Revista de Letras

Rituales cotidianos

Este texto ha sido escrito un sábado o un domingo, días de la semana a los que relego —esto no da dinero— la escritura de reseñas literarias. Normalmente habré salido el viernes o el sábado por la noche, por lo que la mañana siguiente estará marcada por una punzante resaca que me mantendrá en la cama más horas de lo recomendado, lamentándome y bebiendo agua a mansalva. Poco a poco y a eso de las doce, conseguiré levantarme y, maldiciendo al mundo, sentarme en el escritorio donde tengo puesto el ordenador. Esperaré a que se encienda y accederé a la aplicación para escritorio de Evernote donde tengo todas las notas que he ido tomando al leer los libros que me han ido acompañando durante la semana. Abriré la nota del libro que más rabia me dé y la pondré en la parte derecha de la pantalla del ordenador, mientras en la izquierda colocaré la hoja de Word desde la que estoy escribiendo estas líneas.

Turner

Turner

De esto trata Rituales cotidianos, salvo que los sujetos examinados son artistas y científicos en su mayoría imprescindibles para la historia del conocimiento humano y no un bloguero de tres al cuarto como el tal Miguel Alcázar. Compositores como Mozart o Stravinsky, escritores como Kafka, Joyce o Roth, filósofos como Kant o Descartes, cineastas como Bergman o Allen, psicólogos como Freud y Jung, pintores como Van Gogh o Pollock y un sinfín más de creadores desfilan por las páginas de este volumen fetichista y, si se quiere, superficial, que sin duda hará las delicias de todo lector mitómano o creador necesitado de referentes a los que imitar. Formado por breves textos dispuestos al tun tun y escritos sin demasiada aspiración artística (Mason Currey no es, ni lo pretende, un biógrafo a lo Echenoz, sino que se conforma con ser un buen escritor de no ficción), el libro publicado por Turner es una aproximación fascinante a la cara oculta de la creación, esa parte tan aburrida que consiste en trabajar constantemente para crear algo bueno y que no se corresponde con la visión romántica del genio inspirado que aún hoy colea en los círculos más pueriles de la rama artística o creativa de turno. Como nos cuenta el compositor estadounidense John Adams, “la mayoría de la gente auténticamente creativa tiene hábitos de trabajo muy, muy rutinarios y no particularmente glamurosos”, por lo que, si eres un tipo la mar de guay de esos que están todo el día en terracitas o viajando a lugares exóticos o lanzándose en paracaídas día sí y día también, lo siento mucho: lo más seguro es que nunca consigas aportar nada a la sociedad salvo un par de chiquillos que contribuyan a la superpoblación mundial. Al menos no parirás una Madame Bovary, pues el consejo de su autor era el de ser “monótono y ordenado en tu vida como un burgués para que puedas ser violento y original en tu obra”.

Por tanto, la disyuntiva parece situarse entre creación o vida y ¿qué es lo que tenían en común los desgraciados que eligieron la primera opción? En su mayoría la mañana, habiendo una gran posibilidad de que aquel escritor al que tanto admiráis fuera tan, tan madrugador que sea él el que ayudara a Dios, en contra del dicho popular. Siete, seis, cinco de la mañana son horas que se repiten a lo largo de las páginas de Rituales cotidianos, y no como horas para acostarse (al estilo del Letraheritus Bohemius Españolis) sino horas en las que los escritores se levantan y se ponen a trabajar (eso sí, solo hasta el mediodía, que ya quisiéramos muchos una jornada laboral así). Luego también están los raritos (a Francis Bacon le gustaba trabajar con resaca, a Patricia Highsmith rodeada de ¡caracoles!) pero estos son minoría en un universo de individuos cuyas vidas fueron de lo más gris porque guardaron para su obra toda la luminosidad (u oscuridad) con la que vinieron de fábrica.

En resumen: un libro perfecto para procrastinar todo lo demás, ya que mientras se lee parece que uno está haciendo algo más activo que el siempre acto pasivo —por mucho que la moralina Disney nos diga lo contrario— que es leer (de hecho, sorprende enterarse gracias a este libro de lo poco que leían los más grandes escritores de la historia, lo que me parece lógico y normal pues los preferimos habiendo escrito y corregido mucho y no siendo unos sabelotodos literarios). También será útil para jóvenes artistas wanna-be, aunque hay que destacar que casi todos los creadores cuyas rutinas se recogen en este libro eran creadores profesionales, por lo que los jóvenes escritores españoles que actualmente sobreviven —si es que tienen suerte— mediante empleos de chichinabo (véase la docencia, la fontanería o la prostitución a través de las redes sociales)  tendrán que buscar a sus referentes en ese otro interesantísimo título que publicó Impedimenta hace algún tiempo llamado Trabajos forzados.

Aunque lo mejor es que escriban: que escriban cuando les dé la gana y mejor les funcione, pero que escriban y lo hagan bien, pues como decía Bernard Malamud:

“No hay un método único; existen demasiadas habladurías sobre este tema. Uno es quien es, no Fitzgerald ni Thomas Wolfe. Uno escribe sentándose a escribir. No hay que buscar un momento ni un lugar específicos; uno actúa según el gusto, según su naturaleza. Si somos disciplinados, el modo en que trabajamos no es importante. Si no somos disciplinados, ninguna magia simpática podrá ayudarnos. El truco está en hacer tiempo —no robarlo— y producir la ficción. Si se te ocurren cuentos, y logras escribirlos, estás en el camino correcto. A la larga todo el mundo aprende cuál es su método ideal. El verdadero misterio por descifrar es uno mismo”.

Etiquetas: Descartes, Freud, Joyce, Kafka, Kant, Mason Currey, Mozart, Rituales cotidianos, Stravinsky, Turner

Sobre el autor

Miguel Alcázar

Miguel Alcázar (Albacete, 1987) es licenciado en Filología Inglesa y máster en Estudios Ingleses Avanzados por la Universidad de Salamanca. Colabora como crítico literario en las revistas 'Quimera', 'micro-revista' y 'Granite & Rainbow' y desde diciembre de 2012 mantiene en activo el blog de reseñas Mike & Libros. Recientemente ha publicado 'Bulevar 20' (Varasek Ediciones), su primera novela.

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