Revista de Letras

Sobre el rugby, por Àlex Reig

20 febrero 2012 Crónicas

Una de las frases más oídas entre los aficionados al rugby es la que dice que mientras que el fútbol es un deporte de caballeros jugado por villanos, el rugby es un juego de villanos jugado por caballeros. Dicho esto, el seguidor del rugby levantará ligeramente la cabeza, de tal manera que podamos percibir en su expresión un intenso grado de autocomplacencia, de honor. El honor. Para muchos el honor es exactamente esto: una ética de juego. Un código moral. Cabe decir además dos cosas: la primera es que esta frase se oye en cualquier círculo de amantes del rugby al menos una vez por reunión, especialmente si hay en el lugar algún profano; en segundo lugar, destacar cómo la inclusión de una ética en un juego bruto pretende reinventar la percepción que de éste se tiene. Hablar de ética en un deporte es incurrir en una gran paradoja por el grado de descontextualización que en este acto se advierte, por la problemática evidente que se establece entre forma y contenido, entre lo que se dice que algo es y lo que verdaderamente es.

"The Spirit of Rugby" (ilustración: Michael Olivier, 2009)

Es frecuente acercarse a los deportes más minoritarios o más controvertidos, aquellos en los que la línea entre lo deportivo y lo violento es especialmente tenue, desde el análisis filosófico, elogiando una serie de cualidades abstractas que no se encuentran de por sí en el juego sino que son el resultado de una elucubración intelectual con cierta tendencia al romanticismo. Pienso por ejemplo en el boxeo y en las aproximaciones que a él han hecho varias figuras destacables del mundo literario. En aquellos que han visto en él aspectos míticos y épicos: la lucha por la supervivencia o el cuerpo a cuerpo como un intento de transcender la miseria inherente a nuestra condición y alcanzar la gloria. Se ha construido alrededor de este tipo de deportes, conflictivos para un público masivo o para una sociedad sensibilizada, un relato que permite consumirlos desde otra óptica más amable (irreal por la condición de externalidad que ejerce el discurso frente al objeto, no hace falta mencionarlo). La intelectualización del juego permite en cierto modo justificarlo y reivindicarlo delante de posibles detractores, frentes aquellos que consideran que el boxeo es una salvajada. Aunque bajo esas capas discursivas que rodean la esencia del deporte, sigue escondiéndose intacto lo violento, lo arcaico y lo a veces absurdo de un deporte que desafía las bases de lo civilizado.

Sin embargo, este aspecto, el de una violencia implícita y primogénita, es interesante como fenómeno; no son pocos quienes pueden encontrar en este tipo de deportes una emoción única, situada en la frontera que separa el bien y el mal en nuestra consciencia. Es interesante ver por lo tanto como surgen esos discursos que pretenden principalmente redimir nuestra pasión por lo animal. Guardamos dentro de nosotros una secreta pasión por lo violento, por lo irracional, y lo irrefrenable, por aquello que no ha pasado por el filtro de lo cultural, por nuestros rasgos más instintivos. Hay algo en ello del todo humano. Humano en su esencia.

Lo que me parece más interesante es, sin embargo, ese revestimiento de dignidad en deportes como el rugby. No dudo de ella (entendiendo que el mismo término “dignidad” debería ser definido), sino más bien del código ético sobre el que quiere apoyarse, pues al fin y al cabo creo que, pese a preferirlo al fútbol, es este último intelectualmente más sincero. Puestos a convertir deportes en filosofías, hagámoslo consecuentemente. Mi interpretación por lo tanto es y será siempre una sobreinterpretación, por cuanto hablo de un deporte en términos ajenos a los que le son propios y abordo sus principios desde una disciplina que no le es familiar. En cierto modo, cometo un error. Una inadecuación. Pero, por el contrario, pienso que esa misma inadecuación está, por distintas razones, del todo presente en la realidad deportiva de la que voy a hablar, por lo que no es del todo absurdo utilizar aquí una herramienta como la filosófica para desprestigiar las virtudes que se le atribuyen al rugby en comparación al fútbol.

Destacar, antes que nada, que uno de los aspectos más tristes con los que me he topado en el mundo del rugby, pero que es habitual y que halla su generalización más allá de sus pequeñas fronteras, es la repetición constante de la máxima a la que nos hemos referido en el inicio. Se oye constantemente en modo headline, es decir, sin ninguna consciencia real de su significado. Como excusa para seguir tirándose por el suelo y partiéndose los dientes. Oí en una ocasión a un jugador de rugby decir lo maravilloso que era ver como todo aquello que hacías de pequeño –pegarte, empujar, correr, caer- era considerado en el mundo adulto un deporte.

