Revista de Letras

Rafa Cervera: “Mi impulso de narrar proviene del rock&roll”

Rafa Cervera | Foto: Fotolateras

Rafa Cervera es uno de los periodistas musicales más prestigiosos del país. Después de treinta años de oficio y de haber entrevistado a casi todos los mitos de la música, el periodista se lanza a la literatura de ficción con Lejos de todo (Jekyll&Jill): una novela que tiene mucho de viaje iniciático y que se teje a partir de una visita imaginada de David Bowie a la ciudad de Valencia, como punto de partida, de una historia plagada de paisajes, lirismo y música a la búsqueda de la propia identidad.

Lejos de todo no es una novela sobre David Bowie, sino más bien una historia sobre la búsqueda de la propia identidad y de un lugar en el mundo. 
Así es. Por una parte, escoger a Bowie como personaje para una ficción implica que su presencia acaparará toda la atención, y eso conlleva que quien no haya leído la novela pueda creer que esta historia trata sobre él. Bowie aquí es un mero elemento literario. Lo uso respetuosamente, y con esto quiero decir que hay un intento de que, todo aquello que hace, dice o piensa en la novela parte de su realidad, de lo que era su vida en aquella época. En 1977, Bowie se trasladó a Berlín para buscar inspiración y buscar nuevos caminos artísticos. También estaba intentando apartarse de la adicción a la cocaína. En cierto modo, buscaba una ciudad protectora, un refugio. Y no olvidemos que el Berlín de 1977 era un Berlín marcado por la guerra, una ciudad herida, sin ningún glamur, con una enorme cicatriz que era el muro que la dividía. La idea de colocarlo en Valencia no es en absoluto descabellada porque en 1977 era una ciudad que para él hubiese representado el anonimato y también la posibilidad de estar en un lugar extraño y nuevo, lleno de atractivos para una mente tan inquieta y voraz como la suya.

Pero, ¿por qué elegiste precisamente a Bowie como protagonista de tu novela?
El germen de la historia que protagoniza él ya existía antes de que lo convirtiese en su protagonista. Inicialmente era un relato breve narrado en primera persona. Es una historia que surgió de la necesidad de expresar algo que no sabía qué era pero que cada vez me podía más. Supongo que fue eso a lo que los hombres solemos referirnos como la crisis de los 40. De repente me di cuenta de que mis amigos tenían parejas estables, tenían hijos, tenían trabajos “adultos”, y esto lo digo porque yo he tenido la enorme fortuna de dedicarme a lo que me gusta, y llega un momento en que no eres consciente de que vives en una especie de burbuja de fantasía, escribiendo sobre música, entrevistando a artistas… Esa burbuja explotó, mi estado de ánimo cambió y, mientras intentaba escribir sobre ello en primera persona, descubrí que Bowie me podía ser muy útil para hacerlo con distancia, desde otro ángulo.

Jekyll&Jill Ediciones

Desde el principio vemos que hay una voluntad de presentar a los mitos del rock de otra manera, despojados de esa aura casi divina, que contrasta con la imagen que tienen dos de los adolescentes que también participan de la trama.
Mi trabajo me ha permitido estar cerca de muchos músicos, algunos de ellos grandes estrellas. Son encuentros muy circunstanciales, pero me han ayudado a poder observarles como son, como seres humanos. Son gente que se agota, bosteza, se emociona, ríe, sólo que la imagen que nos llega de ellos es la que el público demanda. En la novela, Bowie aparece humano, despojado de su personaje todo lo que un artista de esas características puede estarlo. Y luego están los tres adolescentes que protagonizan la otra historia, que a mí personalmente es la que más me gusta. Dos de ellos son admiradores de Bowie. Lo contemplan como se contempla a una deidad, porque el músico hace lo que hace para su público, aunque lo haga por la simple necesidad de expresarse y de brillar. Pero al final, como decía Lou Reed, todos somos tan parecidos como copos de nieve. Por supuesto, un adolescente no puede ni imaginarse que eso es así, y esa ilusión forma parte de la tracción sobre la que se mueve Lejos de todo.

¿Es Lejos de todo una novela autobiográfica?
En alguna ocasión me lo han preguntado. No lo es. Sin embargo, se puede decir que esa novela soy yo. La historia tiene únicamente seis personajes y hay tres de ellos que tienen algo de mí. Bowie, porque uso su mirada sobre Valencia para hacer algo parecido a la ventriloquía con él; el narrador, que es el que me permite introducir pensamientos y experiencias propias; y El Regónzer, que tiene elementos de personas que existen y con las que he tenido relación.

