Revista de Letras

“Mis mejores amigos son Antonio Machado y Lao Tsé”

Rafael Arráiz | Foto: Federico Prieto

Rafael Arráiz | Foto: Federico Prieto

Entrevistar al poeta venezolano Rafael Arráiz Lucca (Caracas, 1959), autor prolífico de una obra que comprende multitud de registros, conlleva darte cuenta de que es imposible abordarle en su totalidad, que siempre quedará pendiente otra entrevista más con él. Además de a la poesía se ha dedicado con denuedo al ensayo, la crítica, la historia política y cultural, la biografía, la crónica de viajes, la antología, la entrevista, etc. En gran parte de sus publicaciones detectaremos un interés particular por lo venezolano, una preocupación por desentrañar la historia y la cultura, en sus más amplios sentidos, de un país inabarcable, complejo y rico en matices como Venezuela. En esta ocasión la conversación gira en torno a la poesía, su poesía, pues es la primera vez que aparece en España un libro suyo y él no esconde su alegría: Pesadumbre en Bridgetown (seguido de Plexo solar), dos en uno, así, con contundencia, dos títulos ya publicados por separado en su país. De esta novedad se ha hecho cargo Ediciones La Palma.
El diálogo se acota automáticamente pues, con su libro abierto delante, uno descubre que el poeta impone lo suficiente como para querer saber más sobre lo mismo. Uno de sus poemas, en este caso de Plexo solar, comienza así:

Mi madre y yo hemos descendido del auto. / El mar bate su cabellera contra las piedras inermes. / Mi padre queda ya casi imperceptible detrás de nosotros. / Un adolescente se nos acerca ofreciendo su guía

Nosotros hemos tenido más suerte: es Rafael Arráiz Lucca quien nos encamina con paso seguro hacia la trastienda de sus versos.

Ediciones La Palma

Ediciones La Palma

Es la primera vez que publicas un libro de poemas en España… ¿tiene este hecho algún significado especial para ti como poeta venezolano? ¿En qué medida crees que aquí se te conoce?
Publiqué una antología de poesía venezolana del siglo XX, en Visor, en el 2005. Quizás algún lector de poesía recuerde este trabajo de antólogo, pero mi poesía propiamente no creo que la haya leído nadie en España. De modo que publicar por primera vez allá es una alegría, como lo fue cuando se publicó mi trabajo en México y en Colombia. España, por otra parte, es un país muy querido por mí, al que he ido muchas veces y al que siempre quiero regresar. Por otra parte, mi trabajo con la historia colonial de Venezuela es, también, un estudio sobre España. También he publicado dos libros sobre España que, entre otros trabajos editoriales hispanoamericanos, han podido ser causa de habérseme distinguido con la Orden Isabel La Católica, la condecoración que reserva España para los extranjeros. La recibí con profundo sentimiento de gratitud. Es posible, por otra parte, que algún lector atentísimo conozca El coro de las voces solitarias-Una historia de la poesía venezolana, que es la única historia de la poesía venezolana que se ha escrito y es de mi autoría. La escribí en Europa, en Oxford, entre 1999 y 2000. Pero, de nuevo, se trata de un trabajo de historiador de la literatura y crítico, no de un poemario.

Entonces nadie mejor que tú para saber algo sobre el progreso de la poesía venezolana en estas últimas décadas. ¿Cómo anda de salud?, ¿qué destacarías de ella?
La poesía venezolana es excepcionalmente rica por su variedad, por la heterogeneidad de sus obsesiones temáticas. No puede hablarse de ningún signo distintivo de ella como no sea el de la pluralidad. Encuentras voces de densidad psicológica profunda, como la de Cadenas, y otras de hondura lírica y acento estético, como la de Montejo, por solo citar a dos poetas leídos en España.

Pero eso podría decirse de la producción poética de cualquier país… ¿O es que no crees en la poesía como identidad nacional?
No, no creo en la poesía como identidad nacional ni en otras expresiones del arte como identidad nacional. Creo que hay uno que otro rasgo nacional, pero no mucho más, y menos en naciones radicalmente mestizas, como la venezolana, tejida por innumerables y variadas oleadas migratorias. Y si me apuras, creo que no existe identidad nacional en ninguna parte. Sí advierto identidades regionales, de conjuntos humanos pequeños.