Portada de la revista "The Country Gentlemen" (Ilustración: John N. Howitt, 1931)

El hecho por el que se considera que el rugby es un deporte de caballeros es porque promulga una ética de respeto absoluto hacia el rival y hacia las decisiones arbitrales durante el juego. Éste cuenta de dos partes de 45 minutos, como el fútbol, y de una parte suplementaria –el tercer tiempo- en el que ya fuera del campo, los dos equipos que hasta hace poco se enfrentaban en el césped, comparten un aperitivo y no pocas cervezas. Esta última tiene como objetivo favorecer el compañerismo entre rivales y superponerlo a la competición deportiva. Crea dos dimensiones, delimita dos realidades, separa el enfrentamiento y lo banaliza, enmarcándolo en el contexto del ocio. Convierte lo que en otros deportes es el quid del juego –la victoria- en una intranscendencia. Ganar o perder se convierten en valores relativos. El marco verdadero subyacente al tercer tiempo es el de un encuentro entre compañeros que llevan a cabo la práctica de un deporte.

El respeto absoluto por las decisiones arbitrales es, sin lugar a dudas, uno de los valores que más enorgullecen a los defensores de este deporte, y probablemente el hecho por el que se le considera un deporte noble. Tal como le he oído a varios entrenadores, el rugby es un deporte noble, como también lo es el jugador que lo practica. Las decisiones del árbitro durante el partido deben de ser acatadas y jamás cuestionadas. Esta es la ética con la que comulga el jugador de rugby: el acatamiento a la autoridad supone nobleza. Y es este aspecto el que me parece más débil intelectualmente ya que esconde, en mi opinión, una moral del esclavo. Filosóficamente, el jugador de rugby es un débil en términos nietzscheanos. Tal como se planteaba en relación con el cristianismo, allí donde se quiere ver la fortaleza o la virtud, yo veo el defecto, la flaqueza.

Lo más perverso es la proyección que de esta idea de nobleza se desprende en todos los otros ámbitos fuera del estrictamente deportivo. Es nuestro mismo modelo ciudadano. De aquí la existencia de un código legal y de unas instituciones autoritarias que velan por el acatamiento de las leyes que en él se promulgan: nuestra sociedad se basa precisamente en el acatar, y es en ese saber acatar  a ciegas que el rugby encuentra su virtud moral. Lo que para mí es cuestionable –en filosofía todo debe ser cuestionable- para los jugadores de rugby está fuera de cuestión. Esta ética del todo anti-humanista convierte al individuo en peón, lo subyuga a un poder absoluto. El que se cree noble es paradójicamente el esclavo. La ideología que rodea la figura del ciudadano perfecto halla su perfecta metáfora en la ética que supuestamente ennoblece el rugby, pero también en el modelo ciudadano que nos llega desde la Europa del norte. Es habitual en la actualidad el elogio a los ciudadanos intachables de Alemania o Francia, aquellos para los que la ley es cuestión de todos, casi algo personal. A los países mediterráneos se les critica la falta de rigor, la despreocupación, el querer entender la ley siempre a su medida, la flexibilidad, la picaresca, y probablemente, lejos de ser esto una negatividad a mi parecer, es por el contrario una declaración de libertad que nos vuelve más individuos que otros integrantes de la unión europea.  Al fin y al cabo nous ne sommes pas de citoyens mais des individus.

Es por esa razón por la que el fútbol, a diferencia del rugby, me parece un deporte más noble intelectualmente: por su cuestionamiento constante de las decisiones tomadas por la autoridad; porque asume que aun siendo el poder el que manda, existe el derecho a manifestar nuestra disconformidad, aunque no sirva para nada. El deber de la filosofía es, sin embargo, el rechazo sistemático de toda autoridad; la universalización del concepto de “disconformidad”.

Dicho esto, quitarle leña a la cuestión: decir que dudo seriamente que cuando un jugador de fútbol se queja ante el árbitro y le grita, sea consciente de que está reivindicando su propia condición de individuo frente a un poder que no le tiene en cuenta. Eso sería alejarse de la realidad, aunque inconscientemente sea eso lo que esté ocurriendo. De la misma manera, dudo que un jugador de rugby tenga en cuenta las premisas subyugantes que se esconden tras ese código supuestamente noble que existe en este deporte, pero es el deber de la filosofía leer los hechos y extraer sus propias conclusiones. También el afirmar que los deportes no llevan en sí nada parecido a una nobleza, estando esta categoría además fuertemente impregnada ya de una ideología muy concreta. La nobleza es una construcción épica que no necesariamente tiene que ver con el objeto al que se le pretende aplicar.

Àlex Reig

Etiquetas: Épica, Boxeo, Fútbol, Honor, Nobleza, Rugby, Violencia deportiva

Sobre el autor

Àlex Reig

Àlex Reig (Barcelona, 1989). Es poeta y vive en Barcelona.

