Revista de Letras

Lola Beccaria: “Amar es una receta excelente para entrar en la obsesión, pero a cambio te permite salir de la neurosis”

8 septiembre 2009 Entrevistas
(Foto © Luis Gaspar)

(Foto © Luis Gaspar)

Lola Beccaria (Ferrol, 1963) es escritora que arriesga y, por lo tanto, valiente. Su literatura corrosiva, visceral, llena de matices, tiene la capacidad de someter al lector atento a replantearse sus convicciones y a participar actívamente en las propuestas narrativas que nos ofrece. La luna en Jorge o Una mujer desnuda (ambas publicadas por Anagrama) dan buena muestra de ello.

La habilidad para asomarse al difícil mundo afectivo en tiempos en los que predominan el rechazo, la incomunicación, el deseo físico y la búsqueda de la identidad a través de la “psicología práctica”, vuelve a demostrarse en El arte de perder (Planeta, 2009), obra con la que obtuvo el Premio Azorín de este año. En ella nos presenta a Sara y a Enzo, dos personajes que se conocen a través de una web de contactos y que mantienen una relación de deseo, amor y odio, conduciéndose uno al otro en el siempre apasionante juego de las relaciones de pareja.

Con ella conversamos (vía email -¡!-) sobre el amor virtual, el amor físico, los tópicos y todo aquello que nos ha removido las neuronas leyendo su novela.

el-arte-de-perderCon El arte de perder te adentras en el mundo de las relaciones a través de internet, algo cada día más habitual en nuestros tiempos. ¿Qué ves de negativo y de positivo en este cambio de usos y costumbres en las relaciones?

De positivo, la recuperación de una práctica maravillosa, la vuelta al género epistolar, el amor por las palabras, el contacto, la ampliación del horizonte, de las opciones. De negativo, el alejamiento, la distancia, lo virtual, lo no tangible, la impostación, la estafa, la cobardía… Internet ha modificado, de alguna forma, las relaciones, pues ha invertido su proceso natural. Normalmente la forma de conocer a alguien es en vivo y en directo. De ese modo la persona te entra por la vista, el oído, e incluso el tacto: besos, apretón de manos, etc. En internet, sin embargo, la primera impresión la define una forma de escribir, un estilo narrativo, una forma de presentar la información… y, como mucho, una foto acompañando a un perfil con algunos datos biográficos o curriculares. Lo que en la web te seduce en primera instancia es ese estilo narrativo, no la persona en sí, en su conjunto. Luego, al cabo de cierto tiempo, puedes llegar a verla en vivo, y en ese momento se te pueden caer los palos del sombrajo. Porque en realidad el amor, el enamoramiento, ocurre de una forma irracional, por un ser completo; es falso que podamos enamorarnos de un estilo narrativo: ese es un hecho racional.

El amor es una emoción completa y compleja: incluye el olor, el tacto, la visión del otro, la química que se establece, las afinidades físicas y emocionales… Incluso la amada de Cyrano de Bergerac, por más que en un principio se enamorara de sus cartas, tuvo que sentir una química real por él al conocerlo. De no haber sido así, y aunque las cartas fueran maravillosas, él no habría conseguido seducirla de verdad y del todo.

Así, es cierto que, por una parte, esta forma de relacionarse puede en principio potenciar el deseo. En mi novela se puede observar cómo los dos protagonistas, Sara y Enzo, se van cociendo poco a poco en el caldo de la pasión, aun sin haberse visto en persona; las cartas que se envían, los correos electrónicos, los sms son alicientes para ir construyendo el deseo… las palabras son una herramienta preciosa de construcción del deseo. Pero sólo son la antesala de la pasión: serían, por decirlo de algún modo, el entrante de una buena comida. El verdadero banquete reside en el encuentro, en las caricias, en los besos, en la presencia real. El juego de la seducción tiene un claro objetivo: rematar. Todo lo que no sea culminar, representa un deseo insatisfecho, frustración común de las relaciones virtuales que pululan por Internet.

Parejas internetEl trabajo de campo que realizaste, ¿te sorprendió? ¿Te parece una opción valida, equivalente a otras, o pondrías reparos?

