Revista de Letras

“Un poema puede ser más reflexivo que un ensayo”

Marília Garcia | Foto cedida por la autora

Marília Garcia | Foto cedida por la autora

Marília Garcia es una poeta brasileña nacida en Rio de Janeiro en 1979. Con ella podríamos hablar sobre la primera y próxima publicación en España de un poemario suyo, Error geográfico. Pero todavía es pronto. Será en 2015, en el sello editorial Kriller71. Por lo que me cuenta, este libro contendrá obra de cada uno de los editados en su país. Así que me pareció mejor centrarnos en conocer su trayectoria poética, acercarla al lector hispano que la desconoce: qué ha publicado y qué afinidades estéticas cincelan su manera de construir los poemas. Para no desaprovechar la ocasión le pido que nos informe sobre la actualidad de la poesía en Brasil y, por supuesto, sobre su faceta de traductora, el trabajo habitual con que se gana la vida. Es entonces cuando Marília Garcia, doctorada en Literatura Comparada y con una tesis sobre el poeta francés Emmanuel Hocquard, reluce en todo su esplendor, con las pistas necesarias al descubierto para seguir su rastro, que otro idioma no tiene por qué ser una frontera.

Nos hemos ido acostumbrando a escuchar que Brasil -al menos desde este otro lado del mundo- lidera el ranking de mercados emergentes, un país idílico para asuntos comerciales y de negocios… ¿También crees que sobre su poesía podríamos decir lo mismo? ¿Qué es lo más interesante que destacarías del trabajo de los poetas más jóvenes?
No sabría decir si es un país emergente poéticamente, pero considero este un momento bastante vivo de la poesía brasileña, con muchas corrientes y diálogos en varios sentidos: diálogos con otras artes, diálogos con la poesía de fuera del país. Y lo que veo más interesante de lo que se hace aquí en general está en esos cruces, incorporando otros géneros, otros tipos de producción artística.

7 letras

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Por ejemplo, respecto a su rica tradición poética, ¿qué novedades o cambios señalarías?
En relación a la tradición, creo que es un momento interesante también, en que una de las polarizaciones que fueron más comunes en los debates de poesía aquí (de un lado, una poesía más constructiva, del otro lo que podría ser llamado poesía de la experiencia) ha sido finalmente superado, abriendo espacio a otras discusiones, a otros puntos de partida. Desde los años 70 esa polarización ya era tratada por algunos poetas como algo sin sentido, pero creo que prosiguió ese debate durante algún tiempo. De todos modos, hay poetas que están produciendo desde aquella época textos interesantísimos, esquivando las etiquetas, sin dejar de dialogar con la tradición modernista, pero produciendo un trabajo muy propio, como es el caso de Chico Alvim, por ejemplo… Y también, el año pasado, fue organizada y publicada la obra poética de Paulo Leminski, que fue uno de esos poetas de los años 70, y la repercusión que tuvo esa edición (que incluso en términos de ventas fue sorprendente, llegando a 100.000 ejemplares en un año, algo completamente inusual para la poesía) puede ser un indicio de que, de algún modo, estamos viviendo una canonización de esos poetas, abriendo espacio para que quien escribe ahora pueda tener un diálogo con todo eso que está siendo incorporado.

Eres coeditora -junto a los poetas Angélica Freitas, Fabiano Calixto y Ricardo Domeneck- de la revista Modo de Usar & Co. ¿Cuándo empezó la andadura de esta publicación y cómo coincidieron ustedes cuatro?
Las circunstancias que dieron inicio a la revista fueron medio casuales. Me gusta pensar en el contexto de las cosas: a veces sucede que estás en un lugar (espacio) con personas con intereses próximos (que determinan un tiempo) y entonces algunas cosas suceden un poco naturalmente, a consecuencia del diálogo y de las ganas de hacer. En la época en la que iniciamos la revista yo trabajaba en la 7letras, editorial que desde los años 90 publica autores contemporáneos, y conocí a los otros tres poetas porque habían editado sus libros allí. En 2007, Fabiano tuvo la idea de que hiciéramos una revista, de que creáramos un espacio para que el diálogo se volviera más concreto, para intercambiar traducciones, conversar sobre lo que estábamos leyendo, para estar más cerca. Me gusta esa idea de espacio porque vivíamos en ciudades (y países) diferentes (en esa época, Angélica vivía en Argentina, Ricardo en Alemania, Fabiano y yo en Brasil, en São Paulo y Rio) y nuestro diálogo podía tener lugar en ese espacio