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21 Comentarios

  1. MartínCaparrós 20 febrero 2012 at 23:28

    Es curioso que alguien haga todas estas reflexiones sobre la nobleza o villanía del rugby sin topar con la cuestión central: que, durante muchas décadas, el rugby basó su pretensión de diferencia en el hecho de que era amateur. Todavía sigue siéndolo en algunos lugares, y eso supuestamente lo diferencia del fútbol y otras groserías: es un lujo, no una esperanza de ganarse la vida. Lo cual permite a sus practicantes, entre otras cosas, respetar las decisiones del juez: se parte del consenso de que todo es un juego, que nada de eso importa demasiado -y, por lo tanto, nadie va a molestarse en infringir sus reglas.
    Pero se ve que el joven autor todavía tiene, para identificar los asuntos, las mismas dificultades que para citar: el chiste de la frase en la que basa su artículo es que el rugby es un deporte “de caballos jugado por caballeros” -donde la aliteración, sumada a la dialéctica del jinete y su montura, completa la sentencia. Tampoco se le dan bien las lenguas extranjeras: no se dice “nous ne sommes pas de citoyens sinon des individus”, sino “mais des individus”. Son los problemas de la literalidad y los falsos amigos -que el rugby, por supuesto, conoce tan bien.

  2. Raúl 21 febrero 2012 at 0:27

    … Lo cual, Sr. Caparrós, no le quita validez al argumento del autor, sino que lo refuerza: pues pareciéme que el fútbol también tiene su propia base amateur – y a cualquiera que se haya dado una vuelta por los arrabales de cualquier provincia le habrá sorprendido la cantidad de campos de tierra donde nunca jugará el Real Madrid – y en los que, incluso con más peso y virulencia, las decisiones arbitrales son discutidas: mucho más desde luego que en el soso y afásico rugby amateur de Lancaster o Bristol; deporte éste, el rugby, producto neto de una sociedad altamente clasista, y que solo han sabido apreciar en toda la historia de la humanidad los antiguos imperialistas y unos cuantos snobs de los que, voto a bríos, andamos sobrados en España.

  3. José A. Muñoz
    José A. Muñoz 21 febrero 2012 at 9:07

    Se corrige el error. Gracias por la puntualización respecto a la cita en francés.

  4. Patricio RG 22 febrero 2012 at 3:19

    Es extraño que Raúl no haya sabido apreciar el juego, que sea al mismo tiempo capaz de afirmar que el rugby amateur de Lancaster es soso y afásico (?!) y que evite -también en simultáneo- ser uno de los snobs que sobran, según dice, en España. Si el rugby es además el “producto neto de una sociedad altamente clasista” y ha tenido gran aceptación en lugares como Francia, Argentina, Georgia y Samoa, hay que ver cómo define el buen Raúl la categoría para que sea aplicable a esos cuatro territorios sin que lo sea a toda geografía mundial. Eso sí; notable el “giro libertario” que da el autor a los caprichos y reclamos al árbitro de los futbolistas: la sagacidad demostrada me lleva a sugerirle que haga la interpretación psico-socio-política de la simulación y del “reclamo de tarjeta”. Respecto a la nueva versión de la famosa frasecita, propuesta por MC, creo que es más que floja. Cómo quedaría el segundo término?: “… mientras que el futbol es un deporte de caballeros jugado por caballos”. Ridículo. La acepción más reconocida es la de “bestias/caballeros”. Pero como probablemente sea obsceno que hablemos de este tema mientras haya hambre en el mundo, mejor me callo… Muy cordialmente, Patricio RG.-

  5. Raúl 22 febrero 2012 at 12:06

    Mi bien querido Patricio, hasta dónde uno puede – y las limitaciones son grandes -, uno sabe de la gran aceptación del rugby en paises como Argentina y Georgia, deporte que seguramente tenga un gran calado en el tejido social pero, sobre todo en el caso de Argentina temo que ni de lejos alcance la pasión que despierta Boca Juniors. En España también se juega al rugby y es cada día más aceptado, como pasa con el futbito, el básket y la fórmula 1 (¿es deporte éste?) y en general cualquier deporte donde ganemos siempre. Y sin embargo, otra vez, el rey fútbol es indiscutible.

    No veo contradicción en que el rugby sea producto neto de una sociedad clasista (Inglaterra, donde se originó) y sea bien recibido en otros países, así el cricket y el polo, que se quieren más en Pakistán y la India que en la propia GB: la diferencia con el fútbol es que el fútbol lo inventan los inglese y el resto del mundo lo pervierte; el rugby lo inventan los ingleses e inglés se queda, con sus constricciones, sus rituales y sus manierismos “posh”.

    Yo no veo mal el artículo, tomado siempre desde la distancia y algo de sentido del humor – no creo que el autor quisiera en todo caso establecer una antropología del deporte y sí -o al menos eso quiero ver- una entretenida celebración de ambos deportes.

    Saludos.