Internet ofrece un catálogo interminable de opciones, de modo que hay para todos los gustos, e incluso este abanico de ofertas es cosmopolita, pues te pone en contacto con gente de todos los países. Se oferta de todo y se busca de todo, cada cual lo que necesita. Desde cibersexo, relaciones serias, encuentros eróticos sin compromiso, y también, por supuesto, una mera relación virtual, o lo que es lo mismo, una relación en la que solo hay contacto cibernético, nunca real. El problema se plantea cuando una de las dos personas aspira a algo más y la otra no quiere más que esa relación virtual, a distancia, sin contacto físico. Porque en realidad, todo proceso de seducción, toda provocación de la excitación, va encaminada, finalmente, hacia el encuentro real, en persona. Y si no hay encuentro tangible, la frustración está servida. En ese sentido, dependes mucho de lo honesta que sea la persona que te encuentres al otro lado del ciberespacio. Lo importante es el pacto inicial: ser honesto representa decir claramente lo que esperas de una relación.

Hay quienes engañan sobre sus intenciones, y en ese sentido son estafadores, porque abusan de la confianza de los demás –en internet la gente se abre y se confía fácilmente– y juegan con sus sentimientos. Es el único peligro de la red: por lo demás, es una excelente vía de comunicación y conocimiento que pone a nuestro alcance muchísimas opciones de relación que jamás habríamos soñado. Eso también puede producir un cierto tipo de empacho que te puede llegar a desorientar. A veces, tantas opciones a la vista te impiden elegir y acabas más solo que antes de empezar. Y también hay algo casi obsceno, vulgar, de mercado de la carne, de cosificación de las personas, pues tanta oferta, en forma de catálogo, impersonal, te recuerda más a un catálogo de objetos o productos a la venta que a seres humanos que buscan una relación.

Es curioso que se abran perfiles en internet para conocer gente y, luego, en la mayoría de las ocasiones, no se llegue a conocer a nadie físicamente, todo queda en chats y emails. Sin embargo, se dice que, actualmente, el 60% de las relaciones se establecen a través de este sistema. Lo que no está claro es el porcentaje del éxito de esas parejas. ¿Estamos hablando de un arma de doble filo en la que es más fácil comunicarse pero no relacionarse?

Resulta muy interesante observar lo que está ocurriendo en internet, dado que es el marco donde, hoy por hoy, nacen el mayor número de las relaciones. Y el hecho de que la mayoría se gesten a través de la red ha provocado un cambio inevitable en los modos de relacionarse de la gente. No conocemos al otro sino por los datos que se nos dan. No tenemos forma de contrastar lo que se nos dice, y debemos hacer un ejercicio de fe en que la información obtenida sea cierta, lo cual no siempre es así. Una vez te has presentado a alguien que no sabes si de verdad es quien dice, comienza el chateo, y de ahí se puede establecer una simple amistad o pasar a algo más “comprometido”, algo más personal e íntimo. Pero la intimidad se construye sin haberle visto la cara al otro: en ese entorno acabas abriéndote con facilidad, flirteando y creando tu propio personaje, al tiempo que el otro está construyendo el suyo propio.

En internet no liga más el que es más guapo, sino el que escribe mejor. La seducción se realiza mediante la palabra, aunque algunos seducen con el único fin de conseguir un rato de cibersexo o un encuentro sexual real puntual. Algunos otros sólo quieren chatear, sin siquiera encontrarse jamás con la persona con la que charlan al otro lado de la pantalla. El hecho de que proliferen las relaciones virtuales, de amistad, de amor o incluso de sexo, es un síntoma de la transformación de los comportamientos de la sociedad.

