Síntomas de la fe

Descubrir a Nielsen ha sido como aprender de una vez a apreciar el mate. Primero, en la ceremonia de la lectura, uno —gallego al fin y al cabo, con el paladar educado en el café dulce y la tibieza— recibe el libro de otras manos y tantea con la bombilla esa infusión escrita, desapacible y recia. Después ese amargor se instala en la boca, pero al rato el poso de la yerba...

Críticas 17/04/2009