Revista de Letras

La hierba de las noches

19 Septiembre 2014 Críticas, Portada
Patrick Modiano | Foto: Catherine Hélie / Éditions Gallimard

Patrick Modiano | Foto: Catherine Hélie / Éditions Gallimard

“El presente no tenía ya importancia alguna, con esos días todos iguales con su luz sin brillo, una luz que debe ser la de la vejez y en las que nos da la impresión de estar sobreviviendo.”

Jean, un escritor francés, reconstruye mediante la escritura unos días de su pasado lejano, justo en la frontera de su mayoría de edad, mediante las anotaciones aisladas e incompletas que registró en una libreta negra en aquella época, la visita a los lugares parisinos en los que transcurrieron esos días y la evocación de una intrigante muchacha, con el fin de desentrañar unos hechos que han permanecido sin resolver.

Anagrama

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París y la memoria, los escenarios narrativos que Modiano ha convertido en leit motiv de sus textos hasta elevarlos al papel de protagonistas, son también el centro a partir del cual se articula La hierba de las noches (L’herbe des nuits, 2012), una de las novelas más recientes del francés. De nuevo, Modiano cambia los registros clásicos (protagonistas, trama, escenario…) de la obra de ficción hasta confundirlos y, de este modo, cartografiar un universo tan inconfundible y tan personal que cada una de sus novelas, por principio obras cerradas, autosuficientes, acaba conformando un nuevo capítulo que, a semejanza de las piezas de un improbable puzzle infinito cuya imagen final no tan sólo desconocemos sino que incluso no está definida, complementa el todo formado por sus novelas anteriores y delinea, conb la provisionalidad del boceto, el espacio en el que se asentarán las obras que están por venir. Novelas independientes como pasos intermedios de un continuo work in progress cuyo verdadero alcance sólo puede vislumbrarse -o que, en todo caso, ofrece una perspectiva distinta, mucho más cercana al concepto de obra- en su visión conjunta.

Un nuevo elemento se suma a París y a la memoria para actuar como catalizador de la historia: un cuaderno negro de notas que asume el papel de guía, como el camino de migas de pan del personaje del cuento infantil, un conjunto de pistas que dejamos cuando caminamos hacia un destino desconocido con la ilusión de recuperar algún día el sendero, es decir, los recuerdos, sin caer en la cuenta de que la reconstrucción del pasado a través de esa “brecha en el tiempo” que se abre no nos proveerá del edificio original sino de un remedo, con distintos grados de semejanza, pero incuestionablemente otro.

“… necesitaba puntos de referencia, nombres de estaciones de metro, números de edificios, pedigrís de perros, como si temiese que, de un momento a otro, las personas y las cosas nos esquivasen o desapareciesen y fuera necesario conservar al menos la prueba de su existencia.”

¿Qué sucede cuando el pasado al que accedemos se nos muestra irreconocible? ¿Qué ha sucedido en el lapso de tiempo transcurrido entre los hechos que tuvieron lugar y el momento de su evocación? Las diferencias físicas del paisaje, las calles, los edificios, cuyos cambios percibimos al primer vistazo,¿son testigos del paso del tiempo o simplemente de los cambios que hemos sufrido nosotros?

“Todos esos detalles me vuelven a la memoria desordenados, a trompicones; a menudo se enturbia la luz.”

¿Cuál es la intención de cada anotación de la libreta? ¿Por qué apuntamos lo que apuntamos y omitimos otras cosas? ¿Qué designio guía nuestra intención? Si anotamos todo aquello que consideramos importante, ¿qué cambios sufre su nivel de relevancia, pasado el tiempo? Realmente, ¿escribimos para el presente o para el futuro? ¿Anotamos lo que queremos recordar o aquello que no podemos permitirnos olvidar?

“Qué impresión tan rara notamos siempre cuando nos llegan aclaraciones, veinte años después, acerca de personas con las que nos cruzamos…”

Las notas de la libreta son precisas, concretas, pero el pasado al que dan acceso es una sucesión de fotogramas perfectos, nítidos, aunque forzosamente fragmentarios. Sio lo que queremos es conseguir la continuidad no queda más remedio que rellenar las lagunas, los tiempos muertos, con unas recreaciones que no son ni neutrales ni desinteresadas; esa es la razón por la que el pasado no es fijo, porque cada vez que accedemos a él nos mueven intereses diferentes.