Teniendo en cuenta que has trabajado y vivido en diversos países, ¿hay algo sobre la propia realidad venezolana que hayas descubierto en la distancia, que de ninguna otra manera podrías haberte dado cuenta? ¿Qué ha supuesto para ti la experiencia de vivir en el extranjero?
La experiencia de vivir tres años en Bogotá fue central para conocer las virtudes de Venezuela. Digo Bogotá, no digo Colombia, porque Colombia es muy distinta a Bogotá. No sólo aprendí mucho de mi país por contraste sino porque trabajaba en el Observatorio Venezolano de la Universidad del Rosario, dedicado a estudiar a Venezuela desde los 2600 metros de altura de la lluviosísima capital de Colombia. Mis compromisos eran dar clases e investigar. Era un extranjero. Esta condición te libera de muchos compromisos, te deja como en suspenso y te da una liviandad favorable para la escritura. Por cierto, en una oportunidad le pregunté a Plinio Apuleyo Mendoza por qué García Márquez se había ido de Colombia y me dijo: “Si se queda aquí, no escribe un carajo”. Es cierto, no estar en casa es bueno para un escritor, le deja el tiempo libre para trabajar. Ese fue mi caso, tanto así que estoy añorando irme de nuevo a terminar de escribir unos trabajos que aquí se me dificultan mucho. Por otra parte, la experiencia inglesa también me abrió los ojos sobre Venezuela. Irse es bueno, volver también. Cuando te vas de Venezuela, te das cuenta que nuestro drama no es único, que en todas partes se cuecen habas.

¿Crees que la poesía venezolana está lo suficiente difundida en el exterior como merece?
Creo que no, pero en general me parece que cualquier poesía está muy poco difundida en el exterior. En verdad, la poesía la lee un universo ínfimo de lectores especializados. Tú colocas un poema en manos de alguien que no ha sido educado para leer poesía y no entiende absolutamente nada, cree que le están jugando una broma o, como decimos nosotros, le “están mamando gallo”. El tema de la queja por la poca difusión de la poesía y la literatura en general me parece cansón y no depende del autor. Es algo que se nos escapa totalmente.

Editorial Alfa

Editorial Alfa

Atendiendo al contexto poético venezolano, ¿te sientes vinculado a la estética de una generación o grupo poético?
Sí, mi vocación comenzó en los jardines del grupo Guaire, entre 1981 y 1983, cuando un grupo de estudiantes caraqueños buscábamos abrirle la puerta a la poesía urbana, conversacional, narrativa, de raigambre latinoamericana y norteamericana, pero ya después cada uno halló su singularidad poética y, en mi caso, por ejemplo, el tema urbano dejó de interesarme. Al día de hoy no reclamo ninguna filiación estética grupal ni de ninguna índole. La verdad es que voy solo por el mundo, escuchando el eco de otras voces de cualquier tiempo y lugar. La poesía, como el espíritu, desconoce fronteras físicas y temporales. Uno de mis mejores amigos es Antonio Machado, otro es Lao Tsé.

¿Quién fue primero en ti: el abogado o el poeta? ¿Quién le ha robado más tiempo a quién?
Nunca he ejercido el Derecho, pero cómo me ha ayudado haberlo estudiado. Creo que es una carrera formidable para la formación del carácter y para entender el mundo, si es que esto es posible. He vivido de la gerencia y la docencia, de modo que estas dos tareas se puede decir que le han robado tiempo a la tarea intelectual. De hecho, en todos estos años he disfrutado de las mejores condiciones para leer y escribir: un año que viví en Oxford, trabajando en la universidad, y tres años que viví en Bogotá, también trabajando en la universidad. De resto, lo que he hecho lo he hecho en medio de las solicitudes caraqueñas, que son miles: familia, trabajo, amigos, medios, docencia, etc.

Pesadumbre en Bridgetown (seguido de Plexo solar)… ¿Son dos libros en uno o dos partes de un todo?
Son dos libros de momentos distintos (uno de 1992 y el otro de 2002), pero ambos siguen la misma cadencia narrativa, de versos largos y musicales. Sus universos temáticos son distintos, sin duda. El primero es un largo poema eliotiano, mientras Plexo solar es un libro más imantado por el taoísmo y el budismo tibetano.

Sin embargo a mí como lector Pesadumbre en Bridgetown, el primer libro, me pareció una especie de introito, un estupendo pórtico de entrada hacia el segundo… ¿puede ser una idea aproximada a la que te llevó a incluir ambos esta vez en la misma publicación?
No fue una decisión mía sino una propuesta del editor, Nicolás Melini, y me resultó perfectamente coherente. De acuerdo con tu observación, fue acertada la reunión de ambos textos en tándem.

Temática y formalmente, para quienes no conozcan la totalidad de tu trabajo ¿este libro sería un ejemplo de tu obra poética? ¿O se presenta como algo inusual dentro de tu vasta obra?
Ambos forman parte de una de las dos vertientes de mi trabajo poético. Una vertiente nace con Pesadumbre en Bridgetown y sigue con Poemas ingleses (1997), Plexo solar (2002) y Un bonzo sobre la nieve (2001). Esta vertiente es de versos y poemas medianos y largos, con un esmero particular en la musicalidad del poema; la otra es de versos y poemas breves, epigramáticos, de ella forman parte Litoral (1991), Batallas (1995) y Reverón, 25 poemas (1997). Por otra parte, mi obra se hace cada día menos vasta, ya que pasan los años y escribo menos. Sí sigo así y llego a viejo, pues será una obra breve en relación con los años que habré vivido.

