Revista de Letras

José Saramago levanta el vuelo

18 junio 2010 Destacados

Tenía algo, Saramago, difícil de encontrar en el hombre contemporáneo. Quizás fuera la quietud de su pensamiento, que le obligaba a fabular sobre las preocupaciones del “yo” como persona individual frente a la arrogante e inquisitiva sociedad. Quizás el peculiar sentido del humor, que mostraba en el laberinto de ideas que quedaban expuestas en su narrativa y artículos. Quizás esa actitud crítica pero, a la vez, contemplativa y a vuelta de todo. O ese susurro que representaba su identidad ante la política y la injusticia que, en los últimos años, había convertido en eco, en resonancia, común a muchos ciudadanos del mundo.

Foto: Luferom

José Saramago, fallecido con 87 años a causa de una leucemia crónica, había dejado constancia de su malestar ante el mundo a través de su obra novelística y sus trabajos para prensa. El inconformismo latente en sus apariciones públicas le unió aún más a los lectores e, incluso, a quienes no abrieron ninguno de sus libros, pero reconocían al hombre. Quizás, después del Premio Nobel de 1998, al prestigio de su literatura se le unió el de activista, participando en la lucha contra la injusticia en diferentes frentes. Cosas que resultan más fáciles cuando se es consciente del valor de ese premio y se convierte en portavoz de aquello por lo que, en otro momento, no hubiera dejado de ser un rumor. Y así, Saramago pasó del rumor al eco. Sonoro y contundente. La magnitud y el éxito de su obra posterior al Nobel lo certifica. Aunque su carrera anterior ya había resultado ser representativa e inspiradora para muchos.

Foto: Daniel Mordzinski

Foto: Daniel Mordzinski

Saramago nació en 1922 en el barrio de Azinhaga, perteneciente al municipio de Golegã (Portugal). Hijo de campesinos, la escasa economía familiar les llevó a buscar fortuna a la capital, Lisboa, donde se trasladaron tres años después. Al poco tiempo, la tragedia llegó a casa de los Saramago: Francisco, el primogénito de los hijos, falleció. En 1934, José comenzó a estudiar en la escuela industrial, donde tomaría contacto con los textos clásicos humanistas, forjándose a partir de ahí su ideario. Su padre, que había entrado en el cuerpo de policía, tuvo que claudicar y pedirle a su hijo que abandonara la escuela para aportar dinero, ya que su sueldo de funcionario no era suficiente para cubrir los gastos y pagar sus estudios. Fue así como, mientras trabajaba en una herrería, se adentró en la biblioteca pública devorando todo libro que cayera en sus manos.

Con el tiempo, llegó a cubrir un puesto administrativo en la Seguridad Social. En 1944 contrae matrimonio con Ilda Reis y comienza a fraguar la que se convertiría en su primera obra literaria, Terra du pecado, publicada en 1947, a la que siguió Claraboya, que nunca llegó a editarse. Tras esos dos fracasos, decide abandonar la escritura y durante los siguientes veinte años se dedica a su familia (su hija Violante ya había nacido) y a proseguir con su vida laboral.

Trabajando ya en Seguros Previdente, le ofrecen colaborar en Diário de Notícias, una de las cabeceras históricas de Portugal. Sus ideas políticas suponen un contratiempo y deciden prescindir de él. Sin embargo, su amplio conocimiento literario le permite entrar a formar parte del equipo de redacción de la revista Seara Nova como crítico literario y comentarista cultural. Cada día dedica más tiempo a estos menesteres, lo que le lleva a dejar su puesto en la aseguradora. Comienza a ser reconocido, hasta el punto de convertirse en subdirector del diario que le había rechazado años antes.

Censurado y perseguido durante la dictadura de António de Oliveira Salazar, José Saramago debe abandonar la prensa y consigue el cargo de editor en el sello editorial Estúdio Cor, mientras traduce a Colette o a Tolstoi, entre otros autores por los que sentía devoción.

En 1966 publicó su primer poemario, Os poemas possíveis. Tres años más tarde, ingresa en el Partido Comunista Portugués, aún en la clandestinidad. Se divorcia de Ilda, abandona la editorial y, liándose la manta a la cabeza, decide entregarse a la escritura. En 1972 se convierte en redactor del Diário de Lisboa, empleo que abandona un año más tarde. Se prepara para participar activamente en la Revolución de los Claveles.

En esos tiempos, presenta obras de diferente calado. En 1980, con Alzado del suelo, una novela proletaria, le llega el primer gran reconocimiento, además de representar la primera muestra de su peculiar estilo, el que le llevaría a ser considerado uno de los escritores de mayor trascendencia del siglo XX. En 1986 conoce a la granadina Pilar del Río, que se convertirá en su compañera, personal y profesional, ya que, entre otras cosas, ha sido hasta hoy la traductora de sus textos al español.

José Saramago recibiendo el Nobel (Foto © FLT-PICA)

José Saramago recibiendo el Nobel (Foto © FLT-PICA)

Aparecen de manera fluida las producciones literarias de Saramago: Memorial del convento; El Evangelio según Jesucristo (su libro más polémico en Portugal, que le llevó a abandonar el país en 1993, dos años después de su publicación, para instalarse en Lanzarote)… Ensayo sobre la ceguera marca otro giro en sus fuentes creativas que le llevan a convertirse en un valor seguro en lo comercial: sigue ofreciendo ideas críticas respecto a temas políticos y sociales, convirtiendo a sus protagonistas en víctimas del sistema y, a su vez, de sí mismos, ideando argumentos complejos con un estilo más propio del mundo globalizado. De esta manera, logra conectar con una mayor cantidad de lectores. Esta nueva etapa es más evidente en Todos los nombres, publicada en 1997, un año antes de obtener el Premio Nobel de Literatura. Desde ese momento, se convierte en un hombre aún más público, participando activamente en eventos sociales y culturales tanto en España como en Portugal y pasando a ser portavoz de las víctimas en las sociedades más enfermas, criticando las políticas capitalistas y ofreciendo, a través de artículos incendiarios, un compromiso férreo, devolviendo al concepto “cultura” una de sus más importantes funciones: la de servicio a sus conciudadanos. El hombre duplicado, en 2002, es otra novela en la que reincide en temas ya expuestos en Todos los nombres, formando, entre las dos, un díptico narrativo sin parangón en la que vendría a ser la nueva literatura del proletariado.

El viaje del elefante, Caín y El cuaderno, libro que recoge las entradas de su blog, son sus últimas obras publicadas.

Hoy, 18 de junio de 2010, José Saramago ha levantado el vuelo. Y ya se habrá percatado de que la libertad que disfruta su alma en este momento es la misma que la mantenida por él en vida a pesar de las luchas y los contratiempos. La perspectiva desde la que nos contempla ahora es idéntica a la que le permitió describirse y describirnos en tantas ocasiones a través de la literatura. De la calma del susurro individual al atronador eco colectivo.

José A. Muñoz

Etiquetas: Fallece José Saramago, José Saramago

Sobre el autor

José A. Muñoz

José A. Muñoz (Badalona, 1970), periodista cultural. Licenciado en Ciencias de la Información, ha colaborado en varias emisoras de radio locales, realizando programas de cine y magazines culturales y literarios. Ha sido Jefe de Comunicación de Casa del Llibre y de diversas editoriales.

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