Revista de Letras

“Menos joven”, de Rubén Martín Giráldez

Menos jovenMenos joven. Rubén Martín Giráldez
Jekyll & Jill (Zaragoza, 2013)

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La lengua escrita sirve para lo mismo que las bolas chinas”. (Menos joven, Rubén Martín Giráldez)

Tiene razón el narrador de este inclasificable libro: la lengua escrita da placer. Joyce, que llevaba el goce en el apellido, también se dio cuenta, por eso se pasó gran parte de su vida jugando con la lengua. Lo mismo puede decirse de Witold Gombrowicz o de Antonin Artaud, aficionados, aunque por motivos distintos, a los juegos de palabras. Todos ellos, y muchos más, están presentes, de un modo u otro, en Menos joven.

A Gombrowicz se le santifica explícitamente: “Le da el baile de San Witold, le entran los siete máhlers, se adentra en el propio laberinto del minotarded”. Artaud, en cambio, aparece donde menos te lo esperas. A él nos lleva una onomatopeya aparentemente sin sentido, JIZI-CRI, palabra-maleta (portmanteau, que dirían los más refinados) que al parecer empleaba Artaud para referirse a Jesucristo. Incluyo esta referencia aun a riesgo de parecer pedante, y aclarando desde ya que fue Vicente Luis Mora el que me puso sobre su pista, porque me parece importante señalar que en Menos joven todo, hasta lo más insignificante, significa algo, por lo que recomiendo al lector, o mejor dicho al oyente, que esté atento a las señales sembradas en el texto (marcadas con subrayados, comentarios en los márgenes, etc.) para disfrutar del libro en toda su amplitud.

La trama es más o menos la siguiente: El peinado de Calígula es un programa de radio protagonizado por adultos que se dirigen a menores de edad como si fuesen adultos. El objetivo del peculiar programa no es otro que perseguir a los ídolos culturales y darles caza, ya que “Los ídolos impiden el desarrollo de una verdadera infancia”. El verborreico narrador, el presentador del programa radiofónico, es una especie de “jockey disc-jockey”: va a caballo y “retransmite al galope” lo que va haciendo el protagonista de la novela, un tal Bogdano, que persigue a caballo, ¿cómo si no?, a sus ídolos literarios para acabar con ellos o, hablando con propiedad, acaballinarlos.

Volviendo a San Witold… En un libro con aparente intención desacralizadora, llama la atención la pontificación del escritor polaco. No creo que sea casual. Es verdad que, en cierto modo, Menos joven cabalga en dirección contraria a Ferdydurke. Como apunta Vicente Luis Mora: “Menos joven es el antilibro o libro especular a Ferdydurke; si éste es un cuento de adultos narrado en un lenguaje deliberadamente infantiloide, Menos joven es un libro dirigido en teoría a niños pero elaborado en un lenguaje adulto y parcialmente críptico”. Sin embargo, ya consideremos a los lectores-oyentes como niños forrados de adultos o como adultos forrados de niños, que viene a ser más o menos lo mismo, Menos joven aborda el mismo tema que preocupaba a Gombrowicz: la cultura puede ser un instrumento de engaño. En Ferdydurke, la cruzada es contra el mundo de los adultos; el arma arrojadiza, la inmadurez. En el libro de Martín Giráldez, la cruzada es contra la “alta cultura”, personificada, por ejemplo, en Anton Webern o Lucia Joyce. No obstante, no es fácil determinar qué es “alta cultura”, menos aún para Bogdano, que fue sometido por su padre a una “educación híbrida”, peculiar amalgama de lo más culto y lo más mundano. El padre de Bogdano quería proteger a sus hijos “del contacto con los Grandes”, por eso “pensó que educando a sus dos hijos en la literatura que generalmente consideramos vulgar tal vez podría darles una oportunidad de salvación, y los mantuvo apartados cuanto pudo de cualquier tipo de excelencia”.

Se ha dicho que Menos joven es una impugnación de la literatura; más concretamente, una “impugnación humorística de la referencialidad” (Alberto Olmos dixit). Y estoy de acuerdo. No obstante, en Menos joven la literatura es refutada con más literatura. Al final, es la Literatura, en mayúsculas, la que triunfa: “Todo este lenguaje se va cayendo. Todo este lenguaje se está cayendo”, pero Martín Giráldez, por boca de su locuaz narrador, hace lo imposible para que el lenguaje no desfallezca. Y lo logra. Menos joven prueba que la Literatura está muy viva, así que estamos de enhorabuena: la lengua escrita da placer, tanto o más que las bolas chinas… Gocemos, pues.

Rebeca García Nieto
(@gn_rebeca)

Etiquetas: Jekyll & Jill, Menos joven, Rubén Martín Giráldez

Sobre el autor

Rebeca García Nieto

Rebeca García Nieto es doctora en Psicología y especialista en Psicología Clínica. Desde 2008 vive entre Madrid y Nueva York, donde trabaja en la New York University (NYU). Su primera novela, "Historia de una mirada", fue finalista del 58 Premio Ateneo Ciudad de Valladolid (2011) y será publicada en otoño de 2012 por la Editorial Eutelequia. Con su segunda novela, "Eric, una vida in absentia", quedó finalista en el Premio Azorín de Novela 2012 (Grupo Planeta). Uno de sus ensayos ("Hugo von Hofmannsthal y Stefan George: el remitente y el destinatario") forma parte del libro Galería de Invisibles, que será editado por la Editorial Xorki en 2012.

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2 Comentarios

  1. mihai 30 julio 2014 at 23:28

    A pesar de saber que el gusto literario es muy subjetivo, me sorprende sobremanera que a alguien le haya podido gustar este libro. Para mí es un libro muy malogrado e incluso un timo, que, aparte de la idea inicial que sí es ingeniosa (cruzar paratextos literarios para defender – sin exito – al lector de la idolatría castradora), lo único que ofrece es un discurso sin sentido, espolvoreado con referencias culturales pretenciosas y decorativas. Realmente me cuesta creer que alguien haya podido sentir placer o algún tipo de satisfacción auténtica al leer “Menos joven”. ¿Si citara aquí un par de frases enrevesadas y oscuras, me las explicarías?

  2. Esther 4 noviembre 2014 at 14:12

    Lo mismo puede decirse de Witold Gombrowicz o de Antonin Artaud => LOOOOOOOOOOOL

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