Revista de Letras

Javier Avilés: «“Constatación brutal del presente” es fruto de una contradicción: no se puede narrar pero se narra»

Javier Avilés y yo comimos juntos un sábado. Los balbuceos allí iniciados fueron reconvertidos en esto gracias a una serie de asaltos de boxeo realizados por correo electrónico.

Javier Avilés (Foto © Alan Smithee)

Parece que lo postapocalíptico está de moda, tanto en literatura (con The road como referente casi ineludible) como en cine. ¿Qué opinas de ese auge? ¿Por qué te interesa especialmente este tema? ¿Por qué decidiste trabajarlo y como lograste ese enfoque tan singular?

El “postapocalipsis” funciona como el western o el chambara, un escenario narrativo libre de las ataduras sociales y las restricciones morales. A eso hay que sumarle el pesimismo generalizado propio de las épocas de crisis que tiende a ver un futuro aún más nefasto. Pero no creo que se trate de un auge actual. Tenemos buenos ejemplos desde finales del XIX en literatura y luego en cine. Quizás últimamente se acepte más la hibridación de géneros narrativos. Antes, en narrativa, lo postapocalíptico parecía condenado a la serie B de la ciencia-ficción y el pulp.

No he leído The road, he visto la película y no me gustó ese final esperanzador. Pero creo que quienes dieron entrada a la ciencia-ficción en la narrativa considerada “seria” fueron Nabokov, en Ada o el ardor (Terra-Antiterra son dos universos paralelos dispuestos a colapsarse, como en Fringe) y Thomas Pynchon en El arco iris de gravedad. Incluso Salman Rushdie introduce una trama de ciencia-ficción en Furia. Mi interés personal en el tema funciona en contraposición a la realidad, o en mi incapacidad en describir los actos cotidianos de la realidad, o en mi falta de interés en describirlos.

¿Cuál era tu idea para la estructura y como la trabajaste? Me parece interesante el tema de los hilos internos, de los referentes desplazados que reaparecen: una cierta idea de red textual, de cabos que se atan.

Tenía claro que debía ser en tres partes diferenciadas en el tiempo con el Fin/apocalipsis como eje. Pero se fueron construyendo de forma inversa, es decir primero escribí CBDP, y después Sección 9 que de alguna manera se simultaneó con Sigma Fake. Creo que ese orden aparece en el texto como una especie de broma privada, ya que es contrario a como se dispone en el texto definitivo.

¿Qué referentes de géneros como el fantástico, el terror o la ciencia ficción te han inspirado? En el libro se citan algunos clásicos  (Kubrick, Lynch), pero creo que la idea del koala procede una ignota película de serie Z… ¿Cuál es tu particular visión del género?

David Lynch sobre todo. Es capaz de enfocar la cámara a un pasillo vacío y oscuro y hacer que te estremezcas. Kubrick firmó la más elaborada y minuciosa película de terror empleando trampas visuales imposibles de detectar en un primer visionado. Lo que me gusta de ellos, y he intentado imitar, es la capacidad de sugerir sin mostrar, de provocar inquietud de forma no perceptible. Luego está Blade Runner, claro. Las ideas de Dick en torno a la percepción de la realidad me parece una de las aportaciones más importantes al pensamiento de finales del siglo XX. Me refiero a cómo Dick las popularizó.

También me gustaría mencionar a Shinja Tsukamoto y su peculiar film Haze. Muchas imágenes claustrofóbicas del texto, salen de ahí. En general el cine japonés, el buen cine japonés, me gusta por su capacidad de asombrar a pesar de su ritmo lento.

En cuanto al koala… bueno, es un poco absurdo, pero estoy obsesionado por la cantidad de conejos gigantes que aparecen en las películas estadounidenses. Debe ser alguna especie de trauma que tiene por allí. Desde Harvey a Donnie Darko, sin olvidar los Rabbits de Lynch. Por eso hice una especie de encuesta en el blog sobre si el personaje debería ir vestido de conejo o de koala (otro animal con una inverosímil aureola siniestra). Ganó el koala. Después, buscando fotos, descubrí que había una película japonesa llamada Executive Koala protagonizada por un koala (gigante) oficinista cuyo jefe es un conejo (gigante), ambos trajeados. Pero no vi la película hasta este verano pasado. Espantosa. Delirantemente espantosa.

Foto: Inga Pellisa

En CBDP extiendes la negatividad a todos los planos de la narración: el argumental (apocalipsis), el temático/discursivo (realidad y escritura como fraudes, imposibilidad de la narración, el sentido o la comunicación), el formal (autonegación de la escritura)… ¿Qué te lleva a este discurso?

