Revista de Letras

Jordi Solé recupera a Buffalo Bill de visita en la Barcelona de finales del XIX

27 octubre 2011 Entrevistas

A muchos les podrá parecer una fantasía más, fruto de esas modas en las que personajes históricos, reales o ficticios, se convierten en protagonistas de intrigas ambientadas en Barcelona. Pero El revolver de Buffalo Bill (Barcelona Far West en catalán, ambas publicadas por Ediciones Pàmies), la nueva novela de Jordi Solé, está basada en hechos reales.

Efectivamente, William Cody, más conocido como Buffalo Bill, estuvo en Barcelona en las navidades de 1889 con su espectáculo de circo Buffalo Bill’s Wild West. De lo que aconteció durante el mes que estuvo en Barcelona y de ciertos detalles poco claros, se ha servido Solé para crear una novela en la que, por supuesto, se arriesga involucrando a personajes clave de la sociedad catalana de aquellos tiempos y creando una trama de misterio que llevará a Buffalo Bill a colaborar con un periodista del Diari de Barcelona para resolver una misteriosa desaparición.

Te has embarcado en novelar una historia que, sorprendentemente, no ha sido muy difundida. A mucha gente a la que se lo he comentado, no tenían ni idea de las actuaciones del circo de Buffalo Bill en Barcelona.

Sí, se trata de algo poco conocido, ese fue uno de los motivos que me impulsaron a escribir el libro. Otro es mi pasión por el western. El germen de todo esto se produce cuando estaba navegando en internet buscando información para mi anterior novela. Me encontré, no recuerdo cómo, con varias historias apócrifas. Una de ellas era la que surgió cuando el circo de Buffalo Bill estuvo instalado en Barcelona. Dicen que desaparecieron varias niñas y acusaron a los indios de secuestrarlas para comérselas. Consideré que podía ser un buen punto de partida para una novela en la que el mítico héroe demostrara la inocencia de los indios. Finalmente abandoné esa idea y me centré en el secuestro de la hija secreta de Caballo Loco, basándome en un personaje real.

A veces entremezclar hechos reales con ficción y, a la vez, procurar dejar al margen los bulos que circulan, resulta complejo…

Siempre me preocupó ser fiel a la realidad. Si te adaptas a la ficción, predomina la irrealidad y la información que se ofrece no tiene una base documental. No quería inventarme nada y preferí hacer una adaptación de la realidad jugando con la trama. Además de la intriga que, evidentemente, es la ficción novelada, la única licencia que me he permitido en cuanto a los hechos históricos  ha sido la de adelantar en tres días una parte de lo sucedido, debido a la gripe que asoló Barcelona. Fueron tres días en los que no sucede nada y no tenía sentido generar esa laguna, así que repartí los acontecimientos para que el relato no decayera.

Jordi Solé (Foto © Lidia Carbonell)

Es curioso que a través de una novela, se ofrezca la oportunidad de reparar graves errores o hechos que jamás ocurrieron y que han permanecido en la memoria, como es el caso.

Cierto. Inicio el libro con un extracto de un libro de Josep Maria Huertas Claveria, gran periodista al que respeto, en el que ofrecía una serie de inexactitudes, algo que me resultó cuanto menos sorprendente, ya que se entiende que no hubo un trabajo de documentación previo en lo que escribió. En él dice que el espectáculo fue un fracaso, cuando, en realidad, a las funciones del primer día asistieron siete mil personas. Sí, hubo días en los que se tuvo que suspender a causa de la lluvia o por el aviso a la población para que no salieran de sus casas debido a la epidemia de gripe, pero cuando hubo función la asistencia fue importante. También hubo cierta decepción por el show, pero había números, como el de la diligencia, que entusiasmaron a la gente. Y tampoco es cierto que algunos miembros de la compañía murieran en Barcelona y estén enterrados en Montjuïc. Corre también la leyenda de que a Buffalo Bill le sacaron una muela y la mantuvieron expuesta en el Hospital de la Santa Creu, en la actualidad de Sant Pau, hasta que alguien la robó.

¡!

Creo que esa historia surgió de alguna ilustración de Pilarín Bayés…

Recuerdo algo así, ahora que lo mencionas.

