Revista de Letras

Robert Scholes: “La palabra «literatura» ya no es útil”

Robert Scholes es profesor investigador en el departamento de Cultura Moderna y Medios de Comunicación de la Universidad de Brown y autor de importantes libros sobre teoría y crítica literarias, y sobre pedagogía.

Robert Scholes (foto: Univ. Washington)

En su último ensayo English after the Fall. From Literature to Textuality (University of Iowa Press, 2011) continúa un debate polémico que ya había iniciado con The Rise and Fall of English (1998) sobre cuál debería ser el contenido de los planes de estudios de los departamentos de literatura inglesa (aunque sus reflexiones bien se pueden generalizar a cualquier departamento de literatura, obviamente).

Scholes propone en su libro ejemplos concretos de cómo la enseñanza puede y debe dirigirse a ampliar sus objetos de estudio abriéndose más allá de las tradicionales fronteras de la literatura canónica, lo que ayudaría, en su opinión, a justificar la utilidad de las disciplinas humanísticas tan denostadas en un mundo altamente tecnologizado como el nuestro.

Literatura y textualidad

¿Por qué son hoy en día las humanidades “disciplinas caídas”?

En un mundo dominado por la tecnología es difícil para las humanidades demostrar su utilidad, y esta situación empeora por el fracaso de algunas disciplinas humanísticas en admitir el humilde trabajo que las hace útiles. Por ejemplo, en los Estados Unidos los departamentos de inglés no ven la enseñanza de la lectura y la escritura como un objetivo digno. En vez de eso, enseñan “literatura”.

El significado del término “literatura” ha evolucionado a lo largo de la historia. Cita usted, por ejemplo, a Coleridge cuando dice que “donde la lectura de novelas prevalece como un hábito, ocasiona con el tiempo la completa destrucción de las capacidades mentales” como ejemplo de que la ficción no fue considerada literaria hasta finales del siglo XIX. ¿Qué deberíamos entender entonces como “literatura”?

Creo que la palabra “literatura” ya no es útil y debería ser sustituida por “textualidad” como el principal objetivo de enseñanza en los departamentos de lenguas. Actualmente, nuestras definiciones de literatura excluyen muchos textos importantes, incluyendo los textos religiosos y políticos, así como los multimedia.

Defiende que los departamentos de inglés no deberían estar centrados en el estudio de la “literatura”, sino de la “textualidad”. ¿Podría diferenciar estos dos conceptos?

La literatura ha venido a significar poesía, ficción y drama de cierta seriedad y dificultad. Esta definición es demasiado excluyente y tiende a separar la lectura de la escritura. Con “textualidad” estoy hablando del estudio tanto de la lectura como de la escritura en textos que van desde la Biblia y la Constitución de los Estados Unidos al periodismo, el cine, los programas de televisión y la publicidad.

La importancia de la crítica literaria

¿Cómo debería leerse un texto? Propone un proceso de tres niveles o fases.

Los lectores ingenuos tienden a imponer sus propios sentidos a los textos. Esa es la primera fase de la lectura. La segunda fase, la interpretación, busca deliberadamente la intención original de los autores de los textos. La tercera fase, la crítica, trata de evaluar la intención original en nuestro mundo contemporáneo.

¿Por qué deberían incluirse en el plan de estudios los textos religiosos y políticos?

Estos son los textos que influyen en nuestras vidas más directamente, los textos más poderosos que podemos encontrarnos. Tenemos que entenderlos lo bastante bien como para criticarlos.

Por poner un ejemplo, en el Antiguo Testamento, Dios mismo da a Moisés un conjunto de leyes para el comportamiento humano entre las que encontramos este mandamiento: “No codiciarás la casa de tu prójimo, ni codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de tu prójimo”. Este texto es claro, pero ¿por qué no dice nada sobre no codiciar al marido de tu vecina? ¿Seguramente debería estar prohibido también?

La respuesta, me parece, es que este Dios estaba hablando con hombres sobre lo que podían poseer y lo que otros hombres podían desear quitarles. En este texto, las mujeres no son sujetos, sino objetos de la codicia, lo que nos muestra que esta era una cultura en la que las mujeres eran tratadas como una propiedad más que como poseedoras de propiedad, y lo último que podían reclamar poseer era un marido.

Hay culturas en el mundo que aún funcionan de una manera muy parecida a la revelada en el texto sagrado. Ahora mismo, la nuestra no es una de esas culturas, aunque está claro que hay gente a la que le gustaría que nos moviéramos en esa dirección. Los profesores universitarios que deciden enseñar los textos sagrados pueden ayudar a evitar que vayamos hacia ese lugar oscuro.

