Revista de Letras

Sobre el asentimentalismo

Modificación digital de la obra "Asentimental" de Cristina Juárez García

Modificación digital de la obra "Asentimental" de Cristina Juárez García

Definir es adjudicar propiedades, el acto de verbalizar y razonar sobre aquellas características que distinguen cuestiones Para entablar la pertenencia u otorgar una pauta significativa, se requiere entender la antítesis u oposición de aquello que se describe. El “algo” es tener o carecer, ser distinto o igual a lo que se conoce. Un claro ejemplo destaca en que cualquier persona que mira sabe cuando una habitación tiene luz, esto gracias a que en su mente existe la imagen previa de cómo es un cuarto a oscuras. Si se parte entonces de este razonamiento, se puede entender porque gustaré de mencionar la presencia de sentimientos, siendo que en realidad trato de detallar su ausencia.

Alguien puede llegar y decirte que eres un asentimental, lo que querrá decir que le pareces un individuo que no siente. Semejarás pues una piedra, un prototipo inconmovible. Quizás te lo habrán dicho porque no enojaste, tal vez porque no lloraste, o bien, debido a que no se te ocurrió dar un abrazo, decir un “te quiero”. La relevancia de este contexto queda en que probablemente el incidente te provoque el nacimiento de un dilema, ese que consista en responderse a si mismo si el veredicto del otro te confirma un algo. Viene entonces el cuestionamiento…¿Basta a que alguien diga para realmente serlo?..Tal parece que la respuesta está ligada a la capacidad intrínseca para comprender lo adjudicado.

En términos lingüísticos, el hombre asentimental carece del llamado sentimiento, el cual es un concepto que tiene grandes complicaciones de definición, puesto que no se trata de un objeto materializado sino de una reacción manifestada en diversas magnitudes. Al sentimiento se le ha definido en formas poéticas, revelándolo como un asomo que tiene origen en el corazón, aunque también se le ha precisado en formas médicas, bajo las cuales la fuente generadora viene de una mente que provoca respuestas. De cierta manera, las concepciones se unen en formulaciones enciclopédicas, esas que terminan por decir que el sentimiento es el resultado de la emoción y que a través de ésta la conciencia humana tiene acceso para proyectar un estado anímico de sello propio.

La emoción por tanto, será la consecuencia de vivir aquello que suba el nivel de determinadas conductas, lo que exalte a tu cotidiano. En el final del proceso de reacción la muestra se manifestará en gestos o palabras que otorguen una simbología representativa. Por dicha vía, la humanidad sabe que una sonrisa expresa alegría, que el llanto denota tristeza, que un fruncir de ceño desnuda el enojo, aunque también reconoce que refleja otras cosas.

Ahora bien, ¿el sentimiento será en sí el gesto? La contestación individual señala que no, pues el sentimiento por si mismo es el estado intermedio entre recibir un estímulo y proyectar una contestación, teniendo como ingrediente formador al recuerdo. Tal versión hace pensar que sin remembranza no hay sentimiento, de tal modo que amas u odias a una persona en base a dos comparaciones generales. Se tendrá rechazo o afinidad porque como humanos veremos la dualidad de que el objeto te represente algo extraño, o bien te refiera hacia algo que previamente te era valioso.

Desde ésta perspectiva, se puede concretar que no existe el hombre asentimental, al menos no como entidad completa, pues técnicamente significaría un estado mortem en el que no hubiera la capacidad para referirse a los momentos de la vida e impactarse por los hechos. Desafortunadamente, la sociedad cae en práctica de nominar a las personas como asentimentales, marcándolas e induciéndolas a un estado de frustración y confusión individual. La contrariedad destaca en que el término de hombre asentimental, otorgado por las etiquetas sociales, incurre en atribuir la falta de sentimientos por el simple hecho de no poder percibir la misma simbología que normalmente les hacer creer en un significado. Definir bajo estos códigos resulta tan absurdo como afirmar que una persona que te dice “gracias” en alemán es un ingrato, pues como no entiendes lo que dice significará para ti que no expresó nada. De estos conceptos está que en mucho tiempo se pensará que las personas con autismo no sentían, cuando lo que en realidad ocurría era que exponían su impresión bajo lenguajes distintos a los que todo el mundo esperaba.

Si queremos cavilar que existe un hombre verdaderamente asentimental, no será el dado por la definición grupal, sino que será aquel que en su actuar voluntario empiece a deshacerse de modo parcial de una simbología sentimental preestablecida. Hasta el momento sabemos que el sentimiento es un rasgo común innegable, mas sin embargo cabe recordar que también es el equivalente a una línea de muchas longitudes la cual puede ser deliciosamente sutil o tortuosamente interminable. Hay que advertir por tanto que el asentimental desliga también magnitudes, ya que en algún momento de su vida, plantea la necesidad de entender y encauzar su sentir hacia un patrón menos penetrante, contenido y a la vez más auténtico. Como bien señala el psicólogo francés, Gustave Le Bon, “Cuando se exagera un sentimiento, desaparece la capacidad de razonar”, cuestión por la cual algunas personas intentan llevar su sentir en grados más controlados, habilidad que provocará que sus sentimientos pasen desapercibidos para aquellos que los rodean o incluso para si mismos.

