Revista de Letras

José Carlos Carmona

16 octubre 2008 Entrevistas

“Entiendo la postmodernidad como una desorientación más profunda debida a la aceptación colectiva de que la razón no es un mecanismo infalible para comprender el mundo y la realidad, lo que nos lleva a no tener certeza sobre la verdad.” Entrevistamos a José Carlos Carmona, autor de Sabor a Chocolate.

Dice de Sabor a Chocolate que está basado en hechos reales, ¿cómo surge la idea?

Realmente es un juego literario: ¿por qué cambia la percepción de una obra que por todas partes grita que es una novela cuando de pronto se puede leer entre sus palabras inventadas “Basada en hechos reales”? Me interesa esa percepción entre literaria y psicológica de lo que sea una novela para los lectores. Queremos jugar con las emociones y con la racionalidad e inventamos palabras “Eleanor Trap bajó de un avión…” y también “Basada en hechos reales”. Yo podría no llamarme José Carlos Carmona y no tener el currículum que ahí aparece escrito. O sí pero soy mil cosas más, y por lo tanto inaprensible. No obstante, todos los lectores han percibido los hechos reales en los hechos históricos que, sí, me sirvieron de hilo conductor. Pero “Sabor a chocolate” no es la verdadera historia del joven Giuliani (pero podría haberlo sido y eso es lo importante).

Dos guerras mundiales son el telón de fondo que escoge para retratar la vida de unos personajes en su anhelo por ser felices. No es una novela sobre la guerra, sino sobre personas que intentan ser felices en dicho escenario. ¿Cree que es el mejor escenario para hablar de cuestiones que desde entonces nos acompañan como la escisión del sujeto contemporáneo?

“La escisión del sujeto contemporáneo”… Interesante. Debo aclarar que soy amigo de la Asunción de la perplejidad y de la pérdida. Creo que es la manera más sana de vivir: sabiendo que no sabemos nada (metafísicamente, al menos) y asumiéndolo. Y creo en la teoría del juego: “la vida es un juego. Y sólo eso”. Una vez dicho esto, cuando veo al sujeto actuando como escindido pienso que se inventa su papel para jugar a sentirse escindido pero la verdad es que todos estamos perdidos (incluso los que creen que tienen la verdad). Pero después del juego y de esta cierta nada que es nuestro todo, está el sufrimiento real de mucha gente y de ese pienso que sí hay un culpable que es nuestro sistema económico mundial (aunque también juegan: pero juegan con la vida de los demás y eso me parece peor). Pero si lo piensas en mi novela verás que mi posición de partida es exactamente la contraria: es la cobarde, la que quiere asirse a una realidad inmutable: por Suiza no pasó ninguna guerra y por lo tanto es cómoda para el escritor que ve cómo todo ocurre a su alrededor. Aunque en cualquier entorno es verdad que la gente intenta ser feliz pero para ello ¡hace una de tonterías…!

El ritmo de la novela es trepidante, con párrafos y capítulos cortos, ¿Por qué elige esta forma de escritura?

Primero porque me gustó en Seda y en El árbol de la ciencia de Baroja, y en Todas las mañanas del mundo, de Quignard; y en La tarde de un escritor, de Handkel. Y luego porque estoy convencido de que la gente no tiene tiempo para leer y pensé en darle un tratamiento ágil en la forma para facilitar su lectura en el metro, en una parada de autobús o en un descanso del guerrero (sea cual fuere la guerra). Aunque al final ha resultado al revés: casi todo el mundo se lo ha leído de un tirón.

¿Cree que es la mejor formula para acercarse a la postmodernidad?

Yo entiendo la postmodernidad como una desorientación más profunda debida a la aceptación colectiva de que la razón no es un mecanismo infalible para comprender el mundo y la realidad, lo que nos lleva a no tener certeza sobre la verdad. Quizás este sea un factor para tanta superficialidad. Pero creo que el mundo ahora no se define por esa postmodernidad sino por el capitalismo desbocado que hace que la gente tenga que trabajar mucho, en cosas que no le gustan y a una larga distancia de sus hogares. En ese entramado sí que creo que hay que escribir libros que faciliten la lectura por medio de capítulos cortos y narraciones breves pero lo más intensas posibles.

Se ha dicho de su novela que es un experimento literario, ¿Está de acuerdo con la definición?