En el trasfondo de la novela se percibe una apuesta por la construcción de una realidad propia que de alguna manera se contrapone a la que nos rodea.
Esa es la intención, e incluso diría que la necesidad. Desde pequeño he tenido tendencia a vivir en mi propio mundo. A veces soy demasiado ingenuo para desenvolverme en la realidad, otras creo que soy directamente estúpido porque a mi edad ya debería haber aprendido a manejarme con más astucia. Siempre he tenido mucha imaginación, y eso ha sido mi válvula de escape. Con este libro quería crear un mundo propio, erigirlo sobre la realidad y usar todo los elementos interesantes que esta pudiera ofrecerme. La literatura te ofrece la posibilidad de poder contar incluso cuando nadie presta atención. El mismo título expresa esa voluntad tajante de apartarse de la realidad. Unos, como Bowie, lo hacen voluntariamente. Los adolescentes, en cambio, están atrapados en un mundo real –una playa en verano- en la que nunca vemos a nadie más, están como aislados, apartados del resto de los veraneantes, de sus padres, de los otros niños. No es que se alejen de todo eso, es que nada de eso está presente cuando ellos hacen acto de presencia.

La novela transcurre durante un viaje de tu protagonista a Valencia y eso te ha obligado a cambiar tu mirada sobre tu propia ciudad y tus paisajes, a verlos esta vez con ojos de extranjero.
La mirada que Bowie proyecta sobre Valencia es también la mía, una mirada nueva sobre mi propia ciudad. El hecho de vivir durante casi 15 años en Madrid me ayudó a ver Valencia con otros ojos. A hacer las paces con ella porque, profesionalmente, había logrado en Madrid lo que allí era casi imposible. Por otra parte, el hecho de vivir sin  mar es algo que siempre me afectó. Disfruté muchísimo de aquellos años en Madrid, pero siempre necesitaba regresar al mar, ver la playa. Así que cuando volví a vivir a Valencia, pude verla de otra manera. Fue una especie de redescubrimiento. También es cierto que en esa época, la ciudad atravesaba una pésimo momento por culpa de los desmanes del PP que ahora al fin están haciéndose públicos en los tribunales. La docilidad, esa falta de rabia de la gente hacia unos gobernantes que nos estaban vendiendo un oropel a un altísimo precio, me  exasperaba. Intentar descubrir la belleza que ofrecen algunos rincones de la ciudad se convirtió también en un aprendizaje sobre cómo quererla. Y al final, de alguna manera, la novela también es una exaltación a ese escenario que es la ciudad en la que viví con intensidad mis primeros 30 años.

Después de 30 años escribiendo periodismo, ¿cómo ha sido la experiencia de crear una voz narradora para tu primera obra de ficción? ¿Has tenido en mente a algún autor?
Ha sido una experiencia liberadora, terapéutica, necesaria. Creo que en el fondo esto es lo que he querido hacer siempre y que, por el motivo que sea, no he hecho hasta ahora, o al menos no lo he hecho hasta ahora con la calidad que exige un reto así si lo que quieres hacer es literatura. Soy un lector bastante caótico que tiene algunas fidelidades inquebrantables, leo a Chirbes y a Richard Ford, a Vila-Matas y a Eduardo Halfon, a Iris Murdoch y John Cheever, a Unamuno y a Umbral. Escritores como Fernández Mallo y Fresán me han abierto los ojos y me han enseñado otras posibilidades. Son autores contemporáneos míos, cuya literatura se nutre de muchos elementos extraliterarios, en algunos casos muy cercanos a la cultura pop, que es de donde yo vengo. Lo que sí se convirtió en una influencia buscada fue Lucia Berlin. El modo que tiene de escribir fue determinante para que empezara a cortar frases con una especie de cuchillo.