No todos los que se relacionan por internet, ni mucho menos, quieren una relación a medio o largo plazo. Creo que muchos buscan encuentros sin transcendencia, juegos de seducción detrás de la trinchera, que no lleven a mayores intimidades o enganches emocionales. Internet, en ese aspecto, es el marco ideal para este tipo de relaciones, y también es cierto que supone un desfogue para todos aquellos que, casados o emparejados, están aburridos de su pareja y buscan un chute de excitación “inocente”, esto es, sin adulterio explícito. Internet es un lugar donde la responsabilidad por los actos cometidos se diluye: es como si todo estuviera permitido por el mero hecho de que pasa al otro lado de la pantalla, como si no ocurriera en la realidad, cuando en verdad sí ocurre. Sí estás estafando a otro si le mientes sobre tu persona o sobre tus intenciones aunque no se lo digas a la cara sino por un email, y la gente no es consciente del daño que puede provocar.

Sara y Enzo, los protagonistas de tu novela, después de un primer encuentro, se muestran como dos personajes que no pueden ser más antagónicos: Ella, apasionada, deseosa de mantener una relación estable, enamorada. Él, frio, distante, sin intenciones ni objetivos claros. Ambos llevan la comunicación a sus propios extremos, lo que hace pensar que es una relación sin futuro. ¿Lo concebiste así desde un principio o surgió a medida que ibas conociendo a tus personajes, moldeándolos durante el proceso de escritura?

Yo no creo que Sara y Enzo sean tan distintos. Los dos son jugadores, cada uno a su manera. A los dos les gusta el jugueteo, la apuesta, la aventura, el suspense, buscar la sorpresa, seducir y encandilar al otro… Enzo es apasionado, claro que sí, tanto o más que Sara, pero una cosa es lo que eres y otra cosa lo que decides mostrar de ti mismo. Hay muchos seres humanos que han decidido reprimirse emocionalmente por una cuestión de supervivencia.

Hombre llorandoCreo que muchas veces los hombres, cuando se enamoran, se vuelven peores de lo que eran. En lugar de convertirse, por obra del amor, en mejores personas, se vuelven recelosos, crueles, evasivos, todo porque no saben manejarse con sus propias emociones y las consideran una amenaza a su estatus o su equilibrio vital. La forma de amar masculina muchas veces es tortuosa y contradictoria… Cuando finalmente el rayo del amor los hiere, su entrega emocional suele ir asociada a una rendición perturbadora, incómoda… Es una cuestión educacional, en la que la mujer está -histórica y educacionalmente- mejor pertrechada para aguantar el tirón de las emociones, mientras que el hombre vive de forma desasosegante el enamoramiento.

Por otra parte, Sara no quiere una relación estable, o, por lo menos, no quiere una relación convencional. Ella persigue vivir una historia de amor extraordinaria y cree haberla encontrado con Enzo. Por eso lucha por él, y por vivirla. Desea llevar a la realidad su relación, materializarla, disfrutar de la compañía de Enzo, de su cuerpo, de su conversación, de su sexo… Lo que quiere es sentir el placer físico de tener a Enzo en presencia, de tocarlo, de bebérselo y comérselo, de besarlo y follárselo… Eso no es exactamente lo que se denominaría como una “relación estable”. Eso es querer ser feliz en plenitud, tenga la duración que tenga. Y lo que Enzo, el avaro Enzo, el esquivo, mezquino Enzo hace es negarle una y otra vez la oportunidad de hacerlo mientras ella se deja la piel en la aventura…

Sara envía textos discursivos, largas reflexiones. Sin embargo, Enzo se comunica con silencios, onomatopeyas o frases cortas. Armar una historia de este tipo en la que la comunicación ofrece esos contrastes no ha de ser fácil. A veces los silencios de Enzo dicen más que los argumentados mensajes de Sara, aunque no nos demos cuenta en el instante de la lectura. Ahí juega un papel esencial tu capacidad creativa. ¿Has trabajado esta obra de manera diferente al resto?

