Revista de Letras

“Hay un vínculo especial entre las personas que comparten lectura”

Jesús Arana Palacios y Belén Galindo Lizaldre son los autores de Leer y conversar. Una introducción a los clubes de lectura (Ediciones Trea, 2009), una herramienta valiosa para aquellos que quieran organizar una tertulia literaria y necesiten una guía para comenzar su proyecto.

El texto parte de un acercamiento histórico a los clubes de lectura para pasar, posteriormente, por ejemplo, a comentar algunas de las actividades más comunes que se desarrollan en estos grupos, cómo es la actitud de los participantes o qué libros han resultado exitosos en dichas reuniones.

Fundamentos teóricos (Jesús Arana)

Foto: Wikipedia

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¿Qué es un club de lectura?
La manera más sencilla de definirlo sería diciendo que se trata de un grupo de personas que se ponen de acuerdo para leer un mismo libro y reunirse con una periodicidad más o menos fija para comentarlo. Ahí están los ingredientes principales: el libro, el grupo, las tertulias… la figura del coordinador es quizás secundaria. Es importante que alguien se responsabilice de todos los detalles que son necesarios para que la actividad funcione, que modere las sesiones y demás, pero perfectamente puede ser una figura rotatoria, que vaya cambiando en cada sesión.

Ya hemos definido lo que es un club. Lo complicado viene después, porque hay personas que dan nombres distintos (tertulias literarias, clubes de lectores, grupos de lectura) a lo que es básicamente lo mismo, mientras que hay quien llama club de lectura a algo (lecturas en voz alta, grupos de conversación, etc.) que no tienen nada que ver. Y las cosas se complican cuando acercamos un poco más el foco. Los clubes de lectura en Internet y los que proliferan en medios de comunicación (prensa, radio y televisión) tienen unas características especiales que los hacen semejantes en parte y en parte diferentes a los clubes convencionales. ¿Podemos hablar de club de lectura si el grupo no es estable y su composición cambia de sesión en sesión? Depende. ¿Y si no hay periodicidad? Existen asociaciones que organizan esporádicamente una sesión de comentario de un libro por parte de un grupo, ¿es eso un club de lectura? También depende.

Respecto al número de personas que los componen, los grupos pueden ser muy variados. En el libro que Thomas de Quincey dedica a los últimos días de Kant, recoge la opinión del filósofo de que el número de contertulios en una buena conversación tenía que ser superior al de las gracias e inferior al de las musas. En el caso de los clubes suele ser bastante más amplio, pero en general no superan el número de veinte. Y suelen ser grupos variados, con hombres y mujeres y personas de distintas edades, aunque esto no siempre es así (la edad es más homogénea en un club de lectura de universitarios, por ejemplo, o en uno de jubilados). Y si nos fijamos en los libros que deciden leer, ahí nos encontramos de todo (clubes generalistas, especializados en todo tipo de temáticas y géneros literarios). Los hay que se reúnen en espacios públicos (bibliotecas, casas de cultura, institutos…) y privados (cafeterías, restaurantes, librerías, domicilios particulares), que hacen las lecturas y las tertulias en diferentes idiomas, existen clubes de lectura fácil para personas con dificultades. En fin, que es un fenómeno diverso y complejo.

¿Cuándo y por qué surgen estos clubes?
A estas alturas parece claro que surgen en Estados Unidos en un primer momento relacionados con ciertas prácticas introducidas por los primeros colonos que se reunían para discutir pasajes de la Biblia. A lo largo del siglo XIX se van extendiendo entre capas de población cada vez más alejadas de esa motivación religiosa. Estos primeros clubes tenían en común la presencia muy mayoritaria de mujeres, que veían en ellos la posibilidad de acceder a una formación que las instituciones académicas les vetaban. Está documentado que en la segunda mitad del siglo XIX existen infinidad de esos grupos distribuidos por todo el país, algunos con mucha actividad. En Europa podemos rastrear algunos antecedentes en academias, salones, sociedades literarias, ateneos y tertulias de café, pero los clubes de lectura como tales no aparecen hasta mediados de la década de los ochenta del siglo pasado, y lo hacen fundamentalmente en bibliotecas públicas.