¿Qué provocó la puesta en marcha de esta iniciativa y cuáles sus objetivos?
La motivación fue en todo caso esas ganas de compartir lecturas, intercambiar traducciones y textos que estábamos leyendo, establecer una conversación alrededor de la escritura y, también, intentar mover algo en lo que escribíamos insertando otras lecturas en el repertorio de cada uno. Por otro lado, el mercado editorial en Brasil, sobre todo el de poesía, es muy pequeño y, aunque existan algunas revistas de poesía, estas acostumbran a durar unos pocos años y, a fin de cuentas, hay poco espacio para la circulación de textos, traducciones, ensayos sobre poesía y para la publicación de autores jóvenes o inéditos que no verían sus textos publicados (y a los que no conoceríamos) si no fuese en una revista. La prensa cultural ofrece menos espacio aún y, frente a esa fragilidad, es preciso producir los propios medios de circulación, lo que posibilita la creación de formas de circulación que estén de acuerdo con lo que queremos hacer y que pueden, en alguna medida, producir modos de usar, en consonancia con la forma que queramos darle, ya que no depende mucho de reglas externas y mercadológicas. Para volver todo más concreto, creamos una suerte de sociedad con la Librería Berinjela, de Daniel Chomski que, además de ser un gran amigo, siempre ha sido un colaborador porque nos recomendaba libros de su librería. Él invirtió en la impresión y nosotros hicimos la parte editorial y visual.

Pero existe también un blog con el mismo nombre de la revista…
Después de que estuvo lista la revista en papel creamos un blog (revistamododeusar.blogspot.com) que tenía, inicialmente, el objetivo de postear el material relacionado con el número impreso pero que no podía existir en papel. Después, con la posibilidad de incorporar otros soportes y también con la facilidad de postear material cada semana, el blog acabó creciendo y teniendo una periodicidad más constante que la revista impresa, recibiendo muchos textos inéditos y traducciones, y también desdoblándose en otros proyectos. Incluso con el auge digital, consideramos importante todavía mantener la revista impresa, ya que en ese formato contiene una suerte de narrativa, coloca ciertos textos a dialogar de una forma diferente de la que sucede en el contenido infinito de un blog. En ese formato libro, creamos una narrativa que está ahí, que presentamos en determinado momento.

¿Traducir un poema también es crear? ¿En qué consiste una buena traducción?
Estoy de acuerdo, sí, con eso de que traducir un poema es crear. Existe un proceso material de construcción con el lenguaje para intentar encontrar formas de decir algo que no sabemos exactamente qué es y acabamos, al final del proceso, encontrando eso que no esperábamos, que no estaba ahí antes, dicho de ese modo en esa lengua. Hay una historia interesante del poeta y traductor francés Emmanuel Hocquard. Él organizó una antología de poesía contemporánea francesa y colocó a algunos autores norteamericanos en el libro. Al ser cuestionado acerca del criterio (ya que no eran autores que vivieran en Francia ni de nacionalidad franco-americana) dijo que aunque esos autores fueran norteamericanos viviendo en Estados Unidos habían sido traducidos al francés, y que al entrar en la lengua francesa había producido espacios interesantes, espacios que no existían antes o que existían potencialmente de algún modo, pero que esos poemas acababan ampliando el espacio de la literatura francesa, argumento para él suficiente para ser incorporados a esta.

