictos viene dado por el tamaño y valor del coche que conduces… , o incluso en uno de los pasajes más ridículos, que se debería coger con pinzas, ¡la xenofobia!, da una idea de lo errado del planteamiento. Podría haberse quedado en un proyecto modesto pero efectivo centrado en la intriga y dejarse de análisis generacionales, dando pena lo que pretendidamente debe ser gracioso y grima lo que debiera provocar angustia. La superficialidad de los personajes puede con el peso de la historia y eso la arrastra hacia un final que se desearía hubiera llegado mucho antes de la página 350.

Dicho lo cual, que no es poco, cabe una reflexión acerca de estos productos que hacen sospechosamente real la sentencia aquella de “la novela ha muerto” que dijo Eduardo Mendoza y por la que casi le matan a él. Los que nos dedicamos a esto de opinar sobre lo que leemos de una manera más o menos profesional, deberíamos arrepentirnos por haber simplificado nuestros criterios en base a  cuestiones que van más allá de la calidad de las obras con las que desempeñamos nuestro trabajo. Quisiera creer que la cosecha de buenas críticas que ha logrado Fin son fruto de una lectura rápida; de, y esto es una suposición, rumores infundados (“me han dicho que aquél ha dicho que el otro le dijo que este libro es obra de un genio” y todo parte, claro, de una conversación de café en la que intervino… el editor), o de la influencia de determinada publicación donde apareció una simpática nota. Y si esto es así, con la cantidad de libros que se publican al año, no quiero pensar en la mala influencia que estamos ofreciendo en los, espero, pocos que deciden leer los libros que recomienda la crítica bajo esos principios. En lugar de seguir las pautas que marcan otros en las habituales fiestas y reuniones que se organizan para “untar” a los medios, deberíamos hacer un acto de constricción (editores y periodistas) y dedicar ese tiempo a leer lo que tenemos entre manos. A ver si ahora resultará que estamos educando a futuros escritores que seguirán los pasos de Monteagudo. Suficiente será conocer esas ocho o nueve obras que, dice, tiene guardadas en el cajón. Y las que vengan. Recordemos que globos sonda como los de Pablo Tusset y Carlos Ruiz Zafón se acaban deshinchando en poco tiempo. No hay quien aguante tanto aire.

Añadan a esa lista de exitosos autores que sobrevuelan el cielo a base de soplidos a David Monteagudo, cuya escritura hace que Dan Brown sea un más que digno sucesor de Shakespeare.

José A. Muñoz

Etiquetas: Acantilado, Carlos Ruiz Zafón, Dan Brown, David Monteagudo, Fin, Pablo Tusset

Sobre el autor

José A. Muñoz

José A. Muñoz (Badalona, 1970), periodista cultural. Licenciado en Ciencias de la Información, ha colaborado en varias emisoras de radio locales, realizando programas de cine y magazines culturales y literarios. Ha sido Jefe de Comunicación de Casa del Llibre y de diversas editoriales.

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52 Comentarios

  1. Toni 12 Diciembre 2012 at 10:47

    Una DECEPCIÓN MAYÚSCULA. El PEOR libro que he leído JAMÁS. Fin.

  2. Julai 20 Febrero 2013 at 11:18

    ¿Alguien sabe si Montegudo ha dejado la fabrica de cartón donde trabajaba? Me tiene preocupado, porque lo que tengo claro es que como escritor no se ganará mucho tiempo la vida …
    ¿Como nos pueden vender la moto así en los medios de comunicación?
    Menos mal que hay espacios como este donde los lectores podemos aclarar las cosas…
    Que forma de tirar el dinero …

  3. Narciso 20 Febrero 2013 at 11:24

    Vale, Dori … digo, Patricia (comentario 47) que después de una semana todavía la tengas en la memoria, es un récord …
    jajaja … perdonad la broma, pero no lo he podido resistir. ..

  4. Natalia 11 Marzo 2013 at 2:48

    Tras haberme sentido como si hubiese pisado excrementos descalza, me han entrado ganas de hacer buenas acciones para reparar un poco el daño que ha hecho “Fin” a este mundo, por lo que propongo mandar los ejemplares que hemos leído a la fábrica de cartón donde trabaja (espero que mejor que escribe) el autor de esta basura, para que la reciclen, así, además, evitaremos que sea leída por alguien más.

  5. Guilherme 14 Octubre 2013 at 23:37

    Holá a todos! Antes de todo, quiero pedirles perdón por eventuales errores de ortografia y gramatica. Soy brasileño y aún estoy estudiando su belo idioma. Otra cosa, el corrector automático puede corregir algunas palabras para mi idioma sin que yo vea.

    Bueno. Aca en Brasil, el libro es raro y la película llegó solamente por las tiendas – nadie pudo mirar en el cine.
    Dejenme decir que tienen un lindo país! Y a mi me encantan, por ejemplo, las películas de España.
    ===
    Hay elementos que muestran el rumbo del romance (novela, que sea). Creamos expectativas acerca de libros que leemos, pero a veces ni siempre debemos querer que nuestros deseos rellenen las páginas de algo que no es nuestro! Muchas personas, por ejemplo, tienen mucha dificultad en leer obras como “La luz es como el água” o “Mi vida con la ola” porque son lo que llaman a Literatura Maravillosa/Fantastica.

    Actualmente ya no hablan otra cosa que no sea el Hombre como el cáncer del planeta. En “Fin”, solo los que mueren son los humanos, nada de animales muertos. El “tiempo” pára, pero el tiempo del Hombre, no de la naturaleza – ese sigue, normalmente. Yo veí también la pelí; en ella, cuando hay el “blackout”, hay 4 resplandores en el cielo. Hay que darnos cuenta de que los personajes hablan cosas acerca de Bíblia (ese es el contexto del momento en la película). Si os ponéis atentos, pueden ver que la alegoría bíblica habla de 4 caballeros del Apocalipsis. En la versión que llegó al Brasil, la mujer que se queda “viva” en el final de la pelí, se llama Eva, otra alegoría. Los que mueren son los que se quedan extremamente miedosos. Sin embargo, no hay una conclusión en el final, y pienso ser la intención del autor. Ya es tiempo de utilizar mucho mas nuestra imaginación! Dejen para los “Reality Shows” las cositas prontitas! No quiero decir, tan poco, que la intención del autor son los elementos bíblicos, pero ellos están claros. A mi me gustó porque me dejó por pensar en muchos finales posibles! Pienso que personajes prontos y desentrañados son aburridos! Prefiero los que tienen secretos – hacen mi imaginación volar.

    A mi me gustaría escribir mucho mas, pero aún no tengo todo lo conocimiento de su idioma para tanto.

    Saludos desde Brasil para todos!

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