Es muy difícil, es cierto, armar una historia con tan sólo dos personajes y una relación de amor cimentada en la cuerda floja de los sms y los correos electrónicos que se envían el uno al otro, y, precisamente por eso mismo, consciente como era de la dificultad de contar algo tan evanescente y metafísico como es esa clase de relación, me planteé más fuertemente el reto de entretener al lector y de tenerlo agarrado al libro sin que pudiera soltarlo hasta el final. Muchos lectores me lo han comentado: la sorpresa de verse leyendo la novela de un tirón. Una amiga mía me confesó que se había enganchado de tal modo que para poder acabarla puso una excusa para faltar al trabajo y así poder leer la novela entera sin interrupciones. Ese es un caso extremo, pero sí es verdad que aunque pueda parecer sorprendente, la novela engancha porque está contada en clave de misterio y el lector acaba identificándose con la protagonista, que no sabe nunca a qué atenerse con su enamorado Enzo. Ese interés que no cesa hasta el punto final del libro me hace sentir muy orgullosa de haberlo conseguido: contar una historia de amor como si fuera una novela negra.

pareja-muroEn cuanto a los silencios, narrativamente son muy difíciles de construir y lograr que funcionen, pero cuando lo consigues, produce un efecto muy potente, ya que el silencio tiene un poder evocador y expresivo enorme. El silencio es un recurso que sirve para sugerir, que da pie al lector para que interprete las situaciones, sin que se lo den todo hecho. Pero es verdad que para sugerir hay que hacerlo bien, y ese era, también, el reto de esta novela: lograr transmitir, a través de sus breves mensajes y sus silencios, todo lo que se esconde en el alma de Enzo.

Los lectores pueden tomar partido por uno u otra. Hay quien “demonizará” a Enzo, quien verá en Sara a una víctima… y viceversa. ¿Eras consciente del juego que le aportabas al lector?

conflictos.de.parejaSí, eso también me gusta: las distintas reacciones que provoca la lectura de mi novela entre los diferentes lectores. Eso demuestra que, de alguna manera, he alcanzado mi objetivo: construir y mostrar unos personajes caleidoscópicos, y, sobre todo, enriquecedoramente contradictorios, como lo somos todos los seres humanos. Enzo y Sara están llenos de matices, de pasiones, de contrasentidos, pero nunca Sara es una víctima ni Enzo un canalla de una pieza. Precisamente Sara huye de ese tópico: no quiere ser una víctima, no quiere hacer el papel patético que se nos ha adjudicado a las mujeres a lo largo de la historia y que todavía hoy algunas practican, esto es, el andar como alma en pena llorando por el desamor de un hombre que, normalmente, es un imbécil o un mediocre. Tampoco Enzo es el cabrón prototípico, aunque me ha gustado también jugar con esa imagen, con ese equívoco, con esa dualidad.

La reflexión que yo quería transmitir a partir de la historia, un análisis sobre el amor en la actualidad, requería la confección de un personaje como Enzo: alguien complejo, ambiguo, y atractivo intelectualmente. Enzo es interesante, y su psicología es rica y misteriosa. Y es su propia forma de entender la vida lo que vertebra el interés de Sara por conocerlo, interés que es el mismo que, página tras página, el personaje de Enzo y su actitud provocan en el lector.

El arte de (saber) perder es fundamental para remontar el vuelo, en especial cuando una relación fracasa. Tus personajes no sólo están siempre al filo de la pérdida, sino que también deben enfrentarse a soledades terribles. ¿Podemos entender las reacciones de Enzo como las propias de alguien que confunde “soledad” con “libertad”?

esp.rituEnzo es un personaje complejo, a pesar de sus silencios y de que marca siempre la distancia para no dejarse conocer. Sí podría decirse que, aparte de sus circunstancias personales concretas, es un ejemplo de ‘single’ posmoderno, caído en la trampa de un individualismo enfermizo. La filosofía de los ‘singles’ es un arma de doble filo. La ingeniosa publicidad con que se abandera actualmente la soltería, conviertiéndola en una actitud militante, esconde el grave peligro de la fragmentación -la ruptura del ser humano con el universo del que forma parte-, que puede llevarlo a la soledad más deprimente y a una profunda esterilidad emocional. El problema es que el narcisismo imperante ha llevado a este estado de cosas. El narcisismo busca huir de cualquier tipo de sufrimiento o de frustración. Y hemos creado una sociedad fofa, fría, débil, incapaz de aguantar el tirón de ninguna pasión.