He incluido el episodio en la novela, porque podía ser factible.

Imagino que la presencia de los indios en la ciudad debió causar impacto entre la población.

Y de ahí todas esas historias sobre las niñas desaparecidas. Pero no olvidemos que el propio circo los vendía con la imagen de peligrosos, cuando en realidad eran muy educados. Paseaban por las Ramblas, compraban ropa en la sastrería Modelo y hacían shopping como cualquier otro turista. Ya puedes imaginar la expectación que se generaba alrededor de ellos.

Precisamente otro de los alicientes de la novela es esa descripción detallada de la Barcelona del momento que, en primera instancia, vemos a través de los ojos de John Burke, el agente de prensa de William Cody.

Sí, un personaje importante. Burke era un responsable de marketing modélico. Preparó la visita del circo un tiempo antes, se entrevistó con los responsables del hipódromo, con arquitectos municipales, los propios miembros del circo se encargaron de la limpieza posterior cuando lo desmontaron y, además, dejaron una suma de dinero al marcharse. Barcelona estaba preparada para grandes atracciones de este tipo. Un año antes (1888) se había celebrado la Exposición Universal y, con ese motivo, instalaron un gran mural en la Pl. de Catalunya reproduciendo la batalla de Waterloo.

Narras cómo era el espectáculo, algo que puede despertar la curiosidad, porque no se trataba de un circo al uso.

Se trataba de un espectáculo sobre el Oeste americano y todos los números estaban relacionados con ello. Una de las fuentes que me ayudo a reconstruir la estructura y los diferentes episodios incluidos como atracciones, fue la biografía de la tiradora Annie Oakley, que formaba parte de la troupe que visitó Barcelona. Fue una de las que padeció la gripe.

Tampoco has dejado fuera las historias amorosas de Buffalo Bill.

Bueno, piensa que era el Brad Pitt de la época, era normal que allá donde fuera tuviera admiradoras. Por supuesto, se le podría relacionar con personajes clásicos de aquellos tiempos, como la Bella Dorita, pero quise aprovechar el hecho de que, y esto está documentado, se instalara en el mismo Hotel Cuatro Naciones en el que se hospedaban la soprano Marie Van Zandt y la medium Anna Eva Fay, quienes también actuaban en Barcelona. No veo tan disparatado que pudiera mantener una relación con ellas, en especial con Van Zandt, que tenía fama de alcohólica y a vuelta de todo.

Involucras en la historia a Pol Vidal, un joven periodista de ficción encargado de entrevistar a Buffalo Bill, lo que también te ha hecho trabajar en el tipo de prensa que se hacía entonces.

Vidal es un buen ejemplo de “en casa del herrero, cuchara de palo”. Es el héroe de la historia con el que debemos empatizar. Tanto cuando aparece siendo ya anciano como en su etapa joven, se le ve inútil pero suficientemente listo. Y respecto al trabajo en un periódico de la época, he tenido que jugar con el anacronismo de la redacción del Diari de Barcelona, que describo tal y como sería cincuenta años más tarde. En realidad, la instalación del Diari en aquella época era una mesa con ocho tíos escribiendo, lo que no resulta nada literario. Cuando me documenté en el Col.legi de Periodistes, vi que debía adelantarme en el tiempo para mostrar una redacción más acorde a lo que era en los años cuarenta.

Volviendo a Burke, además de agente de prensa, es el gran amigo de Cody…

En realidad, es responsable de parte de la creación del personaje de Buffalo Bill. Fue el primero que envió un telegrama cuando supo que estaba enfermo y el primero que lamentó su muerte. Y a pesar de que Cody era un divo insoportable, Burke siempre le trató con cariño. Como pareja de negocios, eran inseparables. Físicamente, si Buffalo Bill es Brad Pitt, Burke siempre me lo he imaginado como el actor Héctor Elizondo, el director de hotel en Pretty Woman… Un tipo que transmite buen rollo.

Y siempre permaneciendo en la sombra de una personalidad que, en realidad, era una ficción.