  6. Jordi Gol 23 febrero 2012 at 9:25

    Creo que existe una desviación de enfoque en el artículo de Àlex Reig respecto a las motivaciones de los jugadores de rugby con respecto a la “sumisión” total a las decisiones del árbitro.
    Por un lado, parece dar a entender que la autoridad a la que se someten los jugadores es una autoridad política. Si esto fuera así, lo que se discutiría serían las reglas del juego, es decir, la normativa del éste; esto es, su legislación (por analogía con la política). Sin emabargo, como en el fútbol, estas reglas ya están aceptadas tácitamente por los jugadores, por lo que el árbitro, más que encarnar la figura del político, encarna la figura del juez, algo que, independientemente de las ideologías políticas, siempre ha merecido respeto (todas las culturas cuentan con figura que ejercen de juez o de árbitro y cuyo laudo o sentencia se respeta; habitualmente suelen ser personas de reconocida probidad -aunque, en nuestras sociedades avanzadas, la tecnificación de la justicia exija cada vez menos valores éticos en el acceso a la carrera judicial). Podemos protestar y manifestarnos contra una ley injusta, pero las sentencias injustas se recurren, como se puede hacer con las decisiones arbitrales injustas. Lo que acepta y respeta el jugador de rugby, como debería hacer cualquier jugador de cualquier otro deporte, son las decisiones sobre la aplicación de la norma, es decir, el trabajo que realiza el árbitro. Como en el rugby sus decisiones no mueven millones de euros, sus equivocaciones no suelen pasar de anécdotas.
    Por otro lado, Àlex Reig supone a los jugadores de rugby una sumisión vital que están lejos de tener. O, mejor dicho, los habrá que sí y los habrá que no, porque no hay que olvidar que la sumisión a la que hace referencia y en la que se basa la nobleza es una sumisión que empieza y acaba en el terreno de juego. Es decir, que los jugadores, por respeto a sus compañeros, a sus rivales, al árbitro y al deporte, deciden aceptar unas reglas comunes y las decisiones de la persona encargada de aplicar estas reglas. Una sociedad democrática se basa en la cesión, de común acuerdo y en base a unas reglas preestablecidas que no pueden ser aplicadas arbitrariamente, de la facticidad en una autoridad (que en nuestra sociedad, para mayor garantía, se divide en tres poderes independientes pero relacionados: legislativo, ejecutivo y judicial). En el espacio cerrado del terreno de juego, los jugadores reproducen este sistema: una vez aceptada la ley (las normas del juego), aceptan también la aplicación (que suponen de buena fe e imparcial, si no no saldrían a jugar) de quien tiene que aplicar la norma.
    Si toda norma, como dice Habermas, necesita validez (moral, para ser aceptada) y facticidad (sanción, para hacer que se cumpla), el rugby, dentre del espacio cerrado (aislado) del terreno de juego se comporta como una sociedad ideal: respetando la norma (aceptada de común acuerdo) y respetando las decisiones que hacen que se cumpla.

  7. jose 19 marzo 2012 at 5:03

    Señores e ilustres opinologos, ante todo mis respetuosos saludos desde Argentina, mi unica motivacion a escribir en este post, que dicho sea de paso, entre sin querer y solo por buscar informacion sobre el deporte en cuestion (en el cual estoy incurcionando), es la duda sobre sus practicas deportivas, alguno de uds. practica o practico estos deportes?… futbol o Rugby, por que creo que la forma de incurcionar en una critica real y constructiva es construirse de realidades, y no, solo de impreciones tomadas desde el banquillo comodo del expectador.
    atentamente José Ignacio Wagner.-

  8. chules 29 marzo 2012 at 2:04

    Estimados lectores, mi gustaría dejar mi opinión y experiencia, y con ella intentar aclarar algunas cuestiones. Lo primero decir que a nivel federado he practicado fútbol, atletismo y rugby, a nivel escolar y particular bastantes deportes más. El rugby lo conocí cuando ya contaba 25 años y lo dejé a los 35, por problemas de espalda contraidos por un accidente de circulación, aunque todavía a mis 43 años juego algunos partidos con los veteranos….(a otro nivel). Lo que más me sorprendió del rugby, es lo complicado de las reglas del juego, y el como no saber estar en tu lugar, abre fisuras en el juego, haciendo del rugby un deporte, sobre todo, de equipo, que las individualidades, de nada valen, si no tienes a tus compañeros ocupando sus posiciones. Para nada la creencia de los profanos de este juego, que solo saben ver una anarquía, en la que todos intentan llevarse el “melón”, nada más lejos de la realidad. Otra grata sorpresa fué el “tercer tiempo”, de obligado cumplimiento. Con muchos de mis rivales, he sido invitado a sus casas, a barbacoas, fiestas locales, etc, al igual que nosotros con ellos, y os puedo asegurar que en el terreno de juego no nos andábamos con sutilezas, este deporte es de contacto, y si bien no suelen haber muchas lesiones, contusiones y que te duela todo el cuerpo el día después, si es habitual. Como en todos lo deportes todos tenemos nuestro carácter, y algunos jugadores no eran del todo “nobles”, y utilizaban “malas artes” en el juego, sus propios compañeros le recriminaban su actitud, si ya insistía en su “mal juego” los rivales también le hacian ver que no iba por buen camino (nada más que decir). Con respecto a la sumisión en las decisiones arbitrales, estoy de acuerdo con la opinión de Jordi Gol, solo añadir que sí, se puede hablar con el arbitro y comentar aspectos de juego, pero solo el capitán del equipo, o previo permiso concedido por el arbitro, esto me parece encomiable, sobre todo como ejemplo a los más jóvenes. Me parece lamentable el espectáculo que se ve, sobre todo en el futbol profesional televisado, que a tantos espectadores de todas la edades llega, y como se ve el reflejo de este comportamiento, en divisiones de los más jóvenes, increpando al arbitro, que aunque solo fuera por la edad, ya deberían respetar.
    Espero que me haya echo entender y no me haya dilatado en demasía, todo lo comentado es lo que más comúnmente se da, aunque de todo hay en la viña del señor, me han parecido muy instructivas las comparaciones político-judiciales-filosóficas, pero sobre todo recordar que es deporte, y lo bonito es, practicarlo para divertirse y hacer que nuestro físico no merme muy rápidamente.
    Un afectuoso saludo a todos.