Editorial El otro, el mismo

Editorial El otro, el mismo

¿Qué es para ti la poesía? Ya sé que suena a perogrullada, pero lo que realmente me interesa saber al formularte esta pregunta es si desde tu punto de vista consideras que la poesía debe cumplir unos requisitos, alentar unos determinados valores éticos y estéticos, cumplir unas reglas de oro, etc…
Valores éticos, ninguno. De hecho, he conocido muchos poetas que son personas despreciables y, sin embargo, sus obras valen. Valores estéticos, sí. Creo que la poesía es imagen y música, estas son sus dos columnas, los dos elementos que se ponen en movimiento en el poema. Los poemas tienen que sonar, por eso es que es indispensable el conocimiento profundo de la lengua en que se escribe; los poemas son imágenes, por eso la relación diaria con el inconsciente es tan importante para la poesía. Por último, algo personal: si la poesía no está trabajando con la aventura espiritual, la psicología profunda del autor, el misterio, pues a mí me interesa menos. Poesía y misterio van de la mano.

No sé si estarás de acuerdo conmigo, pero al fondo del fondo del segundo libro, Plexo solar parece que el poeta habla de la infancia, de su propia infancia tamizada por el paso del tiempo: hay referencias a una familia, pasajes domésticos e incluso topónimos significantes, alguna que otra fecha muy remota… ¿busca el poeta, tú en este caso, salvarse de algo, salvar algo?
No, Antonio, yo no busco salvarme de nada. Ese concepto católico no toca mi puerta. Tampoco busco salvar nada, ni escribo para ahuyentar a la muerte, como dicen algunos. Nada de eso me interesa en lo más mínimo. Escribo por razones más pedestres: amo las palabras e intento despojarme de capas y capas que te van cubriendo con el paso del tiempo. Trabajo con el pasado, ciertamente, y con el presente y el futuro, pero el pasado siempre está insuflado por la melancolía que, según Aristóteles, es el presupuesto del artista. La belleza está en lo que nuestra mente construye con el pasado perdido, como creían Proust y Borges.

¿Eres uno de esos poetas que reconocen como su mayor influencia la obra poética de otros autores o no necesariamente esto es así en tu caso y son otras las influencias, quizás incluso ajenas a la misma literatura?
Las reconozco abiertamente. Machado, Borges, Gerbasi, Eliot, Ramos Sucre, Montejo son algunas de las voces a las que vuelvo y, si me apuras, las reconozco en mis poemas. Pero también influencias extraliterarias: el taoísmo, el budismo, los místicos cristianos, Montaigne, Jung forman parte de los imanes que me atraen. Amo los ensayos y los relatos y la novela de novelas: El Quijote, es una lectura recurrente. Los sueños son una fuente inagotable de imágenes y motivos poéticos; así como los diálogos iluminados por una luz especial, los que te dan la chispa. En fin, seguramente olvido otras influencias importantes, pero eso siempre pasa: piedras preciosas escapan al radar de la memoria.

¿Los libros de poesía son en alguna medida ajustes de cuentas con la vida? ¿Hay algo de esto en alguno de los tuyos?
Sin duda, en casi todos hay ajustes de cuentas, puestas al día y resúmenes de lo que en el momento de escribir los poemas está pasando en mi psique. Todo poema es histórico, forma parte de tu experiencia ubicada en el tiempo y el espacio.

¿La poesía es un arma cargada de futuro, como escribió y creía Gabriel Celaya?
Se tiene la creencia de que el arte en general se adelanta a los hechos, que la realidad va a la saga de las vanguardias, pero la verdad es que esto me parece un poco arrogante. Demasiado optimista. No me gustan las metáforas bélicas y la de Celaya lo es. En todo caso, me conformaría con que la poesía fuera un arma cargada de presente y que, además, le sirviera a alguien para enriquecer su visión del mundo y le abriera unos centímetros la puerta hacia la interioridad. Esto ya sería más que suficiente

¿Siempre nos quedará la melancolía
La melancolía es consustancial al hombre occidental. Es difícil que la mente no nos lleve a creer en un mundo perdido, en una edad de oro que nos alienta la esperanza. Esta puede estar en el futuro o en el pasado. El reto está en la asunción del presente como una combinatoria de los tres tiempos. Podemos decir que la melancolía preña, pero la liviandad motoriza.

Etiquetas: Bogotá, El Quijote, Europa, Machado, Pesadumbre en Bridgetown, Plexo solar, Poesía, Rafael Arráiz Lucca, Venezuela

Sobre el autor

Antonio Jiménez Paz

Antonio Jiménez Paz (Islas Canarias, 1961), licenciado en Filosofía por la Universidad de La Laguna y Experto Universitario en Planificación y Gestión Cultural. Autor de los poemarios Los ciclos de la piel (Ed. La Palma, 1992); Tratado de ornitología (La Calle de La Costa, 1994)). Diario de la distancia (Huerga & Fierro, 1996) y Casi todo es mío (Baile del Sol, 2008). Ha participado en antologías y prologado libros. Su obra ha aparecido en diferentes revistas literarias y poéticas. También ejerce la crítica y publica reseñas literarias.

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1 Comentario

  1. La Regina della sirena 8 mayo 2017 at 22:55

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