William Cody era un chico de pueblo que hizo algunas proezas en su juventud. Debe su fama a su habilidad para cazar bisontes, pero también fue condecorado con la Medalla del Congreso. Finalmente, Cody fue absorbido por su propio personaje. Y lo tuvo que asumir, ya que de él dependía todo el circo, más de cuatrocientas personas, con todas sus consecuencias. Cuando te conviertes en protagonista de 1100 novelas, tienes que aceptar que habrán 1100 mentiras sobre ti. Me interesaba mostrar esa compleja dualidad entre el hombre y el personaje. Y Burke me sirve de apoyo para eso.

En la vertiente histórica, aparecen algunos personajes ejerciendo de estrellas invitadas.

Sí, aunque también invento otros, como McCoy, el médico, cuyo nombre adopté del protagonista de La huida de Sam Peckinpah. Cuando alguien tan importante visita una ciudad, es normal que las personas más relevantes de diferentes ámbitos vayan a verle o se organicen eventos en los que coincidan. Cody era muy faldillero. ¿Por qué no iba a ser posible que se encontrara con Santiago Rusiñol, que era un habitual cliente de las casas de citas?. Y me pareció acertado que grandes de la época como Issac Peral, Lluís Millet o Gaudí, quien es salvado por Buffalo Bill de ser atropellado por un tranvía, estén presentes en la novela.

¿Cuál es tu método de trabajo, teniendo en cuenta que debes recopilar mucha información previa?

Escribo como me han enseñado. No puedo comenzar sin saber qué va a pasar, necesito un comienzo y un final. A partir de aquí, trabajo vistiendo la escaleta que me sirve de estructura y voy haciendo cambios. Esos son los pilares sobre los que voy desarrollando la historia. Y siempre procuro escribir seis horas diarias. Cuando solo puedo estar una hora, prefiero no empezar.

En tu primera novela, Hijo de dioses, te adentraste en la antigua Roma a través de Cesarión. Ahora, te has acercado a épocas más recientes. ¿Qué estás preparando para el futuro?

Vuelvo a retomar a los personajes de Hijos de dioses para una segunda parte. Aunque se podría considerar que la historia está pensada como trilogía, en realidad es una serie con tres partes fijadas. El segundo volumen se titula La isla de las brumas y el tercero será La conspiración de Tarraco.

José A. Muñoz

Etiquetas: Annie Oakley, Barcelona Far West, Buffalo Bill, Ediciones Pàmies, El revolver de Buffalo Bill, John Burke, Jordi Solé, William Cody

Sobre el autor

José A. Muñoz

José A. Muñoz (Badalona, 1970), periodista cultural. Licenciado en Ciencias de la Información, ha colaborado en varias emisoras de radio locales, realizando programas de cine y magazines culturales y literarios. Ha sido Jefe de Comunicación de Casa del Llibre y de diversas editoriales.

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5 Comentarios

  1. manel 6 noviembre 2011 at 20:55

    A Bufalo Bill lo vio mi abuelo en Barcelona. Hay una anécdota de su compra de botella de guisqui en la Rambla de Barcelona,no dejó que el dependiente cogiera una escalera para cogerla de la estanteria,él llegó perfectamente sin ella. Eso es una anécdota auténtica de mi familia. Saludos.

  2. Ma. Carmen 15 octubre 2012 at 21:46

    Donde pernoctó Bufalo Bill en Barcelona?

  3. José A. Muñoz
    José A. Muñoz 16 octubre 2012 at 8:33

    Saludos. Tal y como explica Jordi en la entrevista, se alojó en el Hotel Cuatro Naciones.

  4. Medir 16 octubre 2012 at 9:01

    Hotel 4 Naciones segun Jordi Sole.

  5. sagitario 3 abril 2014 at 21:54

    me encanta el mundo del salvaje oeste.ENHORABUENA POR TU NOVELA. el libro quepublicó Jordi Marill AQUELL HIVERN lo he leído mucho sobre la vida de los indios, sobre todo los sioux veces y tengo varios libros que documentan su vida y su comportamiento ejemplar en familia. QUE LASTIMA QUE EL HOMBRE BLANCO MASACRE A RAZAS EJEMPLARES.ES CICLICO….que pena.

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