¿Cómo funcionan? ¿Qué actividades se llevan a cabo en ellos?
Como es lógico la actividad que da sentido a los clubes es la tertulia. Es la única que no puede faltar y la que vertebra todo lo demás. Es cierto que las dinámicas son muy diferentes en cada grupo. Unos son muy participativos y otros funcionan casi como seminarios, con un coordinador que es casi una figura tutelar, con una autoridad reconocida por todos los miembros. Hay grupos muy protocolarios donde se guarda un estricto orden en el uso de la palabra, por ejemplo, y otros que son anárquicos y vehementes…Es difícil en ese sentido decir cómo funcionan…Lo que casi todos ellos tienen en común es que como complemento a las tertulias se organizan un sinfín de actividades que enriquecen enormemente la vida de estos grupos. Esto no es nuevo en absoluto. Ya algunos de esos clubes que existían en el siglo XIX hacían degustaciones o una vez al año se disfrazaban como los personajes de las novelas de Dickens, por ejemplo, para tener una tertulia especial.

En la actualidad las actividades más frecuentes son la presencia de los autores de las novelas que se leen y comentan. Y en general la presencia de invitados en el grupo, que pueden ser traductores, editores, expertos o a veces sencillamente personas conocidas en la comunidad. También es normal recurrir a otras expresiones artísticas: ver películas o representaciones teatrales basadas en la novela que se ha leído, ver exposiciones (si la novela tiene que ver con las artes plásticas), escuchar conciertos de música. Se hacen catas de vino, se organizan excursiones y viajes para ver in situ los escenarios donde transcurre la novela o la ciudad donde vivió el autor. Se programan recitales poético-musicales, lecturas dramatizadas, se recurre a videoconferencias para tener tertulias conjuntas con grupos de otros países, y últimamente lo que han proliferado muchísimo son los encuentros anuales para todos los clubes de lecturas de una comunidad autónoma, que pueden reunir en una jornada a varios cientos de personas…

¿Qué pasos debe seguir alguien que quiera organizar un club de lectura?
Alguien que quiera organizar un club de lectura lo primero que debería hacer es asistir a uno (seguro que hay uno cerca de donde vive) y observar. Puede expresarle al coordinador sus intenciones y pedirle consejo, pero es importante que vea con sus propios ojos cómo funciona. Con dos sesiones se dará cuenta de qué se puede esperar y cómo podría mejorar eso que está viendo. El segundo paso (en mi opinión) sería que estudie lo que hacen los clubes más activos. Existen numerosos blogs y páginas web que dan cuenta detallada de todas las actividades y recomendaciones. Ahora mismo Internet es un vivero de ideas. Y en tercer lugar definir dónde, cuándo y cómo lo va a hacer y a qué perfil de gente quiere atraer. Es importante tener todo esto previsto, y por supuesto no es lo mismo si se trata de un bibliotecario que quiere ponerlo en marcha en su biblioteca que si es alguien que quiere proponérselo a su círculo de amistades.

¿Cuál es el papel del coordinador?
Después de años coordinando clubes de lectura, mi único consejo es que se debe hacer con sentido común y mano izquierda. Ha de tener en mente siempre que todos los miembros del grupo se deben sentir cómodos y valorados. Creo que ese es su principal papel. Su participación en la tertulia, presentando el libro, por ejemplo, o distribuyendo el turno de palabra, es algo que debe prever, pero no es esencial. Haría bien en llevar preparado un buen guión y una batería de preguntas para lanzar al grupo si la tertulia decae, pero en general creo que sigue estando vigente aquello que decía en el siglo XVIII Madame Necker: “El gobierno de una conversación se parece mucho al de un Estado; hay que conseguir que apenas se note la autoridad que la guía. El estadista y el coordinador no deben entrometerse nunca en las cosas que funcionan solas, pero sí deben ir solucionando los problemas y los inconvenientes que surgen en el camino, quitar los obstáculos, reavivar el intercambio de ideas en los momentos de cansancio. Un coordinador ha de impedir que la conversación se vuelva aburrida, desagradable o peligrosa; y debe en cambio abstenerse de cualquier injerencia mientras el impulso inicial sea suficiente y no necesite ser renovado. Acelerar demasiado supone un estorbo”. Ella, claro está, no hablaba de “coordinador”, sino de “anfitriona”, porque se lo decía a una de esas grandes damas que tenían su propio salón, pero en esencia es lo mismo.