Resulta muy curioso el caso de esta antología de la que hablas preparada por Hocquard… En este sentido, ¿tú también crees que un poeta, a la hora de ser clasificado, antes que por su nacionalidad debe serlo por la lengua en la que escribe o es traducido? ¿O bien vienen a ser dos modelos clasificatorios distintos y no necesariamente contradictorios entre sí?
Creo que ese caso de la antología es más bien una boutade, una broma medio absurda con el propósito de hacer tambalear el modo como vemos las cosas. Creo que son dos asuntos distintos y no contradictorios: los escritores son clasificados por su nacionalidad, claro, pero al proponer, si estoy en la lengua de llegada de la traducción, que alguien sea leído como brasileño, quiero decir que ese autor fuerza los “bordes” de la “literatura brasileña”, esto es, que entra en la lengua portuguesa provocando desplazamientos en la lectura que hacemos del mundo, incluso si estamos hablando del micromundo de la poesía, que incluye a un puñado de lectores. Podría citar un caso conocido en Brasil de un poeta “francés” (¡que en realidad era suizo!), llamado Blaise Cendrars. A comienzos de la década de 1920 viajó a Brasil y estableció un diálogo intenso con nuestros modernistas, diálogo que resultó en intercambios de doble sentido. Nuestro modernismo incorpora un tipo de corte de verso, pero sobre todo un tono coloquial que será una de las marcas de esa poesía. Recuerdo también a nuestro amigo Aníbal Cristobo, que es argentino, pero que pasó una temporada en Rio de Janeiro en los años 90, donde publicó su primer libro, tradujo poetas hispanohablantes al portugués y estableció un amplio intercambio con algunos. En 2008 organicé una antología en Portugal de poetas brasileños y lo incluí a él entre los 13 poetas brasileños, justamente por haber dejado marcas en la poesía de aquí.

VOX

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¿Cuándo te das por satisfecha como traductora? Es decir, ¿cuándo das por concluida la traducción de un poema que estás llevando a cabo?
Para analizar si el ejercicio de traducción me satisface, uso el mismo criterio que usaría para evaluar si un poema está listo y pasa por la posibilidad de decir en portugués alguna cosa que provoque alguna extrañeza o desplazamiento (sea por el humor o por una combinación inusitada de palabras o por el corte de una historia, por ejemplo) o que despierte algo interesante, que sea más que un “texto cerrado”… Me doy por satisfecha cuando encuentro un registro para la traducción que produzca esos espacios, o que yo en aquel momento pueda ver que tengo un objeto verbal funcionando en mi lengua y creando relaciones que no estaban allí antes. Está claro que hay una especie de ilusión en relación a que algo esté “listo”. Y sobre todo en el caso de la traducción creo que es necesario volver al original algunas veces para intentar percibir si algún matiz se ha perdido, o incluso al contrario, alejarse del original y darse un tiempo para releer con distanciamiento la traducción.

¿Qué autores son los que has traducido hasta ahora y cuáles los que te apetecería traducir? ¿Tu elección depende de cierta afinidad poética o no es imprescindible que esta se tenga que dar?
Traduje textos de Gertrude Stein, traduje un libro-relato de Mathieu Lindon, y también varios poemas sueltos, por ejemplo, de autores argentinos, como Martín Gambarotta, franceses, como Nathalie Quintane, o algunos norteamericanos, como Kenneth Koch… Me gustaría traducir más autores franceses contemporáneos; me interesa mucho el trabajo que ellos hacen de mezclar los géneros y registros de escritura… Traduje también prosa de Victor Hugo, por ejemplo, y vengo traduciendo libros infantiles, pero, aunque no creo que sea necesaria esa afinidad estética con los autores, las traducciones de poesía que he hecho hasta ahora fueron todas elecciones mías y por lo tanto siempre he buscado autores que estuvieran en mi campo de intereses y afinidades. También sucede muchas veces que, al leer poesía extranjera en otra lengua, me surge un impulso de querer leer aquel texto en portugués, de intentar descubrir lo que hay allí o de entenderlo de otra manera y por eso lo traduzco, pero en esos casos son también textos con los cuales me identifico de alguna manera.

