Revista de Letras

“La ley de la calle”, de Susan E. Hilton

7 marzo 2010 Reseñas

La ley de la calle. Susan E. Hilton
Traducción de Javier Lacruz
Alfaguara (México, 2009)

La escritora norteamericana Susan Hinton publicó su primer libro, bajo el seudónimo S. E. Hinton, cuando apenas contaba 17 años. Rebeldes (1967) se convertiría rápidamente en un éxito, con diversas traducciones, millones de ejemplares vendidos y una adaptación cinematográfica de Francis Coppola, y en un clásico de la literatura juvenil. La novela tiene como narrador y protagonista a Ponyboy, joven procedente de un barrio marginal quien, junto a su grupo de amigos, se enfrenta de forma constante con la banda rival, la de los ricos. Inmersos en esa violencia, que bien puede desembocar en la muerte, Ponyboy y los suyos intentan evadirse de su soledad, de cuantos conflictos los acosan. La obra, de ágil ritmo, nos hace partícipes del proceso de maduración del protagonista y nos ofrece un final sobrecogedor, triste y a la vez esperanzador. Es este un libro muy logrado, que no parece el de una principiante, y menos el de una joven de escasos 17 años.

Susan Hinton siguió escribiendo, pero ninguna ficción suya alcanzó la celebridad de su ópera prima excepto La ley de la calle (1975), que también fue llevada al cine por Coppola y cuyo título original es Rumble Fish (algo así como “pez luchador”). Un encuentro detona la trama de esta novela: el que, ya adultos, tienen Rusty James y Steve Hays. Mientras que éste se ha convertido en un estudiante universitario que pronto será maestro, Rusty, narrador y protagonista, ha estado cinco años en el reformatorio y después se ha dedicado a hacer nada, a “pasar el rato”. Al ver a Steve, oleadas de recuerdos que habría preferido no recordar lo invaden.

Años atrás, cuando sólo contaban 14 años cada uno, Rusty y Steve eran los mejores amigos, aun siendo tan distintos: el primero, conflictivo y sin talento especial alguno; el segundo, de apacible temperamento, muy interesado en los libros y brillante en la escuela. Steve tiene un padre que lo golpea y una madre enferma, mientras que la madre de Rusty ha abandonado a su familia y su padre, abogado de profesión, se ha convertido en un alcohólico. A pesar de que en la época recreada las pandillas se han desintegrado, el clima que se respira no deja de ser violento, con la diferencia de que las alianzas entre pequeños grupos se han vuelto transitorias y no incondicionales.

Steve intenta rescatar a su amigo de la apatía y la brutalidad, sin conseguirlo: Rusty  siente una fascinación desmedida por su hermano, El Chico de la Moto, a quien le gustaría emular. Lo curioso es que el propio Chico de la Moto, quien años atrás fue líder de una de las bandas que se daban guerra sin cuartel, no está satisfecho de su propia vida. Se la pasa vagando de un lado a otro sin encontrar sentido a sus actos, yendo a una tienda de animales a mirar por horas a un par peces luchadores que deben estar en peceras distintos, pues juntos se destruirían mutuamente.

Ni en su estructura ni en su estilo ofrece La ley de la calle mayores complejidades. Sin contar el primero y el último capítulo, ubicados en el futuro respecto del tiempo en que se desarrolla la mayor parte de la trama, el libro tiene un desarrollo lineal. Por su parte, el lenguaje no posee florituras. Esta sencillez formal no obsta para que el contenido sea profundo y perturbador.

Al igual que Rebeldes, La ley de la calle tiene un final trágico que afecta de manera profunda al protagonista. Pero, a diferencia de aquella primera novela de Hinton, en esta no hay maduración posible, al menos respecto de Rusty, instalado en una vida sin causa ni rumbo. En vez de ofrecer una salida a esa oscuridad, como lo hace Rebeldes, La ley de la calle ahonda en el drama discreto pero implacable de no saber para qué vivir. La novela deja en el lector una punzante nostalgia por ese motivo jamás encontrado, quizá ni siquiera buscado.

Javier Munguía
http://javiermunguia.blogspot.com

Etiquetas: Alfaguara, Francis Ford Coppola, Javier Lacruz, La ley de la calle, Rebeldes, Susan E. Hilton

Sobre el autor

Javier Munguía

Javier Munguía (México, 1983) es papá de Marcela y Marisol, y amante de los libros. Ha publicado los libros de cuentos "Gentario" (Unison, 2006), "Mascarada" (ISC, 2007) y "Modales de mi piel" (Jus, 2011). También escribe novela y teatro. Es licenciado en Literaturas Hispánicas por la Universidad de Sonora y tiene estudios de maestría en Literatura Hispanoamericana por esa misma institución. Edita la revista "Letrarte".

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1 Comentario

  1. Sofía 8 enero 2011 at 16:22

    Muy buen artículo. Este libro es uno de mis favoritos y la película, excepto un par de fallos, está muy bien llevada.

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