Revista de Letras

Liah Greenfeld: “El español es un nacionalismo abortado”

21 noviembre 2016 CCCB, Portada
Liah Greenfeld | Foto: CCCB / Glòria Solsona

Liah Greenfeld | Foto: CCCB | Glòria Solsona

Liah Greenfeld es Catedrática de Sociología, Ciencias Políticas y Antropología en la Universidad de Boston.  Nació en Vladivostok, ciudad rusa abierta al mar del Japón. El fuerte antisemitismo soviético le hizo reflexionar sobre el nacionalismo y la identidad. También le empujó a ella y su familia a emigrar a Israel. La disidencia es su principal actitud ante la vida. Le viene de familia, su abuelo materno murió torturado durante un interrogatorio y el paterno pasó años en un gulag. Greenfeld encuentra el origen de la modernidad y la democracia en el nacionalismo. Algunos la acusan de alimentar una interpretación romántica de la historia y ciertamente su relato tiene algo de cuento magnificado, pero no cabe duda de que abre ventanas de pensamiento fundamentales para comprender el mundo contemporáneo, como la relación entre Democracia y Nacionalismo, tema central de su conferencia en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona.

Defiende que la modernidad viene definida por el nacionalismo.
Así es, es la modernidad la que viene definida por el nacionalismo, y no a la inversa. El nacionalismo forma parte de la conciencia moderna secular capaz de generar una visión completamente nueva de la realidad, que pasó de tener un punto de vista religioso a un nuevo punto de vista político y secular. Esa fue, por cierto, la atmósfera en la que creció Marx.

En su libro Pensar con Libertad (Arpa Editores, 2016) le saca los colores a Marx.
Es muy importante recordar que Marx llegó a la visión económica de la historia de forma tardía. Sin embargo, desde muy pronto fue nacionalista. Y solo se movió del nacionalismo al comunismo internacionalista y al materialismo histórico cuando fue rechazado por los nacionalistas alemanes a causa de su origen judío, del que él mismo renegaba, él se sentía un alemán nacionalista. Estoy convencida de que el giro que luego dio hacia un nacionalismo proletario que tan bien se introdujo en Rusia fue una respuesta a su propio problema de identidad. Y además lo presentó como algo internacional. ¡Fue un genio! (irónica).

¿Puede ser abierto el nacionalismo?
¡Desde luego! Lo que pasa es que tiene muy mala prensa debido al Nacionalsocialismo y los horrores del Nazismo. Pero el alemán no es el origen del nacionalismo. El nacionalismo original es, muy al contrario, la forma a través de la cual la democracia llega al mundo moderno.

El nacionalismo como portador de democracia y modernidad, ¿dónde, cómo y cuándo surge?
El nacionalismo es una visión del mundo, es un tipo de conciencia basada en una realidad social que basa el principio fundamental de igualdad de sus miembros y la soberanía del pueblo. Precisamente, esa es una definición para democracia. Igualdad y soberanía del pueblo. Y emerge como resultado de una contingencia histórica, de un accidente en la historia de la sociedad feudal fundamentalmente religiosa que tiene lugar en Inglaterra en el siglo XVI. En la Europa feudal las personas se dividían y separaban en clases. Era impensable para alguien nacer campesino y convertirse en noble. ¡Incluso se hablaba de sangre roja y sangre azul, como si hubiera diferencias químicas!

¿Cuál fue esa contingencia histórica que propicia el nacionalismo?
La Guerra de las Dos Rosas (1455-1485), que enfrentó a las casas de Lancaster y York y básicamente acabaron destruyendo la elite feudal. Finalizada la guerra, da inicio la dinastía Tudor con Enrique VII al trono, pero necesitaba el impulso de una aristocracia que sostuviera la corona, y a causa de la guerra ahora había un vacío. Se produce entonces un momento crucial de movilidad social sin precedentes. Ahora no somos conscientes de lo que implica la movilidad social de la población. Pero en ese momento, por esa necesidad de crear una nueva aristocracia, se generó un movimiento social extraordinario. Fue una gran experiencia. Pero incluso los que la estaban experimentando no podían comprender lo que estaba sucediendo. ¡El pueblo se estaba convirtiendo en nación!

¿Qué significa?
La palabra Nación en el siglo XVI tenía una connotación de elite. Significaba que un pequeño grupo de individuos extremadamente bien situados tomaban básicamente las decisiones que afectaban el destino de toda una comunidad. Por otro lado, la palabra Pueblo en todas las lenguas europeas de entonces significaba plebe, las capas más bajas. Así que difícilmente nadie quería identificarse con el Pueblo y a la vez muy poca gente tenía alguna conexión con la Nación, que era una súper élite. Y estos ingleses le llevaron a toda su población la dignidad de la elite, hicieron a toda su población miembros de esa elite llamada nación, capaces de dirigir el destino de la comunidad, instituyendo el principio de soberanía. Y desde entonces, todos los individuos que componen la nación pasan a ser fundamentalmente iguales, sin importar la clase social, ahora es intercambiables: la movilidad es posible, hacia arriba y hacia abajo. Con el nacionalismo inglés emerge el mundo moderno, que será imitado por otros países en un proceso que dura alrededor de doscientos años.