Teniendo en cuenta que en un contexto estadístico la combinación de todos los signos alfabéticos pueden producir todos los textos posibles, ¿qué sentido tiene escribir? Pienso en la biblioteca borgiana y también en un grupo de monos tecleando ante un procesador de textos. Escribir es un fraude ya que todo está dicho o todo puede decirse o todo texto es igualmente probable. Queda sólo la vanidad del autor. Incluso tras el apocalipsis, cuando ya no existan lectores, todos los textos serán igual de probables. Es como si tuviesen una existencia independiente en una realidad estadística en la que no son precisos ni autor ni lector. Quería llevar la narración a esas condiciones en las que, consecuentemente, no solo no son precisos ni autor ni lector, sino que ni tan siquiera la misma narración lo es. Todo es una impostura. Pero la mayor de todas es que no se cumplen ninguna de esas condiciones, ya que existe un autor y posibles lectores.

En relación con esto, y por lo que respecta al plano más textual, Constatación brutal del presente niega la posibilidad de narrar, pero narra al fin; niega la posibilidad de la poesía, pero adopta un estilo muy cercano a ella… Todo el texto parece surgir de esta serie de contradicciones generatrices, de una tensión entre las posibilidades y su negación, dando lugar a una estructura “desestructurada” o “deconstruida”. ¿Cómo trabajaste esto? ¿En qué se resuelve esta tensión?

Supongo que el resultado final es fruto de la contradicción. No se puede narrar pero se narra. Es un relato en primera persona pero no hay nadie que pueda leerlo más que quien lo escribe. Es posible que quien escribe el texto no pueda físicamente escribir. Siempre hay una especie de acuerdo tácito entre el narrador y el lector que implica que éste crea lo que le están contando. Intentaba llevarlo un poco más lejos, ya que quien escribe algunos pasajes de CBDP no necesita ese acuerdo. Pero tampoco puedes llevarlo mucho más allá sin caer en el solipsismo o en la ilegibilidad. De lo que se deduce que el narrador sabe que alguien le leerá, aunque en su realidad eso sea poco probable. Intenté mantenerme al margen, pero creo que no lo conseguí del todo. Tanta tensión se resuelve de forma desastrosa. Me refiero al apocalipsis.

En las reflexiones sobre el agotamiento de la escritura es perceptible la presencia de Enrique Vila-Matas, uno de tus grandes valedores. ¿Cuál es su influencia real sobre tu texto? ¿Cuál crees que puedes haber tenido sobre los suyos últimos, como afirma el propio autor en la contra de tu libro?

La verdad es que el texto le debe mucho a Enrique Vila-Matas. Sin el impulso que me dio alojando en su web el relato Constatación Brutal del Presente antes de que formase parte del texto definitivo no creo que me hubiese atrevido a construir un artificio en torno al relato y a algunas de las reflexiones que he ido dejando en el blog estos últimos años. Algunas de estas reseñas llamaron la atención de Vila-Matas y se inició una relación entre nosotros, pero sin llegar a conocernos nunca. Como dice él en la contraportada no creo que lleguemos a vernos nunca.

Yo me siento como en casa con los libros de Vila-Matas, sobre todo desde Exploradores del abismo donde ya se había iniciado cierta relación en base a comentarios en el blog. Dublinesca me resultó familiar y cercana, una sensación muy agradable que no había tenido nunca con otra novela. Supongo que compartimos inquietudes en torno a la literatura. El otro día comentaba Vila-Matas en un artículo que hay autores que escriben hoy en día como si toda la literatura desde Madame Bovary hubiese sido abolida. En eso coincidimos plenamente, lo podría haber escrito yo.

No era mi intención ser vilamatiano. Pero en lo que se refiere al tema de las mentiras en literatura en CBDP, tenemos la reacción de Goethe, descrita por él mismo en Viaje a Italia, al encontrarse con la familia de Cagliostro, o la necesidad de redención de Cervantes, que a través de la religiosidad expuesta en Los trabajos de Persiles y Sigismunda, trata de librarse de las sospechas de descender de judíos. Y en ese sentido, supongo que sí, la influencia de Vila-Matas es clara en cuanto a introducir dentro de una trama reflexiones sobre literatura. De hecho cuando escribo no puedo liberarme de la sensación de estar haciéndolo. Así que trasplanto esa sensación a uno de los personajes, lo cual hace las cosas más complicadas. Pero el hecho de escribir está siempre ahí, como el hecho de leer. Cuando uno ha leído bastante puede darse cuenta que todo, y me refiero a Todo, está ya escrito. Es posible que con La Ilíada ya se agotase la narrativa. Pero seguimos haciéndolo. Pero no podemos hacerlo obviando el resto de la literatura. Así que escribir es un acto que se retroalimenta continuamente de sí mismo y que se alimenta de todo lo que he leído y visto. La “realidad” no me interesa. Entonces, sí, supongo que soy vilamatiano.

