Revista de Letras

Hombres varios

Ror Wolf (centro) | Foto: Ludwig Wegman | WikiMedia Commons

Únicamente los individuos sobrios son capaces de captar todos los matices irónicos de la realidad; esa misma realidad que se impone con su insoslayable gravedad sobre las mentes traslúcidas actuando como muro de contención del discurso y de la creatividad -creatividad como efecto generador, no únicamente artístico-, posee la capacidad de engendrar el recurso irónico sin el cual su percepción es parcial, limitada y, ocasionalmente, instrumentalizada; aunque no conviene olvidar sus limitaciones:

“Lo bueno de la ironía es que disecciona las cosas, se pone sobre ellas de manera que podemos ver los fallos e hipocresías y dobles juegos (…) Sarcasmo, parodia, absurdismo e ironía son magníficas maneras de arrancar la máscara a las cosas y de mostrar así la poco agradable realidad que esconden. El problema es que una vez las reglas del arte han sido desenmascaradas, y una vez que las desagradables realidades que diagnostica la ironía han sido reveladas, entonces, ¿qué hacemos?” David Foster Wallace

¿Dónde está la paradoja? ¿En los posos de realidad que se esconden detrás de toda ficción, o en los rastros de ficción que se pueden encontrar en la más inviolable realidad? Contra los apocalípticos -espirituales, se autocalifican- que insisten en que la realidad es una ilusión, es necesario reivindicar su existencia efectiva porque sin realidad no puede existir la ironía, es inútil intentar ejercitarla en el ámbito de la ficción-.

“Al final sólo quedan palabras en las que se trasluce el escaso valor de la vida humana. Eso basta.”

ContraEscritura Ediciones

Ror Wolf, un sujeto cuya productividad en todos los ámbitos es apabullante aunque esta es, me parece, su primera traducción al castellano, y con respecto del cual los lectores que no leemos alemán poco podemos deducir, desarrolla en este Hombres varios una serie de relatos en forma de apuntes en espera de exposición; no se trata, pues, de microrrelatos, pues algunos abarcan, en la extensión de unas pocas líneas, toda una vida; ni tampoco de resúmenes ni esquemas: los fragmentos -por llamarlos de algún modo, aunque esta calificación tampoco atiende a la realidad de los escritos-, que acostumbran a contener en esa poca extensión el planteamiento, el nudo y el desenlace, esbozan las líneas maestras de una historia completa, pero a la que se han sustraído los detalles no por su irrelevancia sino por decisión voluntaria, a la espera de que alguien los complete. Esa simplificación consigue  que aflore la ironía -los detalles omitidos no son inocentes- que se halla presente en cualquier relato protagonizado, con visos de realidad, por un ser humano. En definitiva, en  lugar de presentar hechos, objetivo de toda narración que se precie, representan ideas. Aunque tal vez no se trate tanto de relatos como de instantáneas; más que cuentos estructurados de acontecimientos sucesivos ligados causalmente y con elementos comunes en el conjunto que permiten especular acerca de su progresión, se trata de una serie de fotos fijas que dan indicios de los próximos movimientos: la trama sin trama.

“En una ocasión en que subía una escalera, me salió al encuentro un hombre que venía bajando, un hombre alto que reía. Los dos nos sorprendimos tanto a causa del encuentro, que no tuvimos tiempo ni para saludarnos. Yo no conocía al hombre, pero tuve la sensación de que la historia que acabo de empezar hubiera podido tener un final distinto a este con el que la acabo.”

El narrador, a pesar de su aparente frialdad, parece tan implicado con los protagonistas de sus instantáneas que el lector puede llegar a dudar acerca de si todos esos “hombres” no serán más que avatares del propio narrador. Con una inocencia propia de Robert Walser, Wolf hace gala de una modestia que le alcanza sólo para proponer, para especular, para apuntar, y casi nunca para afirmar y mucho menos para pontificar; como si relatara sin intención, obligado por unas circunstancias que no conocemos, casi sin querer, y dejando siempre en el aire el juicio moral relativo a las acciones, sean sorprendente o simplemente rutinarias, de sus protagonistas.

Una lectura estimulante y asombrosa; o asombrosa y estimulante.

Etiquetas: creatividad, discurso, Hombres varios, realidad, Robert Walser, Ror Wolf, trama

Sobre el autor

Joan Flores Constans

Joan Flores Constans nació y vive en Calella. Cursó estudios de Psicologia Clínica, Filosofía y Gestión de Empresas. Desde el año 1992 trabaja como librero, actualmente en La Central del Raval. Lector vocacional, se resiste a escribir creativamente para re-crearse con notas a pie de página, conferencias, críticas y reseñas en la web 2.0, y apariciones ocasionales en otros medios de comunicación.

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