Has publicado tres libros de poemas, ¿qué consideras común entre ellos y qué los podría distanciar a uno de los otros?
He publicado hasta ahora 3 libros (y 1 mini-libro, Encontro às cegas, que después fue reescrito e incorporado al primer libro). El primero fue 20 poemas para tu walkman, del 2007. Es un libro con pequeñas narrativas interrumpidas, casi fragmentos de historias aisladas, snapshots. Los poemas tienen una sintaxis más narrativa y el lenguaje es simple, pero por medio de los cortes el sentido es siempre un poco huidizo. Aparecen personajes sin nombre y otros con nombres desplazándose por ciudades en principio identificables (como Barcelona, Nueva York), pero en el libro ciudades que ya no son esas ciudades que esos nombres representan y que ya no sabemos quién está pasando por dónde o quién está diciendo qué, ya que los poemas incorporan voces que no sabemos de dónde vienen. Así, juego por ejemplo con la alternancia del sujeto (a veces aparece un ella, a veces un él, a veces un yo), con recortes de paisajes, personas caminando, que van y vienen de un poema a otro, sonidos de canciones y frases hechas que entran apenas un instante pero que en seguida desaparecen… El segundo fue Error geográfico, de 2012, y es un único poema largo, una especie de road-poem, que narra un viaje hecho en 2009 cuando fui a conocer al poeta Emmanuel Hocquard a su casa del sur de Francia. El viaje fue hecho en metro, coche, tren, avión y paso por innúmeras ciudades (y al final del libro llego a Barcelona), pero también es un viaje afectivo por la memoria, sobreponiendo mapas afectivos a los mapas y espacios recorridos. De la misma forma que en el libro anterior, hay un juego con pronombres y con los puntos de vista del texto, tomando la geografía y los espacios más como errores y azares que como algo determinado o matemático…

¿Y el tercero?
El último libro, de 2014, es Un test de resistores, y es un libro diferente de los otros por ser más directo en el tono, por ser todo en primera persona y por incorporar al poema una reflexión sobre el propio poema. Es un libro de procedimientos que habla sobre escribir, piensa el poema testeándolo al mismo tiempo, incorporando al texto algo más ensayístico. Y a la vez es un libro con un lenguaje más maquinal, repetitivo y que por eso permite que yo tenga más presencia. Siempre he pensado que un poema puede ser tan reflexivo o más que un ensayo. En este libro incorporo herramientas que podrían pertenecer al campo del ensayo para volver más clara la potencia reflexiva del poema.

¿De dónde surge esta manera tuya de concebir el poema? ¿Viene a ser una modalidad imperante en la última poesía que se está escribiendo en Brasil o es más complejo el asunto?
No sé decir si es una modalidad imperante, pero creo que esa forma de pensar el poema tiene relación con mis intereses y afinidades. Y no me refiero solo a los intereses literarios, sino que tiene también relación con otras formas de lectura e interpretación del mundo, como el cine, la música, por ejemplo, formas que pueden estar en una canción que oímos, en una imagen que vemos perdida en internet, en una película de Agnès Varda…

Y para terminar, escoge un poema o un fragmento de poema de alguno de tus libros donde queden patentes esas intencionalidades que has descrito, de tal manera que el lector pueda hacerse una idea de los resultados de tu trabajo…
Seleccioné un fragmento del poema del último libro, Un test de resistores, llamado “¿La poesía es una forma de resistores?”, que es el poema que da título al libro. Partió de una pregunta real que me hicieron para un número de una revista: “¿La poesía es una forma de resistencia?”. En la época en que me hicieron la pregunta, hace unos dos años, intenté responder y no lo conseguí, percibiendo que si dijera un simple “sí” el poema ya no tendría resistencia ninguna. En aquella época, le hice la pregunta al Google y este, en la función autocompletar, me dio esa palabra, “resistores” (que es el nombre de la resistencia en electrónica). De todos modos, no respondí a la encuesta. Recientemente, la resistencia de la ducha eléctrica de aquí de casa se quemó y volví a pensar en esa cuestión; en síntesis, el poema es la descripción del proceso de pensar el poema, es una descripción de todo aquello que estoy contando. He seleccionado el trecho inicial del texto:

¿La poesía es una forma de resistencia?