Foto: Javier Avilés

Como el propio Vila-Matas tu novela parece muy influida por el primer modernismo europeo: desde Beckett (la negación, el discurso contradictorio que se desmonta a sí mismo –llovía; no llovía-) hasta Joyce (el monólogo, el trabajo sobre el lenguaje) pasando por Kafka (los oficinistas extraños y perplejos de Sección 9). ¿Qué peso tienen estos autores sobre ti, qué opinas de su obra y su papel en la tradición?

Es lo que comentaba en la pregunta anterior. Creo que no se puede escribir hoy sin reconocer la deuda literaria que tenemos con Kafka, Joyce, Faulkner, Beckett y Nabokov. Claro que no sé si es muy elegante hacer un refrito con ellos, lanzar el texto al mundo y quedarse tan ancho. Yo reconozco mi deuda pero también que no les llego ni a la suela del zapato… esta pregunta me hace replantearme muchas cosas que creía olvidadas. Siempre he pensado que lo mejor, lo más sensato, era no escribir. ¿Por qué lo hago ahora y por qué con esos referentes inalcanzables? Otra contradicción más. Porque reconocer tus limitaciones y exigirte unos baremos inalcanzables debería conducirte inexorablemente al silencio, a la no-escritura. Y había logrado mantenerme firme en ese sentido ayudado por mi pereza.

El texto surgió parcialmente de El lamento de Portnoy, tu blog. Hay una clara influencia de la red sobre él, como tú mismo reconoces. ¿Crees que este nuevo medio influye sobre los ritmos y modos de escritura? ¿Cómo crees que afecta al periodismo, a la crítica, la explosión de Internet? Con la ausencia de mediadores (editores,…) se democratiza ese campo, con sus ventajas e inconvenientes, y se redefine la noción de autoridad,.. Tu blog, por ejemplo, se ha convertido en una…

… no sé bien en que se ha convertido. Me asusta, en serio. Con este tema cualquier cosa que diga va a sonar a falsa modestia o a hipocresía. Pero el blog era una distracción, un pasatiempo. Ahora se ha convertido en un monstruo del que salen novelas.

Debemos tener cuidado con el tema de Internet. Quizás estamos sobrevalorando su importancia. No como arma de comunicación y conocimiento. Más bien a que en cierta manera, aquellos que rondamos blogs literarios, que en las redes sociales compartimos información con otros escritores, no nos estemos dando cuenta que el medio crea parcelas endogámicas. Decían por ahí que los libros de poesía sólo los leen los poetas. ¿Y la narrativa? Tal vez sea interesante como fuente de información adicional que se oponga, o complemente, a los medios clásicos que están, en algunas ocasiones vergonzosamente, supeditados a los intereses económicos de grandes grupos empresariales. Pero tengo mis reparos.

Tu apuesta es arriesgada y concluyente: puede leerse como una toma de partido que implica el riesgo de acabar en un callejón de salida ya desde tu debut. Después de esta obra, ¿cómo salir de ahí, como seguir adelante evitando el fracaso o el enclaustramiento en un perpetuo nihilismo? ¿Estás trabajando ya en algún nuevo camino?

Eso me pregunto. Cómo salir. ¿Convertirme en un bartleby? No lo descarto. ¿Repetirme? No me gustaría. Supongo que encontraré nuevas contradicciones. O no. Sí, tengo un proyecto que impone tantas restricciones narrativas que parece imposible. Seguramente lo sea.

Marc García García

Etiquetas: Constatación brutal del presente, Javier Avilés, Libros del Silencio

Sobre el autor

Marc García García

Marc García García (Barcelona, 1986). Licenciado en Humanidades por la UPF y en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada por la UB. Es traductor y coeditor de la web cultural "MAMAJUANA!", de próxima aparición. Colabora habitualmente en medios como "Quimera" o "Hermano Cerdo". Es el mayor experto muerto en la obra del poeta Unai Velasco.

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