  9. Enrique Olcina 29 marzo 2012 at 19:05

    Creo que a los que practicamos el rugby lo que más nos ha dolido ha sido lo de ‘moral de esclavo’. Si fuera entendido como individualidad y no hubiera oportunidad de discutir con el árbitro (que la hay, sólo que en otros términos), quizás si lo aceptaría, pero como se ha mencionado en la lista de comentarios el rugby (que se divide en dos tiempos de cuarenta, no de cuarenta y cinco minutos, y uno tercero de duración indeterminada) es un deporte de equipo. Como tal, cuando decides jugarlo, se te alecciona que al árbitro sólo le habla el capitán y no se discuten las decisiones en el campo por parte de los jugadores y un largo etc que lo apartan de los deportes de otros deportes seguidos por las masas, no sólo en este aspecto sino en otros, siendo el más importante de ellos el público y su comportamiento en el campo.

    Un público educado en el rugby comparte los valores de quienes juegan en la cancha: respeto a las decisiones arbitrales y respeto al contrario y actitud cívica (que se traduce, por ejemplo, en el silencio cuando un jugador tira a palos, sea del equipo que sea, o en que se cuentan con los dedos de una mano enfrentamientos entre hinchadas, si se cuenta alguno, o que el consumo de alcohol está permitido en partidos de rugby en aquellos sitios donde el consumo de alcohol está prohibido en partidos de futbol) . Creo que el civismo es la clave del asunto, los valores ciudadanos, que incluyen el respeto a las normas y a quien las interpreta, de igual manera que sabe que la interpretación de las normas o incluso las mismas normas pueden ser modificadas.

    Es un deporte y como tal concebirlo como un sistema en terminos absolutos está equivocado … o no, porque el rugby no predica la sumisión, predica el respeto. El hecho de que las decisiones arbitrales puedan ser revocadas o discutidas, y que esa decisión la tome alguien líbremente sin que se incline por aquel que grita más fuerte o se arremolina con más vehemencia alrededor del árbitro (no por aquel que introduce argumentos más persuasivos en una discusión) es un elemento de justicia: la presunción de que el árbitro ha tomado una decisión según su leal saber y entender y no según las presiones que ha recibido por los jugadores dentro del campo se ve reforzada por el hecho de que el árbitro desde el segundo uno del partido puede pitar golpe, amonestar a un jugador o incluso expulsarlo por dirigirse a él sin haber sido interpelado previamente. Es incluso más cívico porque permite un debate ordenado y canalizado (equipo1capitán1árbitrocapitán2equipo2) mientras sucede el juego y da la oportunidad en el tercer tiempo de discutir de manera amable y ordenada esas mismas decisiones directamente entre los jugadores y el árbitro, que también está, no lo olvidemos, invitado al tercer tiempo.

    De igual manera el respeto a las reglas protege la integridad física siendo muy estricto a la hora de interpretar las normas que protegen esa integridad (placaje alto, volteo en placaje, placaje en salto, placaje retardado…) y da la oportunidad, mediante la sanción de expulsión temporal, de integrar a un jugador en la consecución correcta del debate (si entendemos como debate, que también podría ser, no sólo el intercambio de palabras sino el intercambio de acciones en el juego)

    El rugby, a diferencia del futbol, por ejemplo, ha incluido la tecnología de manera plena y coherente en el juego; no escatima ningún recurso, o escatima menos recursos que el futbol en todo caso, para llegar a un decisión rápida y justa de las leyes del juego; revisa constantemente estas mismas leyes, las pone en practica de manera provisional y sólo si redunda en beneficio del juego sin escatimar en la integridad física se pone de manera definitiva (pero no intocable) en esas mismas leyes del juego. Para muestra dos botones: en el partido de semifinales que enfrentaba a Argentina con Sudáfrica en el penúltimo mundial, un jugador argentino al final del partido dio un codazo a un jugador sudafricano, causándole una hemorragia nasal. El jugador agredido no inició una tangana (que en rugby también las hay, y son lamentables) sino que fue directamente al árbitro que decretó la expulsión del jugador argentino. La otra es que a Inglaterra, en ese mismo mundial, en la final, se le anuló un ensayo en una decisión que todavía es discutida por muchos aficionados pero no por el equipo inglés que asumió que esa era la decisión y que había que pasar página). En ambas decisiones, pero sobre todo en la segunda, el uso de la tecnología fue crucial.