Arpa Editores

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¿Cómo era este nacionalismo original?
Individualista, porque apelaba a la experiencia de los individuos, era creado por y para ellos. Como resultado era completamente abierto y cívico. Todo dependía de la voluntad individual, y también de la aceptación de los derechos y responsabilidades. Este nacionalismo individualista y cívico desembocó en una democracia liberal abierta a la inmigración y a la emigración. De hecho, sociedades inmigrantes como Estados Unidos o Australia tienen este nacionalismo inglés.

¿Cómo se extendió el nacionalismo?
El nacionalismo se importó porque en Inglaterra gozó de un enorme éxito. Una vez se definieron como nación se convirtieron en extremadamente competitivos. Las sociedades inglesas anteriores no eran competitivas, eran más autosuficientes; había movimientos dinásticos, pero no necesariamente competían. Pero ahora la dignidad individual estaba conectada con la pertenencia a una nación y creó un sentimiento de competitividad frente a otras naciones. Entonces, la sociedad inglesa tenía la visión de que el mundo se componía también de otras naciones que podrían querer competir contra ellos y humillarles. ¡Aún no existía otras naciones y nadie competía, pero ellos sí lo harían contra cualquiera con una motivación asombrosa! Y lograron una hegemonía económica sin igual, compitiendo incluso con los holandeses, que no entendían lo que estaba pasando. ¡Muy destacable todo ello! Para entonces, la elite francesa, que estaba pasando sus propios problemas internos, sobre todo la aristocracia, observó el enorme éxito de Inglaterra y entendió que ese éxito estaba conectado con un nuevo espíritu procedente de ese nacionalismo. Y decidieron imitarles.

Los franceses nunca reconocerán que han imitado a los ingleses.
¡Lo hicieron, vaya si lo hicieron! Fue algo realmente extraordinario, fueron muy explícitos al respecto. Pensaron que el éxito de Inglaterra estaba directamente conectado con su nacionalismo y dijeron “Il nous faut une nation”. Entonces, Francia ya se sentía muy segura de su grandeza entre otras cosas porque tenía unos logros culturales que la ponían en posición de competir y de adquirir los valores de libertad, igualdad y fraternidad. Es decir, valores muy cercanos al nacionalismo inglés. Y pensaron que en el momento en que adquirieran estos valores, Inglaterra reconocería su superioridad y preeminencia. Pero los ingleses no sólo no reconocerían la grandeza de Francia y de la Revolución Francesa sino que se convertirían en enemigos. Se creó un período de anglofobia en Francia que, muy resentida con una Inglaterra que no reconocía su excelencia como nación, comenzó a definirse como la Gran Nación, mucho mejor que la miserable Inglaterra.

¿Cuál es el papel del nacionalismo en la Revolución Francesa?
La Revolución Francesa es la principal expresión del nacionalismo francés. El nacionalismo fue lo que trajo la nación francesa. Sólo se puede explicar la Revolución Francesa –lo que sucedió y cómo sucedió- a través del nacionalismo.

¿Y luego?
En Francia, los aristócratas, intelectuales y burgueses pensaron la nación. En este país se desarrolló la idea de un nacionalismo colectivista y cívico. Pensaron su nación ya en términos de competencia con Inglaterra. ¡Querían ser tan competitivos como ellos! Ya no sería la experiencia individual la que conduce a la creación de una nación como en Inglaterra, sino la identidad colectiva formada por una voluntad general que vela por los propios intereses y los propios valores de forma independiente a los individuos que la componen. Y crearon una elite de inteligencia virtual capaz de visionar lo que la nación quería. Pero además tenían el lenguaje, el francés moderno, que ya arrastraba una gran tradición, era motivo de orgullo y era imitado y aprendido por todos. De forma implícita, los que hablaban francés eran bienvenidos en Francia y en este sentido se convirtió en una nación abierta, con un nacionalismo fuerte, pero una nación abierta. Incluso durante el período revolucionario del terror, los que querían ser franceses eran bienvenidos en Francia, porque pagaban el tributo a la grandeza de Francia. Los que habiendo nacido en Francia no sentían los colores eran considerados extranjeros. Por eso sufrió tanto la aristocracia, porque no aceptaban los valores de la nación. Y los que emigraban de Francia a otros países eran considerados traidores. Pero a la vez que se daba en Francia, también comenzó en Rusia… y como ves, este nacionalismo original inglés fue mutando cuando se importó.

