Revista de Letras

“La educación de un hada”, de Didier van Cauwelaert

7 julio 2009 Reseñas

La educación de un hadaLa educación de un hada. Didier van Cauwelaert
Traducción de Jordi M. Lloret
Punto de Lectura (Madrid, 2006)

“I sometimes have a queer feeling with regard
to you -especially when you are near to me,as
now: it is as if I had a string somewhere under
my lef ribs, tightly and inextricably knotted
a similar string situated in the corresponding
quarter of your little frame”.

“Jane Eyre” Charlotte Brönte.


De acuerdo con la tradición, un hada es una criatura fantástica y etérea que, personificada en la forma de una mujer alada, puede influir en el destino de los mortales.

César, el hada de nuestra historia, no parece ajustarse en lo más mínimo a esta mágica definición; ninguna característica maravillosa se advierte en esta joven exiliada iraquí, cuyas mejillas están marcadas por grandes cicatrices y cuyo nombre -adaptación francesa del verdadero, Sézar- resulta ridículo para una mujer. Por el contrario, sus días transcurren detrás de la caja de un supermercado, soportando las continuas insinuaciones de su jefe y el desprecio de sus compañeras. Su única distracción es la frecuente presencia de Nicolás, un comprador hacia quien, por algún motivo que no alcanza a comprender, se siente profundamente ligada. Desencantada con su vida y con quienes la rodean, la aparición de este hombre se convierte en una esperanza que ella misma se construye para soportar la angustia y la monotonía: “Creo que el contenido de su carro es un diálogo que intenta entablar, una serie de indicios destinados a confiarme su secreto o a despistarme (…) Me conforta sentir que alguien hace esfuerzos por mí, aunque yo sólo sea un pretexto, una distracción”.

Así, poco a poco se va estableciendo entre ellos un intenso vínculo silencioso que parece sostenerse en el dolor que ambos padecen, como si el sufrimiento fuera un lazo indestructible que los une. ¿Cómo explicar de otro modo un afecto tan profundo hacia un desconocido?.

Gracias a Nicolás, César comienza a entender que ella misma, sin importar cuán absurda y sin sentido pueda parecerle su vida, puede convertirse en un hada para los demás, ayudándolos a cumplir sus deseos y alcanzar la felicidad. A través de su relación con Nicolás y con su hijo Raoul, César comprende que la magia no se encuentra sólo en las hazañas prodigiosas sino también – y sobre todo- en las pequeñas acciones y decisiones cotidianas: una mano extendida, una palabra de aliento, una sonrisa: “La sonrisa que aleja los miedos, los remordimientos y los dramas; la sonrisa que convierte el mundo en un lugar maravilloso y desvía la desgracia hacia los malvados y los canallas. Es mi sonrisa de hada”.

Julieta Tonello

(Fragmento de la adaptación cinematográfica, dirigida por José Luis Cuerda en 2006)

Etiquetas: Didier van Cauwelaert, Jordi M. Lloret, La educación de un hada, Punto de Lectura

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