    Creo que el rugby incluye unos valores de sacrificio y estoicismo ausentes en gran medida en la sociedad actual. Que el equipo actúe bien o mal dentro del campo está por encima del resultado. Una victoria conseguida sin honor dentro del campo es percibida como menos victoria, por los integrantes del propio equipo que ha conseguido la victoria y por los del equipo contrario, y ese honor se cristaliza, precisamente en el respeto a las reglas. Es muy gratificante haber jugado conforme a las reglas y haber ganado, y muy consolador haber jugado conforme a las reglas y haber perdido. No sólo frente a las escritas sino frente a otras no escritas que vienen de suyo (por ejemplo, no simular una lesión ..) El hecho de que una victoria es simplemente una victoria y una derrota es simplemente una derrota, nada que no se pueda superar, supone una importante lección para quienes ganar lo es todo y perder es sumirse en el más profundo pozo.

    El rugby, por otro lado, es percibido como crisol más que como estatutario de clase en paises como Argentina (que aplazó un partido importante de Liga para dar toda la atención a las semifinales / partido 3 puesto) o Francia, en el que equipos de pequeñas ciudades establecen entre sus jugadores de distinta extracción social, un componente de egalité bastante interesante, Nueva Zelanda, Samoa o Fidji. Ese carácter de crisol también está en las propias necesidades del equipo amateur, donde, a diferencia de otros deportes -fútbol o baloncesto, por ejemplo- admiten distintos tipos físicos -bajos, altos, lentos, rápidos, gordos, delgados- siempre que aporten su máximo esfuerzo al equipo. De igual manera en un equipo amateur de rugby se alienta a los miembros más jovenes a centrarse en sus estudios y su formación primero y en el rugby después y trata de que las lecciones aprendidas en el rugby y arriba mencionadas se apliquen a su día a día.

    En definitiva, y por no extenderme más, creo que el artículo es un texto brillante, pero también equivocado. Enhorabuena por intentarlo, de todas maneras, porque lo ha hecho dentro de las reglas (educación, argumentos) y con el mejor espíritu

  10. leodelaspampas 2 abril 2012 at 17:21

    Olvida el autor de la nota que sería imposible jugar al rugby sin la autoridad absoluta que ostenta el arbitro. El rugby es un deporte de contacto y conlleva altos riesgos de graves lesiones durante su práctica, por lo que requiere muchas más reglas que el fútbol y un estricto cumplimiento y sometimiento a las mismas . Es por ello y no por un motivo filosófico que el árbitro tiene facultades disciplinarias absolutas durante un encuentro de rugby y el respeto a la autoridad es condición esencial y necesaria para su práctica. Debería advertir el autor, que difícilmente se ve ve en una plaza o en un parque, que dos equipos de rugby jueguen libremente como sucede con el fútbol. En el fútbol se requiere una pelota y dos grupos de personas con ganas de jugar, ya sean conocidos entre si o desconocidos, y son los propios jugadores los que establecen las faltas que se cometen. En el rugby esto es imposible, el rugby dada sus características es un deporte controlado y es justamente el arbitro tan necesario como la pelota misma.- La mística del rugby, aquella que pregona respeto entre jugadores, arbitro y público, sería asimilable entonces a la sacralización de la “vaca” en la India, cuya génesis responde a un interés de supervivencia más que la propia deidad que aparentemente ven en ella. Por ello creo que el autor no ha profundizado demasiado en la esencia del rugby, dando lugar a un análisis superficial y prejuicio del deporte que me lleva a concluir que su nota es pretenciosa y vacía de contenido.-

  11. Fernando 9 junio 2012 at 15:32

    Creo que nunca jugaste al rugby primero, segundo el rugby es pura pasión porque aun en países como argentina nadie te paga nada por jugar a no ser que llegues a un equipo de primera de la u.r.b.a o de de Europa.
    Y el fútbol que no es por nada porque a pesar de ser jugador de rugby también me divierto con mis amigos jugando fútbol considero que ya solo es negocio y marketing para muy pocos es pasión.