El que quiere amar sabe que, tarde o temprano, puede llegar a sufrir: ya sea por la pérdida de la persona amada o por el desamor mismo. Como cada vez tenemos menos herramientas para encajar el sufrimiento derivado de pérdidas emocionales, cada vez queremos exponernos menos, de modo que renunciamos a vivir a cambio de no sufrir. A esto se une que nuestro ego está deformado, aquejado de exceso de autoritarismo, de forma que manda demasiado sobre nuestras emociones. Se nos ha vendido tanto la idea del individualismo, de la libertad, del aprender a decir que no, del saber poner límites, que nos hemos pasado de rosca y todo lo que suene a vinculación nos suena a peligroso y lo rechazamos. Nos olvidamos de que para amar es necesario vincularse con otro. Y sin vinculación no hay amor…

La exigencia de libertad y autosuficiencia se ha convertido en algo casi enfermizo, en una adicción de esta sociedad neurótica, y, por ende, en un enemigo acérrimo del amor. Nadie cree ser capaz de ser libre en compañía o en pareja, y en general se identifica ‘libertad’ con ‘soledad’, con la tristeza y sequedad emocional que conlleva. Para mí, el amor será siempre la mejor adicción que existe. La pasión amorosa es la más espléndida obsesión del ser humano. Es salirte del yo, de una vez por todas, e ir hacia el tú que representa el amado. Ese tú que te permite construir un nosotros, y darte al otro sin recelo, y amarlo sobre todas las cosas. Poder salirse uno del yo aplastante que vivimos hoy día es una auténtica bendición. Yo lo recomiendo a cualquiera: amar es una receta excelente para entrar en la obsesión, pero a cambio te permite salir de la neurosis. Valga lo uno por lo otro, y encima, representa la más excelsa felicidad: el exquisito sentimiento de la belleza compartida. Ahí es nada.

Dice Sara: “El mayor enemigo del amor es la razón”. Uno de los aspectos que abordas en la novela es la racionalización de los sentimientos, algo de lo que se están encargando los autores de libros de autoayuda. ¿No crees que la razón banaliza, encorseta y etiqueta la esencia de los sentimientos hasta límites ridículos?

La razón es necesaria para procesar la información. Por eso es útil tener un buen cerebro. Sin embargo, a veces, la persona muy intelectual, con tener una herramienta fabulosa para afrontar el día a día, al mismo tiempo, sufre un handicap importante: emocionalmente suele estar limitada, pues predomina en ella el análisis racional frente al emocional. Si tienes un pequeño tirano en tu cerebro que te advierte contra la espontaneidad y la naturalidad y el sentimentalismo, te coarta a la hora de dejarte llevar por la emoción y te impedirá entregarte sin recelos a la pasión amorosa. ¿Cuánta gente está en la actualidad dispuesta a amar sin limitaciones? En primera instancia el corazón nos lleva alegremente hacia alguien que nos gusta, pero inmediatamente toma las riendas la cabeza, por miedo al descontrol, y comenzamos a valorar negativamente el panorama, empezamos a poner pegas al otro y nuestra mente, que es poderosa, acaba derribándolo del pedestal amoroso en que nuestro corazón lo había subido. Todo con tal de no asumir el sentimiento amoroso que nos embarga, todo con tal de evitar el peligro del sufrimiento del desamor o el abandono. Entre tanto, dejamos de vivir la vida en toda su intensidad y esplendor, y nos conformamos con los insípidos y previsibles sucedáneos de la sociedad consumista.

Los “topicazos” también aparecen en El arte de perder, a través de los diálogos que Sara establece con sus amigas o en el debate en la sierra, en el que tu protagonista femenina se encuentra con un grupo de personajes que parecen competir a “a ver quién la dice más gorda”. ¿Están cayendo los estereotipos que nos han acompañado durante tantos años?