El estilo de tu prosa está cargado de lirismo. Hay una voluntad preciosista en los detalles y en la creación de atmosferas, muchas veces oníricas. ¿De dónde parte esta voz lírica?
Si te dijera que viene de leer poesía de manera convulsiva, mentiría. El lirismo del que hablas proviene del hecho de que llevo escuchando música desde los 14 años. Durante 40 años he estado escuchando a Lou Reed, a Patti Smith, y también a innumerables artistas que, sin llegar a ser poetas, han escritos versos en canciones que forman parte de mi ADN. Esa musicalidad forma parte de mi manera de expresarme en la ficción. En cierto modo se puede decir que mis resortes como escritor no están en la literatura sino en la música. Con esto quiero decir que el impulso de contar no estaba, en un principio, asociado con los libros sino con lo que escuchaba. La literatura y mi formación como lector han forjado esa necesidad por el único camino posible, que es el de la literatura. Pero el impulso inicial proviene, por así decirlo, del rock & roll, del pop, de escuchar una y otra vez el crescendo de Land, la letra de Street Hassle y sentir cómo crece la necesidad incontrolable de querer hacer algo así. Evidentemente, lo que sale nunca es algo así, y menos si hablamos de literatura, pero me parece un comienzo de lo más legítimo.

La novela no está exenta tampoco de erotismo, en este caso, con una fuerte carga estética.
Sobre todo en la historia que protagonizan los adolescentes. Hay unas líneas de atracción física que determinan la relación entre ellos. Es una atracción muy primaria y a la vez muy inocente. Y en algún caso, es una atracción que está alimentada por la música y las fantasías que ídolos como Bowie proyectaban. La ambigüedad, la ruptura de las leyes de lo convencional, la osadía. Todo eso a mí me atraía mucho cuando era adolescente. Por supuesto, estaba muy lejos de poder entender conceptos como el voyerismo, pero leía con avidez sobre ello en un ensayo sobre el cine de Warhol llamado “Andy Warhol Superstar”. De sus películas, de ese erotismo que nace del acto de la contemplación, provienen algunas de las imágenes plasmadas en la novela.

Los paisajes, la contemplación, tienen un gran protagonismo en tu novela. El Saler, por ejemplo.
El Saler es uno de los protagonistas principales de la novela, junto con Valencia. Son mucho más que escenarios. Pero en el caso de El Saler, el protagonismo es mayor puesto que se convierte en un lugar vivo. La idea era que terminara siendo un lugar fantástico sin necesidad de que en él tuvieran lugar acontecimientos sobrenaturales o extraños, como ocurre por ejemplo en Twin Peaks. Simplemente quería retratar esa combinación de elementos que hace de este lugar un sitio especial, porque en esta caso, lo que podríamos llamar la magia está oculta en pequeños detalles, en los colores de un atardecer sobre l’Albufera, o  en el modo en el que se mueven las copas de lo pinos cuando sopla el poniente.

Una vez que has dado el salto a la ficción, ¿habrá una segunda novela?
Ya no me veo a mí mismo sin escribir ficción. De hecho, desde que ha salido Lejos de todo me doy cuenta de que cada vez me apetece menos escribir sobre la realidad, aunque de momento, eso es lo que me da de comer. Ya me encargo yo de ir acercando esos trabajos, en la medida de lo posible, a esas necesidades narrativas. Mientras tanto, estoy trabajando ya en el siguiente libro de ficción. En principio no es una novela, aunque ahora mismo no me atrevo a definirlo de un modo concreto. Parto de una serie de artículos en primera persona para convertirlos en piezas narrativas, y aproximarlas a la ficción a la vez que intento unirlas con un hilo invisible. No sé qué saldrá pero creo que será la segunda parte de un tríptico que, sin yo saberlo, nació con Lejos de todo. Ambos libros estarán relacionados, no sé todavía en qué medida. Y después de eso, habrá otra novela que ya tengo en la cabeza y que cerraría este ciclo. Esto es como lo que decía Santa Teresa acerca de las plegarias atendidas. ¿No querías ser escritor? Pues toma ya tienes unas cuantas cosas para estar entretenido durante los próximos años. Pero no me quejo, al contrario. Esto es lo que he querido siempre y poder ejercitarlo me produce más placer que otra cosa.

Etiquetas: Bowie, Jekyll&Jill, Lejos de todo, Lou Reed, novela, Patty Smith, PP, Valencia

Sobre el autor

Olga Jornet

Olga Jornet (Girona, 1977) es profesora de Narrativa y de Cuento en la Escuela de Escritura del Ateneu Barcelonès, coordinadora de 'Revista de Letras' y del curso de Periodismo cultural de Escuela de Letras y docente en el posgrado internacional 'Escrituras' de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales.

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