Revista de Letras

Roberto Contreras: “Lanzallamas no es una microeditorial. Es una gran editorial que publica pocos libros”

11 julio 2010 Entrevistas

Roberto Contreras (1975), editor del colectivo chileno Lanzallamas, escritor de libros como la novela Ahora es cuando, publicado con el sello La Calabaza del Diablo, el poemario Siberia o el más reciente Empleo mínimo, bajo el propio sello Lanzallamas, visitó España para tomar contacto con otras editoriales alternativas que practican la autogestión, o que desde los márgenes publican gran literatura. Roberto Contreras nos atiende en una Barcelona en llamas, en una tarde de julio que aprovechamos para hablar del colectivo y los proyectos de Lanzallamas, el autor, más literatura y Chile.

Roberto Contreras (Foto: Iván Humanes)

Lanzallamas es un proyecto de difusión creativa con clara autonomía. Una revista electrónica (www.lanzallamas.org) y una editorial le dan visibilidad, ¿cómo surgió y por qué la revista y la editorial Lanzallamas?

Lanzallamas plantea un espacio de difusión creativa, como dice el eslogan, que no establezca una discriminación frente a los proyectos, salvo que tengan una consistencia ideológica y estética. No siempre se logra coincidir en eso, por ahí puede haber un proyecto que políticamente caiga en el panfleto, o bien obedezca a principios reguladores de un partido o de una tendencia… Hay que encontrar el equilibrio entre objeto bello y punzante. Y eso es lo difícil, y creo que en algún sentido lo hemos conseguido en Lanzallamas.

En tu recorrido has podido visitar y charlar con amigos editoriales como Pepitas de Calabaza, Txalaparta, La Felguera… que se sitúan al margen y en la literatura alternativa, sin olvidar la calidad literaria.

Absolutamente, los siento como proyectos conspiratorios cercanos, como dicen los chicos de La Felguera. O bien como comentaba con Julián de la editorial Pepitas de Calabaza, es hacer los libros que queremos leer, y publicar esos libros que queremos leer. Lanzallamas tal vez no es una gran editorial, de hecho se nos pone un apelativo, el de micro editoriales, y le hemos dado vueltas también a eso, hay que pensar que no somos una microeditorial, somos una gran editorial que publica pocos libros. Necesitaba establecer un vínculo con proyectos hermanables, darte cuenta que uno está haciendo lo mismo que tu amigo está haciendo al otro lado del Atlántico, de la cordillera. En definitiva, si no tenemos los recursos materiales de armar un contenedor con libros, o por medio de embajada poder traer todas las publicaciones, nos queda internet, los medios y los amigos que van cargados con libros. Vaya nuestro saludo a los muleros que transportan los libros. Y he tenido la oportunidad de estar estos días en el País Vasco, Logroño, Madrid, Catalunya… lugares lingüísticos con una identidad propia que se establece en la calidad de las personas, en la conversación, en cómo te preguntan por Chile. El viaje es no cansarse de mirar. Y de escuchar.

¿Cómo ves Chile como lugar de ebullición literaria?

Está en un buen momento. Se viene hablando de la crisis de la lectura, ya hace tiempo… Pero es un tema que no pasa por la literatura, pasa por otros conceptos más bien de validez o de valoración de los medios de comunicación al espacio de lo sensible, al espacio del intelecto, de las emociones, de la creación. No está. Y en eso nos parecemos a la España post-dictadura: las tetas y la silicona que irrumpen en los medios de comunicación. Una visión autodestructiva de ese apagón cultural, del espacio social y público. Y en ese sentido me imagino que hay una cierta correspondencia. Chile es un país esplendoroso, hay una visión de Chile como una economía estable, pero el costo que tiene eso es tremendo. No somos uno de los países más pobres, la marginalidad se va resolviendo, sin embargo hay una clase media destruida. En todos los ámbitos, en su espacio público y privado. Reventados por el trabajo, por el dinero, por los bienes materiales, por el consumo, el fútbol viene a resolver cosas que no están resueltas, creando espacios de identidad que no está ahí, el triunfalismo…

Empleo mínimo refleja precisamente esta condición personal, mira al capitalismo, es un poemario que publicaste recientemente en formato fanzine…

Uno no vive en un café fumando y contemplando el paisaje. Lo decía muy bien Nicanor Parra, que es la voz beatnik que tenemos en Chile, la antipoesía: los poetas bajan del Olimpo. Se acaba Huidobro, se acaba Neruda, Gabriela Mistral. El poeta es de la calle, está en la calle, el poeta toma la voz coloquial, ése es su lenguaje. El poeta está rodeado de sus circunstancias. Si algo no se puede decir, ojalá quien maneja el lenguaje pueda lograrlo, y si no se puede decir está jodido todo, está todo podrido. Los poemas de Empleo mínimo van por ahí: trabajo, gente con corbata, mi currículum, el empleado del mes, las cuentas, junto con imágenes de un Santiago que es una ciudad destruida, con una sonrisa triste, siniestra, la sonrisa del progreso, la sonrisa de este Chile neoliberal es una sonrisa descascarada.