[traducción de Aníbal Cristobo]

ayer fue el día más caliente del año en são paulo
vinimos a vivir a são paulo en invierno
y hacía mucho frío                       vinimos a vivir a são paulo
en invierno y las noches eran heladas y las mañanas
iluminadas                           tenía que salir todos los días
con una bufanda roja y un abrigo de lana
y una chaqueta de cuero encima
pero incluso así
el viento helado quemando el rostro
las manos heladas la oreja helada
ayer fue el día más caliente del año
en são paulo y leo preguntó si antes del invierno
no había hecho calor                        ¿acaso en enero
no hizo calor? preguntó él
yo todavía no había visto el calor de são paulo
pero vinimos a vivir a são paulo en invierno
y hacía mucho frío

el calor aquí es seco
parece que me voy a secar               las manos             la garganta
la nariz parece que todo va a secarse
tuvimos que comprar un humidificador
de aire                   en amuleto de roberto bolaño
auxilio dice que el polvo de la ciudad de
méxico debe venir de todos los vasos
que se rompen en la ciudad de méxico
me quedé pensando de dónde vendrá
esa sequedad de são paulo pero aquí no veo polvo
debería existir polvo          pero aquí no veo polvo
si existiese polvo podría ser de los trozos de las
cosas rotas todos los días
en la vida de las personas
pero aquí no veo los trozos
¿dónde están los trozos?
sólo veo todo seco
ayer fue el día más caliente del año en são paulo
pero a pesar del calor
me bañé con la ducha eléctrica encendida
estaba bañándome con la ducha eléctrica encendida
cuando la resistencia de la ducha se quemó
antes de vivir en são paulo
me bañaba en una ducha a gas
no sabía que la ducha eléctrica tenía una resistencia
cuando descubrí que el problema de la ducha eléctrica
era la resistencia
recordé un mensaje que había recibido hacía dos años
de celia pedrosa
recordé el mensaje que había recibido hacía dos años
de celia pedrosa y que me hacía una pregunta
sobre la poesía
“¿la poesía es una forma de resistencia?”
traté de responder la pregunta de celia pedrosa
traté de entender la pregunta de celia pedrosa
pedí ayuda al google
tomé notas
escribí
me hice otras preguntas
y no conseguí responder a la pregunta
de celia pedrosa
celia pedrosa estuvo aquí en casa
en são paulo pero aún no hacía tanto calor
fuimos a comer a un restaurant de mato grosso del sur
comimos una comida que era mezcla de comida
japonesa paraguaya y del pantanal brasileño
hablamos sobre la resistencia
de la poesía pero no hablamos de la pregunta que me
había hecho
celia pedrosa y que yo no pude responder
ayer al oír la palabra resistencia
de la ducha recordé el mensaje de celia pedrosa
¿la poesía es una forma de resistencia?
¿siempre?             ¿por definición?                  ¿o apenas
en determinados contextos              sociales políticos culturales?
hace dos años al hacerle la pregunta al google
éste respondió de a poco con la función autocompletar
linkedin
lotería nacional
la vanguardia
la sexta
la provincia
la pedrera
la polla records
la poesía es un arma cargada de futuro
la poesia perruquería
la poesía
la poesía de 30
la poesía romántica brasileña
la poesía prevalece
la poesía pulsa
la poesía más linda del mundo
la poesía es una pulga
la poesía épica
la poesía es
la poesía es una hormiga
la poesía es una forma de
la poesía es una forma de resistores
la poesía es una forma de resistencia
la poesía es una forma de resistencia a la urgencia del momento
la poesía es una forma de resistencia a los discursos dominantes

y yo me quedé pensando si la poesía
es una forma de resistores
entonces leo trajo una ducha nueva para cambiarla
y leo cambió la ducha
y ya no hacía más tanto calor
porque había llegado una tempestad a media tarde
ese día ni podíamos imaginar
que dos meses después
sería el mes más caliente en la historia de são paulo
pero allí aquel día
cuando la ducha se quemó
ya ni hacía tanto calor
y yo descubrí que lo que calienta el agua
es la resistencia
[…]

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Sobre el autor

Antonio Jiménez Paz

Antonio Jiménez Paz (Islas Canarias, 1961), licenciado en Filosofía por la Universidad de La Laguna y Experto Universitario en Planificación y Gestión Cultural. Autor de los poemarios Los ciclos de la piel (Ed. La Palma, 1992); Tratado de ornitología (La Calle de La Costa, 1994)). Diario de la distancia (Huerga & Fierro, 1996) y Casi todo es mío (Baile del Sol, 2008). Ha participado en antologías y prologado libros. Su obra ha aparecido en diferentes revistas literarias y poéticas. También ejerce la crítica y publica reseñas literarias.

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