  12. Luciano 25 septiembre 2012 at 17:37

    cuando empese a leer este articulo no tarde en darme cuenta que el que lo escrivio no sabe nada de lo que realmente es el Rugby. Para comentar de este deporte hay que jugarlo y se nota que el que escrivio este articulo nunca jugo en su vida a este deporte. No tiene explicacion filosofica, solo se vive y se siente nada mas. Saludos

  13. Makoki 15 noviembre 2012 at 3:11

    No hay razon…

    No hay razon para tirarse a tacklear a un rival sabiendo que no llegas
    No hay razon para querer la pelota sabiendo q hay 15 que te la quieren sacar
    No hay razon para seguir en la cancha cuando ya no podes estar en la cancha
    No hay razon para que una madre le duela el tackle que se comio su hijo
    No hay razon para que un equipo de gira se sienta solo si son 15
    No hay razon para jugar al rugby, por que al rugby se juega con el corazon

  14. Makoki 15 noviembre 2012 at 3:13

    Como vas a saber lo que es …

    Como vas a saber lo que es amor si tu chica nunca te cosió la camiseta.
    Como vas a saber lo que es dolor si jamás te comiste un placaje y no pudiste atarte los zapatos en un mes.
    Como vas a saber lo que es placer si nunca ganaste un clásico en un campo bien embarrado y lloviendo.
    Como vas a saber lo que es llorar si jamás perdiste una final en el tiempo de descuento y por un golpe de castigo dudoso.
    Como vas a saber lo que es cariño si nunca acariciaste la ovalada sin darte cuenta, mientras escuchabas una charla técnica.
    Como vas a saber lo que es solidaridad si jamás te hiciste expulsar por defender a un compañero golpeado indefenso en el suelo.
    Como vas a saber lo que es lo que es poesía si nunca pasaste un drop con el contrario encima.
    Como vas a saber lo que es humillación si nunca te hicieron un sombrerito… y te rompieron.
    Como vas a saber lo que es tocar el cielo si nunca te diste la vuelta y te tiraste con el balón en marca contraria.
    Como vas a saber lo que es el pánico si nunca te sorprendieron mal colocado en un contraataque.
    Como vas a saber lo que es lo que es morir un poco si jamás fuiste a recoger la pelota detrás de tus palos.
    Como vas a saber lo que es soledad si nunca quedaste el último para frenar el ataque de gente dispuesta a acabar con tus esperanzas.
    Como vas a saber lo que es el barro si nunca te tiraste a los pies de nadie para impedir un ensayo.
    Como vas a saber lo que es el egoísmo si nunca “chupaste” un balón cuando tenias al lado a un compañero desmarcado.
    Como vas a saber lo que es sacrificio si nunca entrenaste en invierno bajo la lluvia y después de trabajar todo el día.
    Como vas a saber lo que es arte si nunca improvisaste una jugada con tus compañeros.
    Como vas a saber lo que es el suburbio si nunca jugaste de ala.
    Como vas a saber lo que es el servicio incondicional a los demás si nunca fuiste delantero.
    Como vas a saber lo que es injusticia si nunca te echó un arbitro que estaba lejos de la jugada.
    Como vas a saber lo que es insomnio si nunca te caíste de la alineación.
    Como vas a saber lo que es el perdón si nunca te emborrachaste con el que te lesionó.
    Como vas a saber lo que es el valor si nunca diste la vuelta a un resultado imposible.
    Como vas a saber lo que es la amistad si nunca estuviste en un tercer tiempo.

    Como vas a saber lo que es la vida si nunca jugaste al rugby.

  15. carlos 22 noviembre 2012 at 8:26

    makoki, creo que dejaste mas que claro, lo que es la escencia del rugby,… un juego que no pregona sumision, pregona respeto, respeto por tu equipo, respeto por el rival y por el arbitro, un juego de caballeros, no porque sea elitista, como dijeron mas arriba, si no porque, como en las peleas de caballeros, despues de sacarse la madre, le das la mano a tu rival, le dices buen juego (el mitico tunel que hace el equipo local) y lo invitas al tercer tiempo. hablas sin conocimiento de causa, porque el rugby, es ante todo, pasión 🙂 no me alargo mas, porque ya está todo dicho

  16. Jose Manuel Abascal 2 enero 2013 at 6:46

    Estoy totalmente de acuerdo con José Wagner, hablar de Rugby sin haberlo practicado y justificar de una forma tan amanerada y sofista el comportamiento del jugador de rugby y el de fútbol es una frivolidad que no merece mas respeto que el rellenar tres folios diciendo sin sustanciadas. Jugué al rugby y al futbol, noté perfectamente la diferencia como la conoceran todos aquellos que los practicaron, y es tan abismal que huelga la aclaración.

  17. Lourdes 4 febrero 2013 at 4:22

    El rugby ni se describe, ni se explica, ni se vende. El rugby se juega, se siente y se VIVE