(Roberto Contreras lee un poema de su Empleo mínimo que reproducimos)

SIMULACRO

La lucha de clases se acaba

bajo el rigor de la obediencia,

la responsabilidad y

el sentido de deber

Ese pavor al desempleo

que ha fundado el simulacro

Lucha de clases perdida

en las puertas del Mall y los Megamercados

Vitrinas, pasillos y cajas

donde ganancia y necesidad

se dan peligrosamente la mano.

Y lo siniestro de la dictadura se sigue manteniendo…

Pervive. Lo que posibilitó esta desgracia de país es una consecuencia, y esa consecuencia tiene nombre y apellidos, son ministros con nombres y apellidos que siguen en el poder, que uno los sigue viendo en los telediarios. Uno los sigue viendo en los telediarios. Y no sólo tiene que ver con Pinochet. Y ahora me desayuné con el tema de Garzón, en cuanto a la apropiación de esta causa. Es cierto que alguien ha hecho lo que nadie hubo hecho pero fue un oportunista, alguien que se colgó de una causa humanitaria universal; sin embargo fue indolente ante los prisioneros, torturados. Y la falta de clemencia siempre debe condenarse, más si se tiene poder sobre las personas. Lo suyo con Pinochet tiene que ver con lo mediático, visto a la distancia. Nada más. Ni hablar de cómo resolvimos en Chile el tema de Pinochet.

Pasando a tu poesía que se lee en Siberia, ¿cuánta muerte hay en este poemario?

Hay alta muerte. Tiene que ver con la muerte de una generación, que es la mía, la de la postdictadura, pero también una generación que cree establecer ciertos puntos o miradas de arraigo en el otro, en sujetos que también padecieron lo mismo. Y no hablo de gente torturada. Hablo de gente que no aceptó esa reconstrucción oficialista que se les planteó, porque el oficialismo es cabrón, pesado, durísimo. Siberia tiene que ver con eso, con chicos que se formaron en un país en blanco en negro, como dice uno de los poemas de Siberia.

(Roberto Contreras lee su poema Guernica)

GUERNICA

rostros perforados

con fuego en los ojos

de piscinas y de cuerpos

inmersiones

metrallas en las ropas

uñas desencajadas

más paredes de cemento

genitales

cruces velas

llamaradas

encendidas avenidas

maderas astilladas

las lanas

las mangas

los lentes quebrados

tantas bocas rasgadas

Gritos perdidos en la Historia

Puntos de fuga infinitos

Ojos como cristales

congregando visiones de espejos y más espejo

La extensión de un eriazo pulverizado

Crecer en un país en blanco y negro.

Esta es una imagen de la memoria. Yo tengo un registro, y no solo yo, como generación, de una familia destruida, perseguida, de la desconfianza en el vecino, en el policía que está vestido de civil, te persigue, te mete en el auto, te secuestran, desapareces… Y eso ocurrió en el vecindario donde yo vivía, a un profesor, a un amigo de mi padre, etc. Es una desconfianza tremenda, el miedo a la muerte, el temor. Y esa fue la cuna donde nos formamos muchos de nuestra generación, y eso tiene un peso, un costo: cómo vuelves tú a reconstruir esos lazos que se interrumpieron, a hacerte cargo de la memoria sin dolor. Es difícil. Cuesta mucho. Y Siberia tiene que ver con eso mismo.

También  te ocupas el haiku.

Me interesa cultivar la simpleza de la escritura, quizás se verá más en un poemario que estoy escribiendo, y que está inédito. Hay ciertos poetas norteamericanos que trabajan un cierto objetivismo, simpleza y cotidianeidad en la mirada, Kerouac incluso, una edición muy buena que sacó Bartleby, con poemas impecables. Esa es la ruta. Es una posibilidad cuando te aburres de hacerte cargo de los temas políticos, de la contingencia, de repente tiene tanta potencia un poema cuando por omisión o por derivación, eludir sin nombrar, te refugias en lo más simple, en lo más sencillo. Hay tantas cosas que uno puede percibir y emocionarse… Esta misma situación de viaje también te pone en un estado de ocio permanente, soy un pasajero en trance, como dice Charly García, un sujeto que mira, observa, que se siente observado, y no más en el mirar se está registrando.

