Revista de Letras

Kohan a partir de Becerra, y viceversa

3 septiembre 2012 Reseñas

Ciencias morales. Martín Kohan
Anagrama (Barcelona, 2007)

(Crítica de la novela Ciencias morales a partir de la lectura de la novela La interpretación de un libro).

Las mismas palabras que utiliza Martín Kohan para definir la novela Santo de Juan José Becerra sirven para definir la novela Ciencias morales de Martín Kohan. Una novela en la que nada pasa, pero escrita como si pasaran cosas tremendas a cada página. Vuelvo a indagar en el libro. Verifico que realmente la trama es un preludio de un desenlace terrible y a la vez cómico. Aquello que desde adentro se ve trágico y desde afuera se ve absurdo o patético.

María Teresa es la protagonista de Ciencias Morales. Preceptora del Colegio Nacional de Buenos Aires. Es el último año de la dictadura argentina. Su cometido es velar por el cumplimiento unas normas morales que exceden los muros de la institución. La aplicación rigurosa de un método correctivo basado en el miedo. La búsqueda de la omnipresencia. Una mirada a la que nada pasará inadvertido pero que pudiera pasar inadvertida ella misma.

Perdido en la minuciosa descripción de las elucubraciones de María Teresa intento descubrir pistas que desvelen el significado subyacente de una trama en la que en apariencia no pasa nada. Sin embargo la propuesta lejos está de la intriga detectivesca. Kohan coloca al lector en situación de espectador pasivo. Una ventana se abre para que el lector observe pávido la intrascendencia de lo cotidiano e intuya un desenlace atroz.

Más allá del paralelismo que pueda trazar entre Kohan y Becerra me interesa abordar Ciencias morales a partir de la perspectiva manifiesta en la lectura de La interpretación de un libro, última novela de Juan José Becerra. Una historia de amor entre un escritor y una lectora, quienes toman la extraña determinación de interpretar en carne propia la palabra escrita. La relación languidece a partir de las diferencias entre las interpretaciones del escritor y la lectora. Un planteo que acaba generando un cuestionamiento sobre la verdad del hecho literario. En ese sentido el escritor queda excluido, dice Becerra. Una vez la escritura se consuma se pasa al universo de los lectores, quienes tienen la total soberanía, aun en el caso que deliren.

“María Teresa vigila que ningún alumno convierta la séptima hora en motivo de distracción. No obstante es ella la que observa, se siente de pronto observada. Al principio no detecta quién es el que la mira, pero se sabe mirada sin duda, porque así es como sucede en esos casos; levanta los ojos con la clara decisión de encontrar esos ojos. Baragli la mira, y con fijeza, aunque también con expresión de indolencia que podría tomarse por insipidez. Así quisiera entenderla María Teresa, aunque hay algo, ella no sabe bien qué, que se lo impide. No se decide a pensar que es sarcasmo, o peor que el sarcasmo: lascivia, porque si fuese sarcasmo o si fuese lascivia ella podría intervenir categóricamente y acabar con la situación de manera fulminante”.

El horror se manifiesta en la ausencia. Un pequeño acontecimiento que se pierde en otro que lo incluye. Un relato elíptico que sumerge al lector en un universo gris, mediocre e insulso y convierte en cómplice, precisamente por el hecho de no hacer nada y simplemente presenciar (leer).

La delirante pesquisa de la preceptora roza lo absurdo. Escondida en el baño de varones espera la oportunidad de hallar in fraganti al trasgresor. Las meticulosas descripciones de esas horas de acecho y elucubraciones se erigen como la construcción de un escenario que otorga verosimilitud al desenlace final. Sin embargo es un espejismo, igual que pensar que aquellas descripciones capturan la mentalidad o la moral de una época.

“La subversión es un cuerpo, pero también un espíritu. Porque el espíritu sobrevive y alguna vez puede reencarnar en un nuevo cuerpo. Fumar en los baños del colegio ¿qué es? El señor Biasutto hace una pausa, pero María Teresa ha entendido que esta pausa es retórica. En otra época, y aun en otro colegio, responde él mismo, es una travesura: la típica travesura de la adolescencia descarriada. En este tiempo, y en este colegio, es otra cosa: el espíritu de la subversión que nos amenaza”.

La interpretación de un libro cuestiona la normalidad del lector y las razones de la lectura. El mismo planteo surge también en la lectura de Ciencias morales. ¿Por qué seguir leyendo, si la trama no prospera? El engaño está en una narrativa que nada oculta y poco a poco va dejando todo al descubierto. Atrapado por la curiosidad y la certeza de que algo va a pasar. Por mucho que insista Becerra sobre la desaparición del escritor una vez consumada la escritura, tengo la certeza que no hay inocencia en Becerra ni en Kohan. A pesar de tener la soberanía absoluta sobre la interpretación del texto, siento que he sido embaucado, inducido a fisgonear y finalmente cuestionarme el sentido de la lectura.

Santiago Gorgas

Etiquetas: Anagrama, Candaya, Ciencias morales, Juan José Becerra, La interpretación de un libro, Martín Kohan

Sobre el autor

Santiago Gorgas

Santiago Gorgas (Argentina 1974). Escritor y crítico.

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