Revista de Letras

La imaginación y el absurdo como inspiración

7 noviembre 2012 Crónicas

En el ensayo crítico La decadencia de la mentira Oscar Wilde afirma que la mentira se encuentra en horas bajas, en una clara detracción contra el arte realista de su tiempo. Incluso los políticos a los que se considera maestros en el arte de la mentira no hacen más que tergiversar la realidad, rebajándose a demostrar, discutir y argumentar. Un verdadero mentiroso, con sus afirmaciones francas e intrépidas, desprecia toda clase de pruebas. Una buena mentira constituye su propia prueba. Afirma Wilde que si uno es tan falto de imaginación para aducir pruebas en apoyo a una mentira, tanto da que diga la verdad sin rodeos.

El ensayo de Oscar Wilde tiene plena vigencia en nuestros días. La extraordinaria imaginación de Vila-Matas confirma la regla, o en este caso el ensayo, demostrando que es excepcional dentro del panorama literario contemporáneo. La capacidad de lanzarse al vacío es la que ha caracterizado su trayectoria narrativa. Como Paul Auster, Vila-Matas comienza a escribir sus novelas con una idea y es la propia trama la que acaba tomando las riendas de la narración. La experimentación es la esencia del estilo de Vila-Matas y por tanto cada libro se trasforma en una exploración. El cambio se impone como condición de cada proyecto literario. Mientras que Paul Auster se recrea en la madurez de un estilo que ha perdido la contundencia de sus primeras novelas, Vila-Matas se propone una trasformación constante. Un listón muy alto para un escritor tan prolífico.

Según el propio Vila-Matas una novela es una obsesión que dura un año. En Aire de Dylan, su última novela, el fracaso es la obsesión que sirve como plataforma de lanzamiento para indagar en temas tan diversos como el cine, el teatro, la música y obviamente la literatura.

Tras la muerte de su padre, Vilnius Lancastre es invitado a un congreso sobre el fracaso en el que se propone leer un cuento que narra los días posteriores a la muerte de su padre. No está acostumbrado a escribir porque él se dedica a cine y además es muy perezoso y aspira algún día a ser como Oblomov, el personaje radicalmente gandul de una novela rusa. Decidido a convertirse en la personificación de fracaso y ser el Ed Wood de las lecturas en intervenciones de congresos. A medida que avanza su lectura comprueba con estupefacción que el público no abandona el auditorio, tal como tenía previsto, y que su objetivo está destinado a fracasar. La cara opuesta de la moneda es Juan Lancastre, padre de Vilnius, escritor prolífico y famoso a quien la muerte encuentra en la cúspide de su carrera.

A pesar Vila-Matas juega con el parecido físico entre Vilnius y Dylan, es la longevidad madura e imprevisible de Dylan a la que el escritor aspira. La curiosidad refleja el interés de una mente fresca y ávida por descubrir.

Se trataba, le había dicho su padre aquel día, de un fenómeno que aparecía con la edad. Uno de pronto sentía que sus creaciones habían de ser cada día más rigurosas, aunque supiera, al mismo tiempo, que el rigor iba a matarle la frescura, la genialidad juvenil de primera hora, la vitalidad de bruto ignorante, la rabia rebelde…

Vila-Matas afirma que es un falso erudito y que muchas de sus citas son inventadas. Argumenta que no se atreve a decir que es suya o que funciona mejor si dice que la frase es de Shakespeare, de esta manera la gente cambia su valoración. Algunas veces pone la frase de un escritor en boca de otro, con el mero afán de desmitificar la cita literaria y porque considera que la literatura es un juego y que en realidad escribir es divertirse. En una entrevista con Juan Villoro explica Vila-Matas que la frase de Kafka con la que abría el libro Hijos sin hijos está cambiada. A partir de ahí la frase empezó a sonar en España y la ha visto citada en artículos de muchas personas. Por tanto la frase se ha hecho famosa y no es de Kafka.

En el único cortometraje que ha filmado Vilnius en toda su vida incluye una frase de la película Tres camaradas de Frank Borzage. En un principio dio por sentado que la frase “Cuando oscurece, siempre necesitamos a alguien” era de Francis Scott Fitzgerald quien firmaba el guión junto a Eduard E. Paramore. La curiosidad hace que despierte su alma de detective frustrado. Sabe que le resultará difícil sino imposible saber con toda seguridad de quien era la frase que aparece en la película. Comprueba que hubo otros guionistas, el productor no estaba conforme con el trabajo de Fitzgerald e hizo revisar el guión reiteradas ocasiones. Su afán de investigación lo lleva a entrevistarse con Claudio Arístides Maxwell, un especialista en cuestiones cinematográficas, y descubre que éste es amante de su madre. Aún cuando suponiendo que fuera posible averiguar de quien era la frase, no llegaríamos a mucho porque lo más probable sería que el autor la hubiese oído o leído a otra persona antes, porque nada sale de la nada. Por otra parte Vilnius comienza a pensar que la frase es verdaderamente suya. Al fin y al cabo es él quien la rescató del olvido.