Lo ideal sería que cayeran, claro, pero creo que hasta que alguno de los esenciales caiga de verdad pasará bastante tiempo. Precisamente por eso escribo: para tratar de derribar algún que otro tópico y dinamitar lo previsible, lo impuesto, que es muy malo y muy poco creativo. Entre los tópicos que se mencionan en la novela, me interesan especialmente los referidos a la actitud de los hombres frente al amor. Por ejemplo, normalmente se dice que los hombres son enemigos del compromiso. ¿Cuántas veces hemos oído esa cantinela? Y yo creo que no es así. Cualquiera puede acabar una relación y dejarla cuando quiera, y, de hecho, así suele ocurrir. Yo creo que el hombre en realidad a lo que tiene miedo es a sufrir.

Como he dicho antes, los hombres viven como una amenaza el amor, mientras que las mujeres lo vivimos como algo que forma parte de nuestras vidas: un elemento necesario y placentero que nos completa y amplifica nuestra felicidad. Por eso el hombre huye, pero no del compromiso, sino de entregarse en manos de la pasión.

el-amor-y-la-pareja-objetoOtro tópico interesante sería el de que las mujeres somos más románticas que los hombres. Falso. La prueba es que los hombres, de lo que más disfrutan es del primer estadio de las relaciones, esto es, del proceso de la conquista, que es el momento más romántico de las relaciones amorosas. Desarrollan, además, mecanismos de seducción de lo más sofisticados y eso no es pura palabrería: es síntoma de un sentimiento muy profundo, que más adelante pisotean para que no los invada por completo. Tengo un amigo que asegura que los hombres conocen perfectamente el mensaje romántico que queremos escuchar las mujeres, y, al parecer, si se molestan en hacer la pantomima de decírnoslo es única y exclusivamente con el claro objetivo de seducirnos y llevarnos a la cama. Y yo creo que eso es mentira. El problema es que los hombres se creen esa mentira, y no saben leer dentro de sí mismos, pues nadie les ha enseñado a escuchar a su corazón, y entre tanto, seguirán seduciendo a las mujeres, poniéndose encantadores, sentimentales, melosos, mimosos, poéticos y superrománticos, creyendo que solo lo hacen para conseguir meterse en las sábanas de las mujeres, cuando lo que busca su alma sensible es la expresión del amor en toda su dimensión.

La sumisión de Sara propicia unas suculentas reflexiones sobre la esclavitud y el servilismo, sobre el dolor del amor cuando se ama, lo que deja entrever que se mantienen los temas universales en tiempos de cambios e invitas a reflexionar sobre ellos. Esas claves para entender y entenderse permanecen en el tiempo. Aún así, parece que la única manera de aprender es a través de las propias experiencias. Como autora, ¿te gusta “picar” al lector para que asuma un rol activo después de adentrarse en tus historias? ¿Procuras ir más allá de la simple ficción con el fin de que “movamos el culo”?

Sí, sí, claro. Eso es lo que pretendo. Busco que el lector se remueva en su sillón, y abandone la comodidad de la vida encarrilada para emprender nuevos rumbos y oportunidades. Busco pinchar al lector en su inteligencia y en su amor propio con el fin de que construya sus propias naves y salga a mar abierta. Y, sobre todo, busco desempolvar la valentía, el coraje del amor. Los arrestos de la gente, el amor propio de los hombres, de las mujeres, a la hora de lanzarse a la piscina y entregarse a la pasión… Nos vamos a morir todos, pues hagámoslo tras disfrutar de todas las intensidades, de todos los chutes naturales de la vida, del encuentro exquisito… de la comunión sensual y emocional… que es la más sublime, pues implica cuerpo y alma aunados… Lo que predico no es la F, sino la FE, o sea, no solo “Follar” sino “Follar Enamorados”. Porque practicar el sexo con quien amas, el polvo enamorado, es cien mil veces más placentero, espléndido, extraordinario, sublime y apasionante que un polvo de una noche de aquí te pillo aquí te mato. Sería la diferencia entre ir de tapeo a una tasca cualquiera o ir a cenar al Bulli…

amor-corazon-745309Hay que cuidar a los discapacitados emocionales.  Un pasaje que considero muy duro en tu novela incide en los mensajes que recibimos para que busquemos la perfección en nuestras relaciones. ¿Crees que se nos está haciendo perder el sentido de la palabra “amor”?