¿Cómo trabajáis la edición de los libros en Lanzallamas? Tu poemario contiene además ilustraciones…

Los dibujos de Siberia son de Alejandro Wagner. Nosotros en Lanzallamas trabajamos el libro con dos realizadores: el que escribe y el que dibuja, o el que hace la tipografía o establece el formato de trabajo a partir de los textos. Y creo que el poemario de Jaime Pinos ilustrado por Nicolás Sagredo, que recientemente hemos publicado, es el más logrado desde mi perspectiva. Es un libro que está armado desde la tipografía, la disposición de los textos… De hecho también publicamos a Mario Santiago Papasquiaro que es Ulises Lima en la obra de Roberto Bolaño. Bueno, tiene que ver con filiaciones, proyectos… el infrarrealismo en México de los años 70 tiene una potencia tremenda para tener una visión de lo marginal, de los poetas que se enfrentaron a la oficialidad, a Octavio Paz por ejemplo. En Lanzallamas nos define la cercanía con un proyecto, que no tiene que ver con que alguien llegue y diga “yo hago lo mismo que ustedes”, sino que eso se demuestre, tiene que ver con el riesgo, con la necesidad de que quede de la mejor manera posible, y en Lanzallamas el autor es propietario de su libro. Podemos hacer tirada de 500 o 1.000 ejemplares, y tiradas de 50 ejemplares en los fanzines, pero siempre teniendo el control de la producción tanto el autor como la editorial.

¿Os sentís ligados entonces al infrarraelismo?

En algún sentido. Nos honraría que viniera de ellos esa apreciación. Nosotros nos sentimos cercanos a lo que hicieron, y hemos tenido cercanía a los sobrevivientes de ese movimiento. Con Bruno Montané, con Juan Esteban Harrington que es García Madero, con Raúl Silva que si no es del movimiento es uno de los que más ha difundido el infrarrealismo en México y Latinoamérica. Y por ahí está también Hora Zero, un movimiento del Perú del 70, importantísimo, con mucha vinculación. Y aunque no se conocían en un momento se acercaron y establecieron correspondencias vitales. Y con ellos también queremos introducir algún vínculo.

El poemario Almanaque de Jaime Pinos, como comentabas, es una de las últimas publicaciones de Lanzallamas.

Es el último libro que sacamos, que todavía no hemos presentado en Chile. Refuerza esta idea de un trabajo poético vinculado y arraigado en una mirada objetivista, situacionista, desde las vanguardias en el sentido de establecer un vínculo sin barreras, sin límites entre vida obra, entre realidad y escritura, entre visiones de mundo y tu propio sentir. Es un libro muy íntimo pero a la vez un libro abierto, de ventana abierta, de no escribir encerrado sino atento a la prensa, a la televisión…

(Roberto Contreras lee un poema de Jaime Pinos. “Es como si fuera su poética”, nos dice).

NOTA AL MARGEN

Escribe buscando

sincronía,

biografía y escritura.

Escribe buscando

claridad,

estilo y silencio.

Escribe buscando

realidad,

descripción precisa

de la Situación que se encuentra.

Y el colectivo que conforma Lanzallamas tenéis una edad muy cercana, nacido en los setenta, ¿ello es importante para tener un curso común sobre la sensación literaria?

Sobre la sensación literaria, sobre las ambiciones estéticas. Los diseñadores son menores, tienen menos de treinta. Ello le da una visión más renovada, hay conceptos que tienen que ver con la tipografía, con otras búsquedas estéticas. Aunque la botella exista el vino debe también presentarse. La tipografía existe para embellecer el contenido, en un mundo tan semiótico y lleno de íconos y referentes visuales es indudable que debe haber un trabajo con la poesía. Sin hacer poesía concreta, claro.

Iván Humanes Bespín
http://ivanhumanes.blogspot.com

Staff de Lanzallamas: Edición y corrección de textos: Roberto Contreras / Jaime Pinos; Diseño e imagen: Jko Contreras / Nicolás Sagredo; Estudio de diseño gráfico Navaja; Difusión y prensa: Claudia Apablaza.

Catálogo de Lanzallamas

Etiquetas: Alejandro Wagner, Almanaque, Empleo público, Hora Zero, Jaime Pinos, La Calabaza del Diablo, Lanzallamas, Mario Santiago Papasquiaro, Nicolás Sagredo, Roberto Contreras, Sibería

Sobre el autor

Iván Humanes

Iván Humanes (Barcelona, 1976). Licenciado en Derecho por la Universidad de Barcelona. En el 2005 publicó el libro "La memoria del laberinto" (Biblioteca CyH), en 2006 el ensayo "Malditos. La biblioteca olvidada" (Grafein Ed.) y en 2007 en la obra "101 coños" (Grafein Ed.). Prepara la publicación de su libro de relatos "Los caníbales" con la editorial Libros del Innombrable y la publicación de la novela "La emboscada" con la editorial coruñesa InÉditor.

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1 Comentario

  1. Andrés Del Bosque 16 julio 2011 at 16:51

    Si son tan amables me informan como puedo comprar o leer . “Matar a Los Viejos” de Carlos Droguett.Esta agotado en LOM…y no se encuentra en librerías en España, ni en la Red, ni en la Biblioteca Nacional de Madrid. Supongo que estará en la Univ de Poitiers…pero no hay quien entre por la red a ese catálogo. Gracias Andrés

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