¿Cómo se forja el nacionalismo ruso?
En Rusia la situación era completamente diferente a la de Francia. Allí había una autocracia, lo que significa un absolutismo real. No podemos decir que en Francia hubiera un gobierno absoluto de una persona sobre toda su población. En Rusia sí, y en ese tiempo vivía Pedro el Grande, un autócrata extremadamente ambicioso. Él dio la orden de crear una nación. Le dijo a sus súbditos “desde ahora seréis ciudadanos de la nación y si no os compartáis como ciudadanos libres os las veréis conmigo”. ¡Y fue un éxito! (nuevamente, irónica). El nacionalismo en Rusia fue también colectivista, porque importaron el nacionalismo de modo similar al francés, pero Rusia no tenía esos logros que sí tenía Francia. Básicamente, Pedro el Grande creó Rusia de cero, no existía antes, no existía ni el nombre. Así que solo podían sentir orgullo de forma potencial, para no sentirse inferior. Y ese potencial era la vastedad de su suelo, y la sangre. Y creó un nacionalismo étnico, donde uno es ruso o no en función del nacimiento. Si has nacido en suelo ruso, eres ruso lo quieras o no, y si no has nacido en Rusia, nunca lograrás serlo. En Rusia se forja un nacionalismo colectivista, étnico y cerrado que ha resultado ser el más común y extendido alrededor del mundo. El nacionalismo alemán fue de este tipo: cerrado, colectivista y étnico.

¿Cómo explica el caso español?
España es un ejemplo, uno de los dos grandes ejemplos, de un nacionalismo abortado. España no es una nación. Para empezar, el nacionalismo es un tipo de toma de conciencia que quizá comenzó con los Reyes Católicos, pero no penetró. Luego, intentó desarrollarse, pero ya mucho más tarde que en Francia, y además, muy influido por este país. Diría que los primeros nacionalistas en España fueron los catalanes, que empezaron a ver el mundo y a adquirir una conciencia nacionalista sin tener de hecho una nación; comenzaron a desarrollar una conciencia nacionalista muy probablemente debido a su cercanía con Francia, y de alguna manera la trajeron al resto de España, pero no prosperó. Luego lo intentó Franco, buscó crear una conciencia nacional común para todo el país, pero tampoco tuvo éxito, ¡precisamente porque lo intentó con tanta fuerza! El resultado fue el fortalecimiento de nacionalismos particulares en Catalunya y País Vasco, y falló en crear una conciencia nacional en España. Algo similar sucede en Italia. Lo que está claro, es que tanto en España como en Italia el nacionalismo tuvo un carácter cívico, no étnico. Es importante destacar este detalle. Fascismo y Nazismo tienen poco en común en este sentido. El Nacionalsocialismo era étnico, racista, el fascismo español y el italiano no. Hubo mucho más en común entre el nacionalismo de Alemania y la Unión Soviética, aunque eran enemigos durante la Segunda Guerra Mundial.

¿Cómo define el nacionalismo catalán?
Diría que es un nacionalismo abierto y permeable a los de fuera. Es cívico. Y diría que es colectivista por influencia francesa, no individualista, no está basado en la experiencia de individuales. Creo que la intención, al menos la de muchos líderes nacionalistas que conozco, es la de un nacionalismo abierto y cívico. Y como en Francia con el francés, conceden gran importancia a su idioma.

Veamos un nacionalismo más polémico. El de Israel, ¿diría que es étnico?
¡En absoluto! El nacionalismo en Israel es cívico. Para empezar, piensa en la gran diversidad que se concentra en Israel. Cuando miras las caras de la gente, encuentras tanta o más heterogeneidad que en Estados Unidos. Luego, piensa en la colosal emigración que Israel ha recibido de la Unión Soviética en los últimos años, y la mayoría de ellos son cristianos, no judíos… sí, quizá tenían un bisabuelo o un pariente lejano judío, pero la cuestión es que el Estado ha recibido a muchos que estaban sufriendo persecución.

Lo dice por experiencia propia.
Así es, encuentro el ejemplo en mi familia, una familia muy numerosa mayoritariamente armenios y georgianos, que hemos venido de la Unión Soviética. Mi madre era del Cáucaso y en la familia ha habido mucho matrimonio entre diferentes culturas y religiones fuera del judaísmo. Muchos jóvenes de mi familia más o menos próxima, nacidos en Israel o emigrados aquí, no tienen más que un familiar lejano judío y desde luego ni practican ni se sienten judíos. Pero se sienten israelíes. Conviene recordar que a Israel llegó un millón de inmigrantes procedentes de la Unión Soviética cuando este país contaba con una población total de 4 millones de personas. En absoluto podemos decir que es un país de nacionalismo étnico o cerrado. Baste decir que el judaísmo no es una religión proselitista, y aun así los conversos son bienvenidos en este país.

