Revista de Letras

Personajes inolvidables (IV): Cyrano de Bergerac

CYRANO: Tal epíteto no acato.
¡Poeta! Y ver me propongo
si una balada compongo
al par que con vos me bato. […]
«Duelo rimado
en el palacio de la Borgoña habido
entre un poeta, Bergerac llamado,
y un vizconde insolente y presumido».

VIZCONDE DE VALVERT: ¿Qué es eso?

CYRANO: El título.

CYRANO: Tiro con gracia el sombrero;
la capa gallardemente
dejo caer; sonriente
y ágil, mi espada requiero.
Como Scaramouche ligero,
lindo como Celadón.
Te prevengo, Myrmidón,
que al finalizar, te hiero.

Edmond Rostand, Cyrano de Bergerac

Mi primer contacto con la bella y trágica historia de Cyrano de Bergerac fue cuando, de niña, vi una versión cinematográfica en blanco y negro que retransmitieron por televisión (seguramente la adaptación de 1950 protagonizada por José Ferrer, aunque no lo recuerdo con exactitud). Aún guardo en la memoria cómo me impactaron la pasión de sus sentimientos y el ingenio de sus diálogos, que me llevarían más tarde a adquirir el texto de la obra de teatro de Rostand.

Junto a piezas como el Romeo y Julieta de Shakespeare, Cyrano queda en el imaginario colectivo como representante por excelencia del amor imposible, dejando en el espectador un ambiguo sabor de boca, escindido entre la dulzura de los afectos profundos y la amargura del final desgraciado.

Cyrano de Bergerac (grabado de H. Roger-Viollet/wikipedia)

La obra de Edmond Rostand

Cyrano de Bergerac: una comedia heroica en cinco actos fue estrenada con gran éxito en el teatro Porte-Saint-Martin de París en 1897. En una época en la que prevalecían el naturalismo y el realismo, Rostand se atrevió a ofrecer una obra en verso que se desarrolla en el siglo XVII y presenta un argumento de aventuras y romance, un argumento semihistórico basado en la vida del soldado y poeta Cyrano de Bergerac (1619-1655), famoso espadachín con una enorme nariz.

La buena acogida de la obra fue una sorpresa para todos, pues las expectativas respecto a su éxito eran bajas al tratarse de un texto bastante alejado de las tendencias literarias del momento. Pero quizá fuera precisamente el contraste con las piezas realistas que se centraban en los problemas más oscuros de la sociedad contemporánea, su énfasis en el idealismo y el heroísmo, lo que conmovió al público y la hizo popular en todo el mundo.

Kevin Kline, Jennifer Garner y Daniel Sunjata en una reciente versión estrenada en Broadway (foto: broadwayworld.com)

Un triángulo amoroso fuera de lo común

La rivalidad entre dos hombres enamorados de la misma mujer no es algo excepcional ni en la literatura ni en la vida. Menos frecuente es, sin embargo, que dos hombres colaboren para conquista a la mujer que ambos desean, que los dos colaboren para que solo uno de ellos consiga alcanzar su objetivo. Y esto es exactamente lo que sucede en esta obra de teatro.

Cyrano, consciente de su escaso atractivo físico que roza incluso lo ridículo, no se atreve apenas a soñar con que alguien lo ame, mucho menos aún alguien con la hermosura que posee Roxane. Al enterarse de que su prima quiere a Christian y que este le corresponde, Cyrano no solo no se interpone, sino que decide ayudar al joven a seducirla con ayuda de la poesía, de la palabra que él tan bien domina. Cyrano y Christian se convierten en figuras complementarias: uno posee la belleza, el otro el ingenio.

Pero, ¿qué anima a Cyrano a favorecer a su rival? ¿Por qué le propone a Christian esa excepcional colaboración? Podríamos decir que, por una parte, desea la felicidad de Roxane a la que no cree poder aspirar con su aspecto. Por otra parte, se siente parcialmente compensado al poder expresarle a su prima sus sentimientos, aunque sea a través de los labios de Christian, y le consuela un poco saber que es de las cartas que él escribe de las que acaba enamorándose la joven.

Una de las escenas más famosas de la obra, la escena del balcón, es una buena muestra del peculiar triángulo de este amor. Christian, incapaz de satisfacer la necesidad de bellas palabras de Roxane, se deja aconsejar por Cyrano, que, en la sombra, le susurra lo que ha de decir hasta que él mismo osa tomar la palabra y, protegido por la oscuridad, confesar los sentimientos que ha escondido durante tanto tiempo. El alma de Cyrano seduce con la máscara de belleza de Christian a una Roxane que se moverá desde un amor basado en lo exterior a otro basado en unos valores más espirituales.

Cyrano ilustrado por Tai-marc Le Thanh

La belleza exterior y la belleza interior

Uno de los temas más importantes de la pieza teatral de Rostand es justamente el de la contraposición entre lo exterior y lo interior representado, como es obvio, por los protagonistas masculinos, pero también por la evolución que sufre Roxane en cuanto a la forma de entender el amor.

Cuando la muchacha le cuenta a Cyrano que ama a Christian, le dice que en realidad nunca ha hablado con él, solo lo conoce de haberlo visto en el teatro. Ingenuamente, cree reconocer en su belleza física la hermosura de su espíritu, y las primeras cartas que recibe de él (escritas por Cyrano) terminan de confirmar su idea.

El argumento parece que está a punto de dar un giro cuando, en medio de una batalla y ya casados, Roxane, profundamente enamorada, le dice a Christian que su cariño se ha transformado, que lo ama por cómo es y que le daría igual si fuera feo. El joven, atormentado ante la posibilidad de que su mujer pueda amar en realidad a Cyrano y dándose cuenta de que este también la quiere, le pide que le confiese la verdad para que ella elija entre ambos. Pero la casualidad hace que muera de un disparo y Cyrano calla entonces para preservar la imagen y la memoria de su rival.

La tragedia se produce porque Roxane toma a una persona por otra, porque se contraponen y a veces hasta se confunden los valores externos e internos. Solo al final de la obra caerán todas las máscaras y saldrá la verdad a la luz, pero será demasiado tarde para que nada pueda cambiar ya.

Natalia González de la Llana Fernández
www.unesqueletoenelescritorio.blogspot.com

Etiquetas: Cyrano de Bergerac, Edmond Rostand, Personajes inolvidables

Sobre el autor

Natalia González de la Llana

Natalia González de la Llana Fernández (Madrid, 1975) es Licenciada en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada por la Univ. Complutense, donde obtuvo el Doctorado Europeo. Posee, entre otros posgrados, el Máster en Libros y Literatura para Niños y Jóvenes (UAB) y el Máster en Escritura de Guión para Cine y TV (UAB) . Se dedica a la enseñanza y la investigación en el Dpto. de Románicas de la Univ. de Aquisgrán (Alemania). Además, dirige talleres de escritura creativa y ha publicado la obra de teatro "Dios en la niebla" (2013). Es autora de “Un esqueleto en el escritorio”, Premio RdL al mejor blog internacional 2011.

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