Revista de Letras

Sale el espectro

26 julio 2008 Críticas

Sale el espectro
Philip Roth
Mondadori

Dice Vila-Matas, en Recuerdos inventados, que la vida, al igual que la literatura, no es más que una biografía construida a base de recuerdos inventados. De esta manera, continúa, de tanto inventar un pasado como en un juego de ilusionismo en el que se ejercita el estilo, llega la escritura. ¿Qué pasa, sin embargo, cuando esta capacidad de construir recuerdos inventados queda matizada por la edad, el deterioro físico y la amenaza de la muerte como una posibilidad cada vez más presente?

Roth vuelve, en Sale el espectro, con Nathan Zuckerman como protagonista, a escribir sobre la muerte y la decadencia física que suele acompañar a la vejez, construyendo un mundo en el que la realidad y el deseo se confunden, apelando, de esta manera, por la literatura como forma independiente de la realidad. Zuckerman se había auto recluido en las montañas de Massachussets tras someterse a una operación en la que le extirparon una ulcerosa próstata. Once años después de este aislamiento vuelve a Nueva York con la ilusión puesta en que un nuevo tratamiento con colágeno restaure su menguada salud, cuando menos, una incontinencia que Roth utiliza como figura y metáfora de la decadencia del personaje. Así, nos dice, en el campo no había nada que tentara mis esperanzas. Había hecho las paces con mis esperanzas. Pero cuando llegué en Nueva York, en cuestión de horas la ciudad hizo conmigo lo que hace con la gente: despertar las posibilidades. De esta manera, resurge el deseo, que en la novela cobra cuerpo en la figura del personaje que hace de Jamie la musa en la que Zuckerman imagina una prorroga a su elegía particular. En este punto la propuesta de Roth nos desborda con toda su fuerza en cuanto presenciamos la impotencia de Zuckerman no sólo por satisfacer este nuevo impulso sexual sino también por construir aquellos recuerdos inventados que nutren la literatura, presentando, así, un quijote contemporáneo incapaz de enfrentarse tanto a los molinos de la realidad como a los de la imaginación.

Afirmaba Barthes de l’estilo de los escritores que este no es sino metáfora, es decir ecuación entre la intención literaria y l’estructura carnal de l’autor. El estilo es así siempre un secreto, recuerdo encarnado en el cuerpo del escritor. Esperemos, pues, que con tal de que no desaparezca la magia de esta realidad paralela, nunca se desvele el secreto que hace de Roth un genio.

Sobre el autor

Diego Giménez

Diego Giménez, doctor en filosofía y pensamiento (UB) con una tesis sobre "El libro del desasosiego" de Fernando Pessoa, ha realizado diferentes actividades relacionadas con la literatura y el periodismo. Ha trabajado como redactor de LaVanguardia.com y en 2008 cofundó Revista de Letras. Actualmente está terminando un proyecto de investigación que prevé la publicación del libro "História do 'Livro do Desassossego'" en la editorial Angelus Novus con una beca financiada por la Fundación Calouste Gulbenkian.

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