“No había apuntado ni el nombre ni la dirección en la libreta negra, de la misma forma que evitamos escribir los detalles demasiado íntimos de nuestra vida, por temor a que, cuando hayan quedado recogidos en el papel, dejen de pertenecernos.”

¿O acaso se trata de una especie de ancla, una nota al pie de un texto que aún no existe porque pertenece al futuro, incierto, desconocido, expectante, cuya formulación no podemos ni entrever? Sí, como esos planetas cuya existencia se prueba por sus efectos so bre el espacio circundante pero que todavía no han sido descubiertos.

“Pero vuelvo a leer algunas frases, algunos nombres, algunas indicaciones y me da la impresión de que estaba enviando llamadas en morse para más adelante. Sí, era como si quisiera dejar por escrito indicios que me permitieran, en un futuro remoto, aclarar lo que había vivido mientras estaba sucediendo sin acabar de entenderlo, llamadas en morse pulsadas al azar, presa de la mayor confusión. Y habría que esperar años y años para poder descifrarlas.”

Recuperar el pasado es invocar también a las personas que pertenecen a él. Pero esa recuperación también es ficticia porque ese personaje no es una unidad estática que, como una imagen en piedra, permanece inalterada. El pasado es un conjunto de episodios sucesivos alterándose entre sí continuamente de modo que es imposible que nuestro recuerdo de alguien en un momento determinado no se vea afectado por los sucesos de los momentos posteriores que forman también parte de nuestros recuerdos.

“¿El pasado? No, qué va, no se trata del pasado, sino de los episodios de una vida soñada, intemporal, que le arranco, página a página, a la desabrida vida cotidiana para proporcionarle algunas sombras y algunas luces.”

La motivación última, la respuesta a por qué escribe el narrador este libro, no es, pues, por el simple hecho de contar una historia -ésta puede ser la motivación del autor, pero no del narrador-, sino que parece que lo hace para recuperar el pasado consistente en rellenar los huecos que existen entre las anotaciones de la libreta de notas.

“Sí, a veces la vida es monótona y cotidiana, como hoy, cuando estoy escribiendo estas páginas para dar con líneas de fuga y evadirme por las brechas del tiempo.”

El narrador no quiere que el pasado se pierda, no tanto los hechos, que le afectaron sólo tangencialmente, sino sobre todo las personas que aparecen y que, de no ser por él, se limitarían a unos folios en un expediente policial extraviado, es decir, sería como si no hubieran existido.

“Es curiosa la forma en que algunos detalles de la existencia que no vemos al momento, los descubrimos veinte años después, como cuando miramos con lupa una foto familiar antigua y un rostro o un objeto en los que hasta entonces no nos habíamos fijado no salta a la vista…”

Modiano no decepciona, nunca; es cierto que su obra, como todas, tiene sus altibajos, y seguramente la calidad literaria de algunos de sus primeros trabajos no está a la altura de lo que ha ido escribiendo posteriormente, pero una vez alcanzada la madurez narrativa, establecidos sus puntos de interés y fijada su poética, cada libro es un ejemplar ejercicio tan seductor como ese París al que nos traslada una y otra vez con su potente, inconfundible voz.

Etiquetas: Anagrama, La hierba de las noches, Modiano, París, work in progress

Sobre el autor

Joan Flores Constans

Joan Flores Constans nació y vive en Calella. Cursó estudios de Psicologia Clínica, Filosofía y Gestión de Empresas. Desde el año 1992 trabaja como librero, actualmente en La Central del Raval. Lector vocacional, se resiste a escribir creativamente para re-crearse con notas a pie de página, conferencias, críticas y reseñas en la web 2.0, y apariciones ocasionales en otros medios de comunicación.

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1 Comentario

  1. Federico Robles 6 Junio 2015 at 13:52

    No menos importante que sobre el autor de la reseña, sobre la traductora:

    https://es.wikipedia.org/wiki/Mar%C3%ADa_Teresa_Gallego_Urrutia

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