Revista de Letras

Kirmen Uribe: “Soy afín a personajes perdedores”

Kirmen Uribe | Foto: Ricky Dávila

Los relatos se pueden contar desde diferentes ángulos, dependiendo dónde se coloque el foco. Cuando el acento recae sobre el sujeto, cuando se trata de la historia escrita con minúscula, el novelista resalta el plano humano, el de los sentimientos y los sufrimientos, en detrimento del contexto. Por eso, Kirmen Uribe se inclinó por contar las desventuras del pueblo vasco durante la dictadura a través de una familia y sus compañeros de viaje. O de exilio. En La hora de despertarnos juntos (Seix Barral) el escritor vasco narra la verdad de la familia Urresti-Txomendi desde dentro, alejándose de todo afán de protagonismo. Esa familia, ligada al nacionalismo vasco de la época, que respiró exilios y encarcelamientos por pretender la libertad, vertebra una novela a través de la cual logra comprender y recuperar la historia tan bonita y execrable en un mismo tiempo que supuso el nacionalismo vasco durante la dictadura. Sin omitir el terrorismo.

Inicias el libro con una cita de Carlos Fuentes que dice así : “Conocía la historia, ignoraba la verdad”.
Con la cita quería hacer referencia al proceso de lo que ha sido la historia del libro. Yo conocía la historia de Karmele Urresti, porque ella y su familia son amigas de mi madre. Desde niño siempre me habían contado que esta mujer tenía una historia detrás muy impactante, pero la historia real no la he sabido hasta que no he comenzado a investigar en estos cuatro años que me llevado la creación del libro. No conocía los vericuetos ni la magnitud, sus relaciones con escritores y políticos internacionales…

Se trata de una verdad no sólo familiar, sino ligada a lo nacional e internacional.
Es una verdad ligada a esos tres ámbitos. Se trata de una familia que vivió la Guerra Civil, la Segunda Guerra mundial, el franquismo, dos exilios… Entonces sí, es una historia ligada al ámbito nacional, pero también a la geopolítica mundial. Lo que se cuenta al final es todo el S.XX y todos los movimientos que se dan en él. Vinculado a la cita de Carlos Fuentes, también diría que realmente el libro quiere hablar de los años 40-50 en España, de toda la represión que hubo, que ni siquiera está cuantificada. A medida que he ido escribiendo el libro y haciendo labores de documentación, he descubierto hechos atroces. Creo que hemos olvidado esos años, y es bueno que hablemos de ellos, que cerremos bien la herida como país.

Para contar esta verdad, esta historia, haces uso de la ficción.
Sí, claro. Yo soy novelista. Y además lo hago a la manera de Don Delillo o Carrère, los cuales utilizan personas reales, para hacer ficción. Pero al final la novela funciona como novela, no es una biografía, no es un libro de historia; aunque tiene datos históricos, aunque se basa en una vida real. Estos autores vuelven al origen de la ficción, que era crónica. En este SXXI, ha habido como un replanteamiento de lo que es ficción, muchos interrogantes dentro de la cabeza de los escritores… y yo creo que a través de estas reflexiones, salen estos nuevos tipos de novelas, que al final tratan de acercar al lector a lo veraz, que empiezan a tocar la tierra y contar historias que han sido silenciadas.

¿Por qué crees que esta historia ha tratado de ser silenciada?
Por muchas razones. Como país no se ha hablado suficiente de los años duros de la posguerra. Todos los países que han sufrido guerras y dictaduras, después han hecho una dura labor de limpieza de lo que ocurrió y tratar de esclarecerlo. Todavía nos queda ese episodio pendiente.

¿El trabajo que no hizo la Transición?
En la Transición hubo un pacto de silencio, de mirar hacia a delante, y ahora ya ha pasado un tiempo. Creo que es el momento de esclarecer aquellos episodios que han quedado oscurecidos.

Seix Barral

Hasta los años 50, es notable ese empuje, ese aguante de la resistencia vasca.
Es un episodio bastante desconocido, esa labor de los servios secretos vascos contra el franquismo. Es muy interesante ver cómo trabajaban, su coordinación con la resistencia en Madrid o en Cataluña. Pero al final era una visión muy idealista. En un momento dado creyeron en los aliados; ellos les aseguraron que al acabar la II Guerra Mundial, Franco iba a ser derrocado. Pero no ocurrió. Aunque pueden parecer ingenuos, para mí representan una generación de luchadores que creían en la cultura vasca y que defendieron. En un momento dado, la geopolítica cambió y la lucha pasó a ser anticomunista. Literaria y personalmente, yo soy muy afín a estos personajes perdedores que tienen un sueño que se trunca. Yo siempre he estado con esta gente, con los que han quedado marginados, en el camino.

Eso que Manu Sota nombra el peor defecto del pueblo vasco: el ser orgullosos.
Manu Sota es un personaje que a mí me encanta. De él se habla en libros de historia contemporánea del País Vasco, pero lo citan de una manera muy superficial. Cuando empecé a investigar sobre su vida y tuve acceso a sus diarios, a sus cartas, descubrí un personaje totalmente literario, quijotesco, moderno, libre. Manu Sota montó la primera selección vasca; tuvo contacto con escritores de la talla de Hemingway o Thomas Mann; fue el primero en establecer conexiones con los servios secretos de EEUU o ingleses… Era el contrapunto perfecto a la vida de la pareja que formaban Karmele y Txomin.