Un experimento requeriría más valentía de la que yo he aportado en ese libro. Además, esto ya estaba hecho antes. Una “investigación” podría ser: busco, trabajo con formas, moldeo, copio, regurgito, siento, palpito, rujo. Un experimento (tristemente) no vendería tantos ejemplares. Pero sí puedo jurar ante todos los dioses del olimpo que todo el tiempo (y cuando digo todo el tiempo me refiero a todo el tiempo en el que escribo, todo el tiempo que doy clases de creación literaria, todo el tiempo que hablo con mis amigos escritores, ¡¡TODO EL TIEMPO!! Pienso en cuál es mi papel en la Historia de la Literatura una vez que ya sé, conozco, todo lo que se ha hecho antes de mí. Todo el tiempo me preocupo de qué debo hacer; ¿qué espera de mí la Historia?, ¿cuál debe ser el siguiente paso? Sé (¿ha quedado claro?: SÉ) que la cosa no va de seguir contando historias. Esto va de algo más que, imagino, tendrá que ver con la forma. Y pienso e investigo y leo y leo y leo. ¡Pero es tan difícil ser Picasso y avanzar! Pero creo que la cosa no va por los experimentos y sí va por la investigación. No queda otra opción (o no sé verla). Quien haya leído mis libros anteriores se percatará más que en “Sabor a chocolate” que busco formas sin parar (contando historias… no hay quien se escape).

¿Cuáles son sus influencias?

Siento que alguien me influye cuando adoro su forma de contar y me sumerjo en él y me impregno y después me pongo a escribir para ver qué se me ha pegado. Así he hecho con Carver, con Cheever, con Lorrie Moore, con Saul Bellow, con Philip Roth. Ellos son mis maestros. Y no es que me hayan influido es que yo he querido dejarme influir por ellos después de haberlos conocidos. Pero en “Sabor a chocolate” no hay influencias tal como las acabo de definir, hay modelos a imitar para ver qué sale. Y los modelos han sido Baricco, Baroja, Quignard, Handkel.

Adrián Troadec es un sujeto ilustrado, capaz de idear planes que la vida se encarga de modificar ¿Qué nos intenta decir con él y con los demás personajes?

Tengo una lucha personal con el destino: él me quiere llevar por donde le parece y yo intento llevarlo a mi camino. El cabrón es duro. Y me da coraje. Una vez conseguí un gran logro y me escribí para mí mismo (¡y para él!) una genealogía de cómo había llegado hasta ahí por mi propio camino poniendo yo los peldaños que luego debía subir; y lo escribí para cerciorarme de que yo mandaba. Me gustó hacerlo. Le di por culo al destino y por escrito. Dos o tres semanas después perdí aquello y volví a una senda donde el azar (su celestino) había intervenido. Hoy soy feliz: soy profesor de Universidad y tal…, pero no era esto exactamente lo que yo quería. El cabrón del destino me ha tentado (ha sabido hacerlo el muy ladino) y he picado. No estoy aquí sólo por seguir mi plan sino porque alguna “oportunidad” me desvió. Creo que hay algo de esto en la novela.

José Carlos Carmona

Etiquetas: Entrevistas, Escritores, Libros, Literatura, Novedades

Sobre el autor

Diego Giménez

Diego Giménez, doctor en filosofía y pensamiento (UB) con una tesis sobre "El libro del desasosiego" de Fernando Pessoa, ha realizado diferentes actividades relacionadas con la literatura y el periodismo. Ha trabajado como redactor de LaVanguardia.com y en 2008 cofundó Revista de Letras. Actualmente está terminando un proyecto de investigación que prevé la publicación del libro "História do 'Livro do Desassossego'" en la editorial Angelus Novus con una beca financiada por la Fundación Calouste Gulbenkian.

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3 Comentarios

  1. María Pacheco 18 mayo 2010 at 12:59

    Estoy con la lagrimita en el ojo pues acabo de terminar el libro. Me ha desconcertado tanto el final, me ha parecido tan cercano y tan real, que he puesto en Google el nombre de Giuliani Trap para ver si encontraba alguna noticia sobre su muerte. Gracias a Dios no ha sido así y he llegado a esta dirección.
    Enhorabuena por el libro al autor, ha sido una delicia leerlo. Gracias.

  2. Almohadite Rama 12 agosto 2010 at 19:10

    Vivo en un país subdesarrollado. Argentina amada. Aqui no ha llegado el libro de este genial maestro, músico, etc.Lo que se dice: un talentoso. Sólo he bajado unas pocas páginas por internet. Fué como acariciar un juguete que no puedo tener. Sigo las lecciones literarias por su blog. Quiero comentarle -que no sé cual es su destino -pero a las personas como yo, un ama de casa con sueños, usted Maestro nos ilumina la vida. ¡Que Dios lo bendiga!

  3. Michela 7 abril 2012 at 10:38

    Soy una chica italiana.. y he leído este libro gracías a mi profesora..
    me ha encantado, y cuando he leído el final, había las lágrima en los ojos…
    Me recuerdo de aquel día y de la noticia de la muerte di Carlo Giuliani, pobre chico..
    José Carlos Carmona es un grande escritor, y la historia es simplemente maravillosa..

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