¿La interpretación y la crítica de textos religiosos podrían ayudar a desarrollar una mayor tolerancia hacia las creencias y las ideas de otras personas?

Posiblemente, pero no es el propósito principal de dicho estudio, que es conseguir una visión crítica de nuestros propios textos sagrados. Estos textos vienen hasta nosotros desde otro tiempo y otro lugar, desde otra cultura. Las lecturas supuestamente “fundamentalistas” lo disfrazan en realidad, haciendo que parezca que hablan directamente con nosotros. Una lectura crítica implica reconocer la diferencia entre la situación original de un texto y nuestra propia situación, y decidir conscientemente qué elementos de ese texto se aplican a nuestra situación y cuáles no.

Lo que habría que estudiar y por qué

¿Qué opina del hecho de que algunos críticos rechacen el estudio de la ficción popular porque no es suficientemente buena?

En realidad, hay obras buenas y malas entre la ficción dirigida a una audiencia amplia y entre la que está dirigida a una audiencia reducida. La buena ficción popular sobrevive mucho tiempo. Don Quijote era popular. Dickens era popular.

¿Qué hace entonces que una obra de ficción sea buena?

No hay una respuesta simple para esta pregunta porque hay diferentes tipos de calidad y solo el tiempo puede decir si un texto tiene cualidades que perduran. Pero esos textos tienden a decirnos cosas sobre la naturaleza humana que continúan siendo de interés para nosotros, usando un lenguaje que es memorable. Algunas obras populares tienen estas cualidades, y también algunas obras no populares.

¿Por qué tendría sentido ampliar el objeto de estudio de los departamentos de literatura para incluir todos los medios y modos de expresión?

Este es el mundo en el que vivimos. Y obras importantes se mueven de un formato a otro. Grandes obras de teatro y novelas se convierten en óperas y películas. Para funcionar bien en nuestro mundo tenemos que ser capaces de apreciar y criticar obras en todos los medios en los que las encontremos.

En su libro sugiere que los profesores y los alumnos tienen que cambiar la forma en que observan los textos para combinar las perspectivas del creador y el consumidor, del escritor y el lector.

Sí. Los mejores lectores pueden ver las cosas desde la perspectiva del escritor, y los mejores escritores entienden a sus lectores muy bien. Esto significa que, al enseñar la lectura, tenemos que animar a los estudiantes a que escriban los tipos de textos que están aprendiendo a leer, y que, al enseñar a escribir, tenemos que animar a los autores a imaginarse a sus lectores. Mejores lectores hacen mejores escritores, y mejores escritores hacen mejores lectores.

¿Cómo puede ser útil para nuestras vidas el estudio de la “textualidad”? ¿Por qué es importante?

Todos usamos el lenguaje. Y el lenguaje nos usa a nosotros. Al aumentar nuestro dominio del lenguaje y de los modos de textualidad, aumenta tanto nuestro placer como nuestro poder en este mundo tan textual que habitamos. Necesitamos poder entender y cuestionar los poderosos textos que tratan de controlar nuestras vidas directamente diciéndonos cómo tenemos que comportarnos. Y también necesitamos el consuelo procurado por los textos que nos ofrecen versiones lúdicas de experiencias dolorosas (y todos los textos profanos son lúdicos, sean trágicos o cómicos en su forma). Su belleza y su artificiosidad nos permiten contemplar los acontecimientos dolorosos con placer y hacer uso de sus lecciones en nuestras vidas reales.

Natalia González de la Llana Fernández
www.unesqueletoenelescritorio.blogspot.com

Etiquetas: Crítica, English after the Fall. From Literature to Textuality, Literatura, Robert Scholes, Textualidad

Sobre el autor

Natalia González de la Llana

Natalia González de la Llana Fernández (Madrid, 1975) es Licenciada en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada por la Univ. Complutense, donde obtuvo el Doctorado Europeo. Posee, entre otros posgrados, el Máster en Libros y Literatura para Niños y Jóvenes (UAB) y el Máster en Escritura de Guión para Cine y TV (UAB) . Se dedica a la enseñanza y la investigación en el Dpto. de Románicas de la Univ. de Aquisgrán (Alemania). Además, dirige talleres de escritura creativa y ha publicado la obra de teatro "Dios en la niebla" (2013). Es autora de “Un esqueleto en el escritorio”, Premio RdL al mejor blog internacional 2011.

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