Si ser asentimental no representa volverse deshonesto, sino mitigar algunas expresiones exageradas y abatibles, será por ende el paradigma del individuo que busque formarse con grados de coherencia entre lo que siente y lo que necesita expresar. Pese a la intención pura, se tendrá contemplado que el peligro del asentimental será curiosamente el propio sentimiento, pues al hallarse en el estado de exploración y negación, puede que se genere en él la conversión hacia un ruedo angustioso, una ruptura corporal, el quiebre figurado de su alma incomprendida. Y es que el asentimentalismo nace por la necesidad de no concebirse contrariados en la evocación, ser menos asequibles, más existentes. Leonardo Da Vinci señaló que “Donde hay mucho sentimiento, hay mucho dolor” no obstante el mismo objetó que “todo conocimiento empieza por los sentimientos”. Quizás lo que trató de exponernos con estas dos ideas fue que aunque ciertos sentimientos nos dañen por su intensidad, siempre serán necesarios para recrearnos a nosotros mismos. Considero que aunque valga la pena secarse de la gestualidad del sentimentalismo en que vivimos, también resulta necesario conservar el hilo de nuestras reacciones y recuerdos, pues al final de cuentas todo asentimental en algún momento siente.

Cristina Juárez García
Noviembre 2008, Monterrey , Nuevo León, México

Etiquetas: Cristina Juárez García, Gustave Le Bon, Leonardo Da Vinci

Sobre el autor

Cristina Juárez García

Cristina Juárez García (Oaxaca de Juárez, México, 1987), médico de pregrado y escritora. Estudios cursados en la Escuela de Medicina del Tecnológico de Monterrey (Nuevo León, México) y en la UAB, en prácticas de internado en el departamento de psiquiatría del Hospital Vall d' Hebron (Barcelona). Actualmente colabora en la elaboración de textos del Colectivo de arte contemporáneo mexicano Artecocodrilo.com, trabaja en su primera publicación literaria: “¿Cartas a Suso? Hablaba de ti y no de mí”, recopilación de prosas y versos abordados como profundizaciones de un recuerdo y cotejo analítico de un sentimiento.

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6 Comentarios

  1. ALEJANDRA 8 mayo 2009 at 13:51

    Realmente me gustò el articulo, muy bien logrado, por su tema o como lo explaya, no sè, creo que los amores y los miedos no se pueden explicar… No obstante me hizo recordar al tema tan olvidado por la cultura occidental, el hecho de que no venimos a este mundo a ser felices, ya que vivimos apegados al “yo quiero, yo tengo, yo poseo” y en el deseo segun los orientales està el sufrimiento”. Creo que los sentimientos estàn presentes desde el momento en que nacemos y… tambien se educan.
    Realmente felicitaciones, y gracias.-
    Alejandra Crespin Argañaraz.

  2. A. Alc. 9 mayo 2009 at 8:39

    Creo que lo relevante de la temática que maneja es observar las razones personales del ser “asentimental”. Como bien habla en su texto , y como también creo verlo estampado en su pintura, el asentimental muestra sus emociones a través de expresiones que le son ajenas o poco significativas a otras personas, de ahí que sean representadas como remolino, caos. Intuyo que de su parte habrá vivido algo que le hizo darse cuenta de la necesidad de analizar de tal modo los sentimientos. Creo que el querer ser asentimental raya en buscar ser realistas con los efectos que tienen sobre nosotros las palabras y gestos de otras personas. Por ejemplo, si somos sentimentales aveces el miedo a algo es magnificado extratosféricamente , porque falta sobre nosotros un análisis más verdadero del objeto o situación a la que tememos….en cambio, si se es objetivo o mejor dicho asentimental, se verá a ese miedo como una situación más que hay que afrontar de modo coherente, sin que esto abata nuestro modo de pensar y actuar. Respecto al amor, ufff, el asentimentalismo pudiera ser más complicado no lo cree? ya que las señales que dan las personas en este aspecto no siempre son universales o fáciles de interpretar.

    La felicito por su ensayo, es de muy buena calidad y opino que es un buen tema para ser su primera publicación. Ojalá y escriba con regularidad, me agradó su modo de expresarse

  3. A. Alc. 9 mayo 2009 at 8:44

    Adrian Alcocer

  4. Ego 18 agosto 2010 at 15:12

    Asentimentalismo.
    Excelente tema a tratar…
    Se basa en sentir y nada más que eso.. Aquí no se involucran palabras.
    El decir está a años luz del sentir.

    Au revoir =)

  5. karina 4 enero 2011 at 10:12

    muchas felicidades por tu ensayo en realidad es muy bueno, di con el por pura casualidad ya ke constantemente me tildan de asentimental y al leer tu ensayo kede asombrada con la claridad con que explicas todo que en cada linea asentia con la cabeza.

  6. Cristina Juárez Ga. 31 marzo 2011 at 4:39

    Karina, muchas gracias por el comentario. En lo personal me llena de satisfacción el saber que el ensayo te halla sido de utilidad en la compresión de la adjudicación que te plantean. Más que la aspiración por lograr un sentido claro de las enunciaciones de mis textos, me complace advertir que en algo contribuyen al ejercicio introspectivo de cada uno de los lectores.

    Aprovecho para recomendarles una especie de continuación para el tópico: “La dicción anquilosada: El padecimiento estoico que se escribe. (Parte I/III)”, ensayo en el que realizo un análisis sobre el fenómeno de la escritura como rehabilitación lingüística y emocional, haciendo énfasis en las denotaciones literarias de aquellas personas con rasgos internos de enfermedad y aspectos de aparente “normalidad adaptativa”.

    http://www.revistadeletras.net/la-diccion-anquilosada-i-exordio/

    Saludos cordiales.

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