Pues sí. Hoy día hay tantos especialistas subidos al púlpito del amor, dando instrucciones sobre cómo se debe amar, que no hay quien aguante semejante presión psicológica. Y vamos a acabar todos por tirar la toalla, hartos de no encajar en los modelos establecidos, deprimidos por enamorarnos de quien no debemos, acomplejados de no responder a los cánones de las personas normales, y culpabilizados por no saber decir que no a todos los impulsos pasionales inadecuados que nos asaltan… Un final de lo más triste… Incluso el prototípico donjuán es un producto del “miedo a no dar la talla”. Va de flor en flor, de relación en relación, de polvo en polvo porque tiene una tara emocional que le impide echar raíces. A mí me produce mucha ternura, aunque en apariencia sea un imbécil profundo. En realidad, se esconde por pudor o miedo a la implicación afectiva, y representa, a mi modo de ver, el miedo a amar, a implicarnos emocionalmente, que vivimos hoy día. Se esconde tras una máscara y teme desnudarse, teme que lo vean como de verdad es, en esta sociedad que busca la perfección. La exigencia es cada vez mayor, tanto, que la vivimos como una amenaza, que sentimos que vamos a ser juzgados y por ese motivo, no queremos salir de nuestra cueva. Acabamos en soledad por no sentirnos juzgados. Acabamos en soledad para no defraudar y para no ser abandonados, para no acabar, en definitiva, sufriendo como condenados.

Sofía, la amiga de Sara, aborda el conflicto de una manera más racional, más sencilla, sin tanta filosofía ni “romperse el coco”. ¿Sería el modelo a seguir en estos tiempos?

Desde luego que sí. Hay algo de sofisticación en la sencillez. Yo siempre le he dado mucha importancia al sofisticación y a la exquisitez, pero es verdad que muchas veces detrás de algunas actitudes en apariencia elegantes, si rascas un poco, no hay más que banalidad o incluso el vacío más demoledor; y en ocasiones también es cierto que buscamos la elegancia y lo extraordinario en el lugar equivocado. Ya no aguanto a los pedantes que pontifican pretenciosamente y en realidad son de una mediocridad emocional y personal infumable. El verdadero glamour y la verdadera exquisitez están en un lugar más sagrado y bello del alma humana, y es ahí donde debemos buscarlo, pues es lo que más valor tiene. Lo demás es barato y vulgar. No merece la pena malgastar en empresas de dudosa valía nuestro esfuerzo, nuestra fe, nuestro entusiasmo o ingenuidad. Hay que aprender a buscar con mejor vista… con mejor olfato…

Enzo utiliza la ópera Tristán e Isolde para argumentar su defensa del amor recíproco. Es el momento en que nos damos cuenta de que están en esa situación de reciprocidad, pero cada uno lo lleva de una manera diferente. ¿Cuál crees que es más peligroso, el amor obsesivo o el reflexivo?

Todo amor es obsesivo si quiere llamarse amor. Si no lo es, no es amor. O dicho de otro modo: el amor es la obsesión más extraordinaria que puede alcanzar el ser humano: cuando te enamoras, solo ves al amado, solo piensas en él, una y otra vez. Es inevitable, es loco, es maravilloso. Es lo mejor de amar: cómo la mente se engolfa en el placer de la infinita repetición de la felicidad, recreando en la memoria, constantemente, la película de los encuentros con el amado. Pero eso no dura eternamente.

amor por chatEl amor “obsesivo” es el amor de la primera fase. Es el amor del enamoramiento. Es un estado alterado de la conciencia que se va superando para pasar a un estadio diferente, no por ello menos intenso. El enamoramiento es como un chute superior de los sentidos. Todo brilla más, se estrenan colores nunca vistos, se escuchan mil tonalidades novedosas, vibran corrientes eléctricas por todo el cuerpo, los calambrazos de intensidad y de locura son espectaculares… Después el amor loco se serena, y entonces es cuando pasas a otro estadio en el que el amor puede llegar a ser más hermoso y redondo todavía si las raíces del respeto y la amistad están solidificadas, de modo que lo que pasa a sostener la relación es el sofisticado juego de las complicidades, para compartir el placer con el compañero de juegos perfecto…

