Revista de Letras

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17 agosto 2012 Teatro

La escuela de la desobediencia
Autor: Paco Bezerra,
inspirado en textos de Pietro Aretino y Michel Millot
Dirección: Luis Luque
Reparto: María Adánez y Cristina Marcos
Música: Rosa Miranda/Laura Fernández (sopranos),
Sofía Alegre (viola da gamba)
Producción: Andrea D’Odorico y Teatro Portátil
Teatro Gayarre, Pamplona, viernes 31 de agosto

Sexualidad: “apetito sexual, propensión al placer carnal”. Exactamente en ese punto, en el del placer carnal, es donde radican todos los males de la Humanidad, máxime si dicho placer recorre los intersticios del cuerpo de una mujer.

A simple vista, La escuela de la desobediencia, obra dirigida por Luis Luque, es una exquisita invitación a que los espectadores se conviertan en voyeurs y alumnos de unas clases particulares que una señora con cierta experiencia le regala a otra más joven. Una escena que bien pudo haber tenido lugar en el Hôtel Rambouillet del París de los preciosistas o en un París anterior, el de los últimos Valois. Si el espectador contemporáneo profundiza un poco más acerca de lo que ve encima del escenario, podrá descubrir a dos mujeres enfrascadas en una defensa a ultranza por su derecho a gozar, por el derecho humano a sentir con sus pieles lo que cualquier hombre ha podido hacer desde tiempos remotos.

Cristina Marcos y María Adánez

Susanne, en una interpretada interesantísima de María Adánez, recibe la visita de su experimentada prima Fanchon, personificada en el cuerpo y la voz de Cristina Marcos quien, conociendo los planes que los padres de la inocente Susanne tienen para con ella, decide ponerse manos a la obra y encausar el despertar sexual de la adolescente. El camino de la libertad se abre ante los ojos de la chica.

Por aquello de que me gusta hilvanar ideas y épocas con total libertad, mi pensamiento vuela y recala en el arribista Pietro Aretino, el hijo de la puta Margherita y de un zapatero. El poeta de Arezzo que, gracias a su afilada lengua, tuvo que huir de Roma emprendiendo el camino hacia la más disoluta Venecia, ha sido una de las fuentes de inspiración del dramaturgo Paco Bezerra (Premio Nacional de Dramaturgia), a través de su Ragionamenti, para escribir La escuela de la desobediencia.

Las actrices, con sus acompañantes musicales

El autor italiano reflexiona acerca de los estados posibles de una mujer de su tiempo en aquella Italia ajena a las brisas pútridas que, siglos más tarde, le iba a inyectar despiadadamente Silvio Berlusconi y las huestes de quincallas bárbaras de diputados del soborno y velinas adolescentes o damas rejuvenecidas por el bótox, un sucedáneo esperpéntico del erotismo renacentista.

La vida de las mujeres en Occidente, hasta no hace demasiado tiempo, se reducía a las tres opciones del Ragionamenti de Aretino: mujer casada con un hombre (mujer decente), mujer casada con Dios (monja) y mujer despreciable o puta.

El impecable montaje de Luis Luque hace hincapié en las mejores artes a las que las mujeres del siglo XVI (y siguientes) podían recurrir para satisfacer la vertiente placentera de sus vidas, en constante lucha con la nociva idea de la culpa fecundada en el acto pecaminoso.

Adánez y Marcos nos acercan a dos mujeres que se debaten entre el placer y el pecado, entre vivir y desear hacerlo y no poder. Ambas llevan el peso de un espectáculo que ha recorrido el territorio español, un excelente ejemplo de que en tiempos de crisis se pueden llevar a cabo trabajos de calidad que nacen del esfuerzo y la seriedad profesional.

(Fotos © Jesús Ugalde)

Daniel Dimeco
http://danieldimeco.wordpress.com
http://www.cafecopenhague.blogspot.com

Etiquetas: Andrea D’Odorico, Cristina Marcos, La escuela de la desobediencia, Laura Fernández, Luis Luque, María Adánez, Michel Millot, Paco Bezerra, Pietro Aretino, Rosa Miranda, Sofía Alegre, Teatro Gayarre, Teatro Portátil

Sobre el autor

Daniel Dimeco

Daniel Dimeco es escritor y dramaturgo. Graduado en Ciencias Políticas y Máster en Gestión Cultural. En 2013 ha publicado la novela “El mapa de las viudas” (Algaida), Premio Ciudad de Badajoz y finalista en el Premio Clarín-Alfaguara, y en 2011 “La desesperación silenciosa” (Junta de Castilla y León), Premio Fray Luis de León. En teatro ha conseguido el Premio Antonio Buero Vallejo con “La mano de János”, el Premio de Autores Nacionales Teatro El Búho (Argentina) con “Mirando pasar los trenes” y el Premio de Teatro Mínimo Rafael Guerrero con “El ángel azul”, además de un accésit en el Certamen de Relatos Ciudad de Zaragoza en 2012. Coordina talleres literarios y laboratorios teatrales.

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