  18. Guille 19 abril 2013 at 5:23

    Hola, la verdad que el debate generado enriquece mucho el texto principal. Que importante seria poder contextualizar e historizar cuando queremos hacer algun tipo de trabajo de investigacion. El rugby, surgido en inglaterra, llevado por las colonias a diferentes paises de donde hoy se ve el mejor rugby del mundo, jugado por indigenas, blancos, vascos, etc. En paises como argentina, donde el rugby sigue siendo amateur, hay equipos indigenas surgidos en el chaco salteño, equipos en barrios muy carenciados en provincias como Tucuman, Formosa, Cordoba, rugby femenino en pleno auge. Entonces como hablar del rugby si no hablamos de un contexto epecifico? La relacion con el arbitro, el desarollo del juego, el nivel de entrenamiento, el tercer tiempo, las clases que lo juegan, la apropiacion de éste como modo de vida, la inclusion y exclusion social que provoca, las masculinidades, los prototipos, el amateurismo, el profesionalismo, la violencia dentro del juego y fuera, la solidaridad dentro y fuera del juego, es un juego? es un modo de vida? es un oficio? Me parece que es necesario que investigadores, jugadores, entrenadores o cualquier persona que le interes el rugby como fenomeno social, como un campo social relacionado con multiples campos otros, atravesado por el contexto socio/historico/politico particular, empezemos y empiezen a, luego de historizar, particularizar las situaciones para entender el rugby o lo que pretendar investigar, opinar, interpretar.
    No es lo mismo jugar al rugby en inglaterra en el Bristol, que en Samoa en la escuela, o en Rumania, o ser vasco y jugar para el seleccionado de Francia, o jugar en el interior de una villa en Argentina. Hay cuestiones que se repiten, se transmiten, es no lo dudo, pero dependiendo el contexto, toma su tinte particular, bueno o malo, no lo sabremos, pero es necesario entender que por ejemplo una persona como Mandela, vio en el rugby un echo de integracion social, en una sociedad tan diezmada como la Sudafricana, al mismo momento que New Zeland lograba la mayoria blanca en su poblacion, invisibilizando las culturas indigenas del -estado nacion- al mismo tiempo que incluia Maories entre sus equipos de rugby, por su destrezas fisicas, por su fuerrza guerrera…cuestion…tanto desde adentro como desde afuera, opinar es facil, detenernos, pensar, ahondar, quizas complejizar, es dificil, lo se, pero es un ejercicio reflexivo que nos ayudara como personas, como sociedad.

  19. alex alpacino 21 agosto 2014 at 7:59

    buen comentario, tendrias que jugarlo para poder,comprender y sentir en carne propia tantas sentimientos buenos y malos en la cual te llevara en una verdadera batalla de experiencias de todo tipo y niveles, dia a dia en la cual lucharas por la gran victoria de la ansiada libertad y una verdadera vida de equilibrio de paz espiritual que de alguna forma te acercara a la ansiada Felicidad…la cual nunca es perfecta. pero al menos tratamos de acercarnos a ella ,
    como el ser humano que tampoco lo es..pero al menos en ese proceso de vida .trato de mejorar cada segundo cada minuto dia, mes año sin perder en ningun instante la fuerza de la fe y la esperanza y el amor….que nada nadie te lo podria quitar… Todo esto en honor al amor la justicia la libertad y el respeto…..

  20. Oso 25 junio 2015 at 1:09

    El respeto a las decisiones arbitrales no es sumisión ciega a la autoridad, aunque a un profano pueda parecérselo. Es un acto egoista y eficaz que nos permite economizar tiempo y sanciones porque sabemos que aquello que nos niega una mala decisión arbitral lo podemos reconducir corriendo, pasando, apoyando, percutiendo, empujando, forcejeando, placando, saltando, pateando, cubriendo, presionando y luchando; en una palabra: jugando. El verbo y la risa los dejamos para el tercer tiempo y el intelecto -o la parte del mismo que no es necesaria para el juego- lo dejamos en el vestuario.

  21. andres 8 agosto 2015 at 2:12

    buen comentario guille.es interesante y agradable saber que el rugby a nivel mundial a comenzado a fracturar las barreras de lo social.es muy interesante poner las cosas en contexto ósea construir un contexto fundamentado al interior del cual su contenido cobra un sentido mas claro. Pero el día que un burgués deje de ser tan violento. El día que desarrolle una mayor capacidad de auto cuestionamiento y menor habito de juzgar lo de afuera desde sus propias limitaciones intelectuales gestadas en el seno de su ámbito sociocultural ,entonces ese día comenzara a comprender que la educación conductista siempre desemboca en una visión del mundo impregnada de clasecentrismo.para el caso de el rugby, el cual jugué durante muchos años, en argentina ingreso como un deporte para las elites .en tiempos posteriores se comienza a difundir por todo el país penetrando en diferentes sectores sociales pero siempre tratando de imponer consiente o no aunque creo que mas inconsciente que otra cosa los valores de el rugby según la interpretación de estas elites hegemónicas de modo tal que cualquiera podía jugar ,ir a mirar o participar de alguna manera pero siempre y cuando se sometiera a la atmosfera social imperante. El rugby no forma malas personas sino todo lo contrario. Motiva la aparición de buenos gestos, normas de cortesía,compañerismo,amistad ,claro que si y esto es sinceramente hermoso y lo digo por experiencia, pero seamos valientes y reconozcamos de una ves por todas que el rugby tiene mucho legado cultural elitista, que el rugby debe salir de su estadio primitivo impregnado de enormes y buenos corazones humanitarios clase centristas y pasar a un estadio mas avanzado que logre definirse en esencia como un deporte en verdad para todos ,un deporte popular pero que filtre y no deje pasar el componente violentísimo que infecta a el futbol en argentina.

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