En cuanto al amor reflexivo, no sé cómo definirlo ni si realmente existe. Yo no creo que exista, pues casi casi parece un oxímoron, es decir, algo imposible. Tal vez podría ser el amor que no quiere ser amor y se da razones a sí mismo para autodestruirse. O quizá es la excusa de quien no se quiere entregar al amor de verdad, al pasional, al extremado, al loco, y se engaña con ese escuálido remedo de lo sublime, y busca relaciones banales, estúpidas o estereotipadas mientras deja su corazón colgado en el ropero, cogiendo polilla. El amor reflexivo… Ufff… ¡Qué pereza! ¿A quién le interesa esa clase de amor? El genuino amor siempre es emotivo…

Por último: lo de la restauración de la talla de San Antonio, patrón de los amores imposibles, ¿va con segundas? ¿tiene relación con lo que sucede más adelante en el libro?

Jajaja… claro que sí. San Antonio es un santo especialmente querido por mí. Me inspira ternura, entre otras cosas porque es el patrón de los amores imposibles, cierto, y también de los animales y hasta el de los novios… y, sobre todo, porque se le invoca para recuperar lo que has perdido, y también para encontrar pareja… Aunque, según dicen algunas conocidas mías que han apelado a su intervención, el pobre es un inútil que no suele acertar. Quizá por eso me guste más…

José A. Muñoz

Etiquetas: El arte de perder, Lola Beccaria, Planeta

Sobre el autor

José A. Muñoz

José A. Muñoz (Badalona, 1970), periodista cultural. Licenciado en Ciencias de la Información, ha colaborado en varias emisoras de radio locales, realizando programas de cine y magazines culturales y literarios. Ha sido Jefe de Comunicación de Casa del Llibre y de diversas editoriales.

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3 Comentarios

  1. Suni 17 septiembre 2009 at 11:51

    Me encanta la visión amplia y completa que Lola ha percibido a lo largo de su vida sobre el amor, y la diferencia del que quiere amar sin sufrir y el que simplemente quiere y sabe amar. También sobre la diferencia de amar entre los hombres y las mujeres y el hecho educativo que los lleva a esta manera de comportarse no justificada, a mi parecer. Pues cuando maduramos, también debemos ser críticos con la educación y normas inculcadas y rebeldes en ellas. Solo quien quiere, se deja amar y ama de verdad.
    ¡¡Me compro esta tarde el libro!!

  2. Katxu 23 junio 2010 at 11:21

    Leí el libro de un tirón: mala noticia.
    Otra peor: me salté más de la mitad.
    Como le pasaría a un Enzo de carne y hueso, las epístolas de Sara me resultan entre neuróticas y pedantes. Su comportamiento, el de Enzo: infumable.
    Hay que ser de las que se agarran a un clavo ardiendo para pasar horas rumiando tres sílabas (“ven” o “ama”); una onomatopeya “hmmm”; una interjección (jeje!) o unos signos de interrogación (aunque sean siete)…para luego re(que erre)-interpretarlo como amor.

    “El Arte de Peder” no es una novela sobre el amor. Es un tratado sobre el mal uso de los móviles. Sara utiliza el suyo como dildo emocional y encuentra a otro que tal cual….se quedan colgados en la fase de calentamiento porque después….¿qué iban a hacer estos dos?¿Reirse juntos de los que comen sushi? o ¿ir a la ópera y en el intermedio mandar un furtivo sms?

    Creo que la respuesta nos viene dada al final de la novela: Enzo manda un mensaje a la enfermera. Si, si.El medio apasiona más que el fin y ya nadie siente como en “Cumbres Borrascosas”.

    Tecleo ergo sum.

  3. mariela 28 octubre 2010 at 19:51

    No creo que la sexualidad con el amor de tu vida sea la mejor…a veces queremos tanto a un hombre que le perdonamos su eyaculacion precoz, su torpeza,etc muchas veces un aquí te pillo aqui te mato en periodos de solteria resulta mucho mejor.

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