Al no ser un Estado laico, el nacionalismo israelí genera malentendidos.
Así es. Y esto es verdaderamente complejo, porque por ejemplo esos conversos no pueden casarse allí o enterrarse allí en cementerios judíos. Porque hay temas personales importantes que están administrados por religiosos.  Un tema irritante para casi el 70% de la población que se siente secular. Por otro lado, muchos de esos religiosos ortodoxos que administran el  matrimonio o el entierro no sienten el nacionalismo israelí. El nacionalismo es fundamentalmente secular, una de las principales cuestiones del nacionalismo desde su origen en Inglaterra fue el de apartar a Dios de la soberanía. Dios nunca más fue soberano, perdió su importancia política. El destino pasó a estar en manos de los miembros de la nación, del Pueblo, no de Dios. Aunque no cabe duda de que muchos Estados utilizan la religión para fines seculares.

Siglos después de la Guerra de las Dos Rosas, ¿qué pasa ahora con el nacionalismo inglés?
El nacionalismo es un gran reto. Desde su origen hasta ahora ha sido la principal fuerza política mires donde mires. Hay que poner las cosas en perspectiva histórica, y estoy segura de que Inglaterra seguirá siendo un lugar abierto a la inmigración, su nacionalismo es cívico, no étnico. Por otro lado, y en cuanto a su relación con Escocia, no olvidemos que en Inglaterra el nacionalismo es individualista, y así lo entienden también para el resto del mundo. En cuanto a Escocia, la relación con ellos siempre ha sido mala, excepto una época en la que vivieron tranquilamente, pero ahora me parece muy interesante la reacción que han tenido con Escocia: “¿Te quieres ir?, bye-bye”.

Rusia no hubiera reaccionado igual…
¡Lo hubiera hecho de forma totalmente diferente! Ahora, compara y encuentra las diferencias.

Finalicemos con uno de sus libros: Mentalidad, Modernidad y Locura. ¿Cuál es su relación?
La soberanía reside en el pueblo y en la movilidad de las personas en la sociedad. Esto significa que el pueblo toma el control de su propio destino. También lo hacen las personas, de forma individual, que tienen que decidir qué quieres hacer, cómo enfocar su vida, ¡a los niños les preguntamos qué quieren ser de mayor! Esto que está muy bien y es súper empoderador a algunas personas no les funciona. Piensa que en la Edad Media tu vida estaba marcada desde el nacimiento, uno no se hacía preguntas sobre cómo enfocar su futuro, no había lugar a aspiraciones, ni a frustraciones o inseguridad. Pero en el mundo moderno tenemos que crear nuestro yo, ser makers de nuestra propia identidad. Para una inmensa minoría esta tarea es muy difícil. Además, el momento en que se plantea es la adolescencia, una edad compleja para tomar decisiones. En Estados Unidos, el 20% de los adultos, es decir uno de cada cinco, tiene una enfermedad mental muy ligada a todo esto. Esto es típico de los nacionalismos abiertos, en los cerrados, o sea en los étnicos, el descontento es más colectivo y se expresa con mayor violencia.


Liah Greenfeld es catedrática de Sociología, Ciencias políticas y Antropología en la Universidad de Boston. Se doctoró en Sociología del arte por la Universidad Hebrea de Jerusalén y ha sido profesora de sociología en Harvard, Chicago y el MIT.

Bibliografía:

Nationalism: Five Roads to Modernity (Harvard University Press, 1992)

The Spirit of Capitalism: Nationalism and Economic Growth (Harvard University Press, 2001)

Mind, Modernity, Madness: The Impact of Culture on Human Experience (Harvard University Press, 2013)

Pensar con libertad. Mi visión de Marx, Weber, Durkheim, Ben-David, Shils, Aron, Bell y Gellner (Arpa Editores, 2016).

Conferencia que impartió en el CCCB el 10 de octubre de 2016:

Etiquetas: CCCB, Democracia, Liah Greenfeld, nacionalismo, Pensar con Libertad

Sobre el autor

Berta Ares

Berta Ares es Licenciada en Periodismo (UPSA) y Máster en Estudios comparativos de Literatura, Arte y Pensamiento (UPF). Realizó estudios y una investigación de posgrado en Tel Aviv University (TAU), cuyas conclusiones se publicaron en la prestigiosa 'Qesher' (N. 24) que se edita en Tel Aviv y Nueva York. Trabaja en el campo de la comunicación cultural y la comunicación corporativa, y escribe su tesis doctoral, sobre Joseph Roth, en el Departamento de Humanidades de la UPF. Sus inquietudes literarias se inscriben en el campo de la memoria, el laicismo, la religión, la modernidad y Europa.

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