¿Cómo se seleccionan las lecturas para que resulten interesantes y promuevan discusiones fructíferas?
Esa es la pegunta del millón. Yo creo que un club de lectura es un organismo con vida propia y la riqueza de las discusiones y los debates muchas veces tiene más relación con los ciclos del propio club que con las lecturas. Esa es al menos mi impresión. Durante la primera etapa, cuando los miembros del grupo se están conociendo y descubriendo sus formas de pensar y argumentar, sorprendiéndose con los prejuicios y creencias de cada uno y cada una, cuando aún se busca seducir, impresionar y ser brillante, en esa etapa cualquier lectura propicia tertulias riquísimas. La gente continúa hablando en la calle, se van a tomar algo a un bar para seguir con la conversación… Con el tiempo, sin embargo, si los grupos no se renuevan o no reciben nuevos estímulos, incluso los temas más polémicos (novelas sobre la guerra civil, el Holocausto, el terrorismo, la violencia de género…) pueden no despertar apenas pasiones. En fin, me temo que tampoco en esto existen las fórmulas. Se trata más bien de saber detectar los primeros síntomas de cansancio y combatirlo, esa es la clave del éxito.

La voz de los protagonistas (Belén Galindo)

Editorial Trea

Editorial Trea

¿Qué lleva a un lector a apuntarse a uno de estos clubes?
Muchas veces es la intención de compartir con otros lectores impresiones sobre un mismo libro. Hay un vínculo especial entre las personas que comparten lectura y posteriormente ponen en común lo leído y el poso que ha dejado el libro. Se establece un tipo de conexión que multiplica los efectos del libro, las emociones, las sensaciones que dejó la lectura, al compartirlo con otros que transitaron las mismas páginas.

Otras veces, la motivación tiene que ver con las ganas de conocer a otros lectores o personas con gustos comunes, con el interés por ampliar conocimientos tras una lectura, el gusto por vivenciar la experiencia de la lectura desde un ángulo plural o incluso la intención de leer más al hacerlo de una forma predeterminada y con otros lectores.

¿Qué aspectos hacen que un club de lectura tenga éxito?
Pienso que es fundamental saber elegir bien las lecturas y también es importante, para la persona que coordina el club, tener la capacidad de acompañar a los lectores sin imponer un criterio ni dirigir en exceso la tertulia, pero sabiendo aderezar el interés que pueda generar el libro y avivar la participación de los asistentes al encuentro.

Si, además de esto, se consigue que el clima entre los asistentes sea respetuoso, se genere interés por escuchar a los otros y se da incluso un vínculo próximo a la amistad, el éxito está asegurado porque el club de lectura se convierte en algo mucho más rico desde todos los aspectos. Mucho más que una actividad en torno a la lectura, se convierte en un vínculo de cercanía y cordialidad alrededor del libro.

¿Puedes contarnos alguna experiencia concreta de funcionamiento de un club de lectura que te parezca especialmente interesante o conmovedora por alguna razón?
En mi experiencia de más de cinco años al frente del Club de Lectura de Diario de Navarra, el primer club de lectura de España propiciado por un periódico, recuerdo un lector de Navarra que nos seguía y acompañaba en todas las lecturas a través de la página web. Llevaba más de 30 años viviendo en Argentina y estaba enfermo, por lo que no podía salir de casa, pero seguía muy de cerca la actividad cultural de Navarra a través de la edición digital del periódico. Así había sabido del club de lectura de Diario de Navarra y seguía las lecturas, participaba y agradecía enormemente poder leer a la vez que otros lectores navarros un mismo libro, compartir impresiones con ellos y leer las suyas en la web, y todo ello saltando por encima de las barreras espacio-temporales que podían haberle limitado por encontrarse en el extranjero.

Natalia González de la Llana Fernández (Madrid, 1975) es Licenciada en Teoría de la Literatura y se dedica a la investigación en la universidad de Aquisgrán (Alemania)

 

Etiquetas: Belén Galindo Lizaldre, clubes de lectura, Jesús Arana Palacios, Leer y conversar, tertulia literaria

Sobre el autor

Natalia González de la Llana

Natalia González de la Llana Fernández (Madrid, 1975) es Licenciada en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada por la Univ. Complutense, donde obtuvo el Doctorado Europeo. Posee, entre otros posgrados, el Máster en Libros y Literatura para Niños y Jóvenes (UAB) y el Máster en Escritura de Guión para Cine y TV (UAB) . Se dedica a la enseñanza y la investigación en el Dpto. de Románicas de la Univ. de Aquisgrán (Alemania). Además, dirige talleres de escritura creativa y ha publicado la obra de teatro "Dios en la niebla" (2013). Es autora de “Un esqueleto en el escritorio”, Premio RdL al mejor blog internacional 2011.

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