La autoficción con la que se ha vinculado a Vila-Matas es un tipo de narrativa en la que el autor presta su nombre a su personaje de modo que parezca que nos está ofreciendo un relato autobiográfico, aunque el escritor nos avisa de antemano que sus confesiones no son más que parte de una novela. El término autoficción es un neologismo creado por el profesor y novelista francés Serge Doubrovsky en 1977. Sin embargo Vila-Matas, antes de conocerlo, ya había escrito un libro al que llamó Recuerdos inventados y en el que se apropiaba de los recuerdos de otras personas. Incluso sostiene que la autoficción la inventó Dante. Lo que es evidente es que ese cruzar de la realidad a la ficción genera en el lector una intriga constante. En Aire de Dylan el narrador no es el protagonista y por tanto el estilo recibe otra vuelta de tuerca.

Toda su intervención, su honesto e impecable Teatro de realidad dejó tal estela de veracidad que, ante la aplastante y obvia sinceridad de sus palabras, resultaba hasta absurdo hacerse la latosa pregunta, ya clásica en los tiempos modernos, acerca de cuánto había de realidad y cuánto de ficción en lo que había contado el dramático joven.

Después de la muerte de su padre, Vilnius comprende que la tensa relación entre ambos le daba sentido a su vida. Necesita aquellos enfrentamientos encarnizados, en oposición a su padre se erguían sus aspiraciones personales. Puesto que su padre idealizaba el trabajo él era holgazán. Dado que aquel buscaba el éxito él perseguía el fracaso. La muerte de Juan Lancastre además de traer consigo el sentimiento de orfandad viene acompañada de un tormento inexplicable. Ahora Juan Lancastre se cuela en la memoria de su hijo y le inyecta recuerdos. Entonces Vilnius se propone escribir una falsa autobiografía de Juan Lancastre. ¿Quién se venga de quién? La frase que ronda la cabeza de Vilnius vuelve a ser de Scott Fitzgerald. “Cuando yo escriba un libro te convertiré en el ser más ridículo del país”, le dijo al productor de la película Tres camaradas cuando contrató a otros guionistas para revisar su trabajo.

La vida humana, verosímil y carente de interés, trata de reproducir las maravillas del arte, afirma Oscar Wilde en La decadencia de la mentira. La literatura se anticipa a la vida. No la copia. En Aire de Dylan el universo vilamatino se reproduce y se recrea. La confrontación entre padre e hijo sirven de excusa para ofrecer un contrapunto crítico a las actitudes artísticas contemporáneas. La última novela de Vila-Matas clama a los cuatro vientos que la ficción siempre servirá mucho mejor para decir o insinuar la verdad.

Santiago Gorgas

.La decadencia de la mentira. Oscar Wilde. Traducción de María Luisa Balseiro. Ediciones Siruela (Madrid, 2000).

.Aire de Dylan. Enrique Vila-Matas Seix Barral (Barcelona, 2012).

Etiquetas: Aire de Dylan, Dante Alighieri, Ed Wood, Edward E. Paramore, Enrique Vila-Matas, Francis Scott Fitzgerald, Franz Borzage, Franz Kafka, Hijos sin hijos, Juan Villoro, La decadencia de la mentira, Oscar Wilde, Paul Auster, Recuerdos inventados, Seix Barral, Serge Doubrovsky, Siruela, Tres camaradas, William Shakespeare

Sobre el autor

Santiago Gorgas

Santiago Gorgas (Argentina 1974). Escritor y crítico.

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2 Comentarios

  1. Elisa 7 noviembre 2012 at 14:06

    Magnífico texto.
    Escribe Julian Barnes en “Nada que temer”:

    “Cuando me preguntan qué hacen las novelas, suelo responder: “Cuentan mentiras hermosas, seductores, que contienen verdades duras y correctas.”

  2. Elisa 7 noviembre 2012 at 14:07

    Quise escribir en mi comentario: “seductoras” en lugar de “seductores”.

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