En esos años, como constatas en el libro, nació una generación espléndida de líderes vascos.
Hay que tener en cuenta el contexto; en los años 20 Bilbao y San Sebastián fueron ciudades florecientes en lo económico, con muchos contacto internacional de músicos, escritores… Había una vida cultural muy activa. Todo ello se trunca con la Guerra Civil, algo que ellos veían como incomprensible. En ese momento se dan cuenta de que el mundo está cambiando, que comienza una lucha entre la democracia y los totalitarismos, y ellos optan por luchar por las libertades. Aunque esta cualidad no concierne sólo al pueblo vasco, también se dieron en el resto de España.

Antes has comentado que a Aguirre y a Manu Sota los aliados les prometieron que el franquismo se iba a acabar con el fin de la Segunda Guerra Mundial. En este punto se puede leer la pobreza moral que representaron las relaciones internacionales en aquella época.
En el libro yo creo que se adivina muy bien lo que ocurrió. La administración de Washington no jugaba a una sola carta. En los diarios de Manu Sota se pueden leer cómo había gente dentro del departamento muy a favor de la causa vasca, como la propia Eleanor Roosevelt; pero también había gente muy oscura, que no se fiaba nada de la República. Washington jugaba a dos cartas, por si acaso, y al final la carta que ganó fue la de Franco.

Es justo en este momento, cuando el franquismo queda constatado internacionalmente, cuando una nueva generación de líderes vascos se abre paso, y nace ETA.
Es un momento muy interesante del que quería hablar, ya que también se ha comentado poco. Surge una nueva generación que quiere cortar con la línea anterior; que cree poco en las democracias burguesas; que empieza a inspirarse en el anticolonialismo, en la revolución cubana, en Argelia, y más tarde, en la revolución del 68 en París. En esos inicios de ETA se ve que las acciones que realizaban eran colgar ikurriñas, cuando la insignia vasca estaba prohibida. Luego todo esto deriva en los posteriores años que ya conocemos. Pero me interesaba hablar de los inicios, y también de esos momentos de izquierda que hubo como la ecología, el feminismo…

En un primer momento son acciones simbólicas, pero luego empiezan a matar. Y es aquí cuando te interpelas en la novela cómo no se vio venir antes.
En la novela me hago las preguntas que quizá se haya hecho todo vasco en casa; cómo hemos llegado hasta aquí, cómo no supimos tomar otro camino; ponernos en la piel ajena… Hubo mucho silencio. Yo hago esa crítica como persona y como país. Pero también digo que es muy fácil hacer una lectura desde el presente. Hago la reflexión de que es difícil ver hacia dónde derivan los caminos en su momento.

¿Tienes respuestas?
Yo creo que los historiadores dan más respuestas que los novelistas. Nosotros hablamos más de las personas, de su sufrimiento; miramos más hacia el interior. No sólo hacer un análisis de lo que pasó y porqué, sino meterse en la piel de aquél que sufrió.

Aunque es una novela con mucha crudeza, la negocias desde la distancia.
Es una novela muy cruda, pero que tiene su contrapunto; hay pasajes muy poéticos, mucho humor. Tiene un poco de todo. Yo creo que es una novela muy plural. Los puntos duros se cuentan sin hacer juicios de valor, a la manera de Coeetze o de Primo Levy. Esto me interesaba mucho hacerlo; las situaciones las cuento desde una distancia.

¿Por qué La hora de despertarnos juntos?
Los títulos los elijo porque me gustan. En concreto, éste lo saco de un poema de Ezra Pound, que habla de un momento en el que unos amantes se despiertan cuando están durmiendo en una buhardilla. Me gustaba la sonoridad del título, para hablar de la relación entre Karmele y Txomin, que también tuvieron su momento de felicidad. Pero también se puede hacer otra lectura en cuanto a país. Es un título muy abierto que da pie a muchas lecturas.

¿Crees que ha llegado ese momento?
Como país y como sociedad. Yo creo más en la inclusión que en la exclusión; en un país plural, con gente de diferentes lugares y lenguas; en incluir antes que excluir.

Etiquetas: Carrère, Don DeLillo, Erza Pound, ETA, Guerra Civil, Kirmen Uribe, La hora de despertarnos juntos, Thomas Mann

Sobre el autor

Carlos Madrid

Terminó periodismo allá por 2013, pero, no sintiéndose suficientemente formado, se matriculó en lector insaciable, perpetuo viajero, musicodependiente, aprendelenguas... Difunde lo que le agita por dentro en aquellos lugares donde le toleran.

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1 Comentario

  1. Uno que pasaba por aqui 23 agosto 2017 at 1:49

    Este tipo está justificando a los criminales de la ETA? Si es asi, está cometiendo un delito de apologia del terrorismo, que es tan grave como el de los nazis que niegan el Holocausto. En una cosa tiene razón: hay que hablar del pasado: hay que esclarecer los distintos paracuellos, el destino del Vita, quién o quienes se quedaron con los valiosisimos cuadros que Negrin y Prieto robaron del Museo del Prado, las checas donde la izquierda extrema despellejaba a la extrema izquierda, las bandas de delincuentes que so pretexto ideologico